Category: Asesin@s en Serie.


 Stefan Aztler de 25 años, nacido en Donauworth (Alemania), llegó a España desde Alemania tras atravesar Francia e Italia, sin más compañía que la de su fiel perro Chuky vagaba por los campos armado con dos afiladas navajas y una larga vara que le hacía las veces de cayado. Come lo que encuentra y lleva una mochila grande y negra en la que, además del cuaderno, lleva un carné de conducir alemán, un llavero con la imagen de Cristo crucificado, un reloj Casio de plástico, dos navajas  y una fiambrera con tres grandes trozos de carne, tres solomillos humanos que servirán para saciar su hambre.

Stefan Aztler(www. gionetta.wordpress.com).

El 15 de febrero de 2006, cuando José Juárez, de 65 años de edad y natural de Socovos, llegó con su furgoneta al denominado Cortijo del Tío Murciano, en el término municipal de Férez, sin ser consciente del terrible final que le esperaba.

Entre las 8.30 y las 9.30, Stefan abordó al recién llegado agrediéndole reiteradamente con una navaja, con la que le asestó 26 puñaladas, una de ellas en el cráneo, con tal fuerza, que fracturó la navaja. Según recogía el forense: ” Dieciocho en el plano anterior del tórax, tres en la zona posterior inferior del tronco, tres en el plano posterior del tórax, una en el brazo izquierdo y otra en el cráneo, ésta última con tal fuerza que se fracturó la navaja y quedó clavada la punta en la zona craneal”.

Tras esto arrastró el cuerpo hasta una nave de la finca, donde lo descuartizó con una sierra de arco, introduciéndolo después en bolsas de basura, para ocultarlo con mayor facilidad. Utilizando la furgoneta del fallecido, Stefan se trasladó, sobre las doce y media del mediodía, a la finca El Cerezo, portando en el vehículo (cuya rueda quedó atascada entre dos piedras), la cabeza y el brazo izquierdo del cadáver.

El secretario del Juzgado de Instrucción número 1 de Hellín, al redactar la diligencia de levantamiento de cadáver lo narraba así: ” Desde la puerta de entrada se observa una gran mancha de sangre», recoge el citado documento, incluido en el sumario sobre el crimen. «Podemos ver también parte de un tórax separado del resto del cuerpo, intestinos sueltos, las dos piernas cortadas y separadas, el brazo derecho también seccionado debajo de una bolsa de plástico. La otra parte del tórax está dentro de una bolsa de basura negra, junto a un trozo de oreja». «Cerca del cadáver -prosigue el secretario judicial- se encuentra una sierra metálica con mango azul, manchada de sangre y otros restos. No se encuentra el brazo izquierdo ni la cabeza del cadáver”.

Sobre las 13.25, un trabajador de la finca, Avelino G., le vio y le pidió que abandonara el lugar. Al ver que el acusado llevaba sangre en las manos, Avelino telefoneó a la policía, por lo que Stefan se acercó hacia él con una navaja, con la que intentó matarle, sin lograrlo, aunque resultó herido en una mano.

Stefan sustrajo el Land Rover de Avelino, con el que intentó atropellarle. En la huida, el condenado se encontró con el agente avisado por Avelino, que le siguió hasta la conocida como la recta de La Errada, donde Stefan sufrió un accidente al perder el control del vehículo, momento en el que fue detenido.

“Personados en el cortijo se observa la citada furgoneta, con la rueda trasera derecha atrapada entre dos piedras. En el maletero del vehículo se encuentra una bolsa de basura negra, la cual contiene una cabeza de hombre, ensangrentada, a la cual le falta la oreja derecha. En una bolsa del mismo tipo hallamos el brazo izquierdo ensangrentado. También encontramos en el maletero un serrucho metálico, con mango de madera, con sangre y restos”. Horas después hallarán la mochila y, en ella, la fiambrera con los tres filetes de carne humana. El asesino, el descuartizador, el aparente caníbal, está tendido en el suelo, boca abajo, en un huerto de almendros. Ya en el cuartel de la policía, en Hellín y tras hacerse pasar por inglés arremetió contra el interprete, golpeándole en la cabeza y en el hombro.

El 17 de febrero, en los calabozos de la Comandancia de la Guardia Civil, golpeó a un agente al que le rompió las gafas e intentó agredir a otro, que esquivó el golpe.

Se negó a declarar. Se negó a que le extrajeran sangre, a entregar su saliva. Hubo que tomarle las muestras con orden judicial. Se negó incluso a ofrecer su verdadera filiación y aseguró llamarse Andrew Martin, nacido en Plymouth (Inglaterra).

 Sus huellas dactilares y su ADN desvelaron su identidad y le señalaron como el autor de la muerte y descuartizamiento de José Juárez. Y aún habrían de deparar dos grandes sorpresas: le vincularon con el intento de asesinato de un indigente de 44 años, acuchillado el 19 de septiembre de 2005 en Amberg (Alemania); y le señalaron además como presunto autor del asesinato de un agricultor de Jumilla, Timoteo Navarro, de 62 años, cuyo cuerpo cosido a navajazos fue hallado el 14 de enero de 2006 en el paraje de los Alberciales.

Apenas una semana antes del crimen había escrito en su diario: “Seguimos hasta Yecla. El paisaje me parece diabólico y como una pesadilla (…) Es hora de que nos vayamos de aquí a otro sitio”. Hasta ahí llega su relato. Luego se topó con Timoteo y, días más tarde, con Jesús. Ninguno de ellos sobrevivió al encuentro.

 La sentencia condenó a una pena de 18 años de prisión e inhabilitación absoluta por el delito de asesinato contra José Juárez Palacios, 9 meses de multa con 6 euros diarios por un delito continuado de hurto, de uso de vehículo a motor, 5 años de prisión e inhabilitación por un delito de homicidio en grado de tentativa contra Avelino G., multa de 6 euros diarios durante un mes por la falta de lesiones contra Carlos B..

El juez le impuso también un año de prisión e inhabilitación por un delito de atentado contra agentes de la autoridad, multa de un mes con seis euros diarios por una falta de lesiones y las siguientes indemnizaciones: 150.000 euros a Concepción C.B., viuda de José Juárez, 17.000 euros para cada uno de sus hijos José, Jesús y Ángel Francisco, 20.000 euros para su hijo Antonio y 25.000 para su hijo Carlos; 9.180 euros para Avelino G. por los días de baja derivados por el accidente y otros 4.000 por el valor de su Land Rover y al guardia civil agredido 150 euros por las lesiones sufridas y 250 por los daños en las gafas.

Una pena que se le impone después de que el Fiscal solicitara en sus calificaciones 32 años de cárcel para este joven alemán acusado de asesinar y después descuartizar al agricultor de Férez, José Juárez.

