Tag Archive: fantasma


Casi en la entrada del Cementerio Mount Carmel (Chicago), se halla una estatua impresionante, que representa a una mujer que sostiene un ramo de rosas entre sus brazos. Este monumento marca la tumba de Julia Buccola Peta, conocida como “la Novia italiana”.
Julia murió en 1921 en Schaumburg, de complicaciones evidentes del parto y fue enterrada aquí con su hijo, no nato. Un poco después de su entierro, su madre, Philomena Buccola, comenzó a tener una serie de sueños insólitos en los cuales, su hija difunta, Julia, le pedía, le suplicaba, que se exhumara su tumba. Esto continuó durante un tiempo, hasta que la madre trató que el sacerdote local consiguiera un permiso. Finalmente después de seis años, se lo dieron.
En 1927, la tumba de Julia Buccola Peta fue abierta y levantada de la tierra. En ese momento los testigos pudieron ver que el cuerpo de Julia todavía se hallaba tan fresco y lozano como el día en que ella fue enterrada.
El cuerpo de Julia fue resellado en un ataúd y enterrado de nuevo. Un monumento imponente fue erigido mostrando a Julia en su traje de novia que sostiene un ramo de rosas.
Los estudiantes de una escuela cercana al cementerio, han atestiguado haber visto una muchacha que anda por el cementerio antes del anochecer. De hecho, los rumores de que Julia andaba por el cementerio comenzaron cuando varios testigos afirmaron que fue vista en un baile de dicha escuela, en la noche de Halloween de 1976.
Un grupo nutrido de gente que pasaba por Harrison Street pudo ver, cómo una muchacha andaba por entre las lápidas. Tras parar el coche, pronto vieron con pavor que, en medio de la lluvia torrencial de ese día, sus ropas estaban absolutamente secas. Su pelo y vestido estaban intactos a pesar del aguacero. Al ver eso, los testigos abandonaron el lugar muy asustados.
Entrevistados por miembros del Departamento de Policía de Hillside, los testigos agregaron más datos a su extraña experiencia: también vieron formas luminosas blancas que flotaban alrededor de la aparición. Asimismo, se supo que la aparición también fue vista por un oficial del propio Departamento de Policía.
El fantasma de Julia, también ha sido visto alrededor de la pequeña oficina de administración que se ha construido dentro de la entrada al Cementerio, por Harrison Street. Cientos de personas han declarado haber percibido cerca de su tumba un olor venido de la nada, a “rosas”, y sobre todo en los meses más fríos, cuándo todas flores frescas están muertas.
El diseñador floral Ruth Bukowski, residente de Chicago, afirmó que cuando él entró en el cementerio en noviembre de 1982, las flores que olió eran definitivamente las llamadas “rosas de té”.
Finalmente, en 1978 un testigo ocular relató haber visto aparecer luces brillando en la tumba de Julia. El Mount Carmelo contiene también muchas otras tumbas fascinantes, incluyendo las de Al Capone y Deanie O’Banion.
Anuncios

Dicen que el fantasma de Felicia Antonia Guadalupe Guerrero y Cueto, personalidad que pasó a la historia argentina como Felicitas Guerrero, la mujer más bella de su tiempo, nacida en la época de Rosas,  aparece en muchos lugares de la Ciudad de Buenos Aires y en los campos de la zona del río Salado al Sur, en una de sus estancias. Durante muchos años, los 30 de enero, los pañuelos dejados por muchas damas en las rejas de la Iglesia en Barracas, al día siguiente se encontraban humedecidos por sus trágicas lágrimas fantasmales.

Felicitas Guerrero

 

Esta Iglesia fue donada por sus padres en su recuerdo. Fue diseñada por el arquitecto Ernesto Bunge; la familia Guerrero, la inauguró discretamente en 1876, cuatro años después de que su hija, la reciente viuda Felicitas fuera asesinada por un festejante despechado.

