Archive for noviembre, 2013


El Cementerio de San Miguel de Málaga fue inaugurado en 1810. De estilo neoclásico, es uno de los principales cementerios monumentales de Andalucía y una de las pocas necrópolis del siglo XIX, que se han conservado prácticamente íntegras en España.
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Las grandes familias de la burguesía malagueña, levantaron panteones en su interior siguiendo el concepto de cementerio monumental y romántico. El primer obelisco, fue levantado en 1844. Le siguieron otros doscientos cincuenta, aproximadamente, de variados estilos historicistas. Destacan las esculturas de Adrián Risueño, Frapolli, y Gutiérrez de León, además de las magníficas rejas de hierro, procedentes de las ferrerías malagueñas del siglo XIX.

El cementerio de San Miguel de Málaga fue testigo del entierro del general liberal, José María de Torrijos. Fue clausurado en 1987 y reconvertido en columbario, quedando reducido a sus dos patios monumentales.

Los testimonios recogidos describen apariciones fantasmales, voces en mitad de la noche, interferencias telefónicas desde el «más allá», movimiento de objetos, luces y golpes sin origen definido y hasta la aterradora presencia de supuestas «ánimas negras».

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Uno de los casos más difundidos de los numerosos que han tenido lugar en este cementerio, fue el vivido por el encargado de la capilla, José Fernández. En noviembre de 1985, y debido a unas obras de reforma que estaba llevando a cabo en su casa, tuvo la necesidad de pasar algunas noches en la propia capilla, que cuenta con una acogedora celda. Se encontraba despierto y tranquilo, a eso de las dos de la madrugada, «rezando vísperas» y en mitad de la oración. En determinado momento, sintió el impulso de salir a rezar al exterior. Había adquirido la costumbre de hacerlo siempre dentro de la celda, pero aquella noche tuvo una imperiosa necesidad de orar fuera, como si una fuerza indefinida lo atrajera de forma irresistible.
En el silencio de la noche, sólo roto por algún que otro ruido lejano del crujido de las ramas de los árboles, o el grito de algún ave nocturna, se convirtió involuntariamente en testigo de un fenómeno insólito. Sus oídos captaron el lamento desconsolado de un niño de corta edad. Al prestar más atención, descubrió que se trataba de una llamada: «¡mamá, mamá!».
Tenía la certeza de que no estaba confundiendo el gemido de algún animal o algún eco distorsionado por el aire, con aquella llamada nítida de una voz infantil. El «Hermano Pepe», como todos lo conocen, tampoco se sintió intimidado. Con decisión siguió el rastro de la misteriosa voz, hasta localizar su origen en el interior de un nicho.
Al día siguiente, consultó los libros de defunciones en el archivo de la necrópolis y descubrió con asombro, que en aquel nicho reposaban los restos de un niño fallecido a los dos años: Antoñito, muerto como consecuencia de una leucemia y después de dolorosos padecimientos.
A partir de la noche en que se produjo por primera vez, este misterioso fenómeno se ha repetido con asiduidad, a distintas horas y con diferentes variantes. Pero no ha sido la única situación extraña vivida por José Fernández en el cementerio. En diversas ocasiones también ha visto a un niño de corta edad que entraba corriendo en la capilla, cuando el camposanto ya estaba cerrado al público. Se trata de una visión algo confusa, ya que el pequeño pasaba a gran velocidad y, en el momento en que Fernández se volvía y veía su silueta, desaparecía tan repentinamente como había irrumpido en la capilla.
También otras personas declaran haber visto este niño a lo lejos en diversos lugares del camposanto. Según sus testimonios, en algunas ocasiones se aparece ataviado con vestimentas blancas y vaporosas, levitando sobre el suelo, como si flotara en el aire. Tras conocer el incidente vivido por el «Hermano Pepe», algunas personas acudieron a la tumba del niño para dejar en su nicho caramelos y cartones de leche, como un presente para el pequeño. De manera misteriosa, y en numerosas ocasiones con el cementerio cerrado, han desaparecido los caramelos o tenían el envoltorio quitado, e incluso estaban mordisqueados por dientes muy pequeños.

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Si seguimos el camino principal y pasamos al segundo patio de nichos, dirigiéndonos a la esquina superior derecha, encontramos uno de los típicos rincones de habitual enterramiento infantil. Allí descansan los restos de la pequeña María Marta, fallecida en un accidente de coche. Entre quienes afirman haber sido testigos de fenómenos extraños, también se encuentran José Fernández y algunos vigilantes de seguridad. Estas personas sostienen que han visto el cuerpo semitransparente e inerte de una niña.

Hace décadas, existió otro párroco encargado de la capilla de San Miguel: el padre Eliseo, que murió en enero de 1946. Algunas personas afirman haber observado a un hombre mayor con hábitos monacales caminando entre los panteones. Pero no se trataba del «Hermano Pepe». La descripción del misterioso visitante vestido con hábitos se corresponde perfectamente con la de don Eliseo. Al menos, eso es lo que aseguran quienes conocieron al anterior párroco cuando vivía.

El cuatro de mayo de 2005 más de quince personas se congregaron frente a un discreto y humilde panteón, el de la escritora norteamericana «Jane Bowles, Nueva York, 1917. Málaga, 1973. La mayor parte de los presentes eran familiares, amigos o lectores de la desaparecida escritora.
Aproximadamente a las cinco de la tarde, los congregados en la necrópolis encendieron velas en su memoria, y colocaron ramos de flores junto a su tumba. De pronto, uno de los allí reunidos levantó la vista y se queda atónito. Entre el grupo, en el cual todos se conocían, había un personaje más. Era una mujer vestida de luto, y su rostro era extrañamente parecido al de la literata. La mirada de la señora parecía perdida, si acaso enfocada hacia el panteón.

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Antes de que nadie pudiera hacer nada para verificar la identidad de la mujer, ésta desapareció tras la esquina de un panteón de gran tamaño que conduce a la zona de enterramiento de los escritores y artistas malagueños. Cuando varios de los testigos se dieron cuenta de lo que había pasado, rodearon la zona por diferentes lugares. Desgraciadamente, aquella mujer se había desvanecido sin dejar rastro. Cuando se corrió la voz, los más veteranos, aquellos que suelen visitar cada año la tumba de Bowles, respondieron impasibles: «No os preocupéis. Jane suele venir en el aniversario de su muerte, apareciendo entre nosotros con la misma espontaneidad con que desaparece».

