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Los ecos de las espadas que empuñó y las juergas que se corrió Errol Flynn, el gran dandi seductor de la época dorada de Hollywood, tan atractivo como mujeriego, aún resuenan en la meca del cine.

No dejó un cadáver bonito. De hecho, el forense que le practicó la autopsia se sorprendió de que hubiese alcanzado los 50 años -edad a la que murió- al comprobar el estado de sus órganos, prácticamente aniquilados por su adicción al opio, el abuso del tabaco y los efectos del alcohol.

Hacia el final de su carrera, se dice que a Flynn, que murió en octubre de 1959, le costaba horrores recordar una sola línea de diálogo en sus películas, a pesar de ofrecer grandes creaciones, como la del Mike Campbell de «Fiesta» (1957) o el John Barrymore de «Too Much, Too Soon» (1958), casualmente dos grandes bebedores.

Pero antes de llegar a ese final fue representante durante años del esplendor en la hierba, aderezado con todo tipo de escándalos sexuales y titánicas borracheras. Un vividor de cine». Nacido el 20 de junio de 1909 en Hobart, una localidad de Tasmania (Australia), hijo de un biólogo y una mujer de la alta sociedad, tras ser expulsado de todos los colegios a los que asistió decidió buscarse la vida como boxeador aficionado, buscador de oro, marino mercante e incluso, dicen, castrador de ovejas.

En 1941, Errol Flynn, compró 11,5 acres en las lomas de Mulholland Drive y fabricó la casa de sus sueños, una mansión de dos pisos con un bar espectacular y una piscina redonda de fondo negro, ideal para las fiestas que acostumbraba dar. Allí, él y sus invitados vivieron la dolce vita hasta 1959, en que Errol tuvo que cederle la casa a su primera esposa para cubrir las pensiones atrasadas.

 

En 1977, después de 18 años y otro dueño, el ídolo de la música rock, Ricky Nelson, adquirió la propiedad para él, su esposa y sus cuatro hijos.

Pero se sentía, algo inquietante en el ambiente, y las compañeras de colegio de su hija mayor, Tracy, no querían dormir allí después de las fiestas de pijamas, porque “había una presencia que les inspiraba miedo”, decían ellas.

Ricky y su esposa empezaron a tener problemas con su matrimonio, sus carreras y las drogas. A principios de los 80, Christy se fue con los tres hijos varones y Tracy se quedó con su padre.

—Una noche—, recuerda Tracy, —llegué del trabajo, todo estaba muy oscuro, pero miré hacia el comedor y vi que la luz estaba encendida. Había un hombre parado allí, y pensé que mi papá había llegado de uno de sus viajes. Tracy lo llamó, pero no hubo respuesta, y cuando entró no había nadie. Entonces, sonó el teléfono y era su padre avisándole que no lo esperara hasta el día siguiente. Tracy le contó enseguida lo que acababa de ver y Ricky replicó con la mayor naturalidad: —Ese debe ser Errol—.

 

Al día siguiente, la joven llegó antes del anochecer y subió directo a su cuarto. Todo parecía tranquilo, pero a los pocos minutos sintió un ruido que venía del piso de abajo, como si alguien entrara bruscamente, y luego, como si estuvieran rompiendo sillas y cristales, y estrellando contra la pared los discos de oro que había ganado su padre. —Estaba espantada. Me escondí en el clóset para esperar a que cesara—. Tracy bajó más tarde, y no había rastro de discos, cristales ni muebles rotos, pero sí algo —anormal—: las luces de la casa se habían encendido misteriosamente… Y Tracy se mudó.

Una noche, Ricky y su novia la llamaron a su apartamento para contarle que habían sentido el mismo fenómeno que ella. Ricky Nelson vivió en la casa de Mulholland dos años más, hasta su muerte en un accidente de aviación. Tracy sigue creyendo que estos incidentes fueron una advertencia sobre la tragedia que le esperaba a su padre… Ricky murió a los 46 años, a destiempo, igual que Errol Flynn.

Con su muerte, la casa quedó vacía y oscura. Una noche, una pandilla entró y asesinó a una niña en la sala y un fuego misterioso quemó la mitad de la casa. Las ruinas fueron derribadas… y los 11,5 acres de Errol se vendieron por lotes.

Otro lugar en donde numerosos testimonios han dicho haber visto al carismático actor es en su goleta Zaca, Errol Flynn la compró en 1945.

Zaca, goleta de Errol Flynn

Tras el fallecimiento de Errol Flynn en 1959, el mantenimiento de la goleta Zaca, era demasiado costoso para que Patrice Wymore, última esposa de Errol la mantuviera, por lo que comenzó a deteriorarse y se le confió al playboy millonario inglés Freddie Tinsley, quien finalmente la dejó en un astillero de Villefranche, en donde  acumulo tarifas de almacenamiento más allá de su valor. En algún momento, fue reclamada por falta de pago de la renta y continuó sentándose y pudriéndose aún más.

La gente de Villefranche afirmó que a veces se veía a Flynn paseando por la cubierta del Zaca, siendo considerado un “barco fantasma” por la noche, debido a los sonidos de risas y tintineos de vasos que fueron escuchados por la gente en la ciudad.

Tan es así que se realizó un exorcismo anglicano-católico en 1979. A partir de ese momento nunca más se volvieron a escuchar los sonidos de las divertidas fiestas de Errol Flynn en el barco.