La joven había contraído matrimonio, obligada por su padre, a los 15 años con don Martín Alzaga, un hombre que le triplicaba en edad pues tenía 50 años y que la dejó viuda cuando tenía 22. Ese matrimonio por conveniencia interrumpió un amorío que ella estaba manteniendo con Enrique Ocampo, pero no apagó por completo la llama de esa pasión.

No fue feliz en su relación, su primer hijo murió de peste amarilla a los seis años y su segundo hijo feneció con días de nacido. Su anciano marido muere de tristeza poco tiempo después dejándola como riquísima heredera. Con 26 años se transformó en una joven viuda, atractiva y adinerada que podía fácilmente enamorar.
Los libros de la época la recuerdan como a una mujer extraordinariamente hermosa y dueña de una envidiable lista de pretendientes, a cual más aristocrático y acaudalado. Entre los candidatos que disputaban su mano estaba Enrique Ocampo, hijo de una tradicional familia porteña. Aquel hombre apenas se enteró de que la viuda había aceptado la oferta de matrimonio del estanciero Samuel Sáenz Valiente, -dueño de la estancia colindante- cayó preso de un desequilibrio mental.

Samuel Sáenz Valiente

Según la historia, la tarde del 29 de enero de 1872, Felicitas había ido de compras a la ciudad y a presenciar los festejos de la inauguración de un puente sobre el río Salado, que entonces bañaba las orillas de su estancia. Cuando regresó a su domicilio, Ocampo la aguardaba sentado en el living y, tras una acalorada discusión, el enamorado sacó un revólver y la hirió de muerte. Su primo, de apellido Demaría, también pretendiente, salió en su defensa, quitó el arma al homicida y lo mató de dos balazos en riña. La certificación de esto se perdió “en el tiempo”.

A la bella muerta se la ha visto por los campos de Lezama, en el barrio de Barracas, en la hermosa iglesia de Santa Felicitas, en el monumento mortuorio familiar en el Cementerio de Recoleta y-lo más raro- en los túneles del subterráneo de la línea A –en la estación, hoy no operable contigua a la Plaza Miserere-, donde –según el personal de vías y obras- la doliente parece esperar que éste llegue algún día a la calle Albariños y Rivadavia, a pasos de la Iglesia Corpus Dómine.

Su intención parecería hacerla querer llegar a esta última Iglesia, donada por su familia y que necesita aun mucha ayuda para lo que es uno de los edificios más importantes en la historia del barrio. Además supongo que desea que todo el mundo conozca su gran sufrimiento y le den el consuelo de encontrar en el otro mundo la felicidad, perdida desde los 15 años.

Campanas que suenan, llantos que rechinan y alguna sombra de un vestido que fuera blanco que se escurre entre asientos que cubren el ala central de una capilla con la convicción de que nadie va a ingresar por allí. Tal vez, si todo se consuma y logra encontrar este último altar para arrodillarse frente a él, logre ese consuelo y la parte de su espíritu que aún no emprende el postrer viaje, termine su triste vagabundeo.

Fuente consultada:

http://pulperiaquilapan.com

http://www.oscuridadoculta.blogspot.com.es

Fotografías: http://www.taringa.net

Son muchos los testigos que aseguran haber visto al fantasma del niño Pedrín, asesinado brutalmente en la zona del Monte Abantos y en cuyo lugar del crimen se alza hoy una cruz de piedra.

103111247

Lo primero que debemos tener en cuenta en esta historia es la localización, El Monte Abantos en El Escorial, Madrid (España) una zona rodeada de misterio desde tiempos antiguos, pues El Monte Abantos es un lugar mágico desde hace miles de años. Ya el pueblo pre-romano de los Vetones lo eligió como lugar para comunicarse con los dioses y en el Siglo XVI, Felipe II elige esa zona para construir el Monasterio de El Escorial y cuentan que no fue casualidad, ya que Felipe II pudo elegir ese lugar concreto para con el monasterio “sellar” una supuesta puerta al infierno que dicen se encuentra en esta localidad.

g_010

                                               www.monasteriodelescorial.com

Una mañana de invierno en 1893,  el niño Pedrín se dirigió al monasterio de la localidad para realizar sus labores de monaguillo, pero sin más desapareció misteriosamente. Al caer el sol y no aparecer Pedrín, su madre puso sobre aviso al padre del niño, quién movilizó a los vecinos de San Lorenzo y a la guardia civil que comenzaron su búsqueda, la cual se dilato durante días sin éxito mientras las esperanzas desaparecían.

