En el año 1934, tenía lugar en Madrid, la fundación del ahora Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja, por iniciativa de un grupo de Arquitectos e Ingenieros, entre los que destacaban D. José Mª Aguirre, D. Modesto López Otero y D. Eduardo Torroja, perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Instalaciones del Instituto Eduardo Torroja(www.construible.es).

De enorme importancia, este centro de investigaciones nació con la finalidad de estudiar la resistencia y composición de diferentes materiales imprescindibles en la realización de muchos edificios de la época. Tras numerosos cambios de sede, en 1953, la asociación se trasladó finalmente a la finca “El Bosque” situada en la madrileña zona de “Costillares” (Pinar de Chamartín), bajo la dirección de D. Eduardo Torroja.

 

D. Eduardo Torroja.

Un lugar con un enorme pasado histórico que parece haber impregnado intensamente al misterioso complejo público.

En esa zona de Chamartín, existió antiguamente un Cementerio y el Colegio de Huérfanos de la Armada en el que muchos niños murieron de tifus y que solían salir a jugar al campo en donde ahora está construido el Instituto Eduardo Torroja.


Colegio de Huérfanos de la Armada(www.historias-matritenses.blogspot.com)

También en esa zona de Chamartín en diciembre de 1808, las tropas napoleónicas acamparon en el Olivar de Chamartín, mientras el Emperador dormía en el Palacio Nuevo de los Duques del Infantado (hoy Colegio del Sagrado Corazón). Allí firmó el histórico decreto de anulación de la Inquisición.


http://www.palomitasdemadrid.blogspot.com

Y por si fuera poco, durante la Guerra Chamartín fue zona Republicana con numerosas trincheras que sirvieron de sepultura a muchos republicanos.

Es en este caldo de cultivo, el lugar en el que se enclava el Instituto Eduardo Torroja, epicentro de toda una serie de fenómenos inexplicables.

Francisco que fue vigilante durante 9 años en el Instituto Eduardo Torroja, contaba para “milenio3” todos los fenómenos vividos dentro del edificio. Según su testimonio, estando en el “Hall” del edificio, epicentro de todos los fenómenos a partir de las 9 y 20 de la noche, oyó el grito espeluznante de una persona que procedía de la parte de arriba del Centro cuando en el mismo sólo estaba él. Su reacción fue la de salir corriendo a la calle presa de un temor absoluto.

Otro día estando de servicio y mientras hacía su ronda, pudo ver la cara de un niño en un cristal la cual desapareció rápidamente. Pero lo que más le impactó fue el el día en que estando hablando con su compañero según hacían el relevo, mientras Francisco se ataba los zapatos y su compañero se cambiaba, Francisco giró la cabeza y pudo ver en medio de dos pasillos la figura de un hombre de poca estatura, vestido con un traje de color azul marino y que flotaba en el suelo. Su cara de perfil era oscura y el movimiento de sus brazos era lento al igual que su caminar.

En ese momento advierte a su compañero de que hay alguien en el pasillo y éste se echa a reír ya que a él también le han pasado cosas así. Cuando juntos se dirigen a la zona del pasillo en que Francisco ha visto a esa presencia, allí no había nadie.

Otro momento de gran tensión, fue el día en que confiado de que un alto cargo del Instituto se había quedado trabajando en su despacho fuera del horario de apertura del centro, sube a la planta de arriba para comenzar la ronda por los inmensos pasillos del Centro. Es entonces cuando escucha el sonido de una melodía de estilo medieval que le atraía hacía el fondo del pasillo, cuanto más se acercaba a ésta y creía haber encontrado el despacho de donde procedía, la música volvía a escucharse más al fondo del pasillo, atrayéndole a un despacho determinado de esa planta.

Cuando es consciente de que esa música le atrae hacía ese lugar en concreto, decide darse la vuelta y regresar, es entonces cuando los papeles de actos oficiales que colgaban de las paredes, empiezan a moverse. Ignorando dicho fenómeno, continúa caminando y es entonces cuando oye el sonido de tacones en la planta baja, que atribuye a la persona que se había quedado trabajando.

Llamándola por su nombre le dice que espere que enseguida baja y la abre la barrera, para que pueda salir con el coche. Francisco baja y junto a la barrera de entrada y salida espera a que esa persona se acerque con el coche. Pasan los minutos y allí no aparece nadie, así que intrigada decide entrar en el Edificio y subir al despacho de esa persona en cuestión, al entrar descubre que allí no había nadie. En el edificio sólo estaba él y lo inexplicable.

