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La casa de estilo victoriano llamada Garden Reach situada en la calle Pittville Circus Road fue construida en Cheltenham, en el condado inglés de Gloucester, durante la década de 1860. Fue una gran residencia de cuatro pisos de doble fachada de estilo victoriano de la época, repartidas en cuatro plantas.

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‘Garden Reach’ fue comprado a su constructor por Henry Swinhoe, un abogado de Calcuta. Se había casado con Elisabeth Francis Higgins el 6 de febrero 1851 en la India y con el tiempo formó una familia de cinco hijos. Sin embargo, Elisabeth murió a los 35 años de edad, el 11 de agosto de 1866 y cuatro años más tarde Henry Swinhoe se casó de nuevo. Su segunda esposa fue Imogen Hutchins de Clifton, Bristol, pero su relación se vio empañada por peleas frecuentes, al parecer sobre la crianza de los hijos de Swinhoe, así como la posesión de la joyería del ex señora Swinhoe para el que Henry tenía un escondite secreto debajo de uno de los dibujos del suelo de la sala. El alcohol al que eran asiduos ambos cónyuges no hizo sino empeorar la situación. Henry e Imogen Swinhoe se separaron a principios de 1876 – Imogen volvió a Bristol mientras que Henry vivió en ‘Garden Reach’ durante unos meses antes de morir el 14 de julio del mismo año. Imogen de hecho, sólo sobrevivió a su marido por poco más de dos años. Ella murió en Clifton el 23 de septiembre 1878. Tras la muerte de Henry Swinhoe la casa permaneció vacía hasta 1879 cuando pasó a llamarse ‘Pitville Hall’ y fue comprada por Benjamin Littlewood de la cercana Shurdington, un pueblo en las afueras del suroeste de Cheltenham. Su propiedad fue de corta duración ya que murió el 5 de agosto 1879 sólo un mes después de mudarse y su viuda pronto se trasladó a una casa más pequeña en el mismo camino. La casa permaneció desocupada durante dos años y medio hasta marzo de 1882 hasta que en abril de 1882 llegó una nueva familia a Garden Reach, los Despard. El capitán Frederick William Despard, recién retirado, su inválida esposa, Harriet Ann, y sus seis hijos, cuatro chicas y dos chicos, con edades comprendidas entre los 19 y los 9 años.Una calurosa noche del mes de junio, cuando apenas llevaban tres meses instalados en su nueva casa, Rosina Clara, la hija mayor de 19 años, escuchó unos pasos cerca de de la entrada de su dormitorio cuando se desvestía para acostarse. Creyendo que era su madre, abrió la puerta, pero no había nadie en el pasillo. Miró a lo largo del mismo y vio, en el rellano de la escalera, la silueta de una mujer enlutada. Rosina la describía como una mujer alta, vestida de negro, con la cara cubierta con el pañuelo que llevaba en su mano derecha y con la mano izquierda metida dentro de la manga del vestido.

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Parecía que enjugaba sus lágrimas con un pañuelo. A los pocos segundos, la visión bajó las escaleras, desapareciendo en el piso inferior. A partir de esa noche, el supuesto fantasma entró a formar parte de la vida de la familia Despard y Rosina decidió ser la cronista de todas y cada una de las manifestaciones paranormales que se sucedieron en la casa, en forma de cartas a una amiga, la señorita Catalina Campbell, que posteriormente serían estudiadas por la Sociedad de investigación psíquica. Gracias a ella, el caso ha pasado a la historia como uno de los mejor y más documentados de la historia de la parapsicología. Fue entonces cuando se empezó a considerar que podía ser el espíritu de Imogen, movido quizás por el ansia de encontrar las joyas que Henry no le quiso dejar en vida.

Imogen Swinhoe

Imogen Swinhoe

Rosina intentó captarla con cámaras fotográficas de la época y colocó “Trampas” como un hilo en la zona de la escalera por la que solía pasar, para comprobar si tenía cuerpo físico o era sólo un espectro. Hasta el año 1884, el fantasma enlutado se apareció de forma muy esporádica ante Rosina. Curiosamente, la joven, no contó a casi nadie lo que sucedía, tal vez pensó que no le creerían si no contaba con más testigos de las apariciones. Sólo habló del fantasma a unos pocos amigos de su entera confianza. Pero hubo más testigos: Una de las hermanas de Rosina vio a la mujer descendiendo por las escaleras principales de la casa, pero pensó que sería alguna visita de sus padres. También una doncella divisó a la mujer pero ella, menos confiada que la joven Despard, alarmó a toda la casa convencida de que había visto a una intrusa la cual entró a hurtadillas para robar. Se registró la casa, pero no encontraron a nadie.El otro testigo fue el hermano pequeño de Rosina que desde el jardín, mientras jugaba con un amiguito, vio claramente a una mujer vestida de negro, llorando desconsoladamente en una sala de la casa junto a una ventana. Cuando entró para ver quién era y qué le sucedía, la mujer ya no estaba.

A partir del verano de 1884 el fantasma entró en una fase de hiperactividad; sus paseos nocturnos se multiplicaron y Rosina, en una ocasión, conmovida por la tristeza que veía en ella, trató de hablar con el fantasma, pero la figura desapareció instantáneamente. Fue entonces cuando decidió contar a su padre lo que estaba sucediendo.Las apariciones se hicieron más frecuentes y empezaron a ir acompañadas de toda la fenomenología que rodea a este tipo de eventos paranormales: bajadas bruscas de temperatura, ruidos de origen inexplicable. Cada vez eran más los testigos de aquellas apariciones, puesto que el espectro se iba desinhibiendo más y más; como si hubiera ganado confianza y ya no le molestara la presencia de los vivos. Sin duda Rosina y su padre fueron los que más entraron en contacto con la manifestación de aquella mujer. Incluso, según anotó Rosina, en varias ocasiones solo ellos o muy pocas personas podían ver al fantasma.