A veces la realidad supera la ficción y creo que este caso cumple a rajatabla tal afirmación, no solo por la frialdad del crimen sino por la templanza de llevar tres solomillos de carne humana como el que lleva tres pechugas de pollo en la mochila, para saciar el hambre. La mente de algunas personas es un auténtico misterio y por mucho que nos empeñemos en diseccionarlas nunca seremos capaces de pasar más allá de la puerta de entrada.

Fuentes consultadas: www. terranoticias.terra.es

                                            www.abc.es


Margarita Sánchez Gutierrez, alias “La viuda negra de Barcelona”, y “La viuda negra de l´Hospitalet”, fue una asesina en serie que recibió este nombre por el método que utilizaba para asesinar, de la misma forma que la famosa araña mataba a sus víctimas mediante un veneno, aunque con la diferencia de que ella lo ponía en comidas y bebidas que ofrecía a sus víctimas. Consiguió asesinar a cuatro personas y otras tres fueron intoxicadas pero lograron sobrevivir. Todas ellas eran personas próximas a ella entre las que se encuentran familiares y vecinos.

https://i2.wp.com/upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/7/7d/LatrodectusMactansVentral34.JPG

La Viuda Negra “Latrodectus mactans”(es.wikipedia.org).

Nació en Málaga el 16 de diciembre de 1953, con un grave estrabismo en el ojo derecho. Cuando se trasladó a Cataluña vivió primero en L´hospitalet, en la calle Riera Blanca, donde era conocida como “la tuerta”. Este era un barrio modesto, de obreros, donde estaba considerada como una mujer conflictiva, aunque no tenía antecedentes penales. Según los vecinos era propensa a los insultos y peleas callejeras, y tenía deudas en algunos comercios de la zona; se mostraba avara y parece ser que no era analfabeta, según lo que ella misma declaró a la Policía.

Allí en Barcelona conocería a Luis Navarro, un conductor del metro con el que se casaría y tendría dos hijos. En el año 1991 Margarita se trasladó con su marido, Luis Navarro, y sus hijos Sonia y Javi al piso de sus suegros, en parte porque los habían desahuciado pero también para cuidar al padre de su marido. Margarita y Doña Carmen Nuez, su suegra, no se llevaban bien pues al parecer esta última era una mujer de autoridad y gran carácter. En el año 1992 muere su suegro y Carmen Nuez es ingresada cinco veces en el Hospital Clínico donde proclama que su nuera la está envenenando. Sin embargo, los análisis que le realizan dan un resultado negativo.

Es entonces cuando Margarita decide ponerse a cuidar ancianos de los alrededores del barrio barcelonés de Sants, en donde residían con sus suegros. Su primera víctima fue una mujer de setenta años que vivía sola, Rosa M., vecina y amiga de Margarita. El 3 de agosto de 1992 fue hallada inconsciente en su casa e ingresada de urgencia en un hospital, pero fallece a los pocos días. De su cuenta bancaria desparece un millón de pesetas y de su domicilio varios documentos.

El 26 de octubre de ese mismo año fallece su marido Luis, víctima de unas extrañas dolencias que anteriormente le habían mantenido dos meses en el hospital.En el mismo año muere su suegro y Carmen Nuez(su suegra) es ingresada cinco veces en el Hospital Clínico donde proclama que su nuera la está envenenando. Sin embargo, los análisis que le realizan dan un resultado negativo. Fallecería de una embolia en junio de 1996, una vez detenida su nuera.

El 11 de mayo de 1993, la viuda se traslada a L’Hospitalet y allí conoce a nuevos vecinos entre los que estaba Manuel D., de cincuenta y siete años que vivía en el ático. Manuel fue encontrado en estado comatoso en su vivienda falleciendo poco después.

Durante un tiempo ella y su hija se fueron a vivir con su cuñado José A., de cincuenta años de edad que vivía solo. Pocas semanas después José empezaría a padecer unos extraños síntomas y dolencias de las que fallecería el 14 de agosto de 1993, desapareciendo además todo el dinero del que disponía.

El 26 de agosto de 1995 Jose Antonio C., de sesenta y nueve años, vecino y amigo de Margarita, superaba favorablemente una grave intoxicación que le sobrevino de repente, tras comerse una paella cocinada por su amiga Margarita. Durante el tiempo en que estuvo ingresado en el hospital, le desapareció medio millón de pesetas.

Justo un mes después, el 26 de septiembre, volvía a actuar en casa de una de sus vecinas de sesenta y siete años, Pilar H., quien a pesar de que no se fiaba del todo de Margarita, acabó por aceptarla en su casa. Al poco tiempo la hija de Pilar la encontró inconsciente tendida en el sofá. Según Pilar, la habían narcotizado con cloroformo aunque la policía afirma que le mezclaron un veneno con el café con leche. El caso es que Margarita aprovechó su estado de coma para robarle las joyas y diversos objetos de valor, además de un certificado de jubilada y la cartilla del banco. Pilar ingresó en el hospital donde estuvo al borde la muerte aun que finalmente logró recuperarse.

Precisamente fueron estas personas que lograron sobrevivir a los envenenamientos de Margarita, las que presentaron una serie de denuncias acusando a ésta por tentativa de intoxicación.

Margarita Sánchez

Ficha Policial de Margarita Sánchez(www.hoymujer.com)
Según la policía, la viuda negra había descubierto la forma de falsificar firmas de las cartillas de ahorro para extraer el dinero mientras los propietarios estaban ingresados en el hospital. Primero entraba en contacto con la víctima y se ganaba su confianza, luego proporcionaba a las víctimas un potente fármaco mezclado con las bebidas para provocar un colapso circulatorio.

Todas las víctimas sufrían los mismos síntomas: náuseas, vómitos, taquicardia, hipotensión, etc., hasta acabar entrando en coma. La mayoría de ellas quedaban tan mal paradas por el veneno que no podían recuperarse y fallecían por parada cardiorespiratoria como si fuesen causados por muerte natural, ya que el producto utilizado se metabolizaba rápidamente y no dejaba rastro alguno.

Margarita era analfabeta, por lo que la policía no llegaba a entander cómo podía conocer los efectos de la cianamida cálcica, compuesto principal de un fármaco, que se suele administrar como complemento de otros medicamentos psicoterapéuticos para sanar a los alcohólicos. Su ingestión combinada con el alcohol provoca confusión generalizada, dificultades respiratorias, bajada de tensión, vómitos y sudoración.

En abril de 1996 las fuerzas del orden registraron su casa y encontraron la cartera de José Antonio Cerqueira junto a las joyas y la documentación de Piedad Hinojo. El 19 de junio del mismo año Margarita Sánchez y su hija Sonia, quien declaró desconocer el significado de la palabra homicidio, fueron arrestadas por cometer cinco asesinatos.