©labitacoradelmiedo.wordpress.com

Fuentes consultadas:

Fuente (texto original): Revista Vanidades – Año 48 – Número 7 – pag 66-69 -Venezuela – 2009

https://www.abc.es

http://thescuttlefish.com

Fotografías de internet

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Entre todas las leyendas de Granada, hay una donde se relata que un fantasma, el espíritu de un desaparecido, sigue visitando esta ciudad y más concretamente su Alhambra, porque si hay una persona relacionada con ella esa es Washington Irving. El escritor estadounidense. La misma cuenta que Washington Irving, cuando llegó a Granada en 1829, comenzó a enamorarse sin reparos de la ciudad. Algo que con el tiempo quedó más que demostrado con varios libros que escribió sobre la misma, entre ellos su famoso “Cuentos de la Alhambra” de 1832.
Sin embargo, durante su estancia en Granada, Irving se alojó en un edificio que aún hoy sigue en pie. Se trata del actual hotel Washington Irving, que fue levantado en 1802 y que se encuentra en pleno Paseo del Generalife, a solo unos metros de la propia Alhambra.
Este hotel encierra, un secreto que durante muchos años mantuvo en vilo a quienes se hospedaron en él. Cuentan que tras la muerte del escritor en 1859, algunas de las personas que lo trataron aseguran que le veían pasear por los pasillos del hotel e incluso en la habitación que solía ocupar.
Un relato que muchos repitieron después e hizo que la leyenda se haya mantenido viva hasta hoy. Especialmente cuando el hotel cerró sus puertas en enero de 1999, dejando el edificio en un estado de abandono que hacía de él un lugar mágico en el que había quienes seguían viendo al afamado escritor estadounidense.
Cuentan que Washington Irving, era un hombre ingenioso y divertido al que le gustaba gastar bromas a sus amigos y conocidos.
Poco después de su muerte, un viejo amigo del autor, el doctor J. G. Cogswell, estaba trabajando en la biblioteca cuando vio que un hombre dejaba un libro en un estante y desaparecía. Cogswell estaba seguro de que aquel hombre era Irving.
Se dice también que un sobrino de Irving, Pierre, vio el fantasma de su tío en la casa de este, en Tarrytown, Nueva York. Pierre y sus dos hijas dijeron que habían visto claramente el fantasma de Irving cruzar el salón y entrar en la habitación donde solía trabajar.
Sea como fuere, la cuestión es que el fantasma de Washington Irving ha pasado a formar parte de la leyenda, una leyenda similar a aquellas que dejó plasmadas en sus obras.
Fuentes consultadas: http://www.elbolardo.com
narradoresdelmisterio.net
Casi en la entrada del Cementerio Mount Carmel (Chicago), se halla una estatua impresionante, que representa a una mujer que sostiene un ramo de rosas entre sus brazos. Este monumento marca la tumba de Julia Buccola Peta, conocida como “la Novia italiana”.
Julia murió en 1921 en Schaumburg, de complicaciones evidentes del parto y fue enterrada aquí con su hijo, no nato. Un poco después de su entierro, su madre, Philomena Buccola, comenzó a tener una serie de sueños insólitos en los cuales, su hija difunta, Julia, le pedía, le suplicaba, que se exhumara su tumba. Esto continuó durante un tiempo, hasta que la madre trató que el sacerdote local consiguiera un permiso. Finalmente después de seis años, se lo dieron.
En 1927, la tumba de Julia Buccola Peta fue abierta y levantada de la tierra. En ese momento los testigos pudieron ver que el cuerpo de Julia todavía se hallaba tan fresco y lozano como el día en que ella fue enterrada.
El cuerpo de Julia fue resellado en un ataúd y enterrado de nuevo. Un monumento imponente fue erigido mostrando a Julia en su traje de novia que sostiene un ramo de rosas.
Los estudiantes de una escuela cercana al cementerio, han atestiguado haber visto una muchacha que anda por el cementerio antes del anochecer. De hecho, los rumores de que Julia andaba por el cementerio comenzaron cuando varios testigos afirmaron que fue vista en un baile de dicha escuela, en la noche de Halloween de 1976.
Un grupo nutrido de gente que pasaba por Harrison Street pudo ver, cómo una muchacha andaba por entre las lápidas. Tras parar el coche, pronto vieron con pavor que, en medio de la lluvia torrencial de ese día, sus ropas estaban absolutamente secas. Su pelo y vestido estaban intactos a pesar del aguacero. Al ver eso, los testigos abandonaron el lugar muy asustados.
Entrevistados por miembros del Departamento de Policía de Hillside, los testigos agregaron más datos a su extraña experiencia: también vieron formas luminosas blancas que flotaban alrededor de la aparición. Asimismo, se supo que la aparición también fue vista por un oficial del propio Departamento de Policía.
El fantasma de Julia, también ha sido visto alrededor de la pequeña oficina de administración que se ha construido dentro de la entrada al Cementerio, por Harrison Street. Cientos de personas han declarado haber percibido cerca de su tumba un olor venido de la nada, a “rosas”, y sobre todo en los meses más fríos, cuándo todas flores frescas están muertas.
El diseñador floral Ruth Bukowski, residente de Chicago, afirmó que cuando él entró en el cementerio en noviembre de 1982, las flores que olió eran definitivamente las llamadas “rosas de té”.
Finalmente, en 1978 un testigo ocular relató haber visto aparecer luces brillando en la tumba de Julia. El Mount Carmelo contiene también muchas otras tumbas fascinantes, incluyendo las de Al Capone y Deanie O’Banion.

La niña del Cortijo Miraflores habita actualmente, según cuentan, en el antiguo molino de aceite, paseándose con toda tranquilidad por todas las dependencias […]. Ella juega tranquilamente o le pide a alguien que le ayude a buscar a sus padres. Con la inocencia de una niña muerta… (Tribuna Express).