El padre de Rosina, lejos de sentirse impresionado por las investigaciones de su hija, solo tenía un único deseo: expulsar a la figura errante, así que solicitó que se hiciera un exorcismo a la casa para librarse definitivamente de su fantasmal inquilina. La ceremonia, realizada en el año 1889, fue un éxito, al menos aparentemente, puesto que el fantasma no volvió a ser visto ni sentido en la residencia. Finalmente en 1892 la familia Despard abandonó la casa.El hecho había alcanzado una notoriedad enorme, no solo los curiosos rondaban la casa con la esperanza de ver al fantasma, la Sociedad para la Investigación Física, estudió el caso. Pero la desaparición radical del fenómeno, hizo que el tema cayera en el olvido y nadie volvió a acordarse del fantasma durante años.

Pero en 1898 se convirtió en internado infantil y las apariciones de la mujer enlutada comenzaron de nuevo. Bastantes años después, concretamente en 1958, un hombre que vivía en la misma calle en la que habitaron los Despard, aunque en otra casa, se despertó una noche sobresaltado, y notó que junto a la ventana se distinguía claramente la figura enlutada de una mujer vestida con ropas de la época victoriana, la cual apretaba un pañuelo contra su rostro como si estuviera sollozando. Su hermano y su hijo también llegaron a verla en varias ocasiones. El fantasma prodigó sus apariciones por la casa durante el tiempo que el hombre ocupó la misma, hasta el año 1961.

Otro incidente tuvo lugar en enero de 1970, cuando una residente de Cheltenham la señora Jackson estaba teniendo una clase de conducir a la hora del almuerzo y cuando pasaban justamente por delante de Santa Ana, su profesor se quedo comprensiblemente sorprendido cuando, el coche se paró de repente. No fue capaz de ver la figura de una mujer alta que llevaba un vestido negro largo que llegaba hasta el suelo, y que la señora Jackson dijo había bajado de la acera cerca de veinte metros por delante de ellos, en la trayectoria del vehículo en sentido contrario, desapareciendo repentinamente.

Otro incidente reportado ocurrió quince años más tarde, en julio de 1985, cuando dos testigos, un graduado de la Universidad de Oxford en música de unos sesenta años y un amigo, caminaban a lo largo de Pitville Circo alrededor de las diez de la noche, cuando vieron a una mujer alta vestida de negro con un miriñaque que se movía a lo largo del sendero cerca de Santa Ana hacia su cruce con la carretera principal, para de nuevo desaparecer de repente.

Hoy en día, aunque la casa sigue en pie, ha habido muchos cambios, una finca de pequeños bungalows conocidos como “St Anne’s Close” se ha construido en el antiguo jardín y varios de los edificios de la zona han sido demolidos y reemplazados por bloques de pisos.

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Entre los objetos malditos o embrujados más famosos del mundo, destaca un decimonónico vestido blanco que se exhibe actualmente en el museo histórico del condado de Blair en Estados Unidos: el famoso traje de novia de Anna Baker.

NOVIA

Según relatan las crónicas más antiguas, la historia de esta prenda se remite a 1849, en la ciudad de Altoona, Pennsylvania, Estados Unidos. Anna Baker, una hermosa y rica joven de la alta sociedad local, se había enamorado en secreto de un joven trabajador que laboraba en los hornos de fundición de hierro de la ciudad, con el cual había hecho incluso planes de boda. La joven, de hecho, pretendía casarse en secreto y había mandado a hacer un primoroso vestido de novia.

Sin embargo, el romance no tenía ningún futuro. El novio de Anna Baker no sólo era pobre sino que el padre de la muchacha era Elias Baker, un millonario magnate de la industria del hierro, quien, al enterarse del idilio y valiéndose de sus poderosas influencias, logró que despidieran al joven de su trabajo y lo desterraran de la ciudad. Anna quedó devastada con la noticia y condenada a vivir una vida de soltería, pues después que alejaron por la fuerza a su novio prometió que nunca volvería a casarse, promesa que cumplió con creces pues se transformó en una amarga solterona hasta el día de su muerte.
Después de la muerte de Anna, su vestido de novia fue a parar a manos de Elizabeth Dysart, otra mujer rica, que llevó el vestido en su lugar cuando contrajo matrimonio. Posteriormente, el vestido pasó por manos de varios aristócratas antes de volver a la mansión de los Baker y terminar finalmente convertido en una pieza de museo.
La razón por la cual el vestido fue conservado por tantas personas radicó en que se aseguraba que, durante algunas noches, el vestido supuestamente comenzaba a moverse por sí solo, como si alguien invisible se probara el atuendo para saber si le quedaba bien. En la actualidad, el vestido de Anna Baker permanece en una caja de vidrio en el museo histórico del condado de Blair, en Pennsylvania, y no son pocos los visitantes que aseguran que el vestido se sigue moviendo por su cuenta, especialmente en las noches de luna llena. Los más escépticos aseguran que la histórica prenda se mueve por el viento o corrientes imperceptibles de aire (como si estas corrientes pudieran penetrar dentro de una caja de cristal), pero los que conocen los detalles de esta historia afirman que es la misma Anna Baker, la misma que renunció a la felicidad marital por culpa de su padre, la que se sigue probando el vestido desde el Más Allá.

Fuente consultada:
http://oscuridadoculta.blogspot.com.es/

Tras cruzar el pueblo de Ayerbe y asentado sobre una prominente roca se encuentra el enigmático Castillo de Loarre.

Se cuenta que por aquel entonces el conde D. Julián era gobernador de Ceuta y guardián del Estrecho en tiempos del último rey de los godos, D. Rodrigo. Tenía el conde una hija, Florinda, llamada “La Cava”, cuya portentosa belleza era conocida en toda la región. Su padre decidió llevarla a la Corte del rey para ser educada en los modales palatinos, tal como merecía una dama de su alcurnia. No tardó el monarca en enamorarse de la joven a la que trató de cautivar con insistencia. Ante los continuos rechazos de ésta, llegó el día en que el monarca tomó por la fuerza lo que por su voluntad no pudo obtener. Enterado D. Julián de dicho agravio se vengó del monarca dejando entrar a los bereberes por el norte de África. El conde y su hija fueron apresados en la fortaleza lobarresa, por tamaña traición al reino, el sentimiento de culpa llevó a Florinda arrojarse al vacío desde un torreón. En las noches de tormenta se pueden escuchar sus alaridos de dolor confundidos con el tronar de los relámpagos.

