Para entender este misterioso y emocionante caso, hemos de remontarnos al caluroso verano de 1947. Próspera de 7 años de edad, junto con su hermana Ana de 11 se encontraban en la casa de campo que su tio tenía en Jimena, a unos 15 kilómetros de la localidad murciana de Jumilla.

Una tarde como otra cualquiera, algo llamó su atención desde la ventana del comedor. Era un fuerte resplandor de luz blanca que inundó toda la sala. Inmediatamente Próspera y Ana se acercan a la ventana para mirar de dónde procedía aquella luz. A través del cristal pudieron ver como descendía un objeto discoidal y de él salían dos seres de entre 1,40 y 1,20 metros de altura, vestidos con trajes blancos ajustadísimos, de cara muy delgada, complexión débil y enormes ojos alargados hacia los laterales, que acaban entrando en la casa y entablando una conversación mentalmente con las niñas.

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Las palabras textuales de Próspera relatando el suceso son: “Yo tenía entre siete y ocho años y estaba con mi hermana en una pequeña finca que teníamos a las afueras de Jumilla. Era casi mediodía, y por la ventana que daba al camino vi venir un cacharro que creí un automóvil. El camino hacía una curva antes de desembocar en la puerta de casa, pero aquel aparato plateado siguió recto por encima de la viña hasta llegar ante nosotras. Cuando nos dimos cuenta, ellos estaban ya frente a la puerta pidiendo un vaso de agua. Mi hermana se lo dio, y entonces ellos se pusieron a hacer preguntas”.

Extraterrestres y Ovnis

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Los misteriosos visitantes parecían muy interesados en las fases de la Luna que aparecían en un calendario que colgaba de una de las paredes de la casa. Ellos, asegura Próspera, volvieron aquella tarde y concertaron una cita con ella para dos días después. “Llegaron por la noche. Mi hermana y mi tío dormían, y yo vi una luz muy fuerte en el exterior. Salí, y allí me estaban esperando Cuando me vieron me hicieron volver de nuevo a ponerme un calzado y nos fuimos hacia un descampado. Me llevó en brazos uno de ellos, que era mucho más grande que los otros, que me dijeron que era un muñeco”.El examen médico al que asegura que la sometieron no difiere en mucho del que se practica en la actualidad, con la excepción de qué ya en 1959 ellos disponían de un aparato tan reciente como el escáner. “Me tendieron en una mesita y me hicieron un examen físico completo, por todas partes, por dentro y por fuera. Me di cuenta de cómo manejaban las tijeras, de una forma muy rara, y era porque todos tenían cuatro dedos; bueno, no todos, una mujer tenía cinco, y me dijeron que era porque la madre de esta mujer era terrestre.

El paso de estos seres dejó varias huellas. La tierra quemada donde se posó el vehículo, el vestidito de la niña que aparecía como muy lavado y con gran desencanto vieron que la comida de que disponían se les había podrido demasiado pronto, y no sólo la fruta fresca, sino también las legumbres que estaban guardadas en frascos herméticamente cerrados, incluso se llevaron un olivo del que curiosamente quedo la huella de donde estaba y aparecía como si hubiera sido absorbido desde el aire, sin apenas remover la tierra donde estaba plantado.

Todos estos recuerdos estuvieron relegados en lo más recóndito de la memoria de Próspera durante 30 años hasta que un día algo hizo saltar un pequeño resorte de su memoria y los recuerdos olvidados pasaron a un primer plano. Todo empezó, según cuenta Próspera, cuando releía un libro sobre ovnis, en concreto “El gran enigma de los platillos volantes”, escrito por el investigador Antonio Rivera.

“Estaba ojeándolo cuando algo me llamó la atención. Fue como si aquello que se contaba en el libro yo lo hubiera visto antes, tal vez en una película o por televisión”. Lo primero que se le aparecía en la mente era la luz, “una luz muy blanca y muy fuerte”, pero no conseguía relacionarlo con nada. El hecho de que durante casi 30 años no recordara nada lo explica Próspera como un mandato de los extraterrestres, que “me dijeron todo lo que me iba a pasar durante mi vida y añadieron que yo no me iba a acordar de esto hasta dentro de 30 años, porque pensaron que tendría primero que superar la educación que iba a recibir”.

Sin embargo, a partir de ese momento Ana, la mayor de las dos hermanas, no recuerda prácticamente nada. «Tengo la impresión –afirma en una carta fechada en Febrero de 1986 y dirigida al Investigador José Ruesga– como si en aquellos momentos tuviese veinticuatro o cuarenta y ocho horas en blanco. No sé si se marchó el objeto o si se quedó. Por más que mi hermana intenta que recuerde, no recuerdo nada más».

La primera vez que su caso salió a la luz fue en diciembre de 1983, en el Congreso Internacional de Ufología de Rosario (Argentina), donde lo expuso el investigador catalán Antonio Rivera, gracias al cual Próspera salió de su amnesia.

Próspera y el ufologo canario Paco Padrón

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Después vendrían más encuentros cercanos con seres que ella re cuerda, en general, feos, raudos y envueltos en uniformes o en gabardinas con los cuellos en alto. Uno de esos encuentros tuvo lugar en el bar de su padre, en Jumilla, allá por 1954; otro, en la playa de San Jutan, en Alicante, entre 1959 y 1960; después, en la centralita telefónica de esta misma ciudad, durante 1971, y el último tuvo lugar en 1982, en la centralita de Gerona en la que trabajaba.

El fenómeno experimentado por Próspera Muñoz es conocido por los expertos como abducción, término que, según el diccionario, se aplica a un “movimiento por el cual un miembro u otro órgano se aleja del plano medio que divide imaginariamente el cuerpo en dos partes simétricas”.

Próspera Muñoz

La experiencia de Próspera cambió radicalmente su vida. Desde entonces –ha confesado en numerosas ocasiones– no se sintió una niña normal y adquirió una visión de la realidad que difícilmente podría tener una niña de su edad. Ese cambio ha orientado su vida, y –hoy por hoy– sólo espera reencontrararse con una extraña mujer que conoció años después durante su estancia en un campamento femenino, que no sólo parecía estar al corriente de la existencia de los seres del OVNI, sino que le predijo numerosos acontecimientos futuros y le aseguró que regresaría años después para hablar en profundidad de todas esas vivencias. La espera, en este caso, continúa y nos advierte que el caso de Próspera Muñoz no está, en absoluto, cerrado.

Fuentes:www.elpais.com

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