El juicio deparó sorpresas. La sentencia condenó a la viuda negra a 34 años de prisión por tres delitos de lesiones, otros tantos de robo con violencia y un delito de falsedad. La absolvieron de los asesinatos al no detectarse casos de muerte por cianamida y porque la intención de Margarita era drogar a sus familiares y vecinos para robarles, no para acabar con su existencia. Carmen Nuez, la suegra de Margarita falleció al poco de ser detenida nuera.

Fuentes:wwwforoelrincon.com

http://www.corominasijulian.blogspot.com

Considerado uno de los peores asesinos en serie de la historia criminal española, Manuel Delgado Villegas  “el arropiero”, nació en Sevilla el 25 de enero de 1943. El Arropiero debe su apodo a que su padre vendía arrope, un dulce de higos; primero fue “el hijo del arropiero” y luego se quedó con el mote.

Su madre, que contaba entonces 24 años, murió al dar a luz, por lo que él y su única hermana, Joaquina, fueron criados por su abuela.

A los 18 años ingresó voluntario en la Legión, donde aprendió uno de los golpes mortales que le haría famoso–el de la mano abierta en el cuello– con el que años más tarde acabaría con algunas de sus víctimas.  Tras desertar, comenzó su carrera criminal a los 20 años de edad, ” El Arropiero” presentaba entonces un aspecto muy singular: corpulento y atlético, caracterizaba su rostro con un inconfundible bigote a lo “Cantinflas”, en homenaje al que era su personaje más admirado.


Fue detenido el 18 de enero de 1971 en el Puerto de Santa María, Cádiz, por la muerte de Antonia Rodríguez Relinque, con la que mantenía relaciones sentimentales, una mujer deficiente mental, soltera y de 38 años de edad, a la que infligía malos tratos.

El día del crimen la llevó en moto a un lugar del campo solitario  llamado “Galvecito”, donde mantuvieron relaciones sexuales. Mientras estaban en plena faena,  movido por el impulso irrefrenable que le hizo cometer tantos crímenes, rodeó el cuello de Antonia con los leotardos que le había quitado y la estranguló mientras hacían el amor. Durante tres días después de su muerte, Manuel Delgado estuvo abusando sexualmente del cuerpo sin vida de Antonia, por lo que hay que añadir la necrofilia a su larga lista de trastornos psicológicos.

Bigote a lo cantinflas(www.kane3.es).

El asesinato de su novia fue el último de su carrera criminal. Durante los interrogatorios dejó atónitos a los policías con el relato de 48 crímenes, aunque la policía consideró verosímil que fuese el autor de veintidós asesinatos, que en algunos casos incluyen necrofilia. De estos 22 asesinatos, sólo se le consiguieron probar ocho.

Manuel Delgado Villegas no tuvo abogado defensor hasta seis años y medio tras su detención, teniendo el récord de arresto preventivo sin protección legal. Nunca fue juzgado, ya que se le diagnosticó una enfermedad mental y la Audiencia Nacional ordenó en 1978 su internamiento en un centro especializado. Estuvo mucho tiempo en Carabanchel (Madrid) y en Fontcalent (Alicante). Los últimos años de su vida los pasó ingresado en el psiquiátrico de Santa Coloma de Gramanet (Barcelona), de donde podía salir a pasear libremente. Falleció en 1998, víctima de una afección pulmonar llamada  EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica).

El primero de sus asesinatos comprobados lo cometió en Cataluña el 21 de enero de 1964, en la playa de Llorach (Garraf). Se acercó a un hombre que dormía apoyado en un muro –el cocinero de 49 años Adolfo Folch Muntaner– y le destrozó el cráneo con una piedra. Luego le robó el dinero, la cartera y el reloj.

Su segundo crimen comprobado se descubrió el 20 de junio de 1967, cuando se encontró el cadáver de una estudiante francesa de 21 años, Margaret Helene Boudrie, en Can Planas, una masía de Ibiza. Su cuerpo estaba totalmente desnudo y tenía un fuerte golpe en un ojo, así como contusiones y arañazos en el cuello. En la espalda había recibido una puñalada. El Arropiero dijo a los policías que se había ganado su confianza, que le robó una cadena con una medalla que llevaba al cuello y que abusó de ella una vez muerta.

El tercer asesinato admitido y probado fue el de Venancio Hernández Carrasco, vecino de Chinchón, al que hallaron muerto en las aguas del Tajuña el 20 de julio de 1968. Había salido al trabajo en un viñedo de su propiedad, a orillas del río, cuando se encontró con Delgado Villegas, que le pidió algo de comer. Venancio le respondió que si quería comer, trabajara, que era joven. Esto ofendió a Delgado Villegas, que atacó a su víctima con el “golpe legionario” y la arrojó al río. Hasta la confesión de Villegas todo el mundo creyó que había muerto ahogado por accidente.

El cuarto asesinato fue descubierto en Barcelona, a primeras horas del 5 de abril de 1969, por las limpiadoras de un almacén de muebles de la Avenida del Generalísimo. Éstas hallaron al propietario, Ramón Estrada Saldrich, inconsciente pero aún con vida. Murió en el Hospital Clínico. El Arropiero le había conocido en un bar y se habían hecho amigos. Con cierta frecuencia iban al almacén. La noche del crimen Delgado Villegas le pidió mil pesetas y Estrada se negó a dárselas. Aquél golpeó a éste en el cuello, como solía hacer con sus víctimas, y le remató estrangulándolo. Luego le robó las sortijas, el reloj y la cartera.

La quinta víctima comprobada fue una anciana de 68 años: Anastasia Borrella Moreno, una mujer menuda y vivaracha que trabajaba en la cocina del bar Iruru de Mataró. El 23 de noviembre de 1969 salió camino de su casa… y nunca llegó a ella. Cuatro días más tarde unos niños que jugaban en el túnel de la Riera Sirena, a unos 300 metros del domicilio de Anastasia, encontraron el cadáver. Estaba cubierto con un plástico, boca arriba, con las ropas subidas. La habían matado a golpes con un ladrillo.

Villegas explicó que aquel día tenía ganas de una mujer. Al encontrarse con la anciana le preguntó si quería tener acceso carnal con él. Anastasia reaccionó indignada y le amenazó con avisar a la policía. Por eso la mató y la tiró al torrente seco. Como se veía desde arriba, bajó para esconderla en el túnel. Se sintió excitado y abusó de su víctima. Este acto de necrofilia lo repitió todas las noches siguientes, hasta que el cuerpo fue encontrado.

El sexto crimen reconocido tuvo lugar el 3 de diciembre de 1970, y la víctima era un amigo de el Arropiero. Se llamaba Francisco Marín Ramírez, tenía 24 años, era de Córdoba y vivía en la misma calle que Antonia Rodríguez, la novia oligofrénica del criminal. Según Delgado Villegas, iba con Francisco en una moto cuando, en medio de la carretera, el muchacho le hizo algunas caricias, cosa que le sacó de quicio. Paró la moto y le asestó su célebre golpe en el cuello. El muchacho se quedó sin respiración y le pidió que lo llevara a recuperarse junto al río. Allí, según Villegas, volvió a insinuársele, y por eso lo tiró al agua.