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El conde murió también en el castillo y se dice que desde entonces su alma llora en eterna penitencia su amargura, el fantasma del conde don Julián pasea sin rumbo recordando a Florinda, y al desenlace de su venganza.

Siete siglos después de aquella cruenta invasión comenzó a fraguarse una nueva leyenda sobre el castillo y su entonces dueño y señor el infante D. Antón de Luna.

Por aquel entonces gobernaba un convento de Trasobares la abadesa doña Violante de Luna, sobrina del Papa y prima de Antón, con quien llegaría a tener un hijo. Enterado el pontífice aragonés de tan escandalosa conducta, lanzó orden de excomunión contra su sobrina y ordenó quemar su convento.

Como eran muchos los viajes que su primo y amante debía realizar a Francia para traer nuevas hordas de soldados, ella quedaba al frente en la defensa del bastión.

Doña Violante fue vencida y hecha prisionera en las mismas mazmorras del castillo. Nunca se encontró su tumba, pero desde entonces doña Violante de Luna pasó a la leyenda como “la dama de Loarre”, que en la noche de San Juan asoma su silueta por el balcón de la reina esperando noticias de su amado. Y cualquier otra noche, vestida de blanco, con el rostro inexpresivo, el cabello al viento, y a veces espada en mano en recuerdo de su bravura al defender la fortaleza, puede aparecer como un alma errante.

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El tercer fantasma femenino que se aparece por este encantado castillo es el de una dama mora del que apenas si se sabe su historia.

Curiosamente, en la cripta de Santa Quiteria del castillo de Loarre se han registrado algunos fenómenos extraños considerados paranormales. Algún visitante del castillo ha comentado en que la cripta se escuchan voces roncas y extraños coros cuyo origen no se debe a ningún ser terrenal.

Fuentes consultadas:

http://www.diariodelaltoaragon.es/

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En 1885 la sociedad británica se sintió conmocionada por unos episodios realmente insólitos que comenzaron a sucederse, hablamos de las misteriosas huellas del “Demonio de Devonshire”.

El invierno de ese año fue especialmente duro, hasta el punto de que incluso la región norteña de Cornualles quedó completamente cubierta de nieve durante toda la estación. Y es precisamente en la nieve donde comenzó la extraña historia.

En la mañana del 8 de febrero apareció impresa en la nieve y a lo largo de todo Devonshire, una serie de extrañas huellas que no correspondían con ningún animal conocido.

Las impresiones con forma de U tenían unos 10 cm de longitud por 7 cm de ancho, y resultaron ser mucho más extrañas de lo que muchos pudieron pensar en un primer momento.

Además de presentar una nitidez sorprendente, posiblemente por la presión con la que quedaron grabadas, lo más extraño es que se encontraran distribuidas de una forma alineada, es decir, una detrás de la otra, como si el animal, criatura o lo que quiera que fuera aquello, fuera saltando continuamente sobre una sola pata, manteniendo siempre el mismo ritmo. Un ritmo constante tanto si subía o bajaba, como si caminaba por terrenos abruptos o llanos: las huellas siempre se encontraban a unos 20 cm una de la otra.

Uno de los primeros en ver las huellas fue el panadero local Henry Pilke. Al verlas inmediatamente pensó en que habían sido dejadas por algún pequeño asno o pony, pero al contemplarlas con más detenimiento, comprendió que tal teoría no era posible.

Más atrevido fue el director de la escuela local Albert Brailford, quien reunió a un pequeño grupo de personas para seguir la senda que dejaban las huellas. Después de caminar varias decenas de metros, los atónitos testigos no daban crédito a sus ojos.

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La aureola de misterio de las marcas iba en aumento al comprobar que “el animal” era capaz de saltar muros de más de cuatro metros de altura, o incluso caminar por los tejados sin ningún tipo de problemas. En algunos puntos, al encontrar muros de hasta seis metros, las huellas se detenían para aparecer en el otro lado del obstáculo, como si lo hubiera logrado atravesar, o sencillamente hubiera volado por encima del mismo para aparecer tranquilamente al otro lado.

Las insólitas marcas se encontraron en Exmouth, Lympstone, Woodbury, Powderham, así como en varios pueblos más. En total, unos 150 kilómetros. Incluso hubo lugares donde pese a las condiciones del terreno, las huellas no parecieron detenerse. En zonas como el río Exe, las huellas llegaban hasta una orilla para luego aparecer en la opuesta, y todo ello pese a los casi tres kilómetros de anchura en algunos puntos del río.

La tensión fue creciendo a medida que avanzaba el día, y al atardecer la búsqueda se convirtió en una auténtica cacería de brujas. Los aldeanos, dada la forma de las huellas, buscaban a la mismísima encarnación del diablo para acabar con sus andares por el pueblo. Pero como era de suponer, no encontraron nada.

Pronto comenzaron a surgir las primeras teorías, y más cuando los principales rotativos como el London Times o el Illustrated London News comenzaron a airear los sucesos ocho días después, el 16 de febrero.
Uno de los primeros en arriesgarse fue el célebre paleontólogo Richard Owen, famoso por haber acuñado la palabra “dinosaurio”, quien proclamó que las huellas pertenecían a un grupo de tejones. Pero, ¿qué grupo de tejones es capaz de saltar muros de seis metros y recorrer 150 km en una sola noche?
La hipótesis más aceptada por los lugareños fue la del pequeño asno, aunque no lograban comprender qué hacía un asno en los tejados de varias casas donde aparecieron las huellas, o por qué esa forma tan precisa, extraña y dificultosa manera de caminar, ¡sobre una sola pata!
A estas teorías se les fueron uniendo otras como las del globo aerostático arrastrando una cadena, un canguro escapado de algún zoológico, una gran avutarda, ranas, sapos e incluso los andares de una liebre coja. Todas ellas se acababan desmoronando por sí solas con el tiempo, y tal y como sucede con muchos de los hechos forteanos, al día de hoy las misteriosas huellas aparecidas en Devonshire siguen sin una explicación que aclare el misterio.

La discusión que suscitó la aparición de las huellas de Inglaterra hizo que muchos investigadores sacaran a la luz otros casos de misteriosas apariciones de huellas a lo largo de todo el globo terráqueo. Curiosamente, y en contra de la pauta común en criptozoología, se poseía la prueba antes que al propio críptido.