Los primeros en descubrir los fenómenos relacionados con la escritora fueron José Fernández, encargado de la capilla del cementerio, y los vigilantes de seguridad, que han visto pasear a una señora de aspecto extravagante por las inmediaciones de la tumba de Bowles.
Esta visita no debería haber llamado la atención, ya que la escritora tenía un amplio círculo de amigos y admiradores en varios países. Pero además de lo extraño de la hora, resultaba curioso que la dama estuviera todos los días con idéntica vestimenta, en el mismo punto (ante la tumba de Jane) y en actitud contemplativa. Esa actitud fue la que llevó a los guardas a no acercarse a la extraña mujer, ya que temían romper algún tipo de oración en honor a la difunta. Sin embargo, cuando posteriormente intentaron establecer contacto con la desconocida para conocer la razón de su visita, ésta desapareció tras una esquina en el momento en que el vigilante de turno estaba a punto de alcanzarla.
P.D.E. es otro de los antiguos vigilantes que ha pasado largas noches en el recinto del camposanto. Tanto él como su compañero de servicio afirman haber escuchado pasos extraños que carecían de una localización definida, así como voces o murmullos que nunca pudieron identificar.
En una de estas ocasiones, el compañero, medio en broma, pidió una señal a voz en grito y, justo en ese momento, P.D.E. oyó un profundo pitido en el oído que le dejó sordo durante unos minutos. Desde entonces, ambos se toman con respeto los fenómenos paranormales e intentan hacer su trabajo pasando inadvertidos a lo que ellos consideran «fuerzas de otros mundos».
Pese a todo, han vivido otras experiencias. Algunas se han repetido con todo detalle en días diferentes, como si estuvieran programadas para seguir siempre el mismo patrón. Mientras se encontraban en la sala de descanso, por ejemplo, escuchaban cómo la losa de un nicho caía al suelo haciéndose añicos. Sin embargo, al acudir al lugar donde se había producido el ruido no lograban encontrar ninguna losa caída o rota. Curiosamente, a los pocos minutos de regresar a la cabina, el ruido volvía a repetirse, sin que pudieran determinar su causa.

Fuente consultada:
http://www.akasico.com

La familia de James Herrmann vivió en Seaford, Nueva York, un suburbio de Long Island, a unos 30 kilómetros de la ciudad de Nueva York. Su blanca casa estilo rancho había sido construida en 1953 y contenía tres dormitorios, un baño, una cocina, un pequeño comedor, una sala de estar y un sótano que se dividía entre un lavadero y una sala de juegos. En otras palabras, se trataba de una típica casa  de los años cincuenta en un barrio tranquilo y conservador con parques públicos y calles arboladas. Era el último lugar del que se podía esperar que ocurriese cualquier cosa fuera de lo normal.

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Ese 03 de febrero fue un día como cualquier en el que la Sra. Lucille Herrmann, una enfermera registrada, estaba allí para dar la bienvenida de la escuela a sus hijos Lucille de trece años y James de doce. Poco después de que los dos niños Herrmann entraran en la cocina, el caos se desató en la casa. En un momento, varias botellas de líquido en diferentes habitaciones de la casa, de pronto comenzaron a abrirse saliendo los tapones que las mantenían selladas. Nadie vio a las botellas moverse o expulsar los tapones de las mismas, pero todos ellos escucharon las tapas al salir despedidas, y vieron el contenido de las botellas esparcido por el suelo.

Más tarde descubrirían una botella abierta de cloro en la sala de máquinas del sótano, una botella de almidón líquido en la cocina, botellas de champú y medicinas en el cuarto de baño y una botella de agua bendita que se había abierto en el dormitorio principal.  Desconcertada, la Sra. Herrmann llamó a su marido, que trabajaba para Air France en la ciudad de Nueva York, e informó del extraño suceso de las botellas abiertas. Herrmann estaba tan confundido por el incidente como su esposa, pero como nadie había resultado herido por las “explosiones”, decidió que no iba a salir antes del trabajo para regresar a casa.

Durante su viaje, reflexionó la llamada de su esposa y estaba seguro de que tenía una solución para el misterio. Él creía que algún tipo de reacción química en los productos había causado que las tapas de la botella saltaran y el hecho de que lo hicieran al mismo tiempo, no era más que una coincidencia.

El jueves, y una vez más o menos al mismo tiempo que los niños Herrmann volvían a casa desde la escuela, otra media docena de botellas aparecieron sin sus tapas. Una botella de esmalte de uñas se abrió de golpe, al igual que una botella de alcohol, una botella de lejía, detergente, almidón e incluso el agua bendita. Fue una repetición casi exacta del tres de febrero.

El viernes por la noche, pasó otra vez, sólo que esta vez, cuando las botellas comenzaron a estallar, James Herrmann comenzó a sospechar que su hijo amante de la ciencia había preparado de alguna manera las botellas para asustar a su familia. Pensó que tal vez algunas cápsulas carbonatadas podrían haber sido puestas por su inteligente hijo para que pudiera llegar a casa desde la escuela a tiempo para ver la expresión de sorpresa en el rostro de su madre.

Mientras se desarrolla esta teoría, Herrmann pasó todo el fin de semana observando en secreto a su hijo. Así que no es de extrañar que estuviera tan sorprendido la mañana del domingo, nueve de febrero, cuando varias tapas, salieron de botellas de almidón, trementina y agua bendita meciéndose hacia adelante y hacia atrás en las estanterías.

Aún escéptico, Herrmann inmediatamente examinó el cuarto de baño, en busca de cables o cuerdas ocultas. No encontró nada y finalmente se dio cuenta de que había cosas que sucedían en la casa que no podía explicar. Sin saber qué más hacer, llamó a la policía y pasó los siguientes minutos en el teléfono tratando de conseguir que el oficial que respondió a la llamada lo tomara en serio.

El policía que respondió a la llamada, James Hughes, fue a la casa muy escéptico pero a los pocos minutos, sin embargo, había cambiado de opinión acerca de la naturaleza del caso cuando varias botellas en el cuarto de baño hicieron saltar sus tapas y salieron disparadas en su dirección.

Detective Joseph Tozzi fue asignado para investigar el caso y  el once de febrero, comenzó su vigilancia en la casa de Herrmann. Esa misma noche, un atomizador de perfume se volcó y derramó el perfume en la habitación de la hija. No había nadie en la sala en ese momento, según los informes. En los próximos días, los disturbios parecían centrarse alrededor de la botella de agua bendita en el dormitorio. En varias ocasiones, la tapa de la botella se desprendió y una vez, después de escuchar el sonido distintivo, el Sr. Herrmann corrió al dormitorio y encontró la botella en el suelo. La recogió y lo encontró extrañamente caliente al tacto.

Más tarde, ese mismo día, el quince de febrero, la actividad poltergeist tomó otro giro. Mientras los niños Herrmann estaban viendo la televisión en la sala de estar con Marie Murtha, una prima de mediana edad de James Herrmann, una figura de porcelana se elevó de la mesa de café y flotaba en el aire. Se movió varios centímetros para luego caer en la alfombra.

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Contactaron con el Padre William McLeod de la Iglesia de San Guillermo para pedirle ayuda. Como católicos devotos, Herrmann creía que la iglesia, posiblemente, les podría ayudar donde los métodos ordinarios habían fracasado. El Padre McLeod vino a la casa y roció agua bendita en cada una de las habitaciones, bendiciendo el edificio. Lamentablemente, sin embargo, los fenómenos no cesaron.

El veinte de febrero, los acontecimientos se hicieron aún más violentos. Otra figura se estrelló contra la mesa, una botella de tinta apareció sin su tapón de rosca, luego navegó en el aire y salpicó su contenido en la pared, y un tazón de azúcar voló fuera de la mesa bajo la mirada del detective Tozzi. Habían pasado cerca de James Jr., pero no a su alcance. Necesitando un descanso, la familia Herrmann pasó la noche con un familiar. Tozzi se quedó en la casa, pero el resto de la noche transcurrió sin incidentes. Cuando la familia volvió a la noche siguiente, sin embargo, la azucarera de nuevo voló de la mesa y esta vez se rompió en pedazos.