el cortijo fue construido en 1706 por don Tomás Francisco Domínguez y Godoy sobre la antigua casa de labor de su abuelo, en un paraje denominado Prado de San Francisco. Medio siglo después diseñó un jardín
frontal que duplicaba el espacio interior y en 1850 el entonces intendente general de Filipinas llevó un puñado de plantas exóticas que perduran allí hasta hoy. El palacete, de dos plantas y grandes salones, fue ocupado por una familia y después pasó a ser utilizado como molino de aceite hasta bien entrado el siglo XIX. Adía de hoy este antiguo palacete el ayuntamiento lo ha reformado para dar cabida a exposiciones, ponencias y otros actos de carácter cultural.
Según contaba el antiguo director del centro, Germán Borrachero, una noche, cuando había cerrado ya el cortijo y estaba apagando todas las luces para marcharse, mientras se encontraba en la sala II vio pasar a una niña de unos nueve años, con un vestido blanco de manga corta y con la falda como plisada. Pensó que podría ser una niña que se hubiera quedado encerrada por un despiste después de que los conserjes cerraran el
centro, o incluso que se hubiera colado haciendo algún tipo de travesura. El caso es que llegó a perseguirla por esos pasillos ya en penumbra, y al girar una esquina, la niña desapareció. Él dice que en un principio se calló. No quiso contar nada a nadie. Pero a los pocos meses le sorprendió escuchar a los conserjes del edificio contando que una noche habían visto a una niña vestida de blanco corriendo hacia una de las salas y desapareciendo allí mismo, ante sus ojos. El propio Germán y luego otros tantos compañeros hablaron de que algunos días al abrir por la mañana se encontraban los libros de la biblioteca desperdigados por el suelo, como si hubieran volado literalmente por la habitación. Lo mismo ocurría con algunos expedientes del Archivo Histórico, que aparecían desplazados de su estante, pero no como si hubieran caído en vertical, sino como si también los hubieran lanzado a una gran distancia. Dentro del edificio hay una sala muy amplia donde se expone un antiguo molino y otros elementos que pertenecieron al cortijo en época de su construcción. Hay unos cables de acero que quedan a la altura de la cintura y que sirven como perímetro de seguridad para proteger los objetos en exposición; igual que los cordones en los museos…
Pues bien, en varias ocasiones esos cables de acero han aparecido rotos, como si hubieran sido cortados por la mitad. Gloria, una profesora de música, se quedó en uno de los despachos de la primera planta junto a dos amigas. En ese tiempo de espera, una de las veces en
que regresaba del servicio, escuchó un extraño silbido a sus espaldas, seguido de la sensación de que algo corría detrás de ella. Llegó a notar cómo se le movía el pelo y, segundos después, que una mano de pequeñas dimensiones le tocaba el hombro. Se giró rápidamente, pensando que su compañera estaba gastándole una broma. Pero allí no había nadie.
El mismo ayuntamiento mandó llamar a una médium y a un sacerdote, la médium dijo no sólo había una niña sino una familia entera, que había una mujer, un hombre, una niña y un niño, y que le pedían insistentemente agua. Decía que el niño estaba en la planta de arriba, donde jugaba habitualmente. Parece que la madre iba vestida completamente de negro, como si fuera de luto, y decía que la niña se mantenía muy inquieta y que siempre estaba correteando de un lado para otro.
Otro de los testigos y empleado del ayuntamiento, mientras le enseñaba el cortijo a un invitado a una ponencia, se empezó a sentir durante la visita, tanto que tuvo que apoyarse en una pared mientras totalmente pálido y con voz entrecortada repetía sin cesar algo sobre una niña, este empleado del ayuntamiento que le atendía, se volvió para pedir ayuda y fue entonces cuando al darse la vuelta, vio a una niña de unos siete u ocho años, con un vestidito blanco y unos calcetines de
crochet. El detalle inicial que más le extrañó fue el peinado, con unos tirabuzones que parecían más bien propios de otra época y una ausencia total de rostro… En ese momento Antonio intentó solicitar la ayuda de la niña para que llamara a algún adulto que pudiera atender al técnico de rostro descompuesto y que seguía repitiendo sin cesar: «La niña, la niña». Al observar que la pequeña parecía ajena a aquel espectáculo, Antonio trató de insistir golpeándole el hombro. Pero la mano atravesó a aquella figura infantil, y su silueta se empezó a mover como cuando tocas una cortina de humo… Y desapareció. Simplemente se evaporó.
Un viejo recorte de 1903 hablaba del incendio del cortijo, sin dar detalles sobre la suerte de sus habitantes… ¿Por eso pedían insistentemente agua los fantasmas del mismo?
Fuente: Están aquí. Son los otros. Javier Pérez Campos. Editorial Planeta 2016.
Imagen de marianaalvarezracero.blogspot.com/2007/

Hace más de 40 años se inauguraba en pleno desierto un moderno hospital, que llegó a ser uno de los mejores de Sudamérica.

Corría el año 1960 en Chile, y en el lugar desértico donde se encuentra la mina de cobre a tajo abierto más grande del mundo, un hospital abría sus puertas. Ese 21 de agosto de aquel año, el hospital Roy H. Glover, entró en funcionamiento en Chuquicamata; un moderno recinto para la época, que reemplazó al antiguo construido de madera tipo colonial americana, que había quedado obsoleto a su reducido espacio físico y su poca capacidad para atender a las personas y las distintas especialidades médicas.

El nombre del nuevo hospital, era un en homenaje al  vicepresidente de la compañía minera “The Anaconda Company” (la empresa propietaria del mineral a través de “Chile Exploration Company”). El nuevo recinto médico contaba con 300 habitaciones, distribuidas en cinco pisos de altura y dos subterráneos (los conocidos pisos G y B), teniendo una especialidad básica por piso, más un pensionado.

Junto a ellos, un Pabellón de Operaciones, Salas de Parto, Laboratorio, Rayos X y Scanner (el primero que hubo en el país) entre otras tantas dependencias, que rápidamente lo convirtieron en el mejor y más moderno centro hospitalario de Chile, superando incluso a los hospitales de Santiago.

El nuevo hospital de Chuquicamata funcionó durante 41 años, llegando a ser considerado como el mejor hospital de todo Sudamérica. Sin embargo, CODELCO decretó su cierre definitivo y su entierro bajo ripio. El recinto quedó convertido en un gigantesco y fantasmagórico elefante blanco a medio sepultar en la mitad del desierto.

Desde entonces que el lugar ha sido escenario de numerosos avistamientos de fantasmas y espectros, tanto por parte del propio personal que trabajaba en el antiguo hospital, como también de los trabajadores de la empresa a cargo de su demolición.

El fantasma más celebre del Hospital Roy H. Glover de Chuquicamata es, sin duda, el “pequeño Sebastián”; un niño que sufría de una enfermedad respiratoria terminal que supuestamente fue abandonado por su madre en este recinto, porque no tenía los recursos económicos para atenderlo en su casa. Así, el hospital se hizo cargo del niño, quien falleció prematuramente antes de cumplir los seis años.