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Durante las fechas en que se sucedieran los hechos en Devonshire, un corresponsal del Illustrated London News, rotativo que se ocupó de cubrir la historia de Devonshire, recordó que pocas décadas antes, en concreto en 1840, encontraron huellas similares en una cordillera de Galicia, incluso algunos escribieron al diario alegando que el célebre explorador James Ross las encontró en la isla de Kerguelen, Francia, donde no existe ningún animal que tenga cascos en sus patas.

En ese mismo año, el 14 de marzo, The Times señaló que cerca Glenorchy, Escocia, también aparecieron este tipo de huellas cubriendo varios kilómetros de distancia.

Poco a poco surgieron decenas de historias de huellas, entre ellas las más destacadas en Nueva Zelanda (1886), en las playas de Nueva Jersey, EU (1908), en Bélgica (1945), en las laderas del volcán Etna, Sicilia (1970), y aún más curioso, pero con bastante menos notoriedad, nuevamente en Devonshire en 1950. En ninguno de los casos señalados fue posible establecer el origen de las desconcertantes marcas.

Fuente consultada:

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Desde la época de los indígenas, el rancho Skinwalker tiene fama de ser uno de los lugares más misteriosos de los Estados Unidos, rivalizando con otros, como el triángulo de Bridgewater. En la actualidad, es un recinto inexpugnable protegido por guardias armados, alambradas y cámaras de seguridad. Su propietario es Robert Bigelow, un excéntrico multimillonario obsesionado con los ovnis y que ha fundado su propia agencia espacial.

El Rancho Skinwalker, también conocido como el Rancho Sherman, se encuentra situado al noreste de Utah y rodeado por montañas y peligrosos acantilados. Periodistas intrépidos que se han atrevido a traspasar esta propiedad privada han asegurado ser testigos de avistamientos de ovnis y extraños encuentros. Muchas personas creen que el lugar ha formado parte de algún proyecto científico de alto secreto, mientras que otros atribuyen todos estos fenómenos a una antigua maldición india.

En el año 1.951, un profesor de ciencia de una escuela cerca del Rancho Skinwalker llamado Junior Hicks inició una investigación en el lugar. Su interés comenzó cuando él y sus estudiantes observaron un misterioso objeto volador no identificado sobre el rancho. Según la investigación Hicks, pudo documentar más de 400 fenómenos paranormales diferentes.

Pero también descubrió una antigua leyenda india asociada al lugar. La tribu india “Ute” no se acercaban por esas tierras por el hecho de que creían que estaba maldita y habitada por un gran número de criaturas míticas, conocidas como “Skinwalkers”. En estas leyendas indias, los Skinwalkers son entidades de otros mundos llamados “tricksters” y “skinwalkers”, que tienen la reputación de ser seres malévolos.  La leyenda de los skinwalkers está presente entre varias tribus indias de América del sur, como los navajo, los hopi y los Utes. Para ellos, es “una bruja malévola capaz de transformarse en lobo en coyote en un oso en un pájaro o de cualquier otro animal”. El skinwalker sería, no sólo lo que llamamos ahora en la literatura un “Cambiante”, pero sería también capaz de controlar la mente y otros engaños. Como resultado de esta creencia junto la actividad paranormal bien documentada en toda la zona, el Rancho Skinwalker fue considerado uno de los lugares más paranormales en todo los Estados Unidos.

En el año de 1994, la familia Gorman compró lo que se conoce hoy como el Rancho Skinwalker, con la intención de transformarla en uno de los ranchos más importantes del estado. El matrimonio tenía cierta curiosidad sobre el porqué los anteriores propietarios abandonaron el idílico lugar. A medida que exploraban la propiedad antes de comprarla descubrieron numerosas cerraduras en las puertas y ventanas completamente selladas.

Poco después de la compra del Rancho Skinwalker, la familia Gorman comenzó a experimentar actividad paranormal. Los fenómenos inexplicables eran numerosos, como voces misteriosas en el interior y exterior de la casa, gran cantidad de avistamientos ovnis, aterradoras criaturas, y objetos que eran arrojados violentamente impulsados por una fuerza invisible. Y, por si fuera poco, también sufrieron la misteriosa mutilación de ganado. En sólo dos años, catorce reses fueron mutiladas por una fuente desconocida. En algunos casos, los signos de actividad paranormal parecían estar relacionadas con espíritus invisibles. En otros casos, parecían estar relacionadas con avistamientos de ovnis sobre la propiedad.

Un día, paso un horrible incidente. Un enorme lobo, en realidad mucho más grande que un lobo, se acercó silenciosamente al rancho de los Gorman a través del campo. Cuando el lobo se acercó lo suficiente, inmediatamente atacó a un novillo (toro), al ver esto, Tom Gorman sacó su escopeta y disparó contra aquel “lobo”, pero tras varios intentos no consiguió alcanzar a la criatura, ya que era muy rápida. Gorman consiguió darle unos cuantos tiros, bastante como para matar a un alce u a otro animal normal y corriente, pero parecía que los disparos no tuvieron efectos notables en la criatura. Tom Gorman siguió las huellas del animal, en el fango cerca de un río, pero de repente se detuvo abruptamente. Parecía un acontecimiento completamente irreal, pero ellos están seguros que tenían malherido a un verdadero animal, y que incluso había perdido un poco de carne por el terreno.

La Sra. Gorman se encontraba recorriendo el rancho con su Chevrolet Chevette cuando se encontró cara a cara con un lobo más alto que el techo de su coche. Pero esta no fue la primera ni la última vez que la familia tendría encuentros con grandes lobos en la propiedad. En ocasiones el pasto del rancho brillaba de tal manera que se podía ver los rayos de luz “danzando” alrededor de la tierra.

Generalmente la familia dijo haber sentido el olor a azufre fluyendo a través de toda la casa. Tampoco era nada inusual para la familia Gorman despertarse y descubrir agujeros grandes y círculos de las cosechas en todo el Rancho Skinwalker. A veces, escuchaban un fuerte ruido, como si fueran maquinas, debajo de la tierra.