Fue a la semana aproximadamente cuando su cadáver fue hallado oculto en el monte Abantos por unos cazadores que frecuentaban el lugar. Algunos dicen que fue secuestrado dentro del monasterio haciéndole así víctima de una conspiración, mientras otros cuentan que fue un vecino perturbado, un loco de la zona quién cometió tan cruel asesinato llamado el “Chato del Escorial”.

El Chato según las crónicas de la época “Violó al niño de cinco años, le asesinó y después llevó el ensangrentado y tierno cuerpecito a un monte para que se lo comieran los lobos. “El Chato” es alto, flaco y recio, tostado como un haz de sarmientos.  Sus manos enormes son las zarpas faunescas que atarazaron la mancillada carne del niño Pedrín. Veintitrés años vivió en la brigada del penal, donde se quedó ciego. Al evocarle aquella hora siniestra, repite como poseído por una pesadilla: -¡Los frailes!  ¡Fueron los frailes!”

En el lugar donde se encontró el cuerpo de Pedrín, se puso una cruz en memoria del pequeño de 5 años asesinado brutalmente allí, en sus alrededores se dice ocurren cosas extrañas y misteriosas.

2205201000321

Hoy día mucha gente desconoce la verdadera leyenda, pero existen testigos y testimonios que afirman, haber vivido situaciones extrañas en ese lugar. Gente que por el motivo que fuese estaba allí en la oscuridad de la noche, y de repente ver como de la abundante vegetación del lugar desciende una sombra de una estatura aproximada de 2 metros, negro mas negro que incluso se diferencia de la noche, de complexión fuerte y lo mas característico si cabe la posibilidad sin un rostro definido. aproximándose hacia el vehículo, como es obvio en este caso los testigos de tal escalofriante escena arrancan el coche y huyen desconcertados, despavoridos, sin dar crédito a lo que acaban de presenciar en ese mágico y oscuro monte abantos.

Otros testigos también hablan de unas voces de niño rodeando la cruz. Cruz que si nos acercamos podemos apreciar no solo el importante desgaste con el paso del tiempo, sino unas frases que narran un poco la tragedia que por aquel entonces se vivió en ese lugar, en la cruz de granito dice textualmente: “ 10 de febrero de 1893 fue hallado en este sitio el cadáver del desgraciado niño Pedrín Bravo y Bravo víctima del brutal salvajismo”.

Hl7Vo3u

Fuente consultada: http://www.todomisterios.com/

 

El sonido inconfundible de la campana del despertador tiene siempre la mala costumbre de sacarme de los más bellos sueños que una pueda imaginar. ¡Dios, cómo odiaba el maldito aparato!

Sin apenas tiempo para ni tan siquiera desperezarme dentro de las cálidas sábanas, salté de un salto al gélido suelo de linóleo y entré en el cuarto de baño pensando en el abultado día de trabajo que me esperaba por delante. Por la mañana debía de acompañar a mi madre a la unidad de oncología para que la realizaran unas pruebas y después debía de asistir a la rueda de prensa que los padres de la última niña asesinada por el asesino del as de corazones, carta que solía dejar junto al cadáver de la víctimas, habían convocado y a la que mi jefe de redacción me había pedido encarecidamente que cubriera.

Una rápido vistazo al reloj de pulsera me puso en alerta de lo tarde que era, así que me di un rápido cepillado de dientes, un rápido cepillado de la larga melena tan rubia como el trigo y un maquillado express al que estaba más que acostumbrada por tener un trabajo de periodista a tiempo completo con idas y venidas en tiempo récord. Sin apenas tiempo para ni tan siquiera un café, decidí tomarlo en el hospital  mientras mamá estuviera haciéndose las pruebas.