Se dice que el pequeño, gracias a su alegre carácter, se había ganado el cariño de todos los funcionarios del establecimiento hospitalario, por lo que su inesperado deceso fue un golpe duro para todos.

Luego de la muerte de Sebastián, el personal del hospital afirmaba que durante la noche podía ver al fantasma del niño caminando por los largos y oscuros pasillos, sin mencionar que a veces se oían inexplicablemente pasos y risas de niño, como si el pequeño aún jugara en los corredores.

Pero no solo el personal del hospital sentía su presencia; también se contaba que los camiones de extracción que pasaban cerca del hospital, evitaban mirar a las ventanas del recinto, porque según ellos el “pequeño Sebastián” se aparecía y los saludaba.

Cuando comenzó el proceso de demolición, algunos trabajadores de la empresa a cargo de la labor relataron a la prensa local que una vez, durante una noche, tomaron la decisión de volver al hospital porque vieron una luz encendida en un piso superior, ya que temían haber dejado a alguna persona encerrada después de los trabajos.

“Cuando ingresamos al centro asistencial y nos paramos justo frente a la puerta del ascensor, vimos cómo éste comenzó a bajar, lentamente, prendiendo uno por uno los números de los cinco pisos. “Ah claro, se quedó un trabajador”, pensamos,  y ahí nos quedamos esperando el ascensor, el cual llegó, sí, por supuesto, pero cuando se abrieron las puertas nos dimos cuenta que estaba vacío, pues no había ni una sola persona en su interior. La puerta del ascensor se abrió sola delante de nuestros ojos, como invitándonos a entrar. No gracias, dijimos, y nos fuimos, algunos de nosotros muertos de miedo”.

Reporteros del periódico “La Estrella del Loa”, interesados por comprobar la verosimilitud de la historia del niño fantasma del hospital de Chuquicamata, llegaron al lugar y lo inspeccionaron de cabo a rabo.

Lo terrorífico es que cuando sacaron una fotografía al frontis del hospital, comprobaron con espanto que el rostro de un niño aparecía claramente en la ventana del cuarto piso del hospital. “Ese niño es travieso como él solo, a veces saluda desde las ventanas a los choferes de los camiones de extracción, algunos de los cuales, por lo que sé, tratan de no mirar hacia ese sector. También, cuando funcionaban, le gustaba jugar con los ascensores, los cuales subían y bajaban, y abrían y cerraban sus puertas sin que nadie los hubiera activado”, relató otro testigo.

Otro espectro famoso del hospital Roy H. Glover es la llamada “enfermera fantasma”, que correspondía al espectro de una enfermera que falleció después de trabajar durante décadas en este lugar. Después de su muerte, se aseguraba que la funcionaria seguía realizando sus labores de enfermera en calidad de espectro, manifestándose muy seguido frente al personal médico del hospital e incluso frente a los pacientes hospitalizados. Algunos testigos aseguran incluso que después de la construcción del “Hospital Del Cobre del Dr. Salvador Allende” en Calama (Hospital que reemplazó al Hospital Roy H. Glover) esta enfermera continuó apareciéndose durante algún tiempo en el nuevo establecimiento.

El investigador de fenómenos paranormales loíno Manuel Cubillos, entrevistado por el diario “La estrella de Antofagasta”, afirmó que las fotografías de espíritus que deambulaban por el ex hospital de Chuquicamata Roy H. Glover correspondían a almas que habían quedado atrapadas en el “limbo”.

“No hay que olvidar que los hospitales en general son siempre la antesala de la muerte. Un paciente entra y nunca sabe si va a salir vivo o muerto y ya se va creando un ambiente de incertidumbre. Ahora, cuando esto ocurre en los hospitales, generalmente hay personas que fallecen en forma trágica; cuando la persona deja de existir violentamente contra su voluntad queda siempre en el lugar y va a deambular por mucho tiempo. Aunque en el caso particular del hospital Roy H. Glover, el edificio esté actualmente sepultado por miles de toneladas de material, las almas continuarán ahí y se dejarán ver en un momento porque están arraigados sentimentalmente con el lugar, y por eso permanecen allí “.

La monolítica estructura del viejo hospital Roy H. Glover todavía se yergue, como un animal prehistórico sepultado, en la parte alta de Chuquicamata. Y los que se atreven a sortear la seguridad del desértico lugar y adentrarse en sus añosas ruinas de concreto y oscuros laberintos, aseguran que allí todavía pueden constatarse una serie de hechos aterradores e inexplicables.

Fuente: https://www.guioteca.com

La casa de estilo victoriano llamada Garden Reach situada en la calle Pittville Circus Road fue construida en Cheltenham, en el condado inglés de Gloucester, durante la década de 1860. Fue una gran residencia de cuatro pisos de doble fachada de estilo victoriano de la época, repartidas en cuatro plantas.

