Entre Antón Martín y Tirso de Molina, a diez minutos de la Puerta del Sol, hay un edificio que nadie quiere por los sucesos paranormales que allí presencian sus propietarios y huéspedes. Se trata del Hostel Cat’s que ahora está en venta por 6.380.000 euros. Ubicado en el número 6 de la calle Cañizares, el ahora Hostal y antiguo Palacete de 1803, destaca por los numerosos fenómenos paranormales que han sufrido sus antiguos inquilinos y actuales huéspedes.

Actual Hostal Cat’s.

Dice su comercializadora, Bonsai Servicios Inmobiliarios, que no les va mal ni es por deshacerse de los malos espíritus. «Quieren invertir en otro lugar». Pero lo que confirma Carlos Portal, encargado de este inmueble y socio de Bonsai, es que muchos turistas que han pasado por el «Cat’s» han sufrido experiencias fantasmagóricas durante su estancia. «Desde una mujer que se aparecía en camisón por el pasillo a una chica que sentía que alguien le tocaba, ruidos, teléfonos que sonaban solos, apariciones,… Lo más impactante que he escuchado fue de unos clientes que hicieron una foto y salía reflejado en una ventana una mujer con dos niños ahorcados. Claro, no hay constancia de esa imagen».

El Palacete, fue construido sobre un solar en donde un fuego destruyó el anterior inmueble y fue utilizado como refugio para milicianos en la Guerra Civil Española, además en una antigua iglesia colindante, fueron asesinados siete monjes.

El Palacete perteneció a la familia Benedicto desde los años 50 hasta el 2001, fecha en la que fue comprado por los periodistas José Antonio Abellán y su esposa, Mara Colás, para reformarlo y utilizarlo como vivienda habitual.

Tras el portalón de entrada se atravesaba un paso de carruajes en mármol rojo con dos apliques de bronce de 1800, un cristal emplomado daba paso a un distribuidor, una conserjería a la izquierda y una escalera principal como de baile de emperatriz. Hacia la mitad de la escalera y a la derecha había una armadura antigua española. Entrabas así a un patio cuadrado de unos 100m2 lleno de policromías árabes, alrededor todo de mármol blanco con una fuente en medio. Un lucernario coronaba la cubierta del edificio, inundando el patio de luz natural.

En la parte trasera del edificio había más estancias y una pequeña capilla, además de una estrecha escalera de servicio por la que se subía. En la primera planta una pasarela daba la vuelta al patio central, con varias puertas de madera que daban acceso a dos salones, uno enfrentado al otro, opuestos en todo, en uno suelo de pino melis y lámpara de araña colgando de techos de ancha moldura en un ala, y barra de bar forrada con cristales de colores, luces de discoteca ochentera y suelo enmoquetado en el otro. Después estaba la última planta abuhardillada hasta llegar a la maquinaria del ascensor, por un lúgubre pasillo repleto de trastos centenarios.

Cuando la familia Abellán lo compró, los anteriores dueños, los Benedicto, no les querían enseñar una parte de la casa: “siempre ponían excusas”. Cuando por fin puede ver la casa entera, descubre que hay una capilla al fondo de la planta baja y allí se encuentra un cuchillo de cazador enorme con sangre en la hoja. Además había tres bodegas en el subsuelo y una de ellas estaba como tapiada por la mitad.

Sótano.

Había una zona interior que era un cuartito de estar, un dormitorio y un aseo que estaban justo enfrente en el rectángulo a la calle cañizares que la parte interna de esas tres estancias estaban bloqueadas por una puerta acorazada con dos cerrojos.

Los Benedicto le ofrecen a Mara venderle los muebles, pero ella sólo adquiere algunos, lo extraño es que el día que recibe las llaves y entra en la casa, se encuentra con todos los muebles, los que ella ha comprado más el resto que no quiso comprar. Pero no sólo eso, los Benedicto se habían dejado también las ropas, armarios, maletas, todo lo personal, era como si hubiesen desaparecido de repente dejándose todo allí.

Empiezan las obras y es cuando empiezan los fenómenos. Comienzan a hacer un baño en la parte de arriba y Mara pone a su cuñado al frente de la obra, siempre le regañaba porque veía sus cosas de abajo revueltas, pero él le decía una y otra vez que él no tocaba nada de abajo.

Había un despacho en la parte de abajo de pesados muebles castellanos y grandes rejas negras. Por la noche Mara dejaba siempre la reja cerrada con llave pero al volver por la mañana se la encontraba siempre abierta, asi como una silla fechada alrededor de 1800 que siempre aparecía en diferentes lugares del despacho.

Cuando acaba la obra, Mara cambia la cerradura del portalón del Palacete y sólo ella tiene llave de la casa, pues aún así siempre se encontraba la reja abierta del despacho sin posibilidad de que ninguna otra persona hubiese podido abrirla. Parece ser que la silla desapareció un día sin dejar rastro.

El ascensor que tenía la casa entonces subía solo a la planta de arriba mientras Mara lo hacía por la escalera. Si lo dejabas abajo, al volver a casa siempre lo encontrabas en la parte de arriba. Según Mara “La casa tenía vida propia”.

Un mes de julio queda con su hermano a las 5 de la tarde para arreglar un cristal que se había rajado. Estando sentada en la consejería esperando a que llegara su hermano oye en toda la galería de arriba un paso firme como de hombre enfadado que caminaba con paso ligero. Pensando que era su hermano sube y de repente toma conciencia de que estaba totalmente sola. Ese día decide vender la casa.

Cuando la puso en venta Mara hizo lo mismo que los dueños anteriores, se dejó todo no se llevó nada de aquella casa. Según contaba al programa milenio3: “la sensación era como si 100 personas que te odiasen te estuviesen mirando (…) era una energía negativa increíble”. “Tenía la sensación de que había una figura masculina maligna cargada de negatividad y otra de víctima femenina”.

El inmueble se vendió a un empresario que pensaba abrir allí una tienda de muebles pero nunca la abrió y aproximadamente un año después lo adquirían los actuales propietarios, un grupo empresarial catalán que abrió el edificio como hostal el “Hostel Cat’s”.

Han pasado casi diez años y tras la obra cuesta reconocer gran parte de sus estancias. Afortunadamente la entrada, la escalera principal, el patio central, la pasarela de la primera planta y el lucernario se mantienen intactos, el ascensor de caoba ya no existe, pero parece que todavía algunos de los fenómenos extraños de antaño siguen produciéndose.

Silvia Cornejo recepcionista del hostal ”afirma que algunos clientes dicen que oyen ruidos por las noches”. Hay clientes que aseguraban haber visto espectros y haber escuchado extraños ruidos, o recepcionistas de la noche que recibían llamadas internas en la centralita, se levantaban y comprobaban una y otra vez que junto al teléfono emisor no había nadie.

Según Sergio Pareja jefe de recepción, los obreros que rehabilitaron la finca aseguraban que el antiguo ascensor subía y bajaba solo, cuando ni siquiera tenía corriente eléctrica.

Hoy el Hostel Cat’s está en venta no sabemos si por los invisibles y molestos inquilinos o porque sus dueños como afirman quieren invertir en otros sectores. Seguro que tendremos noticias de los nuevos propietarios.

Fuentes consultadas: www.abc.es

www.elidealista.com

Programa 18 de milenio3 del 4/11/12

 

 

Anuncios