La familia y otros agricultores que vivían cerca de la propiedad avistaban misterios orbes azules volando por los terrenos. Los Gorman aseguraron que estos orbes parecen tener una inteligencia propia y eran bastante aterradores. Durante el tiempo que la familia vivió en el rancho aseguraron haber sido testigo de avistamientos de ovnis. Los avistamientos incluían misteriosos objetos en forma de esferas o simplemente, luces brillantes de color naranja.

En un incidente, los perros de la familia persiguieron uno de los orbes que a menudo aparecían por el rancho. Después de entrar en una zona con unos matorrales densos, se pudo escuchar los gritos de los perros. Al día siguiente, descubrieron que cada uno de los animales había sido incinerado. Finalmente, la familia Gorman decidió huir del Rancho Skinwalker dos años después de haberlo comprado.

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En 1996, la organización conocida como National Institute for Discovery Science (NIDS) cuyo dueño es Robert Bigelow, compró el Rancho Skinwalker por $ 200.000 (unos 183.600 €) con el propósito de investigar el lugar. Y al igual que la familia Gorman, los investigadores fueron testigos de la actividad paranormal inmediatamente después de la compra. La primera noche que comenzaron las investigaciones, observaron orbes amarillos aproximadamente a la casa.

Cuando el equipo de científicos se acercó, descubrieron una especie de humanoide subido en un árbol. Intentaron matar a la criatura ya que creían que podía ser el responsable de las mutilaciones. Sin embargo, la criatura consiguió huir dejando grandes marcas de garras. Mientras investigaban, se produjeron varias mutilaciones de ganado. Los investigadores descubrieron que los animales habían sido asesinados mediante un objeto extremadamente grande que eliminó casi el 40% de toda la carne, sin dejar ni rastro de sangre. Además, los investigadores presenciaron avistamientos ovnis, actividad poltergeist o la muerte masiva de animales.

A finales de 2005, se publicó un libro con un extraño título: Hunt For The Skinwalker (Caza para el Skinwalker). El subtítulo es más explícito: Science Confronts the Unexplained at a Remote Ranch in Utah(Inexplicadas Confrontaciones Científicas en un Rancho Remoto en Utah). Fue escrito por un biólogo, el Doctor en Filosofía Colm Kelleher y un periodista, George Knapp, conocido por sus investigaciones en ufología. Kelleher tiene un título de doctorado de bioquímica de la Universidad de Dublín.
Colm Kelleher y George Knapp revelan por fin, en detalle, los numerosos fenómenos extraños que ocurrió en un rancho de Utah, que incluyen luces extrañas, actividad poltergeist en la casa de la granja, apariciones fantasmales y mutilaciones de ganado. Estos eventos fueron estudiados muy discretamente, casi en secreto, durante varios años por el equipo científico del NIDS, bajo la dirección del Doctor Kelleher.
El Rancho Skinwalker parece tener muchos secretos que han perdurado con el paso del tiempo. Hasta la fecha, el origen de todos estos fenómenos sigue siendo uno de los grandes misterios sin resolver de la historia.

Fuentes consultadas:

http://www.mundoesotericoparanormal.com

http://gaizkareyzone.blogspot.com.es/

Es el número 3 de la calle de Antonio Grilo, en pleno centro de Madrid: entre 1945 y 1964 se cometieron allí crímenes de todo tipo.
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Tiene 136 años, tres plantas más piso bajo y ocho asesinatos a sus espaldas. Es el número 3 de la calle de Antonio Grilo, en Malasaña. Se la conoce como la casa maldita, y no es para menos. El sastre del 3ªD el 1 de mayo de 1962 segó las vidas de su mujer y cinco hijos, cuyos cadáveres exhibió por el balcón al gentío, y luego se quitó la suya propia de un tiro. No sería el único suceso sangriento en ese edificio. En 1945, mataban a un camisero del piso principal, y en 1964 una veinteañera acababa con su bebé.Sara vive desde hace seis meses en la misma planta de este último crimen, la primera. Cuando se mudó a Antonio Grilo, 3, no tenía ni idea de lo que allí había acontecido. «Hasta que un día, buscando por internet un supermercado cercano, encontré la historia. Y la verdad es que me da un poco de ‘yuyu’», reconoce. La callecita, que nace en la de San Bernardo, costado con costado de la librería Fuentetaja, y acaba en el Mercado de los Mostenses, apenas tiene unos 40 metros y es angosta. Un par de establecimientos chinos, dos cafeterías y algún pequeño negocio más. En medio, la casa maldita.
«La verdad es que ahora es una zona tranquila -asegura Sara-, camino por ella sin preocupación». No ocurría eso durante buena parte del siglo XX. La riquísima hemeroteca de ABC deja constancia de hechos sangrientos en la mayoría de las décadas: accidentes de motocicleta, ajustes de cuentas, suicidios, atropellos de tranvía e incluso un hombre degollado en 1915 justo al lado de la entrada a la casa maldita, lo que son las cosas.
Hay otros sucesos mucho menos cotidianos, como cuando en 1911 «un individuo que vestía capa y gorra» se acercó a dos hermanos, Ildefonso y Nicolás Cortijano, de 10 y 6 años, respectivamente, y atacó al mayor tapándole la cara con un pañuelo empapado en cloroformo. Así fue cómo se hizo con el gabán, las botas y el delantal que llevaba el más pequeño.
También en Antonio Grilo, una mujer en silla de ruedas, lanzó un frasco con vitriolo a la amante de su esposo, al encontrarlos en la cama «en animado coloquio». Sólo le abrasó la ropa. Corría el mes de julio de 1909.
Tras abrir la puerta de madera, el esquelético pasillo nos muestra las entradas a dos viviendas. Tras la primera, a la derecha, es donde el camisero Felipe de la Braña Marcos fue hallado muerto de un golpe en la cabeza, sobre su cama, el 8 de mayo de 1945. Su mano derecha aún agarraba un mechón de pelo del homicida, y eso que llevaba cadáver unos cinco días.
El edificio no tiene ascensor. La escalera, de madera, nos lleva a la primera planta. En uno de sus extremos, tras la puerta de entrada, el piso en el que, en abril de 1964, una veinteañera soltera, Pilar Agustín Jimeno, estranguló a su recién nacido, «para ocultar su deshonra». Envolvió el cuerpecito en una toalla y lo metió en el cajón de una cómoda. Hasta que su hermana lo encontró tres días después. Pilar fue acusada de «infanticidio», detalla la crónica de la época.
Dos pisos más arriba está el 3ºD. La mirilla es de las antiguas, grande y redonda, de metal labrado. Es aquí en donde el primero de mayo de hace 53 años el sastre José María Ruiz Martínez, de 48 años y natural de Pedro Martínez (Granada), acabó con su numerosa familia y se pegó un tiro. Fue él mismo quien llamó al 091 avisando de lo que acababa de hacer. «Por su forma de expresarse, el funcionario de servicio dedujo que se trataba de un perturbado», narraba ABC. El policía, al que el parricida se negaba a ofrecer sus señas, alargó la conversación lo suficiente como para localizar la llamada, utilizando la guía de teléfonos. Cuando los agentes llegaron al lugar, entablaron conversación, separados por la puerta del piso, con el «demente»: «Contestó que solamente se la abriría a un padre carmelita, ya que todos los de su familia descansaban felices».
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Y así lo hicieron. La Policía marchó hasta el templo nacional de Santa Teresa, recogió al religioso y lo llevó a Antonio Grilo. El padre Celestino habló con el asesino desde un balcón del edificio de enfrente. Los curiosos se contaban por decenas. El sastre vestía un pijama lleno de sangre y no dudó en exhibir los cadáveres mutilados de tres de sus cinco hijos muertos. Luego, mostró la pistola y exclamó: «¡Esto es para mí. Dios no me lo tendrá en cuenta!». Más tarde, desde dentro de la casa, se oyó un tiro. El último.
Dentro, el espectáculo era horrendo. Los policías se encontraron con la esposa muerta en el suelo del dormitorio. A los pies de la cama y metida en su «moisés», una niña de 2 años degollada. En el cuarto de baño, donde se había encerrado para refugiarse, otra hija, de 14 años, yacía con un tiro en la garganta. En otra habitación, sobre la cama, la niña de 12 años muerta, y en otro cuarto, que da a la calle, dos niños, uno de 10 con el cuello cortado, y otro de 5, muerto de un tiro.

