En junio de 1991 durante 72 horas, una fuerza invisible y descontrolada arrasó las oficinas de la empresa Plaza & Janés de Málaga, situada en la calle Cister nº 11. Durante tres días los empleados de dicha oficina pudieron ser testigos de como “algo” o “alguien” empujaba las grandes estanterías y expositores, mesas, cuadros y sillas. Abría y cerraba las puertas de los despachos, movía los archivadores, hacía sonar los teléfonos de forma repetitiva sin causa justificada o encendía y apagaba las luces.

plaza y janés

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Rafael Ortega jefe de ventas por aquel entonces de Plaza & Janés relataba lo ocurrido al periodista e investigador Julián Contreras Gil: “Pasamos mucho miedo. Cuando los muebles comenzaron a volcarse, salimos corriendo a la calle. Se descolgaban los cuadros y caían las estanterías, como si las empujaran. Incluso los botes donde poníamos los bolígrafos salían volando”.

Hacia las seis de la tarde mientras impartía un curso para nuevos vendedores, Rafael enmudeció de pronto cuando uno de los ceniceros de la sala de juntas, salió despedido hacia el suelo. Al mismo tiempo, las cortinas eran sacudidas violentamente mientras una de las plumas estilográficas que se encontraba sobre la mesa era lanzada contra uno de los tabiques.

Trabajadores de despachos contiguos al de Rafael, salían despavoridos hacia el pasillo al escuchar ruidos en sus despachos así como en la contigua sala de ventas, su nerviosismo se disparó al escuchar el estruendo de un mueble al caer sin que nadie estuviera cerca de él. Ceniceros, grapadoras y lápices salían disparados en todas direcciones. Mientras los trabajadores Diego Barranco y Joaquín García huían presos del pánico, un rollo de cinta adhesiva salía despedido contra ellos a la par que caían los fluorescentes del techo impactando y estallando en el suelo. Nadie sabía que estaba pasando ni a que se estaban enfrentando.

Los empleados reunidos todos en la sala principal de la editorial, vivieron durante horas el ataque de una fuerza invisible que derribaba las altas estanterías repletas de grandes tomos, que desplazaba sillas y mesas y descolgaba cuadros, fotografías y pizarras de forma inteligente. Durante estos ataques, la temperatura descendía alarmentemente según los testigos.

Al día siguiente cuando se reanudó la jornada laboral, los fenómenos volvieron a la oficina de Plaza & Janés. Los cajones de los archivadores se abrían y cerraban y las puertas de los despachos eran empujadas por manos invisibles. En medio de este caos Rafael Ortega decide acudir a la Catedral de Málaga en busca de un sacerdote, el cual mientras rezaba en voz alta iba lanzando agua bendita y poniendo romero por los despachos y pasillos de la oficina. Pero los sucesos continuaron incluso con la presencia del sacerdote, el cual salió como alma que lleva el diablo cuando vio como parte del mobiliario era arrasado por una fuerza invisible.

Rafael decide entonces acudir a la Comisaría de policía más próxima. Los miembros de la Policía Nacional inspeccionaron el lugar, cada sala, cada despacho en busca de una respuesta lógica que no hallaron.

Rafael decide cerrar temporalmente la sede editorial y llamar a Barcelona donde uno de sus jefes al saber lo ocurrido le sugiere que se ponga en contacto con un grupo de investigadores y varios periodistas para que buscaran alguna explicación. 48 horas más tarde los miembros del grupo CICE (Centro de Investigaciones Científicas Especiales) acudían a la Oficina de Plaza & Janés. Según Francisca Moreno, una de los miembros de CICE “Parecía como si por allí hubiera pasado un huracán. Todo el mobiliario estaba volcado(…). En el último despacho había una librería inmensa volcada y todos los libros en el suelo”.

En el despacho de Rafael Ortega, donde todo había comenzado, el grupo CICE encontró grabada en el polvo de la parte superior de una de las estanterías, el contorno de una mano. Una estantería situada a gran altura y con apenas espacio entre ésta y el techo.

El grupo de investigadores dejó tres grabadoras en las que se grabaron tres voces distintas, una en cada grabadora, lo más sorprendente es que en una de ellas llamaban por su nombre a una de las investigadoras del grupo CICE. A otra de las integrantes del grupo mientras recorría los pasillos se le apareció junto a la puerta de uno de los despachos, una figura luminosa invisible para el resto de investigadores. Celeste Torres, la integrante del CICE, le preguntó a la figura que quién era, a lo que ésta respondió: “Miguel. Tal como salí entré”.

Durante los dos días en que tuvieron lugar los fenómenos de Plaza & Janés, a pocos kilómetros de Málaga, en el cementerio de Parcemasa, se exhumaba el cuerpo de un antiguo empleado de la delegación, el profesor de primaria del colegio Gibraljaire, Miguel Domínguez. Miguel Domínguez fue un antiguo compañero de Francisca Moreno investigadora del CICE cuyo nombre se oía en una de las psicofonías, Miguel se había quitado la vida cinco años atrás al haber sido despedido y acusado injustamente de estafa mientras era contable de la empresa.

¿Casualidad que el misma día que se exhuma el cuerpo del antiguo contable de la empresa acusado de estafa injustamente, sea cuando se produzcan los fenómenos inexplicables? ¿Casualidad que fuese antiguo compañero de una de las integrantes del CICE y su nombre saliese en una de la psicofonías? Yo creo que no, ¿Qué creeís vosotros?

Fuentes consultadas: Francisco Contreras Gil “Fantamas, ¿hay alguien al otro lado?”

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