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‘Garden Reach’ fue comprado a su constructor por Henry Swinhoe, un abogado de Calcuta. Se había casado con Elisabeth Francis Higgins el 6 de febrero 1851 en la India y con el tiempo formó una familia de cinco hijos. Sin embargo, Elisabeth murió a los 35 años de edad, el 11 de agosto de 1866 y cuatro años más tarde Henry Swinhoe se casó de nuevo. Su segunda esposa fue Imogen Hutchins de Clifton, Bristol, pero su relación se vio empañada por peleas frecuentes, al parecer sobre la crianza de los hijos de Swinhoe, así como la posesión de la joyería del ex señora Swinhoe para el que Henry tenía un escondite secreto debajo de uno de los dibujos del suelo de la sala. El alcohol al que eran asiduos ambos cónyuges no hizo sino empeorar la situación. Henry e Imogen Swinhoe se separaron a principios de 1876 – Imogen volvió a Bristol mientras que Henry vivió en ‘Garden Reach’ durante unos meses antes de morir el 14 de julio del mismo año. Imogen de hecho, sólo sobrevivió a su marido por poco más de dos años. Ella murió en Clifton el 23 de septiembre 1878. Tras la muerte de Henry Swinhoe la casa permaneció vacía hasta 1879 cuando pasó a llamarse ‘Pitville Hall’ y fue comprada por Benjamin Littlewood de la cercana Shurdington, un pueblo en las afueras del suroeste de Cheltenham. Su propiedad fue de corta duración ya que murió el 5 de agosto 1879 sólo un mes después de mudarse y su viuda pronto se trasladó a una casa más pequeña en el mismo camino. La casa permaneció desocupada durante dos años y medio hasta marzo de 1882 hasta que en abril de 1882 llegó una nueva familia a Garden Reach, los Despard. El capitán Frederick William Despard, recién retirado, su inválida esposa, Harriet Ann, y sus seis hijos, cuatro chicas y dos chicos, con edades comprendidas entre los 19 y los 9 años.Una calurosa noche del mes de junio, cuando apenas llevaban tres meses instalados en su nueva casa, Rosina Clara, la hija mayor de 19 años, escuchó unos pasos cerca de de la entrada de su dormitorio cuando se desvestía para acostarse. Creyendo que era su madre, abrió la puerta, pero no había nadie en el pasillo. Miró a lo largo del mismo y vio, en el rellano de la escalera, la silueta de una mujer enlutada. Rosina la describía como una mujer alta, vestida de negro, con la cara cubierta con el pañuelo que llevaba en su mano derecha y con la mano izquierda metida dentro de la manga del vestido.

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Parecía que enjugaba sus lágrimas con un pañuelo. A los pocos segundos, la visión bajó las escaleras, desapareciendo en el piso inferior. A partir de esa noche, el supuesto fantasma entró a formar parte de la vida de la familia Despard y Rosina decidió ser la cronista de todas y cada una de las manifestaciones paranormales que se sucedieron en la casa, en forma de cartas a una amiga, la señorita Catalina Campbell, que posteriormente serían estudiadas por la Sociedad de investigación psíquica. Gracias a ella, el caso ha pasado a la historia como uno de los mejor y más documentados de la historia de la parapsicología. Fue entonces cuando se empezó a considerar que podía ser el espíritu de Imogen, movido quizás por el ansia de encontrar las joyas que Henry no le quiso dejar en vida.

Imogen Swinhoe

Imogen Swinhoe

Rosina intentó captarla con cámaras fotográficas de la época y colocó “Trampas” como un hilo en la zona de la escalera por la que solía pasar, para comprobar si tenía cuerpo físico o era sólo un espectro. Hasta el año 1884, el fantasma enlutado se apareció de forma muy esporádica ante Rosina. Curiosamente, la joven, no contó a casi nadie lo que sucedía, tal vez pensó que no le creerían si no contaba con más testigos de las apariciones. Sólo habló del fantasma a unos pocos amigos de su entera confianza. Pero hubo más testigos: Una de las hermanas de Rosina vio a la mujer descendiendo por las escaleras principales de la casa, pero pensó que sería alguna visita de sus padres. También una doncella divisó a la mujer pero ella, menos confiada que la joven Despard, alarmó a toda la casa convencida de que había visto a una intrusa la cual entró a hurtadillas para robar. Se registró la casa, pero no encontraron a nadie.El otro testigo fue el hermano pequeño de Rosina que desde el jardín, mientras jugaba con un amiguito, vio claramente a una mujer vestida de negro, llorando desconsoladamente en una sala de la casa junto a una ventana. Cuando entró para ver quién era y qué le sucedía, la mujer ya no estaba.

A partir del verano de 1884 el fantasma entró en una fase de hiperactividad; sus paseos nocturnos se multiplicaron y Rosina, en una ocasión, conmovida por la tristeza que veía en ella, trató de hablar con el fantasma, pero la figura desapareció instantáneamente. Fue entonces cuando decidió contar a su padre lo que estaba sucediendo.Las apariciones se hicieron más frecuentes y empezaron a ir acompañadas de toda la fenomenología que rodea a este tipo de eventos paranormales: bajadas bruscas de temperatura, ruidos de origen inexplicable. Cada vez eran más los testigos de aquellas apariciones, puesto que el espectro se iba desinhibiendo más y más; como si hubiera ganado confianza y ya no le molestara la presencia de los vivos. Sin duda Rosina y su padre fueron los que más entraron en contacto con la manifestación de aquella mujer. Incluso, según anotó Rosina, en varias ocasiones solo ellos o muy pocas personas podían ver al fantasma.

El padre de Rosina, lejos de sentirse impresionado por las investigaciones de su hija, solo tenía un único deseo: expulsar a la figura errante, así que solicitó que se hiciera un exorcismo a la casa para librarse definitivamente de su fantasmal inquilina. La ceremonia, realizada en el año 1889, fue un éxito, al menos aparentemente, puesto que el fantasma no volvió a ser visto ni sentido en la residencia. Finalmente en 1892 la familia Despard abandonó la casa.El hecho había alcanzado una notoriedad enorme, no solo los curiosos rondaban la casa con la esperanza de ver al fantasma, la Sociedad para la Investigación Física, estudió el caso. Pero la desaparición radical del fenómeno, hizo que el tema cayera en el olvido y nadie volvió a acordarse del fantasma durante años.

Pero en 1898 se convirtió en internado infantil y las apariciones de la mujer enlutada comenzaron de nuevo. Bastantes años después, concretamente en 1958, un hombre que vivía en la misma calle en la que habitaron los Despard, aunque en otra casa, se despertó una noche sobresaltado, y notó que junto a la ventana se distinguía claramente la figura enlutada de una mujer vestida con ropas de la época victoriana, la cual apretaba un pañuelo contra su rostro como si estuviera sollozando. Su hermano y su hijo también llegaron a verla en varias ocasiones. El fantasma prodigó sus apariciones por la casa durante el tiempo que el hombre ocupó la misma, hasta el año 1961.

