Nada en aquella fría noche de invierno de un 6 de febrero de 1995 en la desértica estación de trenes abulense, hacía presagiar que el entonces guarda jurado M.A.P. de veinticinco años, fuese a tener un encuentro cara a cara con lo desconocido.

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En la reducida caseta metálica anexa a las vías del tren el joven vigilante consumía el tiempo viendo la televisión. Los ladridos de su compañera, una perra mastín llamada Yeni le llamaron la atención ya que éstos iban acompañados de potentes arañazos en la puerta, pidiendo entrar desesperadamente. Al abrir la puerta, la temerosa perra se metió velozmente en el fondo más alejado de la caseta.

 

El guarda decidió salir al exterior para ver qué era lo que había asustado al animal de esa manera. Lo primero que notó fue un excesivo silencio, pero lo peor estaba por llegar, pues al girar la cabeza hacía un camión allí aparcado, observó cómo la comida de la perra levitaba en el aire fuera del comedero.

 

Al volver a girar la cabeza hacia la derecha, observó como a unos cinco metros de distancia la figura de una mujer joven vestida de blanco flotando en el aire, como a medio metro del suelo. Llevaba una túnica que le cubría todo el cuerpo y una especie de pañuelo o velo sobre la cabeza pero sin llegar a taparle la cara. Según el guarda relató a Cuarto Milenio: “Era una chica guapa, joven, quizá de unos 20 años. Creo que no me miró”.

 

Al parecer la joven llevaba una especie de vara de madera entre las manos y con ella dibujó algo en el suelo. El guarda quiso gritar pero la voz no le salía por lo que presa del pánico corrió hacia el bar de la estación que permanecía abierto hasta altas horas de la noche.

 

Casi sin aliento el guarda entró en el bar de la estación donde la dueña Soledad Álvarez González había terminado ya de cenar y descansaba viendo la televisión sentada en una mesa. Soledad adviritió la lividez del rostro del joven guarda a quien le sirvió una tila.

 

Tembloroso el guarda le preguntó a Soledad que quien se había muerto en el pueblo a lo que la dueña del bar respondió que nadie. Además de Soledad, en el bar se encontraban en ese momento el marido e hijo de ésta, que atónitos ante el comportamiento del guarda, se ofrecieron a ir al lugar en donde había visto a la joven.

 

Cuando llegaron a las proximidades de la caseta, no vieron nada ni a nadie excepto un dibujo trazado en el suelo. Eran dos círculos concéntricos de casi un metro de diámetro y una especie de Estrella de David situada en el centro con algunos símbolos en su interior y alrededor.

 

Según los testigos, el suelo estaba demasiado duro debido a la helada que había caído y era harto difícil dibujar en el duro suelo. Tras llamar a la Guardia Civil, ésta levantó acta del suceso.

 

A partir de aquella noche, el guarda jurado se negó a seguir vigilando aquella zona y jamás volvió al lugar de los sucesos.

Según su propio testimonio: “Tenía un miedo constante, yo no podía salir a la calle solo, me daba miedo incluso quedarme en casa solo. Pensaba que en cualquier momento, en un rincón de mi hogar se me aparecería aquella mujer de blanco flotando en el aire”.

 

La noche siguiente a lo ocurrido, el sustituto del guarda que vio la aparición, ocupaba su puesto dentro de la misma caseta en la madrugada cuando escuchó un ruido semejante a pasos sobre el techo de la caseta. Al salir corriendo de ésta se giró para mirar el techo y allí no había absolutamente nada ni nadie. Tal como hiciera su compañero la noche anterior, corrió hacia el bar de la estación y relató a Soledad lo sucedido.
Más tarde se supo que el mismo día que el guarda jurado vio a la joven levitando, sobre las cinco de la tarde habían enterrado en el pueblo próximo de San Bartolomé de Pinares a una joven llamada Soledad de 24 años a causa del cáncer. Era guapa, morena y coincidía con la descripción hecha por el guarda.

 

La dueña del bar de la estación confirmó que la joven estaba en tratamiento en Madrid y bajaba del tren en la Estación de la Cañada, para luego coger el coche hacia su pueblo. Un cabrero de la zona aseguraría más tarde haber visto una aparición similar.

 

Mucho se especuló acerca de los extraños símbolos dibujados en el suelo. El padre Pelegrín dominico del monasterio de Santo Tomás de Ávila, achacaba al que las hizo un conocimiento de la lengua hebrea con un mensaje inteligente y cargado de sugerencias sobre Satán y Belcebú.

 

Algunos consideraron aquellos dibujos como un aviso de alguna catástrofe, tiempo después se supo que estuvo a punto de ocurrir un grave accidente con una de las grúas que trabajaba sobre las vías y un cable de alta tensión, sin embargo, milagrosamente no ocurrió nada.

 

Otros, vecinos de La Cañada y pueblos aledaños interpretaron la aparición de la joven de blanco como la profecía del regreso prometido de la Virgen de Barbellido al cabo de 100 años. O la Virgen de la Antigua, de la misma localidad, en Herradón de Pinares.

 

¿Quién era aquella mujer de blanco? ¿ Qué quería decir con aquel dibujo lleno de extraños símbolos en aquella fría noche de febrero de 1995?

 

Fuentes consultadas: libro dvd Cuarto Milenio nº4, reportaje de Pablo Villarubia Mauso.

 

 

 

 

 

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