Lo más puntual que yo podía ser, es decir, veinte minutos tarde, llegué a casa de mi madre para recogerla. Después de oírla poner el grito en el cielo ante mi falta de puntualidad y compromiso al que ya estaba acostumbrada desde que empecé en la facultad de periodismo, acabamos en la sala de consultas de la unidad de oncología sólo cuatro minutos tarde, pues mi madre conociendo mi escasa puntualidad muy ladina ella, había quedado conmigo media hora antes.

Mientras le hacían las pruebas bajé a la cafetería y me serví una taza de café con ración extra de azúcar, pues necesitaba estar activa y despierta lo más posible. Cuando subía a recoger a mi madre, la expresión de su rostro había cambiado. Mis sentidos me decían que algo andaba mal y me puse en alerta, conocía demasiado bien a mi madre y su cara mostraba miedo, mucho miedo.

_ ¿Mamá, qué ocurre?¿Qué ha pasado en las pruebas?

El Dr. Thompson oncologo jefe del Hospital San Mercy, me invitó a pasar a  la sala de consulta. Allí sentada esperando una explicación, se confirmaron mis más terribles temores.

_Christine las pruebas que le hemos realizado a su madre no son nada halagüeñas, nos confirman que el tumor se ha extendido por el lóbulo frontal y es necesario una intervención quirúrgica inmediata.

_ Pero usted lleva meses diciendo que todo iba bien y que había conseguido detener el crecimiento del tumor. ¿Cómo es posible que ahora se haya extendido tanto?. No debe de haber de un error en las pruebas.

_ Tranquilicese por favor. El cáncer es una enfermedad que no tiene una pauta fija, de repente un día se paraliza como al día siguiente avanza inexorablemente. Lo importante ahora es erradicarlo con cirugía lo antes posible.

_ ¿Para cuando sería la intervención? Me gustaría planificarlo para pedir permiso en el trabajo.

_ Hoy se quedará ingresada y mañana a primera hora entrará en quirófano. El tiempo está en nuestra contra en estos casos.

_ No me lo puedo creer, nosotras sólo veníamos a que se realizase unas pruebas y ahora me dice ¿qué se tiene que quedar ingresada?

Como en una de terrible pesadilla acompañé a mi madre a su habitación, la 334. Llamé a mi jefe para que alguien me sustituyera en la rueda de prensa y fui capaz de coger algo de ropa de la casa de mi madre sin dejar que ni una sola lágrima asomara a mis ojos.

Sentada allí junto a la cama de mi madre, reparé por fin en lo frágil que se la veía. Nunca antes me había dado cuenta del pequeño y menudo cuerpo que ahora tenía, parecía una niña pequeña encogida y llena de arrugas. Necesitaba un café o acabaría compadeciéndome de mi misma por no haberla prestado más atención.

Al salir de la habitación me fijé en la anciana que ocupaba la habitación 333, la pobre estaba conectada a un sin fin de aparatos y tubos nasales. Algo no se el qué, me impulsó a entrar. Una débil sonrisa pegada a una desdentada boca me dio la bienvenida.

_ Hola, soy Christine la hija de la señora de al lado, la de la 334. ¿Qué tal se encuentra?

_ Muy cansada, _me respondió con apenas un hilo de voz_.

_ No se preocupe, verá como poco a poco se va recuperando,_que mal miento, pensé mientras la miraba_. ¿Está alguien con usted?

_ No tengo a nadie, mi marido murió hace mucho tiempo ya y dios no tuvo a bien darme hijos.

No sé por qué, la soledad de la pobre anciana me conmovió el alma y de repente me vi diciéndole que como mi madre estaba ingresada al lado suyo, si no le importaba yo pasaría de vez en cuando por allí para hacerla compañía. Una chispa de luz atravesó sus ojos y no necesitó decirme nada para que pudiese entender lo que me agradecía el ofrecimiento.

