Hace mucho tiempo se contaba una vieja historia en Sufronet de la Sierra, cerca de la aldea de Benimaclet, en Valencia. Allí en lo alto de un gran cerro, se alzaba una gran cruz de piedra que los lugareños conocían como la Cruz de las Ánimas.

 

La historia cuenta que allí vivía un joven humilde y trabajador, que estaba enamorado de una bella joven de una aldea próxima. Juntos soñaban con su feliz boda, una vez fuese recogida la cosecha de ese año.

Mientras en el Palacio de Villares, vivía un rico hacendado de oscuro pasado y cruel historia, dueño del destino de todos aquellos que estaban bajo su dominio.

Por entonces, la joven novia tenia un hermano moribundo y con apenas medios para poder tratar la enfermedad del joven, mandó a su padre ante la presencia del señor de Villarés para que pidiera ayuda para el enfermo.

Como el padre no tenía nada que ofrecer en garantía del préstamo solicitado, el cruel señor exigió la mano de su hija. El pobre anciano creyendo que podría devolver el dinero trabajando más horas y más duramente y ante el deterioro de la salud de su hijo, aceptó el trato.

Llego la fecha en que expiraba el plazo al que se había comprometido para la devolución del préstamo, que coincidía con la época en que debían contraer matrimonio la joven pareja. Al tirano no estaban en condiciones de devolverle el préstamo; pero el lo exigió sin demora…….

La víspera de la boda apareció el  novio en el campo, muerto a puñaladas. Al principio se culpo al cruel señor, pero más tarde se descubrió que había sido la joven quien le había dado muerte. La joven novia había llevado a su enamorado a las afueras del pueblo y allí en lo alto del cerro le clavó un puñal en el corazón, con la intención de matarse ella después. Pero enloquecida de dolor ante el cadáver de su amado, le faltó valor para quitarse la vida.

Los aldeanos levantaron más tarde una cruz de piedra en el lugar en el que el  joven perdió la vida y allí se quedó ella abrazada a la cruz rota por el dolor del acto cometido.

En las noches de animas se oye la voz del joven amante llamando  a su novia, y la sombra de ella que se acerca a la cruz. Los caminantes, al pasar, rezan una oracion frente a la cruz y arrojan una piedra.