El personal de los científicos del Laboratorio de Parapsicología de la Universidad de Duke, Carolina del Norte, comenzaron a interesarse por los hechos denunciados en la casa de Herrmann. Este grupo de hombres, bajo el liderazgo del Dr. JB Rhine ya había recopilado una gran cantidad de evidencia que apoya la idea de que ciertas personas, en las circunstancias adecuadas, podría influir en el comportamiento de los objetos sin tocarlos. Lo llamaron psicokinesis o PK. Pratt creía que alguien en la casa, sin saberlo, era la causa de los extraños incidentes que ocurrían.  Se había señalado por los investigadores del Rin (y recuerdese que esto era nuevo y el material innovador en ese entonces) de que un hijo adolescente, por lo general una chica, era casi siempre quien desataba este tipo de fenómenos poltergeist.  En el caso de la casa Herrmann, James Jr. (de acuerdo con las notas del detective Tozzi) estuvo sobre o cerca de la escena de la perturbación poltergeist más del 75 por ciento del tiempo.

Los fenómenos siguieron ocurriendo asiduamente hasta que finalmente tal como llegaron se fueron, tras un récord de sesenta y siete fenómenos registrados entre el tres de febrero y el diez de marzo.

http://www.prairieghosts.com

 

Este antiguo inmueble se localiza a 7 km al norte de la ciudad de Cartago y a unos 18 kilómetros al sureste del Volcán Irazú.

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Su nombre se debe al médico cirujano que le dio vida, Dr. Carlos Durán Cartín, quien entre su historia, fue por un breve período Presidente de la República (1889-1890), además de fundar este Sanatorio, fundó el Asilo Chapuí, para personas con problemas mentales.
El Sanatorio Durán se construyó en 1915. Por su lejanía y aislamiento, fue un lugar perfecto para albergar a personas que sufrían turberculosis que contaba con todos los servicios de un hospital y 300 camas disponibles.  El sanatorio es un complejo arquitectónico que integra varios edificios. El primero de ellos fue construido entre 1916 y 1918 y, posteriormente, se levantaron otros en diferentes épocas. En ese lugar, funcionó entre 1918 y 1973 el primer hospital para el tratamiento de la tuberculosis no solo de Costa Rica sino de Centroamérica.

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Este centro médico cumplió con los más altos estándares de calidad  para la época, según un artículo de la investigadora Carmela Velázquez, de la Escuela de Historia de la Universidad de Costa Rica. El lugar fue tan bueno que competia con los mejores sanatorios de América y Europa.
Se cree que aproximadamente en el año 1963, dejó de funcionar ya que la epidemía había cesado y los enfermos podrían ser tratados en otros hospitales.
Años más tarde el Poder Judicial utilizó el recinto como cárcel. Luego, debido a erupciones del Volcán Irazú, la infraestructura sufrió daños –principalmente en los techos-. Su clausura fue en 1973.

Pero en todo este tiempo este complejo ha ido guardando muchos misterios que lo han convertido en un lugar tenebroso, aterrador y que atrae a muchas personas.

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Santiago Leitón, quien vive y administra el lugar –propiedad de Upanacional- explicó que en las noches se escuchan gritos, golpes en las paredes y pasos en sus pasillos.

Precisamente, su atractivo está en ese ambiente que traslada al visitante a principios de siglo, a un lugar extraño, solitario, donde cualquier cosa puede ocurrir.

Wendoley Leitón, hija de don Santiago llegó a vivir al Sanatorio cuando tenía 12 años, ahí creció y recuerda que se llevaron más de un sustillo, pero nada tan grave como para salir corriendo, con el tiempo se acostumbraron y más bien valoran lo importante de este lugar: “Recién llegados sí oíamos pasos, como si alguien caminara con esas botas de cuero que tienen cadenas, y también se oía como movían los bancos de madera que hicieron con los mismos árboles que se caían. Una noche si me acuerdo que se oyó como a las tres de la mañana que estaban dando hachazos en la madera, mi papá salió a ver que era y no se veía nadie, pero sí quedó la madera marcada”, comentó Wendoley.

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Actualmente, Wendoley vive en una de las casas que fueron construidas para los doctores que atendían el sanatorio, un poco retirada del edificio principal y allí asegura que se siente la presencia de algo, a veces se oyen pasos, y cuando no hay nadie en la casa se escuchan voces charlando, pero cuando ellos entran en la casa se apagan las voces.

“No son seres que molesten, no puedo decir, que nunca le hayan hecho algo a mis hijos, ellos, si están ahí, no hacen daño, y lo que sí se oye es un quejido muy triste y profundo pero no es solo aquí, sino en otras partes de Cartago, que se oye siempre antes que pase una desgracia, es como un grito de dolor que lleva el viento, y al día siguiente muere alguien cerca”, comentó.

También están las monjas que cuidan después de muertas. Por el sanatorio se empezó a correr el rumor que por las noches frías y oscuras, en medio de los quejidos de los enfermos, aparecían por los pasillos las dos religiosas, quienes llegaban a cuidar y dar alivio a los hospitalizados.
Mas de un interno llego a decir que en las noches se presentaba una monja fantasma a curar al enfermo de la cama continua. Una cocinera afirmo que vio a las dos monjas bajar por las gradas de la capilla.
Hoy en día la gente cuenta que ha escuchado a las monjas en el último piso del sanatorio, dicen haber visto dos figuras, como sombras de pie al lado de las gradas, o en uno de los cuartitos que están ahí.

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Fotografía de Efrain González Buitrago.

Hace algunos años, un joven estudiante de periodismo que realizaba un trabajo en el lugar, encontró a una monja caminando en el edificio principal y le hizo una entrevista, solo que olvidó el nombre, por lo que al salir le preguntó a la hija del administrador, como se llamaba la monja. Ella sorprendida le dijo que ahí no había ninguna monja, pero el muchacho tenía hasta fotografías, y se las mostró para sacarla del error, con la sorpresa que al ver las imágenes en la cámara digital, solo se veía la forma de una mujer, vestida con un vestido azul, de monja, pero no se identificaba su rostro. El susto fue enorme para el muchacho, quien nunca volvió por el lugar. Y la historia quedó en el recuerdo que se va contando de boca en boca, al igual que quienes aseguran haber visto una monja bajar en las noches por el edificio con un vaso de agua. Según la historia –como en tiempos del sanatorio- había una monja que no permitía llevarle agua a los enfermos en las noches, cuando murió su espíritu quedó vagando y por eso lleva el vaso con agua por las habitaciones.

También cuentan las leyendas que algunos de los pacientes que murieron por la tuberculosis, abandonados por sus familias no descansaron y por eso se mantienen ahí reviviendo cada noche el sufrimiento, por lo cual se escuchan gemidos de dolor.