A partir de aquí, el Arropiero se culpó de tal cantidad de crímenes que desbancó a muchos considerados en el mundo como los primeros en cuanto a número de víctimas. En San Feliú de Guixols dijo haber estrangulado a una extranjera; en Alicante dio muerte a una mujer a navajazos; en Barcelona, a un homosexual, al que estranguló con un cable; en Valencia, a una mujer, a la que metió en una cuba.

Manuel Delgado Villegas no tuvo abogado defensor hasta seis años y medio después de ser detenido. Entre sus récords está el de la detención preventiva más larga sin protección legal. Fue el primer criminal al que se llevó en avión por España para comprobar la veracidad de sus estremecedores relatos. En las pruebas médicas se le detectó el cromosoma XYY, conocido universalmente como el cromosoma Lombroso en honor al positivista que afirmaba que el asesino es incorregible, que su impulso de matar está en el código genético. El criminal nace, no se hace, defendía Cesare Lombroso a finales del siglo XIX. Los asesinos y violadores en serie no son XX ni XY en el cromosoma que define la sexualidad humana. Son XYY.

Por su “doble Y”, distintivo de virilidad, a quienes lo poseen se les ha llamado también “superhombres”, lo que no deja de ser un sarcasmo, dado que es frecuente observarles alteraciones sexuales de inmadurez y homosexualidad. Los individuos con un cromosoma Y duplicado suelen presentar una serie de patrones comunes. Según el instituto de Investigación en Enfermedades Raras del Instituto de Salud Carlos III, los afectados suelen ser altos y delgados, la mayoría presenta un acné severo en la adolescencia y el espermiograma revela generalmente falta o ausencia de espermatozoides. Todo ello coincide con El Arropiero, el mayor criminal de la historia de España.

El Arropiero, en sus últimos años, fue un hombre muy singular, con enormes barbas y pelo largo, como si fuera el Robinson de los psiquiátricos. El avance de su enfermedad hizo imposible, en los últimos tiempos, mantener una conversación coherente con él.

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Fotografía:(www.gentedelpuerto.com)

El guionista critico de cine y director Carles Balagué recoge una crónica de la vida de Manuel Delgado Villegas, El Arropiero,  el mayor asesino en serie de la historia de España, en el documental ‘Arropiero. El vagabundo de la muerte’ que se estrenó el 23 de febrero de 2009. “Empecé a interesarme por este caso cuando estaba terminando la carrera de Derecho y en seguida me di cuenta de que no era el típico delincuente de la cuerda de presos sino alguien que mataba de forma aleatoria, indiscriminada y sorprendente”, sentenció Balagué quien añadió que “entre las víctimas se encontraban tanto burgueses de doble vida, como hippies, homosexuales inconfesos, prostitutas o mujeres mayores”.

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Fotografía: http://www.gentdelpuerto.com

Entre los testimonios que Balagué recoge se encuentra el del experto criminalista Salvador Ortega que durante tres años junto a otro experto en criminología, Manuel Alcalá, viajaron con el asesino en serie por toda la península, “con una maleta de sumarios por resolver, buscando pistas de los crímenes que cometió”. “Con mucha dificultad nos ganamos su amistad, y gracias a estos viajes en los que nos movíamos por la calle y dormíamos juntos pudimos imputarle siete asesinatos”, declaraba en su dia Ortega.

Fotografía:www.kane3.es

El criminalista añadió que fue “El primer y único viaje de este tipo que se ha llevado a cabo por ninguna brigada criminal”. Además Ortega resaltaba que con el escaso sueldo que ganaban no les daba para sufragar los gastos y tanto él como el juez, tuvieron que pedir sendos créditos para continuar con la investigación.

Fotografía:www.kane3.es

Sin duda alguna todo un personaje que pasará a los anales de la historia como el mayor asesino en serie de la historia española, un hombre con el que sólo pudo acabar un cigarrillo.

Fuentes consultadas: http://www.findesemana.libertaddigital.com

http://www.gentedelpuerto.com

Fotografías: http://www.kane3.es

http://www.gentedelpuerto.com

Encarnación Jiménez Moreno, de 38 años de edad y etnia gitana sería conocida como la “mataviejas” por el robo a 20 ancianas que estaban solas en su domicilio y por acabar con la vida de dos de sus víctimas, tras apalearlas, amordazarlas y asfixiarlas.

Encarnación Jiménez Moreno

La vida de Encarnación Jiménez transcurre como la de cualquier ama de casa normal. Esta mujer vive con tres de sus cinco hijos en el barrio de Hortaleza. Su marido trabaja como albañil y ella se dedica a cuidar del domicilio familiar. Hasta ahí, una familia madrileña más, pero la realidad es diametralmente opuesta. Detrás de esta vida pública de Encarnación Jiménez se encuentra una de las supuestas ladronas y asesinas más peligrosas y prolíficas que se recuerdan en los últimos años en España. Su forma de trabajar incluye una violencia desmesurada con sus víctimas: destacan palizas por todo el cuerpo, rotura de varios huesos y amenazas de muerte.

Según la policía, Jiménez espació mucho sus robos. Al principio cometió un asalto cada cuatro o cinco días, pero después, al sentirse segura, los incrementó hasta realizar dos diarios. Los primeros robos y agresiones resultaban inconexos, lo que dificultó, según los investigadores, su detención. Pero conforme aumentaba su autoconfianza se descubrió que utilizaba la línea 5 del metro (Canillejas-Casa de Campo) para desplazarse, lo que puso en jaque a la policía madrileña.

Siempre trabajaba de la misma manera. Acudía a los edificios más antiguos de barrios donde viven personas mayores. Con la excusa de vender joyas o ropas entraba en los edificios. Subía al último piso y bajaba por las plantas hasta que encontraba a su víctima. Entonces las engatusaba para que abrieran la puerta. A veces simulaba ataques de tos o pedía fuego para fumar. Cuando la anciana abría, le preguntaba si estaba sola y pedía incluso que saliera un familiar para que la asesorara en la eventual compra. Si su víctima decía que estaba sola, comenzaba a actuar.

Primero las asestaba un fuerte empujón contra la pared. Las llevaba hasta la última habitación del piso para que no las oyera nadie. En el trayecto, según la versión oficial, les propinaba todo tipo de golpes e insultos. Después dejaba tiradas a sus víctimas en el suelo y las amordazaba con sus propias ropas o con otras que cogía de los armarios de la casa. Antes las sometía a un arduo interrogatorio para saber dónde guardaban las joyas y objetos de valor, incluido el dinero en efectivo. En alguna ocasión fracturaba algún miembro de las ancianas, como ocurrió en un asalto en la plaza de Bami (Ciudad Lineal), cuando una octogenaria sufrió fractura abierta de tibia y peroné después de que Jiménez le partiera, supuestamente, la pierna con el canapé de la cama al negarse la víctima a confesar dónde estaban los objetos de valor.