Otro incidente tuvo lugar en enero de 1970, cuando una residente de Cheltenham la señora Jackson estaba teniendo una clase de conducir a la hora del almuerzo y cuando pasaban justamente por delante de Santa Ana, su profesor se quedo comprensiblemente sorprendido cuando, el coche se paró de repente. No fue capaz de ver la figura de una mujer alta que llevaba un vestido negro largo que llegaba hasta el suelo, y que la señora Jackson dijo había bajado de la acera cerca de veinte metros por delante de ellos, en la trayectoria del vehículo en sentido contrario, desapareciendo repentinamente.

Otro incidente reportado ocurrió quince años más tarde, en julio de 1985, cuando dos testigos, un graduado de la Universidad de Oxford en música de unos sesenta años y un amigo, caminaban a lo largo de Pitville Circo alrededor de las diez de la noche, cuando vieron a una mujer alta vestida de negro con un miriñaque que se movía a lo largo del sendero cerca de Santa Ana hacia su cruce con la carretera principal, para de nuevo desaparecer de repente.

Hoy en día, aunque la casa sigue en pie, ha habido muchos cambios, una finca de pequeños bungalows conocidos como “St Anne’s Close” se ha construido en el antiguo jardín y varios de los edificios de la zona han sido demolidos y reemplazados por bloques de pisos.

http://www.spookyisles.com/

 

Son muchos los testigos que aseguran haber visto al fantasma del niño Pedrín, asesinado brutalmente en la zona del Monte Abantos y en cuyo lugar del crimen se alza hoy una cruz de piedra.

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Lo primero que debemos tener en cuenta en esta historia es la localización, El Monte Abantos en El Escorial, Madrid (España) una zona rodeada de misterio desde tiempos antiguos, pues El Monte Abantos es un lugar mágico desde hace miles de años. Ya el pueblo pre-romano de los Vetones lo eligió como lugar para comunicarse con los dioses y en el Siglo XVI, Felipe II elige esa zona para construir el Monasterio de El Escorial y cuentan que no fue casualidad, ya que Felipe II pudo elegir ese lugar concreto para con el monasterio “sellar” una supuesta puerta al infierno que dicen se encuentra en esta localidad.

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                                               www.monasteriodelescorial.com

Una mañana de invierno en 1893,  el niño Pedrín se dirigió al monasterio de la localidad para realizar sus labores de monaguillo, pero sin más desapareció misteriosamente. Al caer el sol y no aparecer Pedrín, su madre puso sobre aviso al padre del niño, quién movilizó a los vecinos de San Lorenzo y a la guardia civil que comenzaron su búsqueda, la cual se dilato durante días sin éxito mientras las esperanzas desaparecían.

Fue a la semana aproximadamente cuando su cadáver fue hallado oculto en el monte Abantos por unos cazadores que frecuentaban el lugar. Algunos dicen que fue secuestrado dentro del monasterio haciéndole así víctima de una conspiración, mientras otros cuentan que fue un vecino perturbado, un loco de la zona quién cometió tan cruel asesinato llamado el “Chato del Escorial”.

El Chato según las crónicas de la época “Violó al niño de cinco años, le asesinó y después llevó el ensangrentado y tierno cuerpecito a un monte para que se lo comieran los lobos. “El Chato” es alto, flaco y recio, tostado como un haz de sarmientos.  Sus manos enormes son las zarpas faunescas que atarazaron la mancillada carne del niño Pedrín. Veintitrés años vivió en la brigada del penal, donde se quedó ciego. Al evocarle aquella hora siniestra, repite como poseído por una pesadilla: -¡Los frailes!  ¡Fueron los frailes!”

En el lugar donde se encontró el cuerpo de Pedrín, se puso una cruz en memoria del pequeño de 5 años asesinado brutalmente allí, en sus alrededores se dice ocurren cosas extrañas y misteriosas.

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Hoy día mucha gente desconoce la verdadera leyenda, pero existen testigos y testimonios que afirman, haber vivido situaciones extrañas en ese lugar. Gente que por el motivo que fuese estaba allí en la oscuridad de la noche, y de repente ver como de la abundante vegetación del lugar desciende una sombra de una estatura aproximada de 2 metros, negro mas negro que incluso se diferencia de la noche, de complexión fuerte y lo mas característico si cabe la posibilidad sin un rostro definido. aproximándose hacia el vehículo, como es obvio en este caso los testigos de tal escalofriante escena arrancan el coche y huyen desconcertados, despavoridos, sin dar crédito a lo que acaban de presenciar en ese mágico y oscuro monte abantos.

Otros testigos también hablan de unas voces de niño rodeando la cruz. Cruz que si nos acercamos podemos apreciar no solo el importante desgaste con el paso del tiempo, sino unas frases que narran un poco la tragedia que por aquel entonces se vivió en ese lugar, en la cruz de granito dice textualmente: “ 10 de febrero de 1893 fue hallado en este sitio el cadáver del desgraciado niño Pedrín Bravo y Bravo víctima del brutal salvajismo”.

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Fuente consultada: http://www.todomisterios.com/

 

El Hotel Sheraton Gunter, construido en 1909, albergó a muchas celebridades de Hollywood y presidentes, pero también fue el lugar de un trágico suceso que parece ser el origen de las actividades sobrenaturales. Susurros fantasmales y ruidos inexplicables, las puertas se abren y cierran por sí solas, las luces se encienden y se pagan solas o sombras oscuras a media noche…, estos son solo algunos de los fenómenos inexplicables que tienen que hacer frente tanto empleados como huéspedes.

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En febrero de 1965, un enigmático hombre alto de unos 30 años de edad se registró en el hotel con el nombre “Albert Knox”, solicitando previamente la habitación 636. Nadie sabía nada acerca de este hombre, lo único que se conocía era que entraba y salía del hotel acompañado de una atractiva rubia de también 30 años. En la mañana del 08 de febrero, el destino del Sr. Knox y del hotel cambio drásticamente. La trabajadora de limpieza, Maria Luisa Guerra, se dirigió a la habitación 636 para hacer una revisión final antes de que terminara su turno. El cartel de “No molestar” estaba colocado en la puerta, pero Maria pensó que los ocupantes de la habitación habían olvidado quitarlo y abrió la puerta.

