San Andrés de Teixido es uno de esos lugares mágicos de la Península Ibérica que el tiempo y las habladurías mantienen con un halo de misterio. Dicen que la leyenda de esta pequeña aldea, ubicada en la parroquia de Régoa, en plena Sierra de A Capelada, se remonta a la Edad Media. Actualmente sus poco más de 50 vecinos aún mantienen que a San Andrés de Teixido, si no vas de vivo… irás de muerto.

Al parecer, la iglesia de peregrinación existe desde el siglo XII, cuando fue propiedad de la orden de Malta, bajo la protección de los condes de Trava. En 1196 pasó a manos de la orden de San Juan de Jerusalén. Tiempo después  se hizo con ella la familia Andrade de San Sadumiño. Y el edificio actual parece datar del siglo XVI, aunque debieron ser obras más que largas, porque también presenta vestigios de los siglos XVII y XVIII.

Un clérigo, conocido como el Padre Sarmiento, hace referencia a ella  en 1703, como algo muy poco relevante.  Claro que no decía que la pequeña iglesia está construida sobre los acantilados más altos de Europa. Por un lado, la escarpada Sierra de A Capelada, al fondo en el valle,  el pequeño caserío de Teixido y luego, a 140 metros sobre el nivel del mar, está el santuario del apóstol San Andrés, donde se cuenta que guardan un hueso del propio santo.

Pero incluso mucho antes de toda esta historia, en ese mismo lugar, ya hubo una divinidad pagana, venerada por muchos devotos de religiones pre-cristianas.

Las leyendas que explican  la formación de este santuario como lugar de poder son muchas. La más importante y famosa es la que reza “A san Andrés de Teixido, vais de morto o que non foi de vivo” es decir, si no vas de vivo, irás de muerto. Esto hace referencia a la creencia de que el santo, San Andrés, se sentía celoso ante la afluencia de peregrinos a Santiago de Compostela. Un día recibió la visita de Dios acompañado de San Pedro y les comentó su queja con mucho pesar. A lo que el Todopoderoso le prometió que, a partir de entonces, a su santuario acudirían en precesión todos los mortales y que quien no lo hiciera en vida, tendría que hacerlo muerto, es decir, su espíritu.

Tradiciones también hay muchas a lo largo y ancho del camino a Teixido y creencias que explican la orografía del terreno o la existencia y ausencia de ciertas construcciones. Una de ellas cuenta que en O Vico, cerca del pueblo, hay una roca de tamaño mediano y que, vista desde cierto ángulo, semeja una santa vista por la espalda, es decir, cubierta por un manto de la cabeza a los pies, recogiendo el mismo manto con el brazo izquierdo.  A esta roca se la conoce como “Nosa Señora do Vico” (Nuestra señora de Vico).

Otra creencia, de difusión absolutamente oral, es la que cuenta la historia de una mujer de Teixido, que una mañana salió para llevar el almuerzo a los jornaleros que estaban trabajando en el campo, pero al regresar a su casa, no encontró ni rastro de ella. La creencia popular es la de que se hundió, tanto es así que la conocen como la Casa  sumergida y hay quien ha visto, en las inmediaciones del pueblo, la viga maestra del edificio.

También hay leyendas que hablan de doncellas encantadas, por ejemplo, yendo por el camino del cementerio, se encuentra el peñasco conocido como Peña do Encanto. En este lugar hay una jovencita muy bella, con un cabello largo y hermoso que llama la atención de quien la mira. Se dice que todos los años, en la noche de San Juan, sale al camino al amanecer y se hace visible a los transeúntes, con la esperanza de que la vea algún caballero dispuesto a romper su hechizo. Pero la cosa no es tan sencilla, claro está. A medida que el muchacho se acerca a la doncella encantada, ésta se vuelve más y más horrible, hasta convertirse en un monstruo terrorífico. La cuestión es atreverse a matar a ese monstruo y demostrar la valentía que obra el desencantamiento de la mujer, con la que el valiente se casará y además, podrá disfrutar de los tesoros encantados que ella misma guarda.

En Coto dos Fondás, no hay una doncella encantada, sino varias. Se trata de las hijas de los nobles de la región que, al negarse a acatar los matrimonios impuestos que les habían sido arreglados, fueron castigadas de este modo y así esperan el día en que un valiente caballero las libere del hechizo. Ellas también se aparecen el 24 de junio.

Por todas esas leyendas todos los seres humanos están obligados a peregrinar en romería a San Andrés de Teixido. Así pues, quien no lo haga voluntariamente en vida, tendrá que hacerlo, por imposición, después. El mecanismo es el siguiente: las almas de los que no fueron en vida, se reencarnan en animales ponzoñosos, es decir, lagartos, sapos, culebras, sabandijas… y tienen que hacer el mismo camino, pero arrastrándose en lugar de caminar. Hay quien dice que también es posible reencarnar en herradura y viajar de esta forma… Claro que también hay otra posibilidad, es la de convencer a un vivo para que peregrine por ti y te acompañe durante el camino.  En cuyo caso, el familiar o amigo del difunto, tendrá que ir a buscar al espíritu en pena a la propia tumba, dar unos golpes en la lápida y llamarlo por su nombre. Luego esa persona o personas emprenderán la peregrinación en compañía del muerto a quien deberán ir hablando todo el camino, para que no se despiste y se pierda.

Curiosamente, en esta zona, se conoce a la Vía Láctea como “Camino de San Andrés” ya que la constelación de esta galaxia, dicen que termina justo encima del santuario.

El lugar se presta a las visiones más interesantes y es que no hay que olvidarse nunca del poder de la sugestión, porque los lugareños cuentan historias que aluden a los sonidos de pasos perdidos en la oscuridad y a los lamentos nocturnos de peregrinos arrepentidos que llegan a este sanatorio de almas, buscando el perdón del santo para poder abandonar definitivamente este mundo.

Fuente consultada:http://www.revista80dias.es/articulos/2009/09/San-Andres-Teixido-camino-introspeccion.htm

Anuncios