Me despedí de ella y bajé a tomarme mi dosis de cafeína que por cierto buena falta me hacía. En el televisor de la cafetería estaban los padres de Madeleine explicando la muerte de su hija y entre el centenar de reporteros, la inconfundible melena rojiza de mi astuta compañera de redacción que buscaba cualquier pretexto para poder pisarme el terreno. En este caso, yo misma le había abierto la puerta para ocupar mi puesto en la redacción.

Desechando toda idea acerca del trabajo me pasé por el quiosco para comprar alguna revista de cotilleos que mi madre pudiese ojear. De camino al quiosco pasé por el pequeño puesto de flores y vi un hermoso ramillete de flores amarillas de Diente de León. Supe para quien serían en cuanto las vi.

Mientras me marchaba de la habitación 333, la imagen de la anciana junto al ramillete de flores amarillas le daba un aspecto de alegría al sobrio lugar que me hizo marcharme llena de energía.

De nuevo junto a la cama de mi madre me dispuse a pasar la noche lo más cómoda posible si eso era posible, acurrucada en la dura silla de acompañante. En plena madrugada mientras intentaba encontrar una postura que me dejase estirar la espalda, vi parada ante la puerta medio abierta de la habitación a la ancianita de la 333. Me incorporé en la silla y mirándola fijamente sin creer todavía si aquello era o no un sueño, la anciana me dedicó una amplia sonrisa y un efusivo adiós con la mano a modo de despedida.

Con el corazón latiéndome a cien por hora, salí corriendo al pasillo detrás de la ancianita temiéndome lo peor dado su estado de gravedad, pero el pasillo aparecía oscuro y silencioso sin sonido alguno que delatase la presencia de persona alguna.

Al pasar por delante del puesto de enfermeras, no pude por menos que contarles lo ocurrido y cual fue mi sorpresa cuando éstas me confirmaron tras mirar las fichas de ingreso en el ordenador que en la habitación 333 no había nadie ingresado pues llevaba vacía y cerrada varias semanas debido a un problema de humedades en el techo. No creyéndome nada de lo que me decían, les pedí que viniesen conmigo a la habitación 333, habitación en la que les conté había conocido a la anciana enferma y a la cual le había regalado un ramillete de flores amarillas esa misma mañana.

Tomándome por una histérica enajenada o algo así, consintieron en acompañarme más que nada para callarme la boca y que las dejara en paz de una vez. Al abrir la puerta de la 333 el estupor cubrió el rostro de las dos enfermeras y el mio propio, pues allí sobre la mesita de la habitación lucían frescas y primorosas las amarillas flores de Diente de León que yo había regalado esa mañana a una ancianita inexistente.


Raynham Hall, es una mansión rectangular, construida de ladrillo y aderezos de piedra, es considerada como una de los mejores mansiones en el condado de Suffolk.  Fue encargada construir por Sir Roger Townshend, bajo la dirección del célebre Iñigo Jones siguiendo el novedoso estilo italiano, mientras que la decoración interna se debe en gran parte a William Kent, tiempo atrás afamado pintor y decorador de carruajes.  Las obras comenzaron en 1619, durante el reinado de Jaime I y terminado alrededor de 1630 en el reinado de Carlos I.

La noble casa se encontraba en medio de 20 acres de terreno cercado, con amplios jardines que, con el tiempo, fueron evolucionando al dictado de las modas paisajísticas.

El recibidor de mármol, de Raynham Hall, tal y como lo diseñó el interiorista William Kent para Lord Townshend, a finales del siglo XVII y principios del XVIII. En el artesonado del techo, luce en su centro las armas de la familia Townshend.

Lord Charles Townshend, 2º Vizconde Townshend y 4º Baronet Townshend de Raynham (1674-1738), rico terrateniente y distinguido miembro del Gobierno Whig, se enamoró de  Lady Dorothy Walpole (1686-1726) apodada familiarmente “Dolly” y hermana del no menos célebre Primer Ministro Sir Robert Walpole, 1er Conde de Orford y señor de Houghton Hall, en Norfolk (1676-1745).

