Ayamonte es una ciudad en el municipio español homónimo de la provincia de Huelva, Andalucía, situada junto a la desembocadura del Río Guadiana. Tiene una población de 20.597 a fecha de 2010 y una superficie de 142 kilómetros cuadrados. Pero lo que llama atención de este pueblo andaluz son los misterios que le rodean, los sentimientos de que fuerzas extrañas te acompañan cuando paseas por sus encaladas calles.

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Desde hace años han ocurrido en sus calles fenómenos que mantienen en vilo a sus habitantes. Los rumores no son sólo historias y leyendas sino que algo ocurre de verdad. Se dice que por sus calles cabalga un jinete con una armadura de la Edad Media, un espectro que cabalga algunas noches en la zona alta del Pueblo. El comienzo de los sucesos parece tener un hecho concreto: en el año 1640, Don Francisco Manuel Silvestre de Guzman y Zuñiga, sexto marqués de Ayamonte, es acusado por instigar una conjura separatista apoyando la secesión de Andalucía y de entregar unos documentos que hicieron abortar la reintegración de la corona portuguesa a España. Por estas acusaciones es sentenciado a la “pena de muerte a cuchillo”, en donde su cabeza fue cortada. El único testigo de aquél trágico pasado sigue siendo el Palacio del Marqués de Ayamonte, en cuya fachada, a uno y otro lado del balconaje, hay coronas del marqués, bajo las cuales figuran los escudos. Se dice que en ese palacio se oyen pisadas y que existe una silueta humana deambulando por los pasillos y salones del antiguo Palacio.

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El Castillo de Ayamonte era una antigua fortaleza -ya desaparecida- que estaba emplazada sobre la parcela que ahora ocupa el Parador de Ayamonte, en el barrio de La Villa, en la parte más alta y antigua de la ciudad que domina la desembocadura del río Guadiana, desde la parte norte de la población. Son frecuentes las personas que afirman haber oído voces, algunas incluso desgarradas, por la noche en aquel monte. Y no sólo voces, también pisadas de caballos y chasquidos que recuerdan una lucha entre caballeros medievales armados con sus espadas.

La Iglesia de las Angustias, situada en el centro de Ayamonte, también posee su leyenda: cuentan haber vistos personas vagando, pero sus pies no tocaban el suelo. Estas escalofriantes visiones las cuentan varios de los hombres que se dedican a llevar a la Virgen a cuestas durante la Semana Santa y también personas que van a misa por las tardes.

Ayamonte, Iglesia-Parroquia de las Angustias

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Una de las calles antiguas del pueblo alberga la que es conocida cómo la “casa maldita”. En ella una persona de edad avanzada vio a una persona ahorcada trajeada a la antigua usanza de aquellos pueblos, colgada de un árbol del corral. Hoy en día esta casa ha sido transformada en un taller de tapicería, y su nuevo propietario cuenta, no sin cierto temor, que siguen produciéndose fenómenos “no muy normales”. Suele escuchar voces y ruidos sin explicación aparente, además de presenciar como los objetos cambian de lugar sin que nadie los manipule.

La Pensión los robles ubicada en la parte baja del pueblo de Ayamonte, es otro de los escenarios en donde se producen fenómenos paranormales, varios testigos afirman haber presenciado extraños sucesos en los pasillos y habitaciones del inmueble. Vanesa y Julio son una pareja de novios que acudió hace unos meses al pueblo de Ayamonte y por azar acabaron pernoctando en la pensión, según sus propias palabras esa fue la noche más escalofriante que han vivido en toda su vida.

Al llegar a la pensión y subir a la habitación número 8 que está en el último piso, pudieron observar como una mujer con una especie de camisón entraba en una habitación, al acercarse se percataron de que la extraña figura había entrado en la misma habitación que tenían ellos. Tras llamar a la puerta de la habitación repetidamente sin obtener respuesta alguna, decidieron abrir la puerta y pudieron comprobar que allí no había mujer alguna dentro de la habitación. Vanesa presa del pánico quería marcharse pero Julio logró convencerla de pasar la noche que ya habían pagado. Después de pasar el día visitando el pueblo y cenar, decidieron acostarse aún con el recuerdo indeleble de la extraña mujer que había entrado en la habitación. A media noche Vanesa se despertó para ir al baño y se encontró con que las luces de éste estaban encendidas, así como abiertos los grifos de la bañera y el lavabo. A partir de ese momento no pudieron pegar ojo en toda la noche muertos de miedo y nada más amanecer dejaron la pensión con el miedo dentro del cuerpo. Uno de los empleados comentaba que ya son varios los clientes que después de pasar una noche en la pensión se han quejado de haber presenciado cosas extrañas, como la visión de sombras o siluetas vagando por el edificio, además de dejar constancia de que las luces se encendían y apagaban solas o las puertas se abrían y cerraban en mitad de la noche.

Fuente consultada: Fuentes consultadas: http://www.misteriosmario.blogcindario.com

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