Fuente consultada: http://www.abc.es/

 

El Caso de la Mano cortada

Margarita Ruiz de Lihory nació a finales del siglo XIX en Valencia. Su padre, José María Ruiz de Lihory , gobernador civil de Mallorca, alcalde de Valencia y diputado en las Cortes, estuvo vinculado a una logia masónica y era aficionado a temas esotéricos, pasión que heredó su hija. Esta mujer adelantada a su tiempo se casó joven con Ricardo Shelly, con el que tuvo cuatro hijos: Luis, Margot, José María y Juan, antes de separarse en los años 30. Margarita no cesó de viajar, llegó a vivir en París, fue corresponsal de guerra en Marruecos (donde actuó como espía), estudió dos años de Medicina, se licenció en Derecho y fue una de las primeras mujeres en obtener el carnet de conducir, fijando su residencia en la calle Princesa de Madrid, aunque no cesó de visitar su palacio albaceteño, casa conocida como La Bastida y que ocupaba parte de una manzana entre la calle Mayor y la del Tinte.

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Los hechos. Los macabros hechos acontecidos en su domicilio madrileño están relacionados a las personas que habitaron durante un tiempo la casa albaceteña, que fueron presentados por la propia marquesa como médicos daneses y que, según Fabián, «eran con toda probabilidad nazis refugiados en nuestro país».

Margot, la hija de Margarita, una funcionaria destinada en el Instituto Nacional de Previsión de Albacete, padecía una grave enfermedad (todo apunta a leucemia) y, tras el agravamiento de su estado moría en la residencia familiar de la madrileña calle Princesa, el 2 de enero de 1954. Antes de ser enterrada la marquesa ordenó cerrar con llave la habitación donde se velaba el cadáver y prohibió el paso a la estancia. Una vez celebradas las exequias fúnebres en la iglesia de San Isidro, el creciente recelo de los tres hermanos varones de Margot y del novio de ésta les llevaba a comunicar sus sospechas al juez de guardia, consiguiendo un mandamiento para exhumar el cuerpo. Fue entonces cuando salta la noticia, al comprobarse que a éste le faltaba la mano derecha, la lengua y los ojos.

Margot

Margot

La marquesa tenía la extraña afición de diseccionar animales de todo tipo, y su hijo Luis encontró parte del material quirúrgico que utilizaba para ese fin junto al lecho de muerte de su hermana, en concreto, unas tijeras y unas pinzas, además de un cuchillo largo y afilado y una tabla para cortar carne. La mano amputada y metida en una pequeña lechera de plástico flotando en alcohol, completaba el macabro hallazgo.

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Margarita Ruiz de Lihory, Marquesa de Villasante, siempre fue una mujer muy peculiar. Se consideraba una gran amante de los animales, en su casa tenía 17 perros, 3 gatos, 12 canarios y 2 tórtolas, pero su según palabras de su hijo ante el juzgado ” los diseccionaba una vez muertos, cortándoles la lengua, extirpándoles el corazón y arrancándoles el pellejo, que después conservaba. En alguna ocasión, decapitaba también a sus animales, conservando las cabezas“.

La gente hablaba de unos “médicos nórdicos”, que estuvieron viviendo en aquella casa con el consentimiento de la marquesa. Decían que tenían que ver con un caso extraño de avistamientos de ovnis que se hizo famoso en aquella década, el posible contacto con seres venidos del planeta Ummo.

El autor de Toda la verdad sobre el caso de la mano cortada se muestra convencido de que no fue la marquesa la autora de esas amputaciones y apunta a la intervención directa de esos misteriosos médicos, que, en su opinión, podían haber investigado con Margot nuevas técnicas clínicas durante su estancia en Albacete (la hija de la marquesa vivía frente al palacio) y supuestamente necesitarían tejidos del cuerpo para continuar los experimentos.

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Localizados los restos en la casa de la marquesa de Villasante, ésta llegó a ser recluida junto a su segundo esposo, José María Bassols, en un hospital psiquiátrico, «pero las influencias que tenía surtieron efecto y poco después quedaba en libertad bajo fianza; hay que tener en cuenta que ella siempre se vanaglorió de tutear a Franco, al que había conocido personalmente durante la campaña del norte de África», desvela Fabián.