El primer crimen lo cometió el 18 de abril, cuando la condenada se abalanzó sobre su víctima  María Iribarren Gallues, de 97 años, en el centro de Madrid, a quién amordazó tapándole la boca con el vestido de una muñeca. Tras ello, le ató las manos a la espalda y los pies con prendas de vestir, provocando así su muerte por asfixia.

El segundo crimen lo realizó el 8 de julio de 2003, cuando llamó a la puerta de un domicilio asegurando que vendía joyas. Así, entró en el piso y ató a la anciana de pies y manos con una blusa, unos calcetines y un cinturón. También le anudó un pantalón de pijama alrededor del cuello, lo que ocasionó su muerte por asfixia.

Encarnación amordazaba a las ancianas con ropa que encontraba en la misma casa que asaltaba: con camisones, medias, pañuelos, calcetines, corbatas o cinturones. Dos de las mujeres atracadas lograran desatarse y salir a la calle a pedir auxilio cuando la encausada se dedicaba a desvalijar la casa.

Sin embargo, como ladrona dejaba bastante que desear, ya que cometió bastantes errores que permitieron la imputación de 20 robos: fumaba siempre varios cigarrillos de la marca Fortuna. Perpetraba los asaltos a cara descubierta y no utilizaba guantes, por lo que ha dejado sus huellas, además de pelos, en casi todos los domicilios.

“Con todas las reservas y prudencia, todo hace pensar que se trata de un trastorno antisocial o disocial de la personalidad, lo que antiguamente se conocía como psicópata”, explicaba el jefe del servicio de psiquiatría del hospital de la Princesa (Madrid), el doctor Eduardo García-Camba. El especialista destacaba “la frialdad, la reincidencia, la mentira y la agresividad” que utilizaba Jiménez en sus robos. “Dos detalles resultan muy importantes, como son la ausencia del sentimiento de culpabilidad y su comportamiento impulsivo.

La Audiencia Provincial de Madrid condenó a 137 años de prisión a Encarnación Jiménez Moreno por acabar con la vida de dos ancianas y robar a otras quince en sus viviendas de la capital, en su mayoría en el barrio de Salamanca, entre abril y julio de 2003.

En la sentencia, el tribunal considera a Encarnación, que sufre una alteración de personalidad grave, autora de un delito de homicidio, quince de robo con violencia en concurso ideal con allanamiento de morada, con la agravante de reincidencia y abuso de superioridad, diez de detención ilegal y ocho de lesiones, entre otros.

Según sentencia se la condenó también a pagar 72.000 euros a los herederos de sus víctimas mortales, María Iribarren, de 96 años, y Luisa Trueba, de 64 años, por los daños morales, así como un total de 104.335 euros para las ancianas asaltadas.

Fuentes consultadas: http://www.elpaís.com

http://www.20minutos.es

El 22 de julio de 1957 nació en Cristovo de Dormeá, provincia de La Coruña, Remedios Sánchez. Hermana de 11 varones, la situación económica de la familia la empujó a emigrar hacia Barcelona, donde llegó con 16 años y la esperanza de prosperar.

Remedios Sánchez, madre de dos hijos gemelos, se separó de su marido por problemas derivados de su afición al juego. Su última pareja sentimental, un taxista, también la dejó por el mismo motivo. La Reme, como solían llamarla, de 50 años y natural de San Cristovo de Dormeá, se negó a declarar ante los Mossos d’Esquadra y el titular del Juzgado de Instrucción número 16 de Barcelona, pero los indicios recabados por los investigadores permitieron acusarla y el juez decretó su prisión provisional en julio de 2006.

Remedios Sánchez, la presunta asesina de varias ancianas, tras ser detenida por Mossos d'Esquadra

Detención de Remedios Sánchez(www.elpais.com)

Las investigaciones practicadas permitieron determinar que Remedios Sánchez, que trabajaba como cocinera en un bar de la calle Balmes situado en las proximidades de una comisaría de Policía, seguía siempre el mismo patrón: ganaba la confianza de sus víctimas, todas mujeres de edad avanzada, en las plazas, iglesias y mercados.

Logrado este objetivo, y una vez conseguía entrar en sus casas, aprovechaba para robarles dinero y joyas, varias de las cuales fueron encontradas en su domicilio. Esta gallega golpeaba y estrangulaba a sus víctimas con lo que encontraba (trapos o toallas) y en ocasiones abandonó sus casas creyendo que estaban muertas, por lo que algunas sobrevivieron a sus ataques.

Remedios Sánchez solo rompió su mutismo a través del escrito de su defensa, en el que aseguraba que la autora material de los crímenes era una mujer llamada Mari (el mismo nombre con el que se presentó a algunas de sus víctimas), a quien realquiló una habitación de su ático, situado en el barrio barcelonés de Sant Andreu, alquiler que, según su versión, le pagaba con joyas.

El 10 de junio de 2006, y según el escrito de la Fiscalía, Remedios Sánchez asesinó a Josefa C.V., de 83 años, en su domicilio de la Vía Julia, a quien había conocido en casa de ésta pocos días antes. Ya en la vivienda, Remedios S.S. cogió un cuchillo e intentó apuñalar a la anciana que, por las heridas que presentaba en los brazos, intentó defenderse.

Remdios, más joven y “con una fortaleza física importante”, redujo con facilidad a su víctima, le puso un tapete alrededor del cuello y la estranguló mientras le tapaba las vías respiratorias empujándola la cabeza contra el sillón con tanta fuerza que le rompió la nariz. Después de matarla, le robó joyas y dinero como hizo en el resto de casos.

Ocho días después,  Remedios S.S. entró detrás de Rosa R.C., de 80 años, en el edificio en el que vivía y le contó que era la novia de un vecino y le pidió referencias sobre su supuesta pareja. Cuando se ganó su confianza, le pidió una tirita y al entrar en su vivienda, empezó a darle puñetazos y patadas y la estranguló hasta que perdió el sentido.

El 21 de junio, subió en el ascensor con Rosario M.M., de 87 años, y cuando ésta abrió la puerta de su casa, la cogió por el pelo, la empujó dentro del domicilio y empezó a pegarla. Durante la agresión, la acusada fue al baño a curarse una quemadura que tenía en el brazo, un instante que la víctima aprovechó para intentar escapar, aunque la procesada la alcanzó, la golpeó de nuevo y la estranguló hasta que perdió el conocimiento.

Tres días más tarde, Remedios S.S. entró en el inmueble de Pilar S., de 83 años, y, haciéndose pasar por una vecina, le explicó que se había producido un escape de gas y que su piso era el único que no habían revisado, por lo que la anciana la dejó entrar. Una vez dentro, le pidió ir al servicio del que salió con una toalla con la que estranguló a la anciana hasta que ésta se desvaneció.