Tenía pensado casarse con ella pero se vio forzado a contraer matrimonio bajo recomendación paterna con Lady Elizabeth Pelham, hija del Barón Pelham de Laughton, en 1698.

Lord Charles Townshend (1674-1738).

A la muerte de su primera esposa Elisabeht Pelham, Charles Townshend se casa por segunda vez en 1713 con Dorothy Walpole. Charles aportó cinco hijos de su matrimonio anterior que sumados a los siete que le daría “Dolly”, daría la enorme suma de doce hijos.

Lady Dorothy Walpole

Pero la pasión inicial y el buen entendimiento de la pareja dejaron paso a la desconfianza, al recelo y a los celos de Lord Townshend. Enterado por terceras personas del antiguo idilio de su esposa con Lord Philip Wharton y de sus coqueteos de salón, mandó encerrarla en la alta torre del ala Sur de Raynham Hall, separándola de sus hijos y del resto del mundo.

En 1726, se notificó curiosamente la repentina muerte de Lady Dorothy Townshend, como desenlace final de la viruela. Se procedió a su entierro sin más, en medio de la mayor discreción, lo que alentó a ciertos rumores acerca de su misteriosa y repentina muerte. Las desavenencias entre Dorothy y Charles ya conocido popularmente como “Lord Nabo” o “Turnip Townshend” por su obsesión en cultivar nabos en sus tierras y promocionarlos, era notoria entre la aristocracia londinense.

Las sospechas recayeron, naturalmente, sobre Lord Charles Townshend, viudo por segunda vez, padre de doce hijos y ministro en el zenit de su apogeo.

Un corto espacio de tiempo después de que Lady Dorothy Townshend falleciera en extrañas y nada aclaradas circunstancias, su espíritu se manifestó de forma continua ante los ocupantes de Raynham Hall, tanto delante de la que fue su familia como delante de los sirvientes de la casa. La servidumbre fue la primera en reconocerla vagando por las estancias de la mansión, la aparición se manifestaba enfundada en un amplio vestido de brocado pardo, con el semblante lívido, propio de una muerta, y con las cuencas de los ojos vacías. Se cree que, en el momento de su muerte, Dolly llevaba el famoso vestido de brocado pardo.

El 21 de junio de 1738, a sus 64 años, Lord Charles Townshend fallecía en Raynham Hall, unos 12 años después de que desapareciera su segunda mujer con tan solo 40 de edad.

Dada la frecuencia de las apariciones de la “Dama Marrón”, los Townshend abandonaron prontamente Raynham Hall. Después de la muerte del marido de Dolly, la mansión fue desocupada hasta finales del siglo XVIII y principios del XIX.

Pocos años después, el Príncipe Jorge de Gales –futuro rey Jorge IV-, regente en nombre de su padre demente Jorge III, de paso por el condado de Norfolk, tuvo la extraña idea de alojarse en Raynham Hall. En medio de la noche, fue súbitamente despertado por sollozos y risotadas histéricas descubriendo, con gran estupor, que al pie de su cama estaba mirándole la “Dama Marrón”.

Otro huésped de los Townshend en Raynham Hall, el escritor Frederick Marryat, un personaje totalmente escéptico acerca de los fantasmas se encontró con la “Dama Marrón” cuando regresaba de vuelta a su habitación, Marryat hombre de gran temple, sacó su revólver disparando a bocajarro sobre la aparición. En la pared frente a ellos, encontraron incrustada la bala disparada por Marryat.

Tras el episodio de Marryat, Dolly dejó de aparecer por la casa o, al menos, de materializarse ante testigos presenciales hasta 1849. Sorprendió al Mayor Loftus, yerno del 1er Marqués Townshend (estaba casado con Lady Elizabeth Townshend), y a su amigo Hawkins mientras jugaban una partida de ajedrez. Después de aquella fecha, pasaron 77 años en los cuales Dolly volvió a dejar de molestar a los ocupantes de la mansión.

Fue en noviembre de 1926, cuando el fantasma de Dolly se le apareció al último descendiente vivo de la familia Townshend: su tataranieto Lord Bruce Townshend, que tan solo tenía 10 años.