El caso de la mano cortada tuvo una extraordinaria repercusión en todos los medios de comunicación y la foto de la mano en una lechera de plástico, flotando en alcohol, causó profunda impresión en la opinión pública.

En contra de la versión que circuló en su día, el presidente de la Sociedad Castellano-Manchega de Parapsicología insiste en el misterioso papel que habrían jugado esa pareja de científicos en el caso de la mano cortada. «De hecho, estos siniestros personajes, a los que se veía con frecuencia en el desaparecido bar El Nido de nuestra capital, desaparecieron del país nada más ocurrir los hechos».

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«Posteriormente, estos mismos individuos fueron considerados extraterrestres, circunstancia que dio mayor repercusión al caso a nivel internacional, incluso la CIA llegó a enviar a Albacete un agente para que arrojase luz sobre los hechos», puntualiza Fabián García mientras muestra la copia del libro de registro del hotel madrileño donde se alojó el tal Wilding Rumsey en 1971.

La idea de que éstos fueran alienígenas (procedentes de un hipotético planeta llamado Ummo) es rocambolesca y cobró cuerpo a raíz de la publicación de unas cartas (la primera fechada el 6 de agosto de 1971) cuya autoría correspondía al profesor Jesús Jordán Peña, vinculado a un grupo esotérico que se reunía en La Ballena Alegre de Madrid.

En cualquier caso este nuevo giro en los hechos fue la cortina de humo perfecta para evitar ahondar en la auténtica naturaleza de estos personajes, presuntamente vinculados al III Reich, y que habrían estado viviendo de incógnito en nuestra ciudad.

Margarita Ruíz se llevó el secreto con ella a la tumba. Murió en la miseria en su casa de Albacete, el 15 de mayo de 1968, está enterrada en el cementerio de Nuestra Señora de los Llanos, de esa misma ciudad. El mismo cementerio donde enterraron a su hija Margot.

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Por lo visto, según el rumor que recorre la población, es que los terrenos sobre los que se asentaba el antiguo palacete, fueron adquiridos por cuatro perras ante la falta de compradores, ya que nadie quería vivir allí : ‘en ese sitio donde se decía que habían matado a mucha gente y hacían cosas muy raras’.
Además, el hecho de que numerosas familias abandonaran las viviendas al poco de comprarlas porque contraían enfermedades desconocidas, aumentó la leyenda. Este edificio ocupado por las oficinas de la Consejería de Industria de Castilla-la Mancha se investigó a raíz de estos rumores.

Los funcionarios aseguran que en ocasiones se han producido llamadas internas en el edificio cuando en éste sólo se encontraba el vigilante nocturno. En el momento en que se inició la investigación, el pasado 10 de marzo, en compañía de T. N. C., administrativa de la delegación, se produjo un suceso fuera de lo normal. La persona que la acompañaba, una mujer de 40 años de edad a la que llamaremos M. C., entró en un estado aparente de trance, afirmando que en el salón de juntas que se sitúa en el sótano del edificio estaba observando una presencia: ‘Esther, está ahí. Hablará de su hijo, su hijo es Antonio’. La inesperada situación se precipitó cuando ésta comenzó a llorar desesperadamente, agarrando con fuerza un crucifijo entre sus manos mientras continuaba diciendo: ‘Es Esther… Le duele… Tiene 50 años, es morena con canas, lleva una falda azul con flores blancas y una taza en la mano.

Ésta es su casa y no se va a ir. Tiene un pie roto, el pie derecho, se ha caído debajo de la higuera… Está muy triste por su hijo Antonio ( … ). Dice que se tiene que ir. Esta noche hablará con vosotros’. Posteriormente M. C. afirmaría que Esther vivía en el año 1843.

El lugar donde se había desarrollado la trama correspondía a los antiguos sótanos de la casa de la marquesa, que posiblemente no vieron alterada su estructura por la construcción del nuevo edificio y donde tenía esta mujer su especie de ” Laboratorio del Dr Frankenstein”. Durante la larga madrugada fueron registradas psicofonías de una nitidez fuera de lo habitual. Destacamos entre todas ellas las obtenidas a partir de las 2.15 de la madrugada: ‘Hay mucha energía, José’, ‘Soy yo’, y quizás la más impresionante, correspondiente a una voz infantil o de una mujer joven que murmura: ‘Mamá, frío, miedo…’. la calidad de estas grabaciones contrasta con las obtenidas por otros investigadores por su fácil audición.

Fuentes consultadas:

http://www.latribunadealbacete.es/

http://sevillaciudaddeembrujo.blogspot.com.es/

El sonido inconfundible de la campana del despertador tiene siempre la mala costumbre de sacarme de los más bellos sueños que una pueda imaginar. ¡Dios, cómo odiaba el maldito aparato!

Sin apenas tiempo para ni tan siquiera desperezarme dentro de las cálidas sábanas, salté de un salto al gélido suelo de linóleo y entré en el cuarto de baño pensando en el abultado día de trabajo que me esperaba por delante. Por la mañana debía de acompañar a mi madre a la unidad de oncología para que la realizaran unas pruebas y después debía de asistir a la rueda de prensa que los padres de la última niña asesinada por el asesino del as de corazones, carta que solía dejar junto al cadáver de la víctimas, habían convocado y a la que mi jefe de redacción me había pedido encarecidamente que cubriera.

Una rápido vistazo al reloj de pulsera me puso en alerta de lo tarde que era, así que me di un rápido cepillado de dientes, un rápido cepillado de la larga melena tan rubia como el trigo y un maquillado express al que estaba más que acostumbrada por tener un trabajo de periodista a tiempo completo con idas y venidas en tiempo récord. Sin apenas tiempo para ni tan siquiera un café, decidí tomarlo en el hospital  mientras mamá estuviera haciéndose las pruebas.

Lo más puntual que yo podía ser, es decir, veinte minutos tarde, llegué a casa de mi madre para recogerla. Después de oírla poner el grito en el cielo ante mi falta de puntualidad y compromiso al que ya estaba acostumbrada desde que empecé en la facultad de periodismo, acabamos en la sala de consultas de la unidad de oncología sólo cuatro minutos tarde, pues mi madre conociendo mi escasa puntualidad muy ladina ella, había quedado conmigo media hora antes.