Fuentes cosultadas:
http://www.taringa.net/

http://misteriovivo.wordpress.com

El Castillo de Trécesson en francés Château de Trécesson, está situado en la comuna de Campéneac en el departamento francés de Morbihan, cerca del bosque de Brocéliande.

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Se trata de una propiedad privada cuyos imponentes muros de pizarra rojiza reflejados en el estanque que le rodea constituyen uno de los mejores ejemplos de arquitectura medieval bretona conservados hoy en día. Está clasificado como Monumento Histórico de Francia.

Se desconoce la fecha del primer asentamiento sobre el Castillo de Trécesson. En textos del Siglo VIII aparece mencionado como hogar de los señores de Plöermel y Campénéac. Posteriormente lo sería de la familia Trécesson, de la que se tiene conocimiento a partir del siglo XIII y cuyo primer gran representante sería Jean de Trécesson, condestable de Bretaña. Dama Blanca nace en otoño del año 1750, momento en el cual un cazador llegó al bosque del castillo en busca de una de sus presas. Desde allí agazapado en la espesura vio de repente un carro tirado por caballos negros que transportaba varios sirvientes y una escolta. Se detuvieron cerca del lugar en donde estaba escondido el cazador; el grupo de sirvientes comenzó a cavar una especie de pozo, mientras dos caballeros bajaban del carro arrastrando a una mujer joven vestida con ricas sedas blancas y con un tocado de flores en el pecho. Parecía vestida para su propia boda, sin embargo tenía el cabello revuelto y los ojos llenos de lágrimas. La palidez de su rostro daba a entender que se hallaba completamente aterrorizada. Los dos caballeros la arrastraron hasta la fosa que estaban cavando mientras ella se aferraba a ellos pidiendo clemencia.

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El espectador se sorprendió aun mas cuando se enteró de que quienes la transportaban eran sus propios familiares, sus propios hermanos le decían que ya no era un quienes le decían que ya no era un miembro de la familia y que debía pagar por el oprobio y resignarse a la muerte. Cuando los criados dejaron de cavar, los dos caballeros hermanos de la desconsolada joven, la lanzaron al pozo y rápidamente comenzaron a echar tierra sobre ella, sin hacer caso de los agónicos gritos de la joven. L tumba fue tapada y la muchacha enterrada viva, tras lo cual el grupo regresó de nuevo al castillo.

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El cazador aterrado por lo que acababa de ver regresó a su casa y le contó a su mujer lo que había presenciado. Por supuesto ella le recriminó su cobardía y le ordenó ir de nuevo al lugar en donde estaba enterrada la joven y desenterrarla, pero el cazador le dijo que tenía miedo de que fuesen descubiertos y fuesen acusados ellos del asesinato. Decidieron que lo mejor era ir hasta el Castillo y hablar con el Señor de Trécesson, cuando éste les recibió, el cazador y su esposa le contaron  el caso e indicaron el lugar exacto en donde estaba enterrada la joven. Cuando fueron hasta allí, cavaron hasta encontrar el cuerpo de la muchacha con los ojos abiertos e inertes de la Dama Blanca.

A partir de ahí, se intentó dar con los culpables y averiguar la identidad de la joven y el por qué de su asesinato.

En la actualidad, el vestido de novia de la joven y el ramo de flores permanecen en el altar de la capilla del Castillo. Jamás se supo nada sobre la identidad, historia o el por qué de su asesinato, así como tampoco se pudo dar con nadie de su familia. A día de hoy es un misterio que vivirá para siempre.

Fuente consultada: http://www.sobreleyendas.com

Fotografías: http://www.minube.com

 

El Castillo de Cardona se encuentra en la localidad de Cardona en la provincia de Barcelona, España.  Es sin duda una de las edificaciones medievales más importantes de España y la más prestigiosa de Cataluña. Se encuentra ubicado encima de un cerro a más de mil metros de altura, en el propio pueblo de Cardona, en la provincia de Barcelona.

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Se tiene constancia de que las primeras construcciones del castillo datan del año 886, las cuales fueron llevadas a cabo por parte de Wilfredo el Velloso. Posteriormente Ramón Berenguer IV realizó algunas edificaciones más.

La Iglesia de Sant Viçents, que está en el interior de la fortificación, justo en mitad del Castillo, la cual pertenece a la Generalitat de Cataluña, fue construida en el Siglo XI, permaneciendo actualmente en ella los féretros que contienen los restos del linaje de los Cardona. Como dato curioso, esta Iglesia de estilo románico es la segunda más alta de España después de la de Santiago de Compostela, según nos comentó el director actual del Parador de Cardona.

Ya en el Siglo XIII se construyeron las actuales murallas que rodean actualmente a la fortaleza, muros que presenciaron numerosas guerras y batallas, las más destacadas, las Carlistas y la de Sucesión.

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En el Siglo XV, fecha clave, el Castillo es habitado por una de las dinastías más importantes de Cataluña, la de los Conde-Duques de Cardona, linaje que supuestamente según Carlos Herrero, antiguo director del Parador, puede ser el causante de las apariciones fantasmales y responsables de los fenómenos paranormales.

Carlos Herrero, antiguo director del Parador, deja una carta a su sucesor en la que informa a su sucesor de que el Castillo está encantado, que seguramente algún miembro de la familia Cardona sigue rondando por allí en forma de espíritu, y que además el tuvo una experiencia tremenda en la habitación 712, la que casualmente es en la actualidad, la habitación maldita, la que nunca alquilan, solo cuando alguien expresamente la solicita.

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La experiencia del Señor Carlos Herrero tiene además como testigo a dos empleadas de la limpieza. Todo comienza cuando las empleadas acuden a la planta número siete, a la habitación 712, para realizar sus tareas de limpieza, y llaman a la puerta a pesar de saber que la habitación está desocupada, pero lo hacen como parte del protocolo para asegurarse de que no haya nadie. Nada más golpear con el nudillo en la puerta, una voz tosca y grave que sale del interior dice “Espera”, las empleadas extrañadas de que la habitación este ocupada, ya que en su listado aparece como libre, llaman a recepción para que les confirmen si está ocupada o no. En recepción les comunican que esa habitación está vacía, por lo cual introducen la llave en la cerradura, pero les es imposible abrir la puerta, en ese instante aparece por la planta el director del Parador en aquel entonces, el señor Carlos Herrero y las empleadas le comunican la situación, El director llama la puerta y nuevamente la voz tosca y grave dice desde el interior “espera” dejando atónitos a los tres testigos.

No fue hasta pasados unos minutos cuando nuestros protagonistas consiguen abrir la puerta y se encuentran con lo imposible. El cuarto de baño está lleno de vaho, el espejo empañado, una tolla húmeda, una huella en el suelo, el grifo abierto y el lugar completamente vacío, allí no había absolutamente nadie. Según el director, es imposible salir por la ventana, dato que personalmente podemos acreditar ya que en nuestra investigación observamos al detalle la habitación y hacía donde daban las ventanas.

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Se cree que vaga Adalés, la hija del vizconde Raimón Folch, que enamorada de un musulmán fue condenada por su padre a vivir recluida en la torre Minyona, que es tanto como decir en la actual habitación 712, donde languideció y murió.

