Fecha: 25 de junio de 2014.

Miembros del equipo GIPAL(Grupo de Investigación Paranormal de Alicante): Ana María Márquez y Luis García Orihuela.

Condiciones meteorológicas: Nada de viento.

Hora de comienzo: 9:45 mañana.

Equipo utilizado:

-Ipad para las grabaciones.

-Brújula.

-Cámara de vídeo.

-Cámara de fotos.

-Detector de movimiento.

LLEGADA AL SANATORIO.

Tras coronar una tortuosa carretera estrecha abocada a un gran acantilado, de repente allí inmerso en la espesura de una ávida vegetación, resurge majestuoso el ajado edificio ante mis asombrados ojos. El corazón se acelera y siento la emoción de que en breves instantes estaré pisando sus gastados suelos.

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Grandes ventanales sin apenas ventanas me dan la bienvenida a lo lejos, contraventanas de madera roja carcomida por el paso del tiempo, un tiempo inexorable que ha dejado huella en tan vetusto edificio. No veo la hora de aparcar y bajarme, inicio la aventura que tanto he soñado. Cargada con mi mochila con todo el equipo necesario, me dirijo junto a mi compañero al encuentro con lo desconocido.

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Primer escollo en el camino, una patrulla de los forestales nos ve caminando hacia el edificio. Nos paramos y hacemos que admiramos el paisaje hasta que los perdemos de vista y continuamos nuestro camino. Hay una brecha en la valla principal de acceso pero está demasiado a la vista de cualquiera que pase por la carretera, así que hay que bordear la valla hasta encontrar otra zona en donde la valla ha cedido y podemos colarnos. Salto dejando caer primero la mochila y detrás voy yo. Una vez dentro apretamos el paso y decidimos entrar directamente por unas escaleras que suben desde el patio y desembocan en la planta baja del Sanatorio.

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Llegamos a un largo pasillo con puertas y habitaciones a ambos lados, las que tienen puertas están pintadas de azul cielo, una nota de color entre tanto escombro. Avanzo por el pasillo y reviso una a una las habitaciones: suelos rotos, paredes desconchadas y grafitis profanando las antaño inmaculadas paredes blancas. La tristeza me invade al ver en lo que se ha convertido lo que otrora fue un lugar de paz y descanso.

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Saco la brújula para ver si hay cambios bruscos de dirección a falta de un EMF y cámara en mano voy disparando por las distintas salas. Decidimos subir por las escaleras a los pisos restantes con cuidado de no dejarnos ver mucho por las ventanas, todavía pensamos en los forestales. Arriba la situación de abandono es la misma, mismos pasillos, mismas habitaciones. Retazos de algunas cortinas en el suelo me recuerdan que aquello alguna vez acogió a enfermos de tuberculosis.

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Decidimos bajar y salir de nuevo al exterior para intentar explorar el sótano. Allí apenas si entra la luz y la temperatura es un par de grados más baja que en las plantas superiores. El aspecto caótico y semiderruido es el mismo que arriba.

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Llegamos a través de un largo pasillo a una habitación en donde huele mucho a cenizas y tenemos ante nosotros lo que parece ser unos hornos de hierro, deduzco que esa zona debió de ser la cocina. Justo enfrente de esta estancia, vemos un montacargas semiderruido y oxidado por el que se cuela un pequeño rayo de luz proveniente de la planta superior.

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Decidimos entonces colocar el Ipad allí y comenzar con la sesión de preguntas, no sin antes dejar puesto también el detector de movimiento para tener toda la zona controlada. Comenzamos a grabar y a recitar en voz alta una a una las preguntas trabajadas en casa, dejando un espacio de 1 minuto entre pregunta y pregunta. Tras terminar la ronda de preguntas disparo dos fotografías al montacargas y recogemos el material de grabación.

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Sentimientos encontrados recorren mi cuerpo cuando oigo esas voces etéreas pidiendo ser escuchadas…retazos de vidas pasadas que dejaron su impronta entre las otrora inmaculadas paredes…sueños y vidas de personas ahora descarnadas que nos llaman desde el otro lado pidiendo un consuelo que nosotros ajenos a su sufrimiento nunca damos.

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