Al día siguiente, se puso a hablar con Alicia L·L., de 70 años, y le pidió un poco de agua. La anciana abrió la puerta y Remedios S.S. se escondió hasta que la mujer regresara para abalanzarse sobre ella e intentar estrangularla, pero se vio sorprendida por el marido de la víctima y huyó.

El segundo asesinato tuvo lugar el 28 de junio, atacó a Adelaida G.C., de 96 años, en su casa de la calle Villarroel. Supuestamente la golpeó de forma reiterada para anular sus escasas fuerzas y después la estranguló con una toalla. Tras cometer el crimen, Remedios Sánchez se apoderó de unos pendientes y de unos 1.200 euros en efectivo y se marchó a un local de juegos recreativos.

El tercer asesinato que se le imputó tuvo lugar el 1 de julio, cuando, tras ganarse la confianza de María S.R., de 76 años, la estranguló valiéndose de un trapo y una toalla en su casa de la calle Muntaner. De allí se llevó joyas, 500 euros, monedas antiguas y libretas bancarias de las que no consiguió sacar dinero .

El 3 de julio, Montserrat F., de 85 años, dejó entrar en su casa a la procesada, quien le dijo que llevaba un paquete para una vecina y que la intentó estrangular con un paño de cocina. Tras robar joyas y dinero, Remedios S.S. se fue a jugar a un bingo cercano.

Una tarde, en la plaza 11 de Septiembre, la procesada se acercó a Isabel M.H., de 79 años, y empezaron a hablar de su trabajo como cocinera en un bar de la calle Balmes –cercano a una comisaría de Policía– y de la herida que se había hecho. Aprovechando la distracción, Remedios S.S. le robó un monedero con cinco euros, una estampa religiosa y un carné de la Asociación Virgen de Fátima.

Remedios Sánchez, la asesina de ancianas de Barcelona, guardaba en diversas dependencias de su domicilio particular más de 250 joyas de todo tipo y enseres de valor que supuestamente había sustraído a sus víctimas.

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Fotografía:www.elmundo.es

El informe elaborado por los Mossos d’Esquadra describía al detalle el resultado de la entrada y registro realizado en el domicilio de Remedios Sánchez. En todas las habitaciones, la policía autonómica encontró algún objeto de valor, bien fuera esparcido encima de una mesa, como ocurrió en el comedor de la vivienda, o en la encimera, donde en el momento del registro se encontró un anillo y tres juegos de pendientes.

En la cocina se encontraron un total de seis cajas con joyas. En ellas se guardaban media docena de relojes, en un caso, pendientes e imperdibles de oro en otro, o bien anillos, pulseras, cadenas, brillantes o agujas doradas de corbata. En la misma cocina la policía también encontró tres libretas bancarias y dos tarjetas de crédito de Maria S., una de las mujeres asesinadas por Remedios Sánchez.

También en el baño había una decena de joyas variadas, aunque la inmensa mayoría del botín se halló en un mueble que estaba en la habitación de matrimonio. En uno de los cajones aparecieron 22 monedas antiguas, en otro una bolsa de plástico con 12 joyas, otra caja de cartón guardaba seis joyas más y en un monedero de piel se halló un llavero con el número 50. Probablemente fuera un recuerdo de un aniversario de bodas de Jordi y Sònia, cuyos nombres aparecían en el reverso con una fecha del año 1997.

En ese mismo mueble se descubrieron también dos monederos, uno de ellos con 41 joyas, así como una caja metálica de galletas con 17 joyas. Y 21 monedas, billetes antiguos, agujas de oro y collares. En el atestado de los Mossos figuraba la identidad de dos personas que afirmaban haber comprado joyas a Remedios Sánchez, aunque ésta se identificaba con otro nombre.

Finalmente la Audiencia de Barcelona condenó a 144 años, cinco meses y 29 días de prisión a la mujer que asesinó y robó a tres ancianas e intentó matar a otras cuatro en Barcelona entre junio y julio de 2006. También deberá indemnizar a los familiares de las fallecidas y las víctimas que sobrevivieron con 442.130 euros.

Fuentes consultada:http://www.elcorreogallego.es

http://www.farodevigo.es

Fritz Haarman, conocido como “El Vampiro de Hannover”, nació en Alemania en 1879. Famoso psicópata alemán, ejecutado a causa del asesinato probado de 27 adolescentes alemanes, si bien se le atribuyen más de 100 víctimas. Fue el sexto hijo de una familia pobre y humilde que ya desde pequeño mostró un gran odio a su padre, el cual le pegaba cuando la madre de Haarman le vestía como una niña. Haarman fue un niño muy problemático y sus problemas se fueron acentuando a medida que iba creciendo. A los 17 años fue acusado y condenado por abuso de menores y fue ingresado en una institución mental. No fue hasta 1919 a la edad de 40 años cuando cometería su primer crimen, la del joven Friedel Rothe cuyo cadáver tiraría al río y se quedaría con su cabeza en casa envuelta en papel de periódico.

Cuando salió de la institución mental volvió a casa y se prometió con una joven a la que dejaría embarazada. Nada más nacer su hijo canceló la boda y se alistó en una unidad de choque del ejército, en la que sirvió durante un tiempo con muy buena conducta. Acabado su servicio en el ejército volvió a la calle  en donde de nuevo cometería diferentes robos y hechos de violencia. En 1918 en una Alemania sacudida por la Guerra, puso una taberna en la que durante el día vendía carne e información secreta a cambio de un dinero extra.  No fue hasta 1919 a la edad de 40 años cuando cometería su primer crimen, la del joven Friedel Rothe cuyo cadáver tiraría al río y se quedaría con su cabeza en casa envuelta en papel de periódico.

Fritz Haarman conocería a Hans Grans en 1919 y junto a él elegían sus víctimas entre los homosexuales que se reunían en los cafés gays de Hannover como “El Café Kröpe” frecuentado por muchachos de altos recursos económicos y el “Café Schwülen Guste” de un nivel social muy bajo. Fritz Y Hans abordaban a los jóvenes también en la Estación Central de Hannover y después de una animada conversación en donde les prometían trabajo y comida, les invitaban a su casa. Allí Haarman y Hans les llevaba de uno en uno a una buhardilla que tenía en el barrio de “Neustrasse”, a espaldas del río “Leine”. Sería allí donde primero les violaba y después les seccionaba la carótida y la tráquea de un mordisco.

El mismo Haarman vendía a los clientes de su bar la carne de los cadáveres que él ya no podía consumir. Además de Fritz y Hans, había un tecer cómplice también carnicero llamado Charles que utlizaba sus habilidades para descuartizar los cuerpos que más tarde eran vendidos por Haarman en su mugriento bar, asegurando que eran de caballo y cerdo. Pero el tamaño de los huesos y su color hicieron sospechar a más de un vecino acerca de su procedencia.