Diez años después de ese encuentro entre Dolly y su tataranieto, se tomó la famosa fotografía del 19 de septiembre de 1936. El Capitán Hubert C. Provand, director de Arte de la firma comercial londinense Indra Shira Ltd., y su socio de la empresa, Mr. Indra Shira, expertos en fotografía, habían recibido el encargo, de realizar varias fotografías interiores de la vasta mansión para la famosa revista “Country Life”.

Hacia las 16h00, se encontraban ambos terminando la ronda fotográfica de los pisos superiores, fijándose en la emblemática y majestuosa escalera de roble que unía la planta baja a la planta noble. Shira afirmaría posteriormente haber visto una forma etérea bajar por aquella suntuosa escalera de roble, dirigiéndose hacia ellos, por reflejo profesional, Shira apretó el obturador del flash cuando aquel espíritu flotante estaba a mitad de camino de ellos.

Shira enviaría el negativo al insobornable Harry Price, director de la Sociedad de Estudios Psíquicos de Inglaterra, personaje de indudable seriedad y rigor. Se declaró convencido de la autenticidad de la extraña fotografía, tras analizarla detalladamente y a conciencia. Muchos fueron los que identificaron aquella manifestación etérea con Lady Dorothy “Dolly”, Vizcondesa de Townshend, que llevaba doscientos años muerta.

Hasta entonces, el fantasma de Dolly, a decir de testigos, iba vagando por las estancias de Raynham Hall en busca de sus hijos, de los cuales les había privado su marido Charles.

Y es que Dolly no es el único fantasma que habita entre los muros de Raynham Hall. Se han visto a los espectros de dos niños con un cocker spaniel corretear por los pasillos de la mansión. También suele aparecer el famoso Duque de Monmouth, hijo natural del rey Carlos II de Inglaterra, seguido por su fiel perro de lanas, por las estancias del caserón… Y es que Monmouth, tan solo pernoctó durante un tiempo en Raynham Hall, antes de acabar con la cabeza en el tajo por rebeldía y alta traición.

Fuente y fotografías: http://retratosdelahistoria.lacoctelera.net/



Mi Hijo Luis.

El monótono zumbido del despertador anunció a Cristina que era la hora de levantarse y preparar el desayuno para su hijo Luis. Tranquilamente se desperezó y se dirigió al cuarto de baño. Allí, frente al espejo y mirando fijamente su rostro, se dijo cuán rápido había pasado el tiempo. Esas pequeñas arrugas entorno a sus ojos y las delgadas líneas que surcaban su frente, le hicieron recordar que había pasado yá más de dieciocho años desde que diera a luz a su hijo Luis.

Luis, su más tierno amor y su más terible quebradero de cabeza. Desde que se quedara viuda hacía yá más de dos años, apenas si tenía comunicación con su hijo y cuando la había , era para salir discutiendo. Eso mismo había pasado esa noche, sin saber cómo ni por qué, los dos acabaron diciéndose cosas que no sentían y todo acabó cuando su hijo dando un portazo a la puerta, salió a la calle dejando tras él, una extraña sensación de vacio en Cristina.

Mientras se preparaba un café, pensó a dónde habría dormido esa noche, quizás en casa de su amigo Antonio o quizás de Laura, esa nueva chica con la que salía desde hacía unos días.

El ruido de la puerta de la calle, la sacó de sus pensamientos. Se asomó a través de la puerta de la cocina y vio a su hijo Luis con la misma ropa del día anterior, medio despeinado y con mala cara. Iba a decirle algo, cuando éste se dirigió rápidamente a las escaleras y subiendo éstas, se metió en su habitación. Iba a seguirle cuando el sonido del timbre la hizo dirigirse a la puerta y abrirla. Se quedó un poco azorada cuando vio a dos policias uniformados con cara de circunstancias.

Tuvo que agarrarse al marco de la puerta cuando éstos con voz temblorosa, le comunicaron que su hijo Luis había muerto esa noche mientras conducía a toda velