Catalogado por la Interpol como el caso más extraño de Europa, nos encontramos con uno de los expedientes X españoles más enigmáticos, que pasó a la historia con el nombre de “El niño de Somosierra”. Este extraño caso conmocionó a la sociedad española de entonces y sacó a la palestra hipótesis impensables hasta entonces. Estos son los hechos y esta es la historia de Juan Pedro Martínez Gómez, “el niño de Somosierra”.

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Nombre: Juan Pedro Martínez Gomez.

Fecha de nacimiento: 01 de enero de 1976.

Desaparecido en Somosierra, Madrid, el 25 de junio de 1986.

Edad actual: 34 años.

El 23 de junio de 1986, noche de San Juan, Andrés Martínez camionero de profesión, su esposa Carmen Gómez y su hijo de 10 años Juan Pedro Martínez Gómez salieron a las 7 de la tarde desde la localidad murciana de “Los Cánovas” para dirigirse a su destino que era una empresa petroquímica de Bilbao. Andrés transportaba en su camión Volvo F-12 una cisterna con 20.000 litros de ácido sulfúrico óleum.

Su primera parada la hicieron en un lugar llamado “Venta del Olivo” a pocos kilómetros de Cieza, Murcia. Más tarde harían una segunda parada sobre las 0:12 horas en la localidad de las “Pedroñeras” municipio de Cuenca. Tres horas más tarde, cerca de las 3:00 de la madrugada llegaron a la gasolinera “Los ángeles” yá en la provincia de Madrid. La última parada de la que queda constancia de su paso es sobre las 5:30 de la mañana en el mesón Aragón, en el término de Cabanillas, a las faldas del puerto de Somosierra. Allí fue visto por última vez el niño Juan Pedro Gómez vestido con un pantalon y un jersey del mismo color, de un rojo vivo.

En uno de los tramos del itinerario, el camión cisterna alcanza los 140 Km/h sin motivo aparente y en una de las variantes de la carretera nacional I, derrapa chocando frontalmente con otro vehículo de gran tonelaje. El camión se sale de la calzada y procede a impactar contra una hilera de vehículos que circulaban detrás.

El Volvo F-12 se estrella posteriormente contra un árbol y se produce una brecha considerable en la cisterna, ésta acaba por desquebrajarse del todo y la totalidad del ácido es esparcido por toda la carretera, con el consiguiente caos circulatorio. La Guardia Civil después de presentarse en el lugar de los hechos y desviar el tráfico, comprueba la cabina del Volvo F-12 totalmente destrozada y dos ocupantes calcinados entre un gran amasijo de hierros. Estas personas, según los informes, son Andrés Martínez y su esposa, Carmen Gómez.

La noticia saltó pronto a los medios de comunicación de todo el país. Hasta ese momento nadie conocía la existencia de un tercer pasajero.

Pero fueron los abuelos del chico, desde su domicilio de Las Cánovas y tras presenciar el trágico suceso en las noticias, quienes se pusieron en contacto con los Cuerpos de Seguridad del Estado. La pregunta era clara: “¿Dónde está nuestro nieto?


Hacia las nueve de la noche, el cuerpo de bomberos abre la cabina del camión para encontrar alguna pista del niño, pero sólo logran dar con la goma de la zapatilla que según creen, llevaba Juan Pedro. Salvo eso,  no hallaron ninguna pesquisa que les pueda llevar hasta el niño. Al mismo tiempo, el ácido continuaba fluyendo por la carretera y sus proximidades, con la amenaza de alcanzar las aguas de los afluentes del río Duratón.

Durante los dos siguientes días la policía rastreó minuciosamente toda la zona, pero la búsqueda no dio resultados. Una parte importante de la investigación era reconstruir el recorrido de la cisterna, para lo cual los expertos extrajeron el tacógrafo del camión.

Según el tacógrafo, en la siguiente hora y 23 después de esa parada en el mesón y antes del accidente, el camionero realizó doce paradas. Los profesionales de la carretera afirman que en un trayecto tan corto como ése no debió haber ni una parada, o en un momento dado una o dos veces como máximo… ¿Entonces qué ocurrió? ¿Por qué paró una docena de veces en poco menos de hora y media? ¿Y por qué bajar a tanta velocidad una pendiente tan peligrosa?

Ante el infructuoso rastreo, la primera hipótesis que se deslizó fue que el cuerpo del pequeño Juan Pedro había sido disuelto por el ácido, pero esta teoría fue desechada por los expertos químicos, quienes afirmaron que un cuerpo humano no podía evaporarse a causa del ácido sin dejar algún rastro.

Dos vecinos de la zona atestiguaron que inmediatamente después del accidente y aprovechando la confusión y el caos propio del suceso, observaron a dos individuos de una altura considerable, de tez blanquecina y engullidos en unas batas blancas que les llegaban hasta los tobillos, salir de una furgoneta blanca, tipo Nissan Vanette, acercarse a la cabina del camión y posteriormente llevarse un gran bulto. De ser cierto, ¿quienes eran aquellos individuos? ¿Era ese gran bulto, Juan Pedro Martínez?

En todos estos años, la hipótesis de un secuestro ha cobrado fuerza, ya que se hace difícil pensar que un vehículo apenas salido de una revisión total como la cisterna sufriera algún desperfecto mecánico. Entonces, la lógica nos puede llevar a pensar que la excesiva velocidad de la cisterna se debía a un desesperado intento de dar alcance a otro vehículo.

Posteriormente también se recibieron numerosas llamadas que afirmaban haber visto a Juan Pedro Martínez en diferentes puntos de la geografía nacional, sobre todo en Bilbao, donde se aseguraban que el “niño de Somosierra” vagaba deambulando por una zona industrial de la capital vasca. Posteriormente las investigaciones de la policía desecharon esos testimonios al no encontrar ninguna prueba de ello.

Rios de tinta han corrido acerca del trágico suceso y varias han sido las hipótesis barajadas acerca del destino que pudo correr el pequeño Juan Pedro, desde que fue secuestrado por las extrañas personas que pararon cerca del accidente hasta las más inauditas de una posible abdución. A día de hoy este expediente X español sigue sin resolver y sólo nos queda mantener viva la historia para que el que hoy sería yá un hombre y entonces niño Juan Pedro, no caiga en el olvido.

Fuente consultada: http://otradimension.galeon.com/somosierra.html

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