El 17 de mayo de 1924 unos niños que jugaban cerca de la orilla del río encontraron los restos de una calavera. Las autoridades alemanas ordenaron el dragado de éste y pudieron encontrar numerosos restos óseos. Poco a poco todas las investigaciones apuntaban hacia Fritz Haarman y la venta de carne en su bar. El 22 de junio de 1924 Fritz fue detenido y confesó haber matado y practicado canibalismo con alrededor de 40 niños.

El 15 de abril de 1925 Haarman sería decapitado y hasta su última hora insistió en que un ser desconocido tomaba posesión de su cuerpo, incitándole a matar. Como última voluntad pidió que en su lápida se escribiera la leyenda de “aquí yace el asesino en masa Haarman”. Por su parte Hans Grans, fue condenado a cadena perpetua pero se le acabó conmutando por 12 años de cárcel. Del tercer implicado Charles, nada se supo ya que su participación fueron conjeturas de la policia alemana.

Sin embargo, al año siguiente los diarios recogieron la noticia de nuevas desapariciones de muchachos. Las sospechas apuntaban hacia la carnicería de Haarman y Grans, aunque éste cumplía en prisión una condena de doce años, y Fritz estaba ya muerto.

Fuente consultada:Psicokillers, asesinos sin alma de Juan Antonio Cebrián (2003) (Colección Pasajes del terror; editorial Nowtilus frontera)



Larga es la lista de asesinos en serie a lo largo de la historia, pero ya de por sí esos hechos son condenables y carecen de justificación alguna, el asesinato de unos hijos a manos de su propia madre lo es aún más.

Francisca Ballesteros, valenciana residente en Melilla, fue condenada en septiembre de 2005 a 84 años de cárcel por el asesinato de su marido Antonio González y dos de sus hijas Sandra y Florinda de 15 años y 6 meses respectivamente. Afortunadamente su tercer hijo Antonio de 12 años, logró salvar la vida milagrosamente.

Condenada a 84 años de prisión la "envenenadora de Melilla"  (Imagen: EFE)

Foto:www.20minutos.es

Francisca Ballesteros o Paqui como la llamaban, se refugiaba en internet para olvidar según ella los maltratos físicos y psicológicos a los que la sometía su marido alcohólico. Antonio funcionario de profesión tenía entonces 42 años y llevaba casado con Paqui 17 años.A través de la red llegó a mantener relaciones con tres hombres distintos, pero sería con Cesáreo A. P. con quien quedaría en Tenerife para estrechar relaciones. Apodada la fogosa, se ganó a pulso el mote durante su estancia en Tenerife junto a Cesáreo, sería allí durante este viaje cuando éste le propondría matrimonio, Paqui acepto de inmediato no sin antes decirle que antes debía de volver a Melilla para vender una propiedad.

Resuelta a conseguir de nuevo la soltería, aterrizó en Melilla para llevar a cabo su diabólico plan. Aprovechando el alcoholismo de su marido, proporcionó a éste “Colme” medicamento indicado para dejar el alcohol compuesto de cianamida cálcica, hasta que acabó con su vida. En un principio su muerte se achacó a un infarto de miocardio, no sería hasta más tarde con la muerte de Sandra y los análisis que la realizaron, que supieron que Antonio también había sido envenenado. Al mismo tiempo, comenzó a suministrar el mismo medicamento a Sandra y Antonio, según ella para que no sufrieran por la pérdida de su padre.

Los investigadores habían encontrado restos del medicamento en el cadáver de Sandra porque éste no se elimina hasta después de las 12 horas de la última ingesta. También encontraron “Colme” en una de las botellas de agua que Sandra tenía en su mesilla de noche. El 4 de junio de 2004 fallecía Sandra de 15 años de edad con síntomas de intoxicación. Su hermano Antonio de 12, ingresaba con los mismos síntomas pero logró salvarse.

Durante el jucio se demostró que Francisca Ballesteros no padecía trastornos psicóticos y que estaba en pleno uso de sus facultades mentales. Cuando se la interrogó acerca de los maltratos de su marido, Francisca se contradijo en las declaraciones por lo que se puso en duda dichas acusaciones.

El envenenamiento es una sofisticada forma de matar más utilizada por las mujeres. Se calcula que sólo un cinco por ciento de los asesinatos se cometen con veneno, pero seguramente es el responsable de muchos más crímenes que pasan por muerte natural.

Por otro lado, la administración de pequeñas cantidades de veneno suele hacer que la víctima enferme poco a poco y que finalmente su médico certifique que ha fallecido por alguna enfermedad como insuficiencia hepática, ataque al corazón, etc.

Francisca Ballesteros el día de su boda con Antonio.

Tenía tres obstáculos para dejar Melilla: su marido y sus dos hijos. Pero ya se había puesto manos a la obra para que su macabra fantasía de librarse de su familia se hiciera realidad. No era la primera vez que usaba el Colme como veneno. Lo había hecho ya una vez, muchos años antes, después de dar a luz a su hija Flori. La pequeña nació enferma. Tenía ataques epilépticos. Paqui dio gotitas de Colme al bebé hasta matarlo, con tan solo cuatro meses, el 4 de agosto de 1990. “Yo tenía 20 años y no sabía cómo cuidarla”, intentó explicar después la envenenadora a la policía. “Tenía miedo de no poder hacerme cargo de ella”.

El trato que dispensó a sus hijos antes de morir fue inhumano. A la hija mayor la encontraron los médicos de la ambulancia en un sofá, entre restos de heces y de orín, con manchas de menstruación resecas y secreciones y hongos en la boca. No podía hablar. Sufrió una larga agonía antes de morir. El hijo sobrevivió de milagro. Tras la denuncia de Juan, lo ingresaron en el hospital y no dejaron a su madre que se acercara a él. Logró salir adelante, pero tardó 259 días en recuperarse del todo. Llevaba meses ingiriendo veneno.

El chico tiene ya 18 años. Después de que condenaran a su madre a 84 años de cárcel por asesinar a su padre y a su hermana, y por intentar hacer lo mismo con él, se fue a vivir con uno de sus tíos paternos. Ahora vive solo, en la misma casa en la que su madre los envenenó a todos, una vivienda de clase media en un edificio marrón y beis de tres plantas. Es el presidente de la comunidad de propietarios. Los vecinos dicen que el chaval parece estar bien para lo que ha pasado. Está pensando en entrar en el Ejército.

“Paqui era una mujer rara que iba muy desarreglada, pero a los hijos los llevaba siempre muy limpios y bien vestidos”, recuerda alguien cercano a la familia. “Los llevaba a todas partes y les compraba de todo. Siempre estaba pendiente de ellos. Cuando todo salió a la luz, no entendimos nada”. Cuando la policía llamó por teléfono al amante de Paqui para contarle lo ocurrido y recabar información, el hombre reaccionó con una especie de horror y alivio. “Madre mía, yo podría haber sido el próximo”, dijo a los investigadores. Les explicó que, a veces, cuando hablaba con Paqui oía de fondo a unos niños. Ella le decía que eran sus sobrinos.

