El mito del fantasma de la antigua Diputación sigue siendo veintitres años después un misterio sin resolver. El edificio de calle Mesones que actualmente acoge al Catastro estuvo sometido a intensos estudios parapsicológicos durante meses que alimentaron todo tipo de conjeturas.Voces extrañas en la noche, objetos que cambiaban de lugar e incluso investigaciones paranormales que ponían rostro al supuesto espíritu que vagaba por la casona, articularon una leyenda por la que todavía se guarda un cauto respeto.

Calle Mesones a día de hoy.


El edificio de la Diputación de Granada ocupa lo que fuera la mezquita mayor del arrabal y posteriormente el convento parroquial de la Magdalena, dicen que con cementerio privado. Cierta vez los caballos que tiraban del carruaje con el que trasladaban a los muertos hasta la parroquia se desbocaron y en su alocada carrera mataron a varios transeúntes, fue por lo que el gobernador Mendizábal ordenó su traslado hasta otro lugar de la ciudad.Aunque en el barrio todavía hoy en día hay quien recuerda que se ha oído desde siempre ,como una tradición, referencias que hablaban sobre desprendimientos de imágenes religiosas y otros objetos en el templo durante la época que permaneció abierto al público y que pesaba sobre el solar una maldición. Además los vecinos más viejos recuerdan todavía que en su infancia los niños del barrio jugaban a “oir ruídos” en la antigua Iglesia.

En 1892 el edificio era utilizado como “almacenes”. El edificio fue conservado sin modificaciones y era conocido como Almacenes la Magdalena. Dichos almacenes han estado abiertos hasta fechas relativamente recientes. Hoy en día hay vecinos del barrio como Miguel Bayo que afirman que a ese lugar se le atribuía una serie de misterios y sucesos inexplicables. Por ejemplo, los empleados de los almacenes eran incapaces de ir en solitario al lugar donde se guardaban los materiales: tenían miedo de que les cayera encima algo y pudiera matarlos o herirlos, y así lo expresaban ellos mismos. Incluso los dueños habían establecido como norma que se acudiera al almacén por parejas, para evitra estos accidentes. Un antiguo trabajador de Almacenes Magdalena asegura que uno de los dueños del lugar inexplicablemente, se ahorcó en una viga de la antigua iglesia, dato que también es recordado por Miguel Bayo.
Más próximos en el tiempo la cadena norteamericana Wolworth adquirió el vetusto edificio para establecer allí una moderna sucursal. Durante las obras de derribo del viejo edificio y cimentación del nuevo, en 1973, el encargado de llevar a cabo las citadas obras, Isidoro Caballero, afirmaba que cuando comenzó la demolición “apareció una habitación en la que había una gran cantidad de huesos que podían ser de niños pequeños”. Más tarde se comprobó que pertenecían a niñas que fueron emparedadas.

Al hallazgo de los huesos vino a sumarse otro suceso acaecido durante la época de obras, para alimentar el enigma que rodea e este lugar. Sucedió que el desprendimiento de una grúa costó la vida a un joven peón, así como el suicidio de un capataz y un vigilante jurado, que se ahorcaron durante el transcurso de los trabajos de remodelación del edificio Wolworth.

Aunque todo podía indicar que las perspectivas para ellos eran buenas, lo cierto es que apenas permanecieron abiertos siete años, de forma que en Noviembre de 1980 se encontraban cerrados.

Vecinos de Granada y comerciantes de la calle Mesones y aledañas han señalado que algunos empleados de los grandes almacenes comentaron que habían visto, en ocasiones y sin aparente explicación, que las escaleras mecánicas y otros aparatos funcionaban solos.

Tras el cierre de los grandes almacenes en noviembre de 1980, el local pasó a manos de la Diputación en 1985, entidad que pensó en convertirlo en su sede administrativa.

Se iniciaba así la etapa más controvertida del lugar, en la cual numerosos testimonios apuntaron a la existencia de fenómenos paranormales en las dependencias administrativas de la Diputación.

En un artículo de prensa publicado en el periódico “Ideal” a finales de noviembre de 1989 y firmado por Juan Jesús Hernández, el entonces vicepresidente de la Diputación, José Luis Medina, admitía que los albañiles se quejaban frecuentemente de la desaparición de planos y herramientas, que aparecían después en los lugares más insospechados.

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En 1986 trabajadores de esa sede administrativa coincidían en señalar que habían notado diversas circunstancias anormales como misteriosos tocamientos, tirones de pelo, máquinas que funcionaban solas, mesas que se caían sin que nadie las tocase, voces misteriosas que se hacían notar repentinamente…, todo ello durante el horario normal de oficina, es decir desde la mañana y hasta el mediodía.

