Sanatorio Antituberculoso de Sierra Espuña, Alhama de Murcia.

Alhama de Murcia es un municipio español de la Región de Murcia situado en la comarca natural del Bajo Guadalentín, a los pies de Sierra Espuña. Será en este enclave en donde se levante el Sanatorio de Sierra Espuña.

La tuberculosis, enfermedad incurable en el 70% de los casos hasta bien entrado el siglo XX, animó a un grupo de murcianos a construir este centro normalmente en los meses estivales, dejando el duro invierno para la recaudación de fondos, para mitigar los terribles efectos que producía. La primera piedra se pone en el último trimestre de 1913. Dado el caracter contagioso de esta enfermedad se decide recluir a los enfermos en un lugar aislado; además, hasta entonces, el aire puro y limpio de la sierra era el mejor alivio que existía. La obra se prolongará durante varios años concluyéndose en 1917 la primera planta del hospital, aunque no fue hasta 1934 cuando se terminó por completo.  En la carta fundacional se leía que «el día primero del año nos constituimos esta media docena de murcianos en asociación benéfica para crear un sanatorio-hospital antituberculosos, sometida al protectorado del Gobierno español y a la Dirección Espiritual de la Iglesia Católica».En 1931 el edificio pasó a ser propiedad del Estado.

La estructura la forman tres alas de dos alturas y el sótano. Con los años se fueron añadiendo la casa del conserje, el depósito de cadáveres, los velatorios, un acueducto para recoger agua del deshielo, etc. La cubierta es a dos aguas y en el centro hay un torreón típico de las construcciones de la época. De cara a la fachada principal se levanta la escultura de Cristo.

El impulso definitivo a las obras fue un logro de Isidoro de la Cierva, notario y político, hermano del que fuera ministro de varias carteras bajo el reinado de Alfonso XIII. A don Isidoro, también ministro de instrucción Pública y Bellas Artes, se le debe el auge en Murcia del movimiento juvenil Exploradores de España. Su entrega a los más necesitados le valió el sobrenombre de Cierva el Bueno.

El sanatorio encantado de Sierra Espuña

Bajo su amparo concluyeron las obras de techado del centro, que fueron bendecidas el 24 de julio de 1928. La construcción entraba en su recta final, si bien pasarían otros seis años para la inauguración del edificio, que se celebró en 1935. El doctor Pérez Mateos, subsecretario de Sanidad, fue el encargado de culminar el proyecto. En 1931, el centro pasó a manos estatales. A la ceremonia oficial de apertura, realizada el domingo 17 de noviembre, acudió el ministro de Trabajo, Federico Salmón.

Una vez concluida la larga obra empiezan a trasladarse los enfermos al lugar. El hospital contaba con doscientas camas y 50 empleados. En la planta superior se ubicaron los enfermos más graves que necesitaban reposo y estaban aislados; mientras que, en la planta baja lo hicieron los menos graves pudiendo dar incluso paseos por la sierra y ser visitados por los familiares. Normalmente la mayoría acababa subiendo a la planta alta y muriendo tras una larga agonía. Una vez a la semana subía en carro el sepulturero del Cementerio de Alhama a recoger los cadáveres para darles entierro. En invierno, con los caminos nevados, se convirtió en el único enlace entre el hospital y la civilización.

Las cifras de muertos por la tuberculosis en la década de los años treinta son aterradoras. Sólo en 1932 fallecieron 28.000 españoles. La enfermedad cundía entre los jornaleros, siempre mal alimentados, en casuchas sin ventilación, donde se hacinaban familias enteras, presas del frío, sin ropas de abrigo adecuadas.

La apertura del sanatorio fue su última oportunidad de suavizar los embates de la dolencia. Pero la auténtica revolución en los tratamientos se produjo con el descubrimiento de la estreptomicina en 1943. Era el primer antibiótico de la era de la quimioterapia que se usó contra la tuberculosis.

La estreptomicina permitió dar el alta a gran número de pacientes, que fueron desalojando el sanatorio. El resto fue trasladado a Albacete y en 1962 el edificio fue clausurado.

En los años ochenta, el Gobierno regional procedió a la reapertura del sanatorio, después de rehabilitar la antigua casa de curas y transformarla en albergue juvenil. Pero la leyenda negra del edificio había crecido demasiado, y tras varios veranos de decadencia, en 1995, se echa el cierre definitivo.

Cuentan la mayoría de los investigadores que han cubierto este sanatorio que la mayor parte de las veces la fenomenología paranormal sucede en la primera planta, y más concretamente en los pasillos que unen la parte reformada con la más antigua, que ha permanecido intacta desde su cierre, hace más de 45 años. Ambas zonas están separadas por una puerta, tras la cual se construyó un tabique para impedir el paso al sector más antiguo.
Algún testigo todavía vivo de cuando en el sanatorio se trataba la tuberculosis narra cómo se sacaban a los fallecidos por la parte trasera, creyéndolos muertos, para llevarlos a un depósito que se había construido fuera del recinto, y cuando el carretero introducía los cuerpos en los ataúdes para bajarlos al cementerio de Alhama, algunas veces los cadáveres revivían y comenzaban a golpear con fuerza la tapa del ataúd, lo que daba unos sustos de muerte al pobre carretero.

Algunos de los pocos jóvenes que pernoctaron en aquel lugar aseguraron haber escuchado lamentos y ruidos inexplicables. Incluso alguien reveló que el espectro de una extraña dama, vestida de blanco, se paseaba por los corredores abandonados. De hecho, incluso existen peticiones de traslado de varios miembros del personal al cuidado del inmueble, cuando era un albergue juvenil.

También algunas personas que se alojaron allí cuando era albergue juvenil dijeron haber escuchado ruidos y haber visto alguna ocasión como se abría o cerraba una puerta sola.

Uno de los casos más sorprendentes sucedió hace unos años, mientras un grupo de militares pasaba la noche en el sanatorio, abandonado desde 1995. Uno de ellos, quien hacía guardia, despertó a los demás con un ráfaga de fusil. Iba destinada a un ente, de color verde, que heló la sangre de cuantos lo presenciaron. En la actualidad, el sanatorio es muy frecuentado por parapsicólogos y se cuentan por decenas las supuestas psicofonías registradas. Lo que nadie niega es que el edificio condensó durante décadas la agonía de tantas almas y tantas tristes historias que lo convirtieron en el vestíbulo del cementerio. Y quizá aún quedan entre sus paredes los ecos de aquellas tragedias.

Fuente consultada: http://www.laverdad.es/murcia/

es.wikipedia.org

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