Lo primero que vio Maria fue un hombre alto de pie sobre la cama empapada de sangre. Maria comenzó a gritar, pero el hombre le puso un dedo en sus labios indicándole que se callara. El enigmático huésped recogió unas hojas, y salió corriendo de la habitación por la escalera de incendios.

Cuando llegó la policía, estos encontraron botellas vacías de vino, aceitunas, queso y pequeñas huellas de sangre. También descubrieron mechones de pelo rubio, medias de nailon y ropa interior de mujer. Por último, pero no menos importante, una agujero de bala del calibre 22 en la cama y otra alojada en la pared cerca de una silla ensangrentada. Los rastros de sangre indicaban que el asesino había accedido varias veces al baño por razones desconocidas. Pero los detectives creían que el asesino había diseccionado el cuerpo de la víctima en la bañera antes de que Maria entrara en la habitación.

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Los investigadores descubrieron que el enigmático hombre alto se había registrado con un nombre falso. Finalmente fue localizado en otro hotel, el St. Anthony, registrado en la habitación 536 con otro nombre falso (Al parecer, había solicitado la habitación 636, pero estaba ocupada). Cuando los agentes se disponían a entrar en la habitación, sonó un disparo desde el interior. Por desgracia, el sospechoso se había pegado un tiro en la sien tan sólo unos segundos antes de que la policía entrara.

La autopsia posterior detalló que las huellas dactilares del sospechoso coincidían con las del hombre alto que vio Maria en la habitación 636 del Hotel Sheraton Gunter. La policía también encontró una camisa blanca que había sido lavada en un esfuerzo para eliminar las aparentes manchas de sangre. A día de hoy, el cuerpo de la mujer rubia no ha sido encontrado y nadie informó en esa época la desaparición de ninguna mujer rubia. El caso sigue abierto.

Pero en un extraño giro del destino, el gerente del hotel recibió recientemente un extraño sobre sin remitente en el correo. El sobre estaba dirigido al Hotel Sheraton Gunter con el antiguo código postal utilizado en 1965. En el interior del sobre había una antigua llave de la habitación 636. Y este no es el único misterio que envuelve al hotel, el personal del hotel y los huéspedes han informado sobre extraños ruidos y avistamientos de una aparición femenina en la sexta planta, justo donde estuvo la habitación 636

Muchas de las manifestaciones fantasmales parecen centrarse en la habitación 636, el lugar donde tuvo lugar el atroz asesinato que sigue sin resolverse hasta día de hoy. Después de la limpieza de la escena del crimen, la gerencia del hotel decidió dividir la sala en dos salas más pequeñas y crear una suite. Una puerta compartida conecta las habitaciones 635 y 636, perfecto para los huéspedes con niños. Los vigilantes nocturnos han afirmado ver una mujer con atuendo fantasmal caminando por los pasillos cerca de la habitación 636. Los clientes se han quejado de fuertes ruidos y golpes de origen desconocido.

Junto con el fantasma de la mujer de la habitación 636 hay otros visitantes fantasmales en el Hotel Sheraton Gunter. En 1990, una aparición que se materializó en una habitación aterrorizó a una empleada del hotel. La trabajadora había entrado en la habitación para prepararla para el siguiente huésped cuando vio una anciana de pie en medio de la sala, con los brazos extendidos. La limpiadora se fue rápidamente, cerrando la puerta detrás de ella. Ella dijo que nunca se recuperó de la experiencia y todavía siente escalofríos cada vez que recuerda el día en que vio a la anciana en la habitación.

Ese mismo año, los trabajadores del hotel decidieron hacerse unas fotografías durante la fiesta de Navidad. Una vez que acabaron de hacerse las fotos, uno de los trabajadores vio una figura humana sin explicación en cada fotografía. Otras experiencias paranormales incluyen voces fantasmas y sombras misteriosas que se han llegado a ver en las inmediaciones de la habitación 436.

Psíquicos que han estado investigando los fenómenos sobrenaturales en el hotel, llegaron a identificar dos espíritus femeninos. Uno se llama “Ingrid”, una mujer que murió a principios del siglo XX. Muchos trabajadores creen que este espíritu femenino es la aparición fantasmal de pelo oscuro que ha sido avistado en todo el hotel, deslizándose en silencio por los pasillos, dentro y fuera de las habitaciones. El otro espíritu se llama “Peggy”, y ella fue una mujer de la época de 1920, que se encuentra perdida en el hotel.

Fuente consultada:

http://www.mundoesotericoparanormal.com

 

Cuando recuperó la conciencia, Rosamél paseó la vista por el fondo de la quebrada, los restos esparcidos en ambos costados lo devolvieron al  horror de la batalla acontecida y a la certeza de la lucha que libraría contra el desierto. Apenas si recordaba un año antes en su casa del barrio de Mapocho en Santiago de Chile las circunstancias que lo llevaron a enrolarse después de una noche de juerga y de fervor patriótico. Pero hoy, en la soledad de la pampa, el cabo Rosamél Alfonso bahamondez Martinez, comenzaba el duro camino de regreso a la vida.

Buscó entre los morrales de las decenas de cuerpos, algo de comida y juntó un par de cantimploras. Comenzaba a amanecer y vio como los buitres y cóndores comenzaban a otear preparándose para el festín.

Caminó casi todo el día en dirección a lo que pensaba que era el poblado de Pozo al monte, en un momento de cansancio sintió que se le nublaba la visión, después de pasarse el pañuelo por la frente, levanto la vista  y vio una polvareda detrás de las dunas. A cierta distancia divisó una caravana de llamas y un centenar de indígenas vestidos a la usanza antigua, le pareció disparatada la idea de que el ejército peruano estuviera enrolando indios sin dotarlos de los pertrechos necesarios para la travesía del desierto. Se acercó arrastrándose a lo alto de la loma para observar mejor y se encontró con unos ojos aterrados que lo miraban, el extraño se alejó gritando,¡zupay, zupay!(demonio), mientras el cabo disparaba su fusil sin hacer un rasguño al asustado indio. Pensó que había cometido un error  y que el disparo alertaría al resto de la caravana, sin embargo la extraña visión comenzó a desvanecerse delante de sus ojos, hombres, guerreros y séquito desaparecieron delante de él sin dejar rastro.