Por ello los alojados en las habitaciones próximas, o en la de abajo, han manifestado haber escuchado ruidos y voces de ese lugar, siempre en momentos en que la estancia está vacía.

Sin ir más lejos, agrega, durante la transformación del castillo medieval en Parador en 1976, los obreros pararon más de una vez asustados por la presencia del fantasma de una doncella que se lamentaba entre sollozos y que solía ir acompañada por un caballero.

“Y sus apariciones son casi constantes, un día sí y otro también; es el más activo que tenemos”, ha bromeado el presidente de Paradores de Turismo, Miguel Martínez, quien ha comentado que este año recibieron una queja formal, sin desvelar en qué ciudad, de unos clientes y su hija a los que un fantasma no había dejado pegar ojo en toda la noche al vociferar y “tirarles piedras”.

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O la historia del espectro, con cuerpo de mujer, que se entromete en las camas para evitar que las parejas mantengan relaciones sexuales, ha añadido Alonso. 

Las leyendas que hablan de la habitación 712 son de lo más pintorescas y variadas, pero lo que más predomina es la aparición fantasmal de una chica joven vestida de época y la de un hombre robusto también con ropajes de antaño, se dice que es un personaje de la familia Cardona que después de fallecer sigue rondando por el Castillo.

En ocasiones estas leyendas parecen cobrar vida por momentos y nos encontramos con testimonios que aseguran haber presenciado lo insólito en esta habitación como que durante las obras en los años ochenta un grupo de investigadores captaron todo tipo de fenómenos extraños y el perro de un vigilante de seguridad se negaba a entrar a una determinada estancia, además de algunas otras que relató el director del Parador, como la de una mujer que aseguró en recepción que tuvo la sensación de que alguien invisible le estuvo agarrando la mano durante toda la noche, eso sí, explicaba que era una sensación agradable.

Varios clientes que han dormido justo debajo de la habitación 712 se han quejado de que no han podido dormir porque arriba no paraban de mover y arrastrar muebles, lo extraño es que siempre que ha habido una queja de este tipo la habitación de arriba, la 712 ha estado desocupada. Uno de estos testigos es el prestigioso Periodista, Abogado y escritor Francisco González Ledesma, que además fue premio Planeta y es en la actualidad presidente del consejo de la información de Cataluña. Después de vivir su experiencia la publicó en el periódico el País donde colaboraba en aquella época con el título de “Ustedes no van a creer esto“.

Algunos clientes dicen haber visto durante la noche aparecerse una mujer joven o un hombre en el interior de la habitación. Además de la habitación 712, han habido clientes que dicen haber presenciado cosas extrañas en otras habitaciones de esa misma planta.

Fuente consultada:

http://www.mundoparapsicologico.com

Esta joya de la arquitectura lagunera comenzó a construirse en 1593 por Francisco Lercaro de León, que procedía de una familia de comerciantes genoveses que se instalaron en Tenerife después de terminada la conquista.

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La edificación sufrió ampliaciones en los siglos XVII y XVIII, obteniendo su máximo esplendor, aunque también se llevaron a cabo obras en el siglo XX.

A lo largo de su historia, además de vivienda, la Casa Lercaro ha tenido diversos usos. En los años 40 fue utilizada como albergue de un destacamento militar, denominado popularmente como “los antigases”. Después se convirtió en sede de la facultad de Filosofía y Letras.

En los años setenta fue adquirida por el Cabildo, que llevó a cabo obras de restauración para ubicar en la misma el Museo de Historia de Tenerife.

De la casa cabe destacar el patio central con corredores en la parte alta de carpintería profusamente decorada. La escalera principal se hizo con la misma piedra del pórtico de entrada.

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Los orígenes de esta historia están relacionados con la antigua casa de la familia Lercaro, que se localiza en la calle de San Agustín y que data de finales del siglo XVI. En este inmueble vivió Catalina, que algunos suponen que fue hija de Antonio Lercaro y a la que obligaron a contraer matrimonio con un hombre de avanzada edad, por lo que la joven decidió quitarse la vida arrojándose el mismo día de su boda a un pozo de la parte trasera de la vivienda, el cual se encuentra en la actualidad tapiado.

La leyenda apunta a que el cuerpo de Catalina está enterrado en una de las estancias de la casa, debido a que, al haberse suicidado, la Iglesia se opuso a que recibiera cristiana sepultura en un cementerio.

Estos hechos motivaron que la familia Lercaro se trasladara a vivir a La Orotava, lo que se debió, según el comentario popular, al deseo de huir de la vergüenza de no llevarse a cabo la boda, a la pena por la muerte de la joven y a los comentarios que se levantarían en la ciudad. Es probable que hasta huyeran por el alma atormentada de Catalina, según ha destacado un estudioso de los fenómenos paranormales como Héctor Pérez Fajardo.

Muchos son los testimonios del personal que allí trabaja, una de las chicas encargadas de la biblioteca del Museo vio sentada a una mujer, mirándola fijamente y desapareciendo al percatarse de su presencia. Un joven apoyó el testimonio con lo que presenció un día: “Jamás olvidaré aquella mañana, cuando vi pasar un bulto blanco muy luminoso con forma de mujer”. Otro empleado añadió: “Vi una nube blanca que se puso a mi lado, pero al prestarle atención se esfumó”.

Los testigos del Museo de Historia de Tenerife parece que se animan a seguir hablando, aunque sin quitar la vista de la escalera, por si baja la directora del centro. De pronto, otro joven añade: “Resulta muy aterrador cuando sabes que estás solo en la casa y oyes en el piso superior misteriosos pasos, algo que siempre sucede, igual que las apariciones, cuando alguien nuevo entra a trabajar en el museo. Parece como si deseara estar con el menor número de gente posible”.

Sobre los paseos que tienen lugar en la parte superior de la casa, una joven ordenanza contó a Héctor Pérez que “los pasos invisibles se escuchan siempre desde la sección VI hasta el lugar donde se encuentra la vitrina que alberga una imagen de Cristo”.

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Más increíble resulta la siguiente historia que cuenta otro testigo: “Aquella mañana no había nadie en la sala de didáctica. De pronto se oyó un ruido y la puerta se cerró. Se podría pensar que fue el viento, pero lo más misterioso es que estaba cerrada por dentro con llave, sin haber nadie en el interior de la habitación. Tuvimos que entrar por una ventana, la cual forzamos, y abrir la cerradura. Aquí pasan cosas muy raras”.

Uno de los testigos afirma que una joven trabajadora del museo dejó un vaso de cristal en una de las mesas del piso de arriba y, cuando fue a buscarlo, no sólo lo encontró en otro punto de la mesa, sino roto en mil pedazos.

Otra historia curiosa es la que le ocurrió a un hombre que cargó sobre sus hombros unas vigas para subirlas al piso de arriba. Cuando llegó vio que la puerta donde tenía que entrar estaba cerrada con un tablón que la reforzaba. Decidió dejar la carga en el suelo, pero antes de hacerlo, misteriosamente, el trozo de madera que aseguraba el cierre saltó por los aires y las dos hojas de la puerta se abrieron de par en par.