El padre de Paqui había muerto años atrás en extrañas circunstancias. Se cayó en una bañera. La policía de Melilla sospechó que quizá también lo había envenenado, pero este presentimiento nunca se confirmó. Lo único que ella reconoció fue que conocía el Colme porque su madre y ella se lo habían dado a escondidas a su padre alcohólico para que dejara la bebida. Él fue el primero de la familia de Paqui Ballesteros en tomar, sin saberlo, el líquido mortal.

 

Fuentes:www.20minutos.es

Hace ahora 50 años, Pilar Prades fue la última mujer ejecutada por el método más siniestro de la historia de España, el Garrote Vil. Condenada por envenenar a las señoras para las que trabajaba, el verdugo tuvo que ser llevado a rastras para cumplir el macabro ritual.

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En la década de los años cuarenta, recién terminada la Guerra Civil, más de medio millón de  muchachas fueron enviadas por sus familias del campo a la ciudad, con la idea de que ahorraran algo de dinero para poderse casar.

Una de aquellas muchachas se llamaba Pilar Prades, y cuando a los 12 años abandonó su pueblo de Begis (Castellón) para trasladarse a Valencia poco podía imaginar que su nombre iba a figurar en los anales de la historia de España por la desgraciada condición de ser la última mujer ejecutada en el garrote vil.

Pilar llegó a Valencia siendo analfabeta y dejando atrás una niñez sin muñecas y una desgraciada infancia en la que acarrear cubos de agua y sacos de estiércol eran sus entretenimientos más habituales.

Poco agraciada, introvertida y de gesto adusto, duraba poco en las casas en las que entraba a servir. Su mirada era lo que peor efecto causaba en sus patronos, una mirada seca, dura, que traspasaba. Llegó a cambiar de señora hasta en tres ocasiones el mismo año.

Pilar fue creciendo sin recibir el más mínimo afecto o calor humano. Pasaba los días trabajando sin descanso y comprando con lo ahorrado su precioso ajuar para la boda. Las tardes de los jueves y domingos las pasaba sentada en El Farol, una sala de baile que solía frecuentar en donde miraba cómo bailaban las demás chicas mientras que a ella no la sacaba nadie.

En 1954, cumplidos ya los 26 años, entró a servir en la casa de un matrimonio, Enrique y Adela, que tenían una tocinería en la calle de Sagunto. Pilar envidiaba el porte y las maneras de su hermosa señora y era realmente feliz cuando ayudaba despachando en la tienda si había mucha clientela.

Doña Adela cayó enferma y a partir de aquel día Pilar tuvo que ocuparse de ayudar a Enrique en el mostrador sin abandonar por ello las tareas de la casa. Es decir, hacía todo el trabajo de la señora sin ser la señora. Y también se ocupaba de cuidarla, le preparaba caldos y tisanas que le hacía beber mientras la llenaba de mimos y la divertía contándole un resumen de lo que había pasado en la tienda.

Vómitos, pérdida de peso, debilidad muscular… El estado de doña Adela era cada día más preocupante, y el médico de cabecera no lograba adivinar la causa de las dolencias.

Pero la tocinería no cerró aquel día. Pilar convenció a Enrique, su patrón, de que el negocio es el negocio y había que cuidar a la clientela y de que ella misma se encargaría de despachar. Cuando el viudo regresó del entierro, al entrar en la tienda, se encontró con una Pilar sonriente vistiendo los delantales de su difunta esposa. Enrique decidió echarla ese mismo día sin ninguna explicación.

No tardó mucho en encontrar otra casa. Se la consiguió una amiga que había hecho en El Farol, Aurelia, que trabajaba como cocinera en el domicilio de un médico militar. Pilar entró en la misma casa para servir como doncella.

Un día surgió un problema entre las dos a causa de un joven que le gustaba a Pilar y que sin embargo se fue con Aurelia. Semanas después Aurelia cayó enferma y Pilar la cuidó a base de caldos y tisanas.

En un principio pareció que la enfermedad era del estómago a causa de los vómitos y diarreas, pero luego aparecieron nuevos síntomas, como hinchazón de las extremidades, y el médico militar consultó a otros colegas y entre todos diagnosticaron “polineuritis progresiva de origen desconocido” y decidieron internar a Aurelia en un hospital.

Un par de semanas más tarde fue la dueña de la casa, la esposa del médico militar, la que se puso enferma. Al principio parecía una gripe vulgar, pero se fueron manifestando síntomas muy parecidos a los que había presentado la cocinera, que seguía en el hospital con las extremidades prácticamente paralizadas.

El médico se alarmó, consultó de nuevo con otros especialistas y tomaron la decisión de realizar la prueba del propatiol, un inyectable que permite descubrir la presencia de un tóxico sin necesidad de realizar un análisis. El resultado fue definitivo, la causa de las dolencias de la mujer tenía nombre: arsénico.

Decidió entonces el médico indagar en la personalidad de la criada y se dirigió a la última casa en la que había servido, la del tocinero. Éste le informó de lo sucedido con su esposa y de cómo había despedido a Pilar tras el entierro porque no le gustó ver cómo la criada se consideraba sucesora de la difunta señora.

El médico militar presentó denuncia y se exhumó el cadáver de la tocinera que dio positivo en arsénico. Los policias registraron entonces la habitación de Pilar, y allí escondida entre el ajuar encontraron una botellita de Diluvión, un veneno matahormigas compuesto de arsénico y melaza.

Treinta y seis horas de interrogatorios, alimentada solamente con aspirinas, no bastaron para que Pilar se reconociera autora de los envenenamientos.

Pilar Prades fue condenada a muerte por el asesinato de doña Adela y a dos penas de 20 años por los otros dos homicidios frustrados. El Tribunal Supremo confirmó la sentencia, se agotaron todos los recursos y las peticiones de clemencia resultaron inútiles. Sólo cabía esperar el indulto por parte del Jefe del Estado y había esperanzas de conseguirlo porque hacía diez años que no se ejecutaba a una mujer en España. La fecha señalada fue el 19 de mayo de 1959.

Antonio López Guerra, sería el verdugo encargado de la ejecución, el mismo que dos meses más tarde ejecutaría a Jarabo en Madrid. Pero a Antonio nadie le había dicho que tenía que ejecutar a una mujer y se negó de lleno a hacerlo. Con una botella de coñac lograron convencer y darle valor al verdugo, mientras se oía la voz de Pilar gritando como loca: “¡Soy muy joven

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/portada/Garrote/vil/envenenadora/elpepusoceps/20090705elpepspor_4/Tes