El antiguo director del Real Conservatorio Superior de Música Victoria Eugenia, fue la primera persona en hablar de que por el Conservatorio vagaba un fantasma. Miguel Carmona que además de director era catedrático de Música de Cámara y que prácticamente vivía en el Centro incluso de noche, debido a sus numerosas tareas, sostenía que el fantasma era el alma en pena de un profesor a quien llamaba familiarmente Felipe. Aunque ya fallecido, Miguel Carmona es recordado por sus compañeros y actual Director del Conservatorio con un gran cariño.

Según sostenía Carmona hubo un profesor de música en el centro que fue expulsado de su trabajo después de haber entregado toda su vida a la enseñanza. La razón del despido fue que pese a sus amplios conocimientos musicales y probada experiencia, no poseía título alguno y siendo para él la música y la enseñanza su mayor ilusión en la vida, murió con una gran pena en el alma. De ahí que una vez muerto frecuentara el lugar que tanto amaba y al que tan unido estaba en vida.

Uno de los profesores Enrique Rueda, señala que él como otras muchas personas del centro ha sido testigo de ruidos y otros fenómenos inexplicables dentro del edificio. Según su testimonio. en invierno de 1988 pudo comprobar cómo se encendía la luz de uno de los aseos. al tiempo que se activaba el mecanismo de la cisterna, para luego volver a apagarse la misma bombilla. Todo esto sucedía cuando sólo él estaba dentro del Conservatorio.

Rueda admite que en ese tiempo los cuartos de baño estaban en mal estado, por lo que no parece muy sorprendente el hecho de que la cisterna funcionara sola. Sin embargo que la luz se encienda y apague sola sin  nadie que dé al interruptor, parece algo más difícil de explicar.

Cuenta también nuestro testigo como a él y a otros profesores les ha parecido escuchar voces que pronuncian sus nombres. En este caso Rueda se muestra escéptico y apunta a que tales supuestos fenómenos paranormales pueden ser fruto de un estado especial de sobrecarga intelectual, pues los hechos suelen ocurrir cuando los testigos llevan tiempo estudiando o realizando alguna actividad que requiere un gran sobre esfuerzo.

Sin embargo pese a su escepticismo admite que para él y otros muchos profesores y alumnos del Centro, el edificio del Conservatorio parece encerrar un misterio. Prueba de ello es un fenómeno que suele darse de noche en el patio del edificio, allí una ráfaga de viento aparta las hojas de las plantas como si algo se abriera paso a través de ellas. Esta ráfaga de viento surgía de la nada en noches en las que imperaba la calma.

Otro de los fenómenos extraños de difícil explicación, sucedió durante una noche en la que decidió quedarse estudiando en el centro. En este caso sería su perra quien viviría la experiencia. Enrique permanecía estudiando en un aula de la primera planta mientras su perrita “Clara” dormitaba tranquilamente junto al piano cuando repentinamente el animal dio un salto, se dirigió a la puerta de la habitación y comenzó a ladrar en el pasillo en dirección a un rincón oscuro del pasillo.

Enrique se levantó y encendió la luz del corredor. Allí no había nadie pero “Clara” seguía ladrando hacía un punto concreto situado en el centro del pasillo completamente aterrorizada, era como si estuviera afrontando el ataque de un gran peligro o de otro animal más grande. Al verla en ese estado, Enrique abandonó el edificio bastante asustado.

Antonia la conserje del Centro, le contó a Enrique dos experiencias que sufrió en el Conservatorio. La primera sucedió en el verano de 1997 cuando, mientras se encontraba a solas en la consejería, Antonia escuchó caer a sus espaldas un paquete de papel enorme de bastante peso. Sobrecogida por el estrépito se volvió instantáneamente sin hallar rastro alguno del posible origen de aquel ruido.

El segundo incidente sucedió un año más tarde en 1988. Una mañana Rueda encontró a Antonia muy sobresaltada, “blanca como un papel”, justo en el momento en que acababa de subir del sótano  donde había bajado para encender la caldera de la calefacción. Al parecer Antonia había notado pasos a su alrededor como si alguien la persiguiera y sentido el aliento de alguien invisible en su nuca.

En otra ocasión, dos profesores fueron testigos de otro hecho insólito. Al parecer permanecían en el aula de Música de Cámara, cuando inexplicablemente, vieron flotar y caer una moneda de “cien pesetas” desde el techo. Según estos profesores, ellos eran las únicas personas presentes en ese momento en el Conservatorio ya que permanecía cerrado. Además, ni la puerta ni las ventanas estaban abiertas, por lo que parece improbable que la moneda procediera del exterior. Al parecer se materializó de la nada.

Otro antiguo profesor asegura que durante el curso 1986-87, cuando se encontraba estudiando en el auditorio notó una sensación similar a la que sentiría cualquiera que estuviera rodeado por varias decenas de personas, sin embargo no había nadie en la sala en ese momento.

Nicanor de las Heras, escuchaba desde su despacho de secretaría del centro(1982-1987) como encima de él en la biblioteca de entonces, se escuchaban pasos de carreras atropellándose. Cuando subía a mirar allí no había nadie.

Todos los testigos coinciden en afirmar que el edificio del Conservatorio, antiguo Palacio de Caicedo del siglo XVII, tiene algo especial. Así al menos lo piensa un alumno del centro José Ángel Morente, quien asegura haber oído sonar en determinadas ocasiones la música de un piano en una sala en donde no había nadie.

 

También recuerda que una de estas veces, mientras ensayaba delante del piano en un aula de la tercera planta, le pareció escuchar en la sala contigua a otra persona tocar ese mismo instrumento. Incluso pensó que sería un compañero suyo, quien estaba ensayando. No le extrañó oír la música sino la destreza con la que tocaba la pieza que era de gran complejidad. Al acabar su ensayo y salir observó que la sala contigua estaba cerrada con llave, así que preguntó al conserje si alguien había estado tocando allí, a lo que contestó que no, pues nadie le había pedido la llave del aula.

Este mismo testigo reconoce haber notado extrañas sensaciones mientras permanecía en su propia casa(puertas que se cierran, muebles que se mueven, etcétera) e incluso en otros lugares. En diciembre de 1992 se encontraba junto con otra persona en la tercera planta del centro y todas las dependencias cercanas aparecían cerradas a cal y canto, cuando en un momento dado ambos pudieron escuchar claramente una misteriosa melodía de procedencia desconocida, ya que los dos eran las únicas personas que estaban en ese ala del Centro.

Fuente: http://www.dosmilfantasmas.com

 

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