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Esta devastadora historia nace en Querétaro en el año de 1989, Claudia Mijangos parecía una amorosa madre de familia, hasta que un día, esta ex reina de la belleza se convertiría en una de las más despiadadas asesinas de México. La responsable de este espantoso hecho fue la Sra. Claudia Mijangos Arzac originaria de Mazatlán, Sinaloa.

En su vida todo iba bien, felizmente casada y madre de tres hijos, hasta que un día se divorció, lo que fue el detonante para sus trastornos mentales. Después de ese inevitable hecho que marco su vida para siempre, Claudia comenzó a aislarse y se volvió muy extraña, anteriormente era una persona muy alegre y sociable. Después de su divorcio se quedó sola a cargo de sus tres hijos: Claudia María  de once años, Ana Belén de nueve años y Alfredo Antonio de seis  años, ellos se encontraban en ese entonces  en la escuela.

Aquel día Mijangos había tenido problemas con su ex marido, ya que ella se encontraba enamorada del sacerdote de la parroquia donde daba catecismo, las malas lenguas incluso dicen que eran amantes. Esa madrugada del 25 de abril de 1989 a las 5 de la madrugada, aún faltaba un poco para que amaneciera, Claudia Mijangos escuchó unas voces en su cabeza, ¡le decían que los matara…! Estuvo un rato escuchando estas voces pensando si eran reales o no, después se levantó y se vistió completamente, fue a la cocina y tomó tres cuchillos, sus hijos aún dormían tranquilamente, pero Claudia había decidido matarlos.

El primero en ser atacado y el primero en morir fue Alfredo Antonio, el niño más pequeño, quien fue agredido mientras dormía en su cama. Claudia Mijangos se apoyó sobre la cama del niño lo tomó de la mano izquierda y a nivel de la articulación de la muñeca le ocasionó una herida. Después le propinó una serie de cuchilladas hasta matarlo; ya muerto siguió hundiendo el cuchillo muchas veces más.

Su hermanita de 11 años tras despertase por los lamentos de dolor de su hermanito, acudió a ayudarlo pero era demasiado tarde… La madre tomó el segundo cuchillo y se le fue encima para darle 6 puñaladas, pero la niña seguía viva y como pudo con sus pulmones perforados le decía: “¡No, mamá, no, mamá, no lo hagas!, moribunda alcanzó a bajar las escaleras para después caer desmayada boca arriba.

La siguiente victima fue su hija de 9 años, Mijangos tomo el tercer cuchillo y la apuñaló en el corazón. Todo este terror aún no era suficiente para Mijangos, pues regresó por su hija desmayada en la primera planta de la casa para volver a apuñalarla hasta matarla.

Esa misma noche Claudia Mijangos trató de suicidarse cortándose las muñecas y el pecho pero no lo consiguió. Al día siguiente por la mañana una de sus vecinas fue a la casa de Claudia para visitarle, tocó la puerta varias veces y al no ver respuesta tuvo que abrir la puerta a la fuerza, entró a la casa para darse cuenta de la terrible tragedia. Esta persona avisó a las autoridades correspondientes, ese mismo día fue detenida Claudia Mijangos por el delito de homicidio perpetrado a sus hijos. Las autoridades determinaron que Mijangos padecía de esquizofrenia y fue la única autora de este brutal crimen, este homicidio puso de luto a México y Mijangos fue llamada “La hiena de Querétaro”.

Claudia Mijangos fue recluida al penal y al mismo tiempo internada en el psiquiátrico del Cereso, hasta la fecha sigue recluida en el penal, ningún familiar en todo este tiempo la ha visitado. Respecto a la casa quedó en total abandono, nadie la reclamó.

Lamentablemente muchas de las veces cuando una persona muere de una manera violenta o inesperada, para su alma no es fácil encontrar la paz y su espíritu se queda atrapado en nuestro mundo, aunque ya no pertenezca a él… gran cantidad de gente que vive por los alrededores comentan que se aparecen en determinadas fechas del año los fantasmas de los niños asesinados en esa casa. Desde gritos, golpes, pasos y muchas más manifestaciones se rumora que ocurren en esa casa de Mijangos en Querétaro. Gran cantidad de investigadores han visitado la casa Mijangos con el propósito de captar algún ruido o algo relacionado a los fantasmas de los niños muertos, hay vídeos, grabaciones en audio que muestran que los espíritus todavía están muy presentes en este inmueble.

Fuentes consultadas:

http://www.sabersinfin.com

Página facebook de Eddie Doo

 

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Cuando recuperó la conciencia, Rosamél paseó la vista por el fondo de la quebrada, los restos esparcidos en ambos costados lo devolvieron al  horror de la batalla acontecida y a la certeza de la lucha que libraría contra el desierto. Apenas si recordaba un año antes en su casa del barrio de Mapocho en Santiago de Chile las circunstancias que lo llevaron a enrolarse después de una noche de juerga y de fervor patriótico. Pero hoy, en la soledad de la pampa, el cabo Rosamél Alfonso bahamondez Martinez, comenzaba el duro camino de regreso a la vida.

Buscó entre los morrales de las decenas de cuerpos, algo de comida y juntó un par de cantimploras. Comenzaba a amanecer y vio como los buitres y cóndores comenzaban a otear preparándose para el festín.

Caminó casi todo el día en dirección a lo que pensaba que era el poblado de Pozo al monte, en un momento de cansancio sintió que se le nublaba la visión, después de pasarse el pañuelo por la frente, levanto la vista  y vio una polvareda detrás de las dunas. A cierta distancia divisó una caravana de llamas y un centenar de indígenas vestidos a la usanza antigua, le pareció disparatada la idea de que el ejército peruano estuviera enrolando indios sin dotarlos de los pertrechos necesarios para la travesía del desierto. Se acercó arrastrándose a lo alto de la loma para observar mejor y se encontró con unos ojos aterrados que lo miraban, el extraño se alejó gritando,¡zupay, zupay!(demonio), mientras el cabo disparaba su fusil sin hacer un rasguño al asustado indio. Pensó que había cometido un error  y que el disparo alertaría al resto de la caravana, sin embargo la extraña visión comenzó a desvanecerse delante de sus ojos, hombres, guerreros y séquito desaparecieron delante de él sin dejar rastro.

Sintió que su cabeza comenzaba a dar vueltas y cayó sin sentido en la arena ardiente.

 Fue rescatado dos días más tarde por un grupo de arrieros que se dirigían al oasis de pica, allí se recupero y contó su aventura. Algunos se asustaron y le contaron la historia de la “Ñusta Huillac”, una sacerdotisa guerrera que en tiempo de la conquista huyó al desierto para escapar de Pizarro y cuya historia dio origen a la fiesta de la Tirana.

Rosamel, aunque pensaba que había sido un espejismo a consecuencia del sol, siguió repitiendo su historia hasta el día de su muerte 60 años mas tarde en santiago, y aunque regreso a su casa, una parte de su espíritu, permaneció en aquel desierto.

Más de un siglo después, aun se puede oír por boca de los lugareños, la extraña visión de un soldado que vaga por la pampa ataviado con el antiguo uniforme azul y rojo entre Tiviliche y Dolores, en el desierto de Atacama.

Cuento de Hector Pinto  http://elojosudaka.blogspot.com.es