Quienes se reincorporaban al trabajo constataban, con horror, que durante la noche distintos muebles habían variado de sitio, sin que nadie hubiera ordenado tales cambios. Especialmente inexplicable era la afirmación de diversos testigos sobre que unos grandes archivadores metálicos de gran peso cambiaran de lugar con total facilidad.

Sin embargo, al parecer, los fenómenos paranormales más claros y extraordinarios fueron notados sobre todo por el personal de vigilancia y mantenimiento y se produjeron durante la noche. Los vigilantes aseguraban escuchar frecuentemente puertas y cajones que se abrían y cerraban solos, máquinas de escribir tecleando en habitaciones donde no había nadie, ascensores que funcionaban sin que ninguna persona los llamara, y otras situaciones inexplicables en lugares donde no podía haber presencia humana.

Tal era el estado de alarma que los responsables de la Diputación accedieron a que un grupo de expertos en fenómenos paranormales realizaran en el lugar una investigación. Tal investigación se realizó en el mes de Diciembre de 1986, del día 21 al 23, aunque pocos fueron quienes supieron de ella hasta, al menos, tres años más tarde, cuando la prensa se hizo eco del caso y lo destapó ante la opinión pública en 1989.

Fue así como el grupo Omega con Juan
Burgos a la cabeza, investigaron durante tres días la diputación de Granada con sorprendentes resultados. Pudieron ver una figura oscura que parecía tener rostro y llevar sombrero, que pasaba hacia el despacho del Presidente de la diputación, haces de luces de distintos colores, voces de hombres discutiendo y varias psicofonías.

Casi al amanecer del día 23 de diciembre, Juan Burgos se disponía a efectuar unas lecturas de fluctuaciones magnéticas con un medidor de campo en la abertura del muro donde fueron hallados los cadáveres, cuando un inesperado hecho lo lleno de pavor. Una experiencia que jamás podrá olvidar mientras viva:

Ya varios metros antes de llegar al lugar, el medidor empezó a detectar alteraciones. Se disparo la señal acústica y el indicador magnético enloqueció. A menos de dos metros del muro algo impresionante sucedió. Un inesperado alco voltaico salio de la pared, impactando contra el medidor de tal forma que lo arranco de mis manos. No se aun si por el sobresalto que experimente yo o por la acción del propio rayo, el aparato cayo al suelo quedando aparentemente roto. Recobrando el aliento y la serenidad, intente proseguir la mediación cuando un dolor agudo, en el ángulo que forman los dedos índice y pulgar, me obligo a soltar el aparato que esta vez si, quedo roto en el suelo. Miraba asombrado las señales punzantes que habían quedado en mi mano, cuando algo más increíble sucedió. De la obertura del muro salio un chorro de espeso humo, como si algo se estuviera quemando dentro. El humo se fue levantando formando una fumarola, una columna compacta, un monolito. En la parte superior de la columna se fue configurando una especie de rostro esculpido en piedra que miraba hacia nosotros. Se trataba de un ser con aspecto de hombre, de unos cuarenta y cinco años de edad con pelo canoso, ojos pequeños y hundidos, con nariz recta y labios finos. La distancia existente entre la nariz y el labio superior de la boca era mayor de lo hlabio superior de la boca era mayor de lo habitual. La fisonomía daba al rostro una expresión de tristeza, aunque la imagen, en general era plana”.

El fantasma del antiguo edificio de la Diputación de Granada sigue dando que hablar veinte años después

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Juan Burgos asegura que interpretó la identidad de este rostro después de participar en un programa emitido por una cadena de televisión local. “Tras exhibir ante las cámaras el retrato robot, diferentes personas que habían vivido cerca de la Diputación o en la calle Mesones me llamaron asegurando que la imagen pertenecía a un sacerdote llamado padre Benito, al que su orden religiosa prohibió entregar su fortuna, recibida en herencia, a los niños pobres de Granada. Algunos de estos comunicantes, cuyo testimonio conservo grabado, eran, por supuesto, de avanzada edad, ancianos, y otros, más jóvenes, lo conocían a través de sus padres”, dice Burgos.

Veinte años después, las conjeturas se mantienen vigentes, aunque la estela de la casa encantada hasta se aprovecha con fines turísticos. El Ayuntamiento de Granada incluyó el lugar en una ruta para fomentar la lectura y dar a conocer una historia que recordamos y que, tal vez, no haya escrito su última palabra.

Fuentes consultadas:

http://www.dosmilfantasmas.com

http://www.ideal.es

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