Ruidos inexplicables, pasos audibles en estancias vacías, objetos que se mueven y apariciones espectrales forman parte de una casuística de la que en los últimos meses las cámaras infrarrojas han sido testigos. La tradición atribuye estos fenómenos al espíritu de una mujer que perdió la vida en circunstancias poco claras en el siglo XIX.
El hotel finca La Raya, en el municipio tinerfeño de Güímar, con más de cinco siglos de historia, acumula multitud de casos paranormales de los que quedaron constancia instrumental, gracias al equipo de investigación Clave Siete de Tenerife al sacar a la luz lo que en Güímar era, desde hace décadas, un secreto a voces que le valió al inmueble el sobrenombre de la “casa del miedo”.

finca la raya guimar

El edificio se levantó en el siglo XVI. Sin embargo, su estilo pertenece al siglo XIX. Actualmente, conserva la estructura de tea. Las paredes se han “encalado” con zahorra molida mezclada con savia de drago, tal y como lo realizaban en Canarias antes de que llegara la cal. Los herrajes de las puertas se encargaron a la misma fábrica inglesa que proporcionó los originales. Sus propietarios han cuidado hasta los más mínimos detalles.

Carmelina Rosa, heredera por vía paterna de las instalaciones y responsable junto a su esposo Francisco Toledo de la remodelación que ha convertido el foco de misterios en un inmueble pujante en el mercado rural, viviría años atrás en la víspera de la noche de difuntos una experiencia que aún no ha sabido explicar. “Ya durante la restauración –nos explicaría– los problemas fueron constantes e inexplicables, como si algo nos intentara alejar del lugar. El caso es que un 31 de octubre, estando yo en la cocina, una ventana se cerró bruscamente y al comprobarla caí en la cuenta de que ya estaba cerrada por mí con el cerrojo echado. Era extraño, pero seguí con mis cosas hasta que el azúcar y la sal se cayeron al suelo desde la despensa junto a varios calderos, mientras que en el piso superior se escuchaban pasos acelerados. Procuré no perder la calma, comprobé que no había nadie arriba y me serené encendiendo unas velas”.
130810_finca-la-raya_1_g
Francisco, escéptico y pragmático, ha tenido que ceder ante la evidencia de que algo fuera de lo común sucede en el hotel que regentan, algo que parece confirmarse por diferentes fuentes y concretarse de manera especial en varias instancias. “Todos los pueblos tienen sus ‘casas de los miedos’, y en Güímar ese papel lo desempeñó este lugar hasta que lo restauramos”, nos explica Toledo. “Yo no daba crédito a las leyendas sobre aparecidos y fenómenos inexplicable, y de hecho todavía pongo en duda muchas de ellas, ­pero algunos clientes nos cuentan cosas muy extrañas que coinciden y de las que no podían tener conocimiento previo. Además, tiempo atrás yo mismo, junto a mi esposa y un amigo, escuchamos pasos acelerados durante una noche en las plantas superiores, en estancias que estaban vacías. Realizamos un minucioso registro improductivo, lo que provocó que nuestro amigo se atemorizase”.

Esas pisadas, en la mayoría de las ocasiones mostrando las aparentes mismas prisas, eran motivo de comentarios mañaneros de muchos de sus inquilinos. Principalmente, “sintiéndolos” en la galería acristalada, que antaño fuera una balconada por la que, cuenta la leyenda que cierta joven despechada, se arrojó al estanque de abajo, no sabemos si con la intención de llamar la atención de su amado o para el fatídico fin que consiguió, suicidarse. 

pasillo

 

Pasillo de las pisadas aceleradas(alfonferrer.blogspot.com.es)

La casona fue conocida durante muchos años por los naturales de la zona como la casa del miedo, avalada la denominación por algunos hechos que al parecer han ocurrido a lo largo del tiempo entre sus muros. Durante muchos años la casa estuvo en estado de semi-ruina, antes de que se restaurara y mostrara el bonito aspecto que ofrece actualmente. Cuentan que mientras se desarrollaban las tareas de acondicionamiento, se escuchaban ruidos de procedencia incierta, puertas y ventanas que se abrían y cerraban de forma espontánea, sombras, extrañas sensaciones, como si los trabajadores no estuviesen solos en el lugar. Una vez convertido en hotel, no son pocos los clientes que coinciden en describir los mismos fenómenos.

Como denominador común entre todos los hoteles embrujados, en éste también hay una habitación que destaca de sobremanera porque en ella es donde al parecer se presenta la figura de una mujer que se sienta en un lado de la cama mientras el inquilino duerme. En ella una pareja de origen belga vivió una experiencia singular. Según le manifestaron a los caseros, a los pies de la cama, sentada en la misma, pudieron contemplar en plena oscuridad la imágen una mujer, vestida con un camisón blanco y la mirada perdida. Estos señores no tenían conocimiento alguno de los antecedentes históricos de la casa, ni de las leyendas que la rodeaban. Durante la inspección previa, nuestra sensitiva pudo percibir “algo” en esta estancia. Según ella, vio en un flash a una mujer de unos treinta años, de pelo largo y castaño oscuro, que vestía un camisón blanco-azulado. La vio sentada apenas al borde de la cama. Su rostro expresaba una gran tristeza. Francisco el dueño nos cuenta la supuesta leyenda de una pianista que se alojaba en una habitación de ese piso a principios del siglo XX, cuando el hotel se destinaba a atender fundamentalmente a enfermos con problemas pulmonares. La joven se enamoró perdidamente del propietario de la casa y, al no ser correspondida, se habría tirado por una de las ventanas del pasillo. 

Habitacion en la que se ve a la chica sentada en la cama

 

Habitación en la que se aparece la joven(alfonferrer.blogspot.com.es)

Carmelina está convencida de que estos fenómenos no son algo nuevo y que pueden haber afectado a miembros de su familia durante generaciones. Nos habla de su padre, un hombre curtido por una vida dura. “Él estuvo en la guerra, había visto a gente morir a su lado. No le tenía miedo a nada”, relata Carmelina. Sin embargo, cierto día, siendo ella una cría, se lo encontró en un estado de shock tremendo. “Había visto algo raro en la casa pero no sabía, o no quiso, decir el qué. Un hombre fuerte como mi padre se desmoronó ante algo que vio y no sabía explicar”, asegura. La vivencia lo acompañó el resto de sus días y siempre que salía a colación el tema lo evitaba. Finalmente murió y su hija jamás pudo saber qué se encontró en La Raya.

 Fuentes consultadas:

http://www.diariodeavisos.com

http://www.akasico.com

http://clavesiete.blogspot.com.es

http://alfonferrer.blogspot.com.es/

Anuncios