Mientras le hacían las pruebas bajé a la cafetería y me serví una taza de café con ración extra de azúcar, pues necesitaba estar activa y despierta lo más posible. Cuando subía a recoger a mi madre, la expresión de su rostro había cambiado. Mis sentidos me decían que algo andaba mal y me puse en alerta, conocía demasiado bien a mi madre y su cara mostraba miedo, mucho miedo.

_ ¿Mamá, qué ocurre?¿Qué ha pasado en las pruebas?

El Dr. Thompson oncologo jefe del Hospital San Mercy, me invitó a pasar a  la sala de consulta. Allí sentada esperando una explicación, se confirmaron mis más terribles temores.

_Christine las pruebas que le hemos realizado a su madre no son nada halagüeñas, nos confirman que el tumor se ha extendido por el lóbulo frontal y es necesario una intervención quirúrgica inmediata.

_ Pero usted lleva meses diciendo que todo iba bien y que había conseguido detener el crecimiento del tumor. ¿Cómo es posible que ahora se haya extendido tanto?. No debe de haber de un error en las pruebas.

_ Tranquilicese por favor. El cáncer es una enfermedad que no tiene una pauta fija, de repente un día se paraliza como al día siguiente avanza inexorablemente. Lo importante ahora es erradicarlo con cirugía lo antes posible.

_ ¿Para cuando sería la intervención? Me gustaría planificarlo para pedir permiso en el trabajo.

_ Hoy se quedará ingresada y mañana a primera hora entrará en quirófano. El tiempo está en nuestra contra en estos casos.

_ No me lo puedo creer, nosotras sólo veníamos a que se realizase unas pruebas y ahora me dice ¿qué se tiene que quedar ingresada?

Como en una de terrible pesadilla acompañé a mi madre a su habitación, la 334. Llamé a mi jefe para que alguien me sustituyera en la rueda de prensa y fui capaz de coger algo de ropa de la casa de mi madre sin dejar que ni una sola lágrima asomara a mis ojos.

Sentada allí junto a la cama de mi madre, reparé por fin en lo frágil que se la veía. Nunca antes me había dado cuenta del pequeño y menudo cuerpo que ahora tenía, parecía una niña pequeña encogida y llena de arrugas. Necesitaba un café o acabaría compadeciéndome de mi misma por no haberla prestado más atención.

Al salir de la habitación me fijé en la anciana que ocupaba la habitación 333, la pobre estaba conectada a un sin fin de aparatos y tubos nasales. Algo no se el qué, me impulsó a entrar. Una débil sonrisa pegada a una desdentada boca me dio la bienvenida.

_ Hola, soy Christine la hija de la señora de al lado, la de la 334. ¿Qué tal se encuentra?

_ Muy cansada, _me respondió con apenas un hilo de voz_.

_ No se preocupe, verá como poco a poco se va recuperando,_que mal miento, pensé mientras la miraba_. ¿Está alguien con usted?

_ No tengo a nadie, mi marido murió hace mucho tiempo ya y dios no tuvo a bien darme hijos.

No sé por qué, la soledad de la pobre anciana me conmovió el alma y de repente me vi diciéndole que como mi madre estaba ingresada al lado suyo, si no le importaba yo pasaría de vez en cuando por allí para hacerla compañía. Una chispa de luz atravesó sus ojos y no necesitó decirme nada para que pudiese entender lo que me agradecía el ofrecimiento.

Me despedí de ella y bajé a tomarme mi dosis de cafeína que por cierto buena falta me hacía. En el televisor de la cafetería estaban los padres de Madeleine explicando la muerte de su hija y entre el centenar de reporteros, la inconfundible melena rojiza de mi astuta compañera de redacción que buscaba cualquier pretexto para poder pisarme el terreno. En este caso, yo misma le había abierto la puerta para ocupar mi puesto en la redacción.

Desechando toda idea acerca del trabajo me pasé por el quiosco para comprar alguna revista de cotilleos que mi madre pudiese ojear. De camino al quiosco pasé por el pequeño puesto de flores y vi un hermoso ramillete de flores amarillas de Diente de León. Supe para quien serían en cuanto las vi.

Mientras me marchaba de la habitación 333, la imagen de la anciana junto al ramillete de flores amarillas le daba un aspecto de alegría al sobrio lugar que me hizo marcharme llena de energía.

De nuevo junto a la cama de mi madre me dispuse a pasar la noche lo más cómoda posible si eso era posible, acurrucada en la dura silla de acompañante. En plena madrugada mientras intentaba encontrar una postura que me dejase estirar la espalda, vi parada ante la puerta medio abierta de la habitación a la ancianita de la 333. Me incorporé en la silla y mirándola fijamente sin creer todavía si aquello era o no un sueño, la anciana me dedicó una amplia sonrisa y un efusivo adiós con la mano a modo de despedida.

Con el corazón latiéndome a cien por hora, salí corriendo al pasillo detrás de la ancianita temiéndome lo peor dado su estado de gravedad, pero el pasillo aparecía oscuro y silencioso sin sonido alguno que delatase la presencia de persona alguna.

Al pasar por delante del puesto de enfermeras, no pude por menos que contarles lo ocurrido y cual fue mi sorpresa cuando éstas me confirmaron tras mirar las fichas de ingreso en el ordenador que en la habitación 333 no había nadie ingresado pues llevaba vacía y cerrada varias semanas debido a un problema de humedades en el techo. No creyéndome nada de lo que me decían, les pedí que viniesen conmigo a la habitación 333, habitación en la que les conté había conocido a la anciana enferma y a la cual le había regalado un ramillete de flores amarillas esa misma mañana.

Tomándome por una histérica enajenada o algo así, consintieron en acompañarme más que nada para callarme la boca y que las dejara en paz de una vez. Al abrir la puerta de la 333 el estupor cubrió el rostro de las dos enfermeras y el mio propio, pues allí sobre la mesita de la habitación lucían frescas y primorosas las amarillas flores de Diente de León que yo había regalado esa mañana a una ancianita inexistente.