A Héctor Pérez se le coló un extraño “no” muy grave y prolongado en su grabadora cuando hacía una entrevista. Para conocer más de esta psicofonía y de la casa, optó por llevar al lugar a una “sensitiva”, quien sintió mucho dolor en el granero y se puso mucho peor en la antigua cocina, percibiendo que en dicha habitación a una joven la habían torturado quemándole los brazos.

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Por si fuera poco, dos personas que trabajan en el museo juran haber visto a una muchacha que los observaba desde el granero y que luego desaparecía, estando ellos solos en la casa, ya que se encontraba cerrada al público.

La médium inglesa Angie Freeland ha descubierto el punto exacto donde Catalina Justiniani se quitó la vida en el Palacio de Lercaro en su noche de bodas, afirmando que el cuerpo de dicha joven permanece en el fondo del pozo donde se arrojó.

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En el año 20011 el grupo Clave 7 de investigación de temas paranormales, con el permiso del director del Museo del Cabildo, acudió a dicho inmueble para hacer un estudio sensitivo con la médium Angie Freeland y el grupo Tenerife Paranormal Society.

Nadie sabía, ni la médium, cuál era el punto exacto donde se localiza el pozo que está tapiado, formando un pavimento conjunto del patio trasero.

Después de estar visionando todo el Palacio de Lercaro, la médium se dirigió al punto exacto donde solo este redactor sabía que estaba el pozo. En ese momento dijo que lo percibía debajo de ella. Luego se concentró más y visionó joyas, y un cuerpo con un traje blanco. Al preguntarle si era un cuerpo espiritual o físico, dijo que estaba en el fondo de forma material, y precisó que era de una mujer. Le preguntaron cómo había llegado ahí ese cuerpo y señaló que la joven se había tirado del corredor más alto del Palacio de Lercaro, que cayó cerca del pozo y como aún no había conseguido su muerte se arrastró hasta tirarse dentro del mismo.

Cuando explicamos a la médium que todo correspondía con el fantasma de Catalina, el asombro fue total. Hay que destacar que antes de hacer dichas afirmaciones, la médium Olga Pérez Marrero, sensitiva del grupo Clave 7, había dado a conocer datos semejantes a los de Angie Freeland.

Josephine Mateos, sensitiva del grupo Clave 7, percibió a Catalina tirándose al pozo de rodillas y que en las mismas, antes de hacerlo, lleva heridas, lo que concuerda con lo que apunta la médium de que al caer avanzó hacia el pozo para tirarse. Josephine vio a esta mujer con pelo largo y negro, ojos claros verdosos, manos delgadas y con un camisón blanco o beis con bordados en azul y rosa.

Tanto Josephine como Olga sintieron opresiones, angustias y torturas, lo que fue ratificado por la médium Angie Freeland, pues aunque no lo sabían estaban en las mazmorras donde recluyeron a presos. Olga noto la presencia de militares y monjes.

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Asimismo, es de destacar que el grupo Clave 7, con su director, Nandy Álvarez, al frente, detectó en la zona correspondiente al archivo del Museo de Lercaro anomalías electromagnéticas y sonidos extraños semejantes a pasos de personas, y ante la sorpresa de todos, una luz que se encendió sola.

Fuentes consultadas: http://www.eldia.es/

Fotografías: blog.webtenerife.com

Este edificio llamado el Palacio de Justicia se ubica en las palmas de Gran Canarias y data de 1965. La Real Audiencia de Canarias fue creada en el año 1526 como Tribunal de Apelación y durante siglos tuvo como sede el antiguo edificio de las casas consistoriales en la plaza de Santa Ana. Más tarde ocupó el edificio del convento de San Agustín fundado en este lugar en 1664 hasta que los agustinos dejaron el convento forzados por la Ley de la desamortización de 1836.

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Nos remontamos en esta ocasión a uno de los lugares más emblemáticos de la isla de Gran Canaria no sólo por el uso que se hace de él, sino también por su edad y acontecimientos que atesora en su interior; éste edificio no es otro que el Palacio de Justicia de Las Palmas de Gran Canaria.
Este antiguo edificio, situado en el barrio de Vegueta, en la capital grancanaria, es un inmueble de relativa nueva construcción, aunque sus cimientos fueron erigidos sobre un antiguo convento agustino. En su ala lateral posee una gran torre que une a dicho edificio con la iglesia de San Agustín, adyacente al palacio de justicia, aunque dicha torre pertenece al ministerio de justicia; y es en ésta torre donde suceden la mayoría de los acontecimientos que relatamos a continuación.

Según cuentan diversos testimonios, tanto de empleados del interior como de personas que esporádicamente han frecuentado el lugar, en su interior suceden una serie de manifestaciones de índole paranormal, que como relatan dichas personas van desde el movimiento de pesados muebles, al encendido y apagado de las luces del edificio, pasando por ruidos, voces y cánticos de procedencia desconocida.
Estos fenómenos llevan aconteciendo durante más de 20 años en el palacio de la justicia, y a lo largo de los años son diversos los comentarios que han visto la luz en la prensa local, de labios de los funcionarios que trabajan en su interior, como “escuchar pasos, risas, luces que se encienden solas al paso de las personas, o incluso cánticos, a lo que el personal de vigilancia acude para comprobar posteriormente que no hay nadie en dicho lugar. Muchos de los funcionarios que ahí trabajan, han podido escuchar cómo se rodaban muebles o máquinas; y, en ocasiones en ciertas habitaciones, han sentido como una energía que les observa, aunque nunca han visto nada mas allá de sombras en las paredes, que si bien son algo que les sobresalta, nunca han llegado a ver una silueta determinante o extraña como para afirmar que es algo explícitamente paranormal”.

El cuerpo de seguridad del lugar también ha podido escuchar escuchar voces, ruidos y sonidos extraños, aunque se muestran algo más reticentes y tachan dichos acontecimientos con total seguridad a que pueden ser ruidos normales, bien por animales en el patio interior, o bien por el crujir de la madera del lugar. Éste último dato es bastante curioso, ya que como se puede comprobar in situ en el palacio y varias personas lo han afirmado así, el edificio carece de cualquier estructura de madera, por lo que el origen de los crujidos de dicho material a partir de su estructura son meramente imposibles.
Y es en el origen de este lugar donde muchos orientan la explicación a los misterios que esconden sus frías paredes en un silencio sepulcral, ya que, como mencionábamos al comienzo de este artículo, el palacio de justicia fue construido sobre los cimientos de un antiguo convento agustino, lo que daría cierta explicación a los fenómenos de cánticos y diversos sonidos que algunos testigos coinciden que sucede en su interior, siendo las almas en pena de los agustinos muertos en dicho convento los protagonistas de esas fúnebres manifestaciones.
A pesar de que, en la actualidad, no se conoce a ciencia cierta el porqué de dichos fenómenos, lo que sí es cierto es que, bajo el techo del palacio de justicia grancanario se esconde un secreto que espera ser descubierto algún día.

Fuente consultada:

http://www.maestroviejo.wordpress.com

Existen cementerios especiales en el mundo, pero este dicen que es el más especial, es el del pequeño pueblo de Stull, situado a unos pocos kilómetros de Lawrence, Kansas.

