Stefan Aztler de 25 años, nacido en Donauworth (Alemania), llegó a España desde Alemania tras atravesar Francia e Italia, sin más compañía que la de su fiel perro Chuky vagaba por los campos armado con dos afiladas navajas y una larga vara que le hacía las veces de cayado. Come lo que encuentra y lleva una mochila grande y negra en la que, además del cuaderno, lleva un carné de conducir alemán, un llavero con la imagen de Cristo crucificado, un reloj Casio de plástico, dos navajas  y una fiambrera con tres grandes trozos de carne, tres solomillos humanos que servirán para saciar su hambre.

Stefan Aztler(www. gionetta.wordpress.com).

El 15 de febrero de 2006, cuando José Juárez, de 65 años de edad y natural de Socovos, llegó con su furgoneta al denominado Cortijo del Tío Murciano, en el término municipal de Férez, sin ser consciente del terrible final que le esperaba.

Entre las 8.30 y las 9.30, Stefan abordó al recién llegado agrediéndole reiteradamente con una navaja, con la que le asestó 26 puñaladas, una de ellas en el cráneo, con tal fuerza, que fracturó la navaja. Según recogía el forense: ” Dieciocho en el plano anterior del tórax, tres en la zona posterior inferior del tronco, tres en el plano posterior del tórax, una en el brazo izquierdo y otra en el cráneo, ésta última con tal fuerza que se fracturó la navaja y quedó clavada la punta en la zona craneal”.

Tras esto arrastró el cuerpo hasta una nave de la finca, donde lo descuartizó con una sierra de arco, introduciéndolo después en bolsas de basura, para ocultarlo con mayor facilidad. Utilizando la furgoneta del fallecido, Stefan se trasladó, sobre las doce y media del mediodía, a la finca El Cerezo, portando en el vehículo (cuya rueda quedó atascada entre dos piedras), la cabeza y el brazo izquierdo del cadáver.

El secretario del Juzgado de Instrucción número 1 de Hellín, al redactar la diligencia de levantamiento de cadáver lo narraba así: ” Desde la puerta de entrada se observa una gran mancha de sangre», recoge el citado documento, incluido en el sumario sobre el crimen. «Podemos ver también parte de un tórax separado del resto del cuerpo, intestinos sueltos, las dos piernas cortadas y separadas, el brazo derecho también seccionado debajo de una bolsa de plástico. La otra parte del tórax está dentro de una bolsa de basura negra, junto a un trozo de oreja». «Cerca del cadáver -prosigue el secretario judicial- se encuentra una sierra metálica con mango azul, manchada de sangre y otros restos. No se encuentra el brazo izquierdo ni la cabeza del cadáver”.

Sobre las 13.25, un trabajador de la finca, Avelino G., le vio y le pidió que abandonara el lugar. Al ver que el acusado llevaba sangre en las manos, Avelino telefoneó a la policía, por lo que Stefan se acercó hacia él con una navaja, con la que intentó matarle, sin lograrlo, aunque resultó herido en una mano.

Stefan sustrajo el Land Rover de Avelino, con el que intentó atropellarle. En la huida, el condenado se encontró con el agente avisado por Avelino, que le siguió hasta la conocida como la recta de La Errada, donde Stefan sufrió un accidente al perder el control del vehículo, momento en el que fue detenido.

“Personados en el cortijo se observa la citada furgoneta, con la rueda trasera derecha atrapada entre dos piedras. En el maletero del vehículo se encuentra una bolsa de basura negra, la cual contiene una cabeza de hombre, ensangrentada, a la cual le falta la oreja derecha. En una bolsa del mismo tipo hallamos el brazo izquierdo ensangrentado. También encontramos en el maletero un serrucho metálico, con mango de madera, con sangre y restos”. Horas después hallarán la mochila y, en ella, la fiambrera con los tres filetes de carne humana. El asesino, el descuartizador, el aparente caníbal, está tendido en el suelo, boca abajo, en un huerto de almendros. Ya en el cuartel de la policía, en Hellín y tras hacerse pasar por inglés arremetió contra el interprete, golpeándole en la cabeza y en el hombro.

El 17 de febrero, en los calabozos de la Comandancia de la Guardia Civil, golpeó a un agente al que le rompió las gafas e intentó agredir a otro, que esquivó el golpe.

Se negó a declarar. Se negó a que le extrajeran sangre, a entregar su saliva. Hubo que tomarle las muestras con orden judicial. Se negó incluso a ofrecer su verdadera filiación y aseguró llamarse Andrew Martin, nacido en Plymouth (Inglaterra).

 Sus huellas dactilares y su ADN desvelaron su identidad y le señalaron como el autor de la muerte y descuartizamiento de José Juárez. Y aún habrían de deparar dos grandes sorpresas: le vincularon con el intento de asesinato de un indigente de 44 años, acuchillado el 19 de septiembre de 2005 en Amberg (Alemania); y le señalaron además como presunto autor del asesinato de un agricultor de Jumilla, Timoteo Navarro, de 62 años, cuyo cuerpo cosido a navajazos fue hallado el 14 de enero de 2006 en el paraje de los Alberciales.

Apenas una semana antes del crimen había escrito en su diario: “Seguimos hasta Yecla. El paisaje me parece diabólico y como una pesadilla (…) Es hora de que nos vayamos de aquí a otro sitio”. Hasta ahí llega su relato. Luego se topó con Timoteo y, días más tarde, con Jesús. Ninguno de ellos sobrevivió al encuentro.

 La sentencia condenó a una pena de 18 años de prisión e inhabilitación absoluta por el delito de asesinato contra José Juárez Palacios, 9 meses de multa con 6 euros diarios por un delito continuado de hurto, de uso de vehículo a motor, 5 años de prisión e inhabilitación por un delito de homicidio en grado de tentativa contra Avelino G., multa de 6 euros diarios durante un mes por la falta de lesiones contra Carlos B..

El juez le impuso también un año de prisión e inhabilitación por un delito de atentado contra agentes de la autoridad, multa de un mes con seis euros diarios por una falta de lesiones y las siguientes indemnizaciones: 150.000 euros a Concepción C.B., viuda de José Juárez, 17.000 euros para cada uno de sus hijos José, Jesús y Ángel Francisco, 20.000 euros para su hijo Antonio y 25.000 para su hijo Carlos; 9.180 euros para Avelino G. por los días de baja derivados por el accidente y otros 4.000 por el valor de su Land Rover y al guardia civil agredido 150 euros por las lesiones sufridas y 250 por los daños en las gafas.

Una pena que se le impone después de que el Fiscal solicitara en sus calificaciones 32 años de cárcel para este joven alemán acusado de asesinar y después descuartizar al agricultor de Férez, José Juárez.

A veces la realidad supera la ficción y creo que este caso cumple a rajatabla tal afirmación, no solo por la frialdad del crimen sino por la templanza de llevar tres solomillos de carne humana como el que lleva tres pechugas de pollo en la mochila, para saciar el hambre. La mente de algunas personas es un auténtico misterio y por mucho que nos empeñemos en diseccionarlas nunca seremos capaces de pasar más allá de la puerta de entrada.

Fuentes consultadas: www. terranoticias.terra.es

                                            www.abc.es


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