Sintió que su cabeza comenzaba a dar vueltas y cayó sin sentido en la arena ardiente.

 Fue rescatado dos días más tarde por un grupo de arrieros que se dirigían al oasis de pica, allí se recupero y contó su aventura. Algunos se asustaron y le contaron la historia de la “Ñusta Huillac”, una sacerdotisa guerrera que en tiempo de la conquista huyó al desierto para escapar de Pizarro y cuya historia dio origen a la fiesta de la Tirana.

Rosamel, aunque pensaba que había sido un espejismo a consecuencia del sol, siguió repitiendo su historia hasta el día de su muerte 60 años mas tarde en santiago, y aunque regreso a su casa, una parte de su espíritu, permaneció en aquel desierto.

Más de un siglo después, aun se puede oír por boca de los lugareños, la extraña visión de un soldado que vaga por la pampa ataviado con el antiguo uniforme azul y rojo entre Tiviliche y Dolores, en el desierto de Atacama.

Cuento de Hector Pinto  http://elojosudaka.blogspot.com.es

El recinto ubicado en la calle Zaragoza en el centro de Veracruz es un edificio construido en el siglo XVIII, el cual en sus inicios estaba enfocado a ser un hogar para menesterosos, hasta que en el año 1860, tras la invasión de los franceses, éste fue utilizado como hospital y años más tarde con la expulsión de los invasores, se utilizó como nosocomio de mujeres.

Posteriormente, para el 12 de diciembre de 1870 se utilizó como hospicio, recibiendo ancianos, personas con problemas mentales y niños huérfanos; hasta el año 1967 cuando el hospicio cambió de sede y tras una remodelación, en 1969 se anunció en el sitio la apertura del actual Museo de la Ciudad.

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El director del Museo de la Ciudad de Veracruz, Ricardo Cañas Montalvo comentó, “es un edificio donde murieron muchas personas y no sabemos si antes tuvo un indicio triste pero, en los 97 años que fue hospicio pasaron algunas cosas, entre ellas la muerte de un niño”.

La historia de apariciones toma realismo con los relatos de turistas y personal que trabaja, quienes refieren ver a niños, en especial a un infante “que camina por los pasillos, se le ve de noche, llora, es travieso porque enciende luces y cambia las cosas de lugar”.

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El relato más escalofriante, recuerda el director del recinto, es cuando hace unos años, previo a la desaparición de la policía intermunicipal, había “un vigilante que le asignaron el turno de noche y al otro día amaneció en la banqueta porque no quiso permanecer en el edificio argumentando, en el transcurso del turno estaba con casi todas las luces apagadas cuando vio siluetas corriendo en la parte superior, pensaba que se habían metido a robar, le habló a la corporación, llegaron, revisaron el edificio y no encontraron nada, se fueron y al rato, vio a unos niños en la parte de abajo pero se estaban riendo de él, entonces muerto de miedo se salió a la banqueta y pidió a su corporación no regresar nunca a vigilar el Museo de la Ciudad”, el hombre renunció y jamás se le ha vuelto a ver en el sitio.

Así también, han regresado al lugar ancianos que anteriormente siendo niños vivieron en el hospicio y recuerdan el pánico que les daba andar por ciertas zonas debido a la aparición de un niño que según cuentan, en el área de la zotehuela había caído a un profundo aljibe en forma de pozo, de donde lo sacaron muerto para después enterrarlo en un panteón de la ciudad.

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En este sentido, personal y visitantes sin ninguna relación en común, han coincidido en describir al niño de las apariciones como un menor de aproximadamente 9 años, peloncito, con overol y con la expresión triste.

Sobre este infante, el director Ricardo Cañas relata según los comentarios de visitantes, el menor “entra a donde está la cabeza olmeca que era la antigua cocina del hospicio y los turistas al verlo llorando lo siguen por esa única entrada para darle consuelo pero cuando llegan al interior no hay nadie; otras personas lo ven y avisan que anda un niño en los pasillos llorando”.

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Así también, agregó, “otro de los fenómenos es que se ve un perro, al cual incluso se le oye ladrar; precisamente, hace dos semanas uno de mis compañeros, Franz, le tocó trabajar hasta las 09:00 de la noche, ya estaba cerrado el edificio y de pronto, escuchó los ladridos del perro, tuvo que salirse y dejó las luces encendidas porque le dio mucho miedo”.

Por otra parte, las trabajadoras del lugar Margarita, Carmen y Marigely, comparten los relatos paranormales y aseguran, las zonas de mayor actividad fantasmagórica son el área de baños, la zotehuela (donde se encuentra el aljibe), los pasillos de la parte superior y debajo de las escaleras, área que durante el orfanatorio era usada como celdas de castigo.

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Otro de los relatos macabros, recuerdan, fue durante “la exposición de asesinos seriales y pena de muerte, exposición que estaba todo el día hasta las 07:00 de la noche, al final de la jornada cerraron el museo pero a la mañana siguiente, algunas de las figuras como la de Ed Gein e inclusive la de Jack ‘el Destripador’ aparecieron movidas de lugar pese a que estuvo cerrado con llave el espacio” toda la noche. La sala donde ocurrió este evento es conocida como ‘Sala A’ o ‘Sala norte’, la cual durante la etapa de orfanato era usada por las niñas menores.

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Debido a estos eventos, además de aquél policía, recientemente un estudiante que realizaba sus prácticas profesionales en el sitio optó por renunciar debido al temor que le ocasionaban los eventos paranormales, principalmente en el área adjunta a los baños, donde se encuentra la cabeza olmeca, sitio donde fue agredido físicamente por quien suponen un ‘ente’.

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El silencioso y enigmático recinto en los últimos años ha recibido videntes de algunas partes del mundo quienes aseguran percibir una profunda sensación de tristeza en la parte de la zotehuela, así como estudiosos de eventos paranormales quienes han corroborado la existencia de fuerzas sobrenaturales.

Fuente consultada:

http://www.eluniversalveracruz.com.mx