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Este cementerio junto con su iglesia está plagado de leyendas que hablan de fantasmas, espectros y el diablo entre sus terrenos. La leyenda habla de que en el cementerio de Stull está una de las siete puertas del infierno.

La ciudad de Stull está situada a unos diez kilómetros al oeste de Lawrence, Kansas, en la parte noreste del estado.

La ciudad fue llamada “Deer Creek Community” hasta 1899, cuando se adoptó el apellido del primer jefe de correos, Sylvester Stull, como el nombre de la aldea. La oficina de correos se cerró en 1903, pero el nombre se quedó. La zona fue poblada principalmente por personas de origen alemán, principalmente holandeses de Pensilvania. Los descendientes de los fundadores de la ciudad todavía residen allí.

En 1859, la Iglesia Evangélica Emmanuel fue organizada y los colonos habían reunido suficientes fondos en 1867 para la construcción de una iglesia de piedra de una habitación en un terreno donado por Jacob Hildenbrand para ese propósito , así como un cementerio. Hasta el año 1900, los sermones fueron predicados en alemán. Fue durante este período de tiempo que la ciudad tuvo dos grandes tragedias; un joven fue encontrado quemado hasta la muerte después de que su padre había terminado de quemar un campo y otro fue encontrado colgando de un árbol después de su desaparición. No hay ningún registro de cualquier derramamiento de sangre en la iglesia, o de cualquier ahorcamiento civil. La iglesia se mantuvo en uso hasta 1913, cuando se terminó la nueva iglesia en la ciudad cercana. La antigua iglesia se ha mantenido allí, sola, en la cima de la colina durante la mayor parte del siglo sin usar.

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Las mismas leyendas hablan que el diablo ha estado apareciéndose desde 1850 y que el nombre original de la ciudad era Skull y que se cambio para ocultar que allí se practicaba magia negra.

En noviembre de 1974 apareció un artículo en el periódico de la universidad de Kansas que contaba una serie de hechos extraños en la zona de la iglesia de Stull. Según el artículo, el lugar era frecuentado por leyendas y sucesos diabólicos, sobrenaturales, las leyendas afirmaban que el cementerio era uno de los lugares de la tierra en donde el diablo aparecía en persona dos veces al año. El cementerio había sido fuente de muchas leyendas en la zona, historias que habían sido contadas con el paso de los siglos.

El 20 de Marzo de 1978, más de 150 personas estuvieron esperando en el cementerio la llegada del demonio, así­ como a los espíritus que habían muerto de forma violenta y habí­an sido enterrados en ese mismo cementerio. Aunque nada ocurrió, la leyenda se mantuvo como real.

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Según cuenta la leyenda, en este lugar en 1850 alguien o algo apuñaló al alcalde dándole muerte en un viejo granero de piedra en el cementerio. Con los años, el granero fue convertido en iglesia, que fue arrasada por un incendio. Fue reconstruida y desde entonces un crucifijo de madera aparece bocabajo, cuando los transeúntes pasean por allí a media noche.

Visitantes del cementerio alegaban haber sido agarrados por brazos invisibles, mientras otros hablaron de pérdidas de memoria inexplicables al visitar el lugar.

Hay historias de asesinatos y derramamiento de sangre en la iglesia misma, mientras que las historias varían en detalle, el consenso es que la iglesia contiene un portal al infierno. Supuestamente, la puerta de entrada es una escalera que se encuentra justo dentro de la misma iglesia que desciende hacia el más profundo abismo. Según la leyenda, poco después de iniciar el descenso, se sentirá una fuerza invisible que tirará de uno hacia abajo. Los que supuestamente han bajado las escaleras afirman que lo hacían en un minuto o dos, pero su ascenso les llevó más de 45 minutos.

Otras historias se centran específicamente en el viejo árbol del cementerio. A principios de 1900, un hombre de la localidad desapareció. Fue encontrado colgado de ese árbol con el cuello roto. Por supuesto, este hecho causó gran cantidad de miedo y especulación en la comunidad. La leyenda afirma que en ciertas noches un aquelarre de brujas sale a rodear el árbol y realizar diversos rituales. La historia también afirma que este árbol, es el mismo que se utilizaba en los primeros días de la ciudad para colgar a los sospechosos de brujería. Había un gran árbol en el cementerio a mitad de camino, pero la gente del pueblo lo cortó en 1998, justo antes de Halloween. Allí se dice que también hay un sepulcro con los huesos de un hijo de Satán. El niño nació deforme y duró muy pocos días y el cuerpo fue enterrado en Stull. Algunos hablan de que su fantasma vaga por allí, habiendo fotos de un hombre joven que mira con firmeza hacia fuera desde detrás del árbol.

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También se cuenta que en  1995, Juan Pablo II de camino a Colorado pidió volar con su avión privado sobre la zona de Kansas, pero exigió no pasar por este lugar por ser zona impía.

La antigua Iglesia Evangélica, construida en 1867, fue reducida a escombros una vez por todas, el veintinueve de marzo de 2002. La puerta de entrada al infierno, si alguna vez existió, ya no es accesible y el cementerio está rodeado por una enorme valla para impedir que la gente acceda a él. Mientras, siguen las leyendas sobre este lugar, como sitio perfecto para acceder al infierno.

Fuentes consultadas:

http://www.prairieghosts.com

http://darkendofthestreet.net/

La Mansión Atherton situada en el centro de Atherton (California), posee una curiosa e inquietante historia que la ha llevado a estar entre las casas malditas más famosas del mundo.

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Su historia comienza en 1834, con el viaje de un comerciante de Massachussetts llamado Faxon D. Aterthon a la ciudad chilena de Valparaíso. En ella Aterthon, se dedicó a la compra venta de alimentos, cuero y sebo entre otros productos, pudiendo así amasar una pequeña fortuna. Será aquí donde conocería a su futura esposa Dominga de Goñi, con quien contrae matrimonio en 1843. Fruto de su unión tendrían siete hijos, uno de los cuales, George H. Bowen, estuvo casado con la historiadora y biógrafa americana Gertrude Frnaklin Horn.

En el año 1860 la familia se traslada a los EEUU y Atherton continua con sus negocios en California, con tanto éxito que pronto se convierte en uno de los hombres más ricos de la costa del Pacífico. Parte de este dinero lo invertiría en comprar una finca a las afueras de la ciudad de Fair Oaks, a la que dio el nombre de Valparaíso Park, en honor a la ciudad en la que conoció a su esposa y que pasó a ser la residencia familiar durante un tiempo. Curiosamente años más tarde Fair Oaks cambió su nombre al de Atherton en 1923 al existir ya una ciudad con ese nombre en Sacramento(California).

El estilo de vida de Atherton pasaba por largas temporadas de viajes, así como un gusto desmedido por las mujeres, lo cual se tradujo en una situación muy complicada para su esposa, la cual tuvo que hacerse cargo de todas las responsabilidades de la finca y de sus hijos. Cuando Atherton fallece en 1877, Dominga decide dejar la finca y trasladarse al centro de la ciudad, donde edificó una mansión en el barrio de Pacifics Heights en el año 1881.