Un domingo que no estaba él, un compañero suyo fue a ver si quedaba alguien en el edificio y en el mismo pasillo en donde Francisco había oído la música, escuchó voces. Preguntando en alto si había alguien allí, nadie le respondió. Entonces mientras caminaba por el pasillo empezó a escuchar pasos de pies descalzos que caminaban alrededor suyo y un frío tan intenso que hasta el bote de coca-cola que llevaba en la mano se le congeló. Una vez abajo las voces procedentes de arriba se volvían a escuchar. El pobre hombre presa del pánico salió corriendo del edificio y tuvieron que ir a buscarle.

Otro trabajador del Instituto al que llamaremos “Andrés Matinez” nombre ficticio a petición suya, ya que por motivos laborales prefiere seguir en el anonimato y se dedica a investigar la dureza de los materiales de construcción, confirma los hechos relatados por Francisco.

“Andrés” lleva 8 años trabajando en el Centro Eduardo Torroja y comenta que desde el principio sus propios compañeros le empezaron a comentar estas historias de fenómenos paranormales, los cuales relacionan con el ente de uno de los fundadores del Centro, D. Eduardo Torroja.

Cuenta “Andrés” también en el programa de milenio3 en la cadena ser, que estando un día en el laboratorio con su compañera, empezaron a apilar una serie de baldosas sobre una encimera y en un momento dado en que ambos se giran, las baldosas se caen al suelo, algo imposible según las leyes de la física, ya que ni empujándolas él mismo podría haberlas tirado.

Otro día a primera hora de la mañana, sobre las 8 o las 8 y diez, “Andrés” estaba haciendo un ensayo consistente en cambiar unas muestras de una cámara frigorífica a otra, cuando escucha el sonido de unos pasos de zapatos de hombre que al llegar a su altura dejan de escucharse. Él, pensando que era algún compañero, se puso a llamarle e incluso salió al pasillo, pero allí no había nadie.

Debido a sus propias experiencias y otras relatadas por sus compañeros, “Andrés” decide poner una cámara de video vigilancia durante la noche en la zona del “Hall”, en donde Francisco el vigilante le dice que ocurren todos los fenómenos.

Pudo filmar una especie de humo blanco a la altura de 1,60cms, era un humo denso como el de un puro del que salía un brazo que igual que salió desapareció.

Todos los comentarios del personal del Centro, apuntan al fallecido y fundador Eduardo Torroja como el responsable de estos fenómenos, ya que murió el 15 junio de 1961 a la edad de 62 años de un infarto mientras trabajaba en su despacho del Instituto Eduardo Torroja.

Eduardo Torroja Miret nació en Madrid el 27 de agosto de 1899 y era Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Fue Caballero de la Gran Cruz de las Ordenes de Alfonso X el Sabio y del Mérito Civil. Doctor Honoris Causa de las Universidades de Toulouse, Buenos Aires, Chile y el Politécnico de Zürich; así como ex profesor de las universidades de Princeton y Harvard.

D. Eduardo Torroja Miret.

El 1 de octubre de 1961, 4 meses después de su muerte, se le concedió el título del reino con la dignidad de Marqués y denominación de Torroja por Decreto. Como curiosidad añadir que la cantante del afamado grupo “Mecano”, Ana Torroja, es nieta de D. Eduardo Torroja Miret e hija del también famoso ingeniero José Antonio Torroja Cavanillas.

El trabajador “Andrés Martinez”, cuenta también que en el Instituto estaba la máscara mortuoria de D. Eduardo Torroja, guardada en una caja de madera en uno de los cuartos del Instituto. Él personalmente la pudo ver en dos ocasiones y aunque quiso hacerlo una tercera no pudo porque la máscara ya no estaba en el citado cuarto.

Hace años los vigilantes hacían las rondas por el Instituto con perros, y cuando pasaban por delante del despacho de D. Eduardo Torroja, el animal se paraba y no quería avanzar.

El 7 de octubre de 2009, “Andrés” manda al programa de “Cuarto Milenio” una fotografía tomada a las 8 y media de la mañana el 6 de octubre. está hecha en el cuarto de máquinas que hay en el sótano del edificio. Justo sobre los azulejos se ve un rostro, una cara con pelo oscuro y entradas en la cabeza.

Los trabajadores hablan de las visiones de caras de bebés, de gente ahorcada, de un soldado mameluco que aparece con turbante y de una aparición que lo hace siempre a la 9 y 20 de la noche.

Un lugar sin duda lleno de misterio, con un pasado histórico que parece haber impregnado el edificio.

Os dejo el enlace del programa de Milenio3 en el que podeís escuchar a Francisco y a “Andrés Martinez”(nombre ficticio a petición suya)  relatar sus experiencias en el Instituto Eduardo Torroja:

http://www.ikerjimenez.com/milenio3/milenio3-10×04.html


Fuente consultada:www.ikerjimenez.com







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