El día no había ido nada mal, pensó Luis mientras miraba la esfera de su reloj viceroy. Las 11:45, quince minutos más y llegaría el relevo. hacía tres semanas que curraba de vigilante en una Central Eléctrica a las afueras de una pequeña ciudad. El trabajo no es que le volviera loco pero tal y como estaban las cosas, eso era mejor que seguir en la cola del maldito paro. Los primeros días de trabajo se hicieron amenos por lo de la novedad y todo eso, pero ahora la rutina empezaba a hacer mella en su estrecha garita de control.

Pensó en julia, su mujer, en lo calentito que le estaría dejando su lado de la cama, pues esa noche hacía un frío que pelaba. Recogió el termo con el poco café que le quedaba y lo metió en la mochila que siempre llevaba. Apagó el mp4 y lo guardó también, asi como el libro de “Leyendas Urbanas” de Alberto Granados, que estaba leyendo. ¡Joder! como se le ocurriría a julia comprarle ese libro para que lo leyera precisamente en el curre. Tendría que decirle que le comprara otro pero no sabía a qué tenía más miedo, si a las historias del libro o a la ira de su mujer. Según ella, era un libro extraordinario que tenía que leer para poder compartir ideas con ella y bla…bla…bla….; cuando empezaba con estos temitas no acababa nunca. Primero las sesiones de tv los domingos con el dichoso Iker y los raritos de su programa, después se le metió en la cabeza sintonizarle la Cadena Ser para que escuchara otra vez al subsodicho Iker en Milenio 3 y por si fuera poco le compra el librito de las leyendas esas. A veces creía que a su mujer le faltaba un tornillo o algo así. ¿Qué tenía de gracioso o fascinante oir cosas de miedo a todas horas?, además seguro que todo eran historias inventadas para quedarse con la gente.

El ruido de la puerta al abrirse le hizo darse la vuelta y encontrarse cara a cara con José, su relevo de esa noche.
_¡Hey colega! ¿cómo va eso?
_ Tranquilo como siempre. Tengo unas ganas de llegar a casa que ni te cuento. Firmo la salida y me piro ahora mismo.
_ ¡Suerte la tuya! ves despacio que están probando el nuevo alumbrado y han dejado sin corriente medio pueblo.
_ ¡Pues vaya una M****! asi no hay quien llegue pronto a casa. Bueno tio
nos vemos mañana.
_ Venga, hasta mañana Luis. Que descanses hombre.

Metido yá en su Seat Ibiza, Luis arrancó el motor a la primera, metió marcha atrás y maniobró hasta poder enfilar el carrterin que salía de la Central y conectaba con la C-306.
La luna brillaba por su ausencia por lo que la noche parecía boca de lobo en esos parajes sin edificación alguna. Nervioso por el silencio y negrura de la noche, decidió poner la radio del coche, en ello estaba cuando al desviar la vista un segundo de la radio a la carretera, se tensaron todos sus músculos y metiendo el pie a fondo en el freno, paró el coche en seco. ¡Joder! ¡No podía ser! acababa de ver a un hombre andando por la carretera y sin el maldito chaleco reflectante. ¡Mira que si le atropello!, echando mano a la manija de la puerta del coche, abrió ésta y bajó. A unos 50 metros del coche, aún bajo la luz de los faros, había un hombre detenido en la gravilla del arcén.

_ ¡Eh, oiga! ¿Le ocurre algo? ¿Está bien?
El misterioso hombre sonriendo de oreja a oreja dirigió sus pasos hacia él, andando de forma cansina. Al llegar a su altura se quedó allí sin decir nada, como embobado.

_ ¿Le llevo a algún sitio? ¡Suba hombre! y abriendo la puerta de al lado del conductor le instó a subir. El callado caminante se subió sin mediar palabra. Luis hizo lo propio y arrancando el coche, comenzó a comerse los kilómetros sin que el extraño pasajero terciara palabra alguna. Violento por la situación, decidió sacar algún tema del que poder hablar.

_ Vaya susto que me ha dado amigo. Después de las historias que uno ha leído de apariciones y cosas de esas en los caminos, casi me da un infarto al verle.
_ Lo supongo. Disculpe usted el susto, pero es que soy médico forense y de camino hacia un aviso de urgencia se me ha averiado el coche, asi que he decidido hacer el camino de vuelta al pueblo andando, en vista de que por aquí no pasaba nadie. Usted ha llegado como caido del cielo.
_ ¡Pues me alegro de haber pasado hombre! Por cierto, ¿A dónde iba usted de urgencias?
_ A una Central Eléctrica que hay cerca de aquí, por lo visto al vigilante lo ha encontrado su compañero muerto cuando iba a hacerle el relevo. ¡Pobre hombre!, por lo visto sólo llevaba 3 semanas trabajando allí.

Obra Registrada en : http://www.safecreative.org/work/ 1003015662972

Anuncios