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George Atherton, uno de los hijos de Dominga con la que vivía, estaba casado con una mujer cuyo carácter solía dejarle en evidencia sobre todo delante de su madre, quien le recriminaba su debilidad de carácter ante su esposa. La situación se fue tornando cada vez más insoportable hasta que George vio la salvación en un viaje a Chile, donde buscaría fortuna lejos de las presiones de su madre. Pero durante el viaje falleció debido a problemas renales que arrastraba desde hacía tiempo y a falta de un féretro en el barco en donde ponerle, el capitán decidió conservar su cuerpo dentro de un barril lleno de ron.

Y así fue como George volvió a casa, en un barril de ron que no contenía ninguna indicación o advertencia y que se conservó en la bodega de la mansión Atherton durante varios días, hasta que finalmente el mayordomo abrió el barril y se encontró el macabro hallazgo.

Al poco tiempo Dominga como su nuera Gertrude viuda de George, deciden abandonar y vender la mansión, en la que dicen han empezado a escuchar golpes en las paredes y a sentir frío en algunas de sus habitaciones, todo ello sin explicación aparente. Ambas aseguraban que el espíritu de George trataba de vengarse por los tormentos y tratos vejatorios que recibió de ellas en vida.

La casa pasó por las manos de varios inquilinos hasta la llegada de la excéntrica Carrie Rousseau, quien la compró en 1923 y residió en ella utilizando sólo la Sala de Baile, en la que dormía acompañada de sus cincuenta queridos gatos. Desde su fallecimiento en 1974, la mansión fue reconvertida en una serie de apartamentos, en los que más de un inquilino ha denunciado estas manifestaciones de frío sin explicación, el viento que sopla a través de espacios cerrados, las voces en la noche, y los sonidos que golpean.

La cantante Aurora Stand, inquilina de los apartementos,  dijo al San Francisco Chronicle sentir un misterioso viento frío a través de su pequeño apartamento. Jerry Landewig, asistente dental, afirmó que un rap misterioso solís perturbarle mientras trataba de conciliar el sueño. Otro inquilino se mudó después de ser acosado por apariciones fantasmales.

Una sesión de espiritismo realizada por Sylvia Brown identificó varios espíritus activos en la casa. Tres eran espíritus femeninos y un espíritu masculino “frágil”. Ella cree que la casa todavía está perseguida por los fantasmas de Dominga de Goñi, George y Gertrude Atherton, así como el de Carrie Rousseau.

Fuente consultada: http://www.hauntedbay.com

Rojales es un municipio de la Comunidad Valenciana, España. Situado en la provincia de Alicante, en la comarca de la Vega Baja del Segura, a orillas del río Segura, que atraviesa el núcleo tradicional a lo largo de dos kilómetros en su último recorrido antes de desembocar en el Mediterráneo, hecho que justifica la existencia de un bello puente de sillería construido en tiempos del rey Carlos III, en el s. XVII, magníficamente conservado y totalmente en uso.

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Era la víspera de San Juan, el 23 de junio, y en las proximidades a la estación de  Benijófar iban llegando los invitados a la boda de, precisamente, la hija del capataz de la vía, quien contraía matrimonio con un labrador, hijo de Francisco Muñoz. No podía haberse elegido un día mejor; por delante  una larga jornada a la que seguiría una noche mágica, llena de leyendas, hogueras y buenos deseos. Entre los numerosos invitados a la ceremonia se encontraba un vecino, Joaquín García, que era propietario de una finca cercana y que tenía viviendo bajo su techo a una niña de nueve años llamada Teresa Juan, natural del vecino Rojales y de familia muy pobre.

Al atardecer mandó a ésta, que hasta entonces había estado disfrutando de la fiesta y jugando con otras niñas, a una casa distante unos quinientos metros para comprar quince céntimos de hierba. Todo parecía transcurrir con normalidad hasta que, pasado el tiempo, echaron en falta a la pequeña.

La familia alertó de su desaparición y ya a altas horas de la noche todos los invitados de la boda así como las autoridades de Benijófar comenzaron su búsqueda, recorriendo aquellos campos al resplandor de las antorchas que contrastaban con las hogueras encendidas en los cercanos pueblos.

Fue una noche de San Juan muy larga, la más larga que se recuerda. Recorrieron campos, acequias, pozos, el río.. Al amanecer del siguiente día, domingo de San Juan, siguieron organizando batidas y recorriendo aquellos campos con la esperanza de que la niña se hubiese perdido, pero todo fue inútil.

Las autoridades estuvieron indagando y preguntando a los invitados para averiguar que le podría haber pasado, intentando encontrar alguna pista. Así llegaron hasta la casa del padre del novio, donde a aquella hora estaban comiendo.

Entre la familia, invitados también a la boda, se encontraba Francisco Lorenzo Rebollo que era además cuñado del novio. Éste sujeto “de cara alargada, mirada indecisa y recelosa y bigote rubio” era conocido por todos como el “Isabeleto” y  había sufrido pena de presidio por violar anteriormente a una niña de doce años, además de otros hechos de igual índole de las que pudo librarse de la acción de la justicia. Lo cierto es que comía tranquilamente, encerrado en un mutismo del que nadie se percató.

Las horas continuaban pasando, hubo que volver a encender antorchas, aunque su padre y un grupo numeroso de personas seguían buscando algún rastro de la pequeña sin desfallecer. Llegaron hasta una finca propiedad de Manuel Cánovas, en término de Torrevieja, donde existía un pozo seco abandonado al que se asomaron gritando su nombre. Nada, ninguna respuesta. Sin embargo, al tirar una piedra  se oyó un débil quejido desde el fondo. La pequeña Teresa estaba allí, viva, a más de veinte metros de profundidad. Habían pasado veinticinco horas.

LA NIÑA ROJALES

La niña había salido a la caída del sol con intención de comprar la hierba que le habían encargado, sin embargo, a  mitad del camino apareció el “Isabeleto” que intentó convencerla para que se fuese con él a coger perdices con la promesa de darle también unas peladillas…Tenía nueve años.

Después de abusar de la pequeña, y según declaración de la propia niña, sacó un cuchillo con intención de degollarla, sin embargo cambió de idea y la cogió de los pies arrojándola al pozo seco, convencido de su muerte.

Según relató la pequeña, durante la trágica noche de la víspera de San Juan se sintió acompañada en las profundidades del pozo por una joven como ella, vestida de blanco, con un resplandor que coronaba su cabeza.

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El médico atribuyó lo que contaba a delirios provocados por la fuerte caída y consiguiente hemorragia y fiebre.

Todas coinciden en contar que después de abusar de la pequeña, el “Isabeleto” se dedicó a arrojarle grandes piedras con la intención de matarla, y que a ésta la protegió una señora con un manto blanco.

Se consideró milagroso que la niña estuviese viva y fue acompañada hasta la Iglesia donde, al ver la imagen de la Virgen del Rosario, exclamó:

-Esta Señora era la que ponía el manto sobre mi cabeza para que no me dieran las piedras.

Se cuenta que el agresor recibió, además de la pena de cárcel, el castigo de tener un hijo que nació sin la mano derecha, la misma con la que su padre había arrojado las piedras sobre la niña.

Fuentes consultadas:

http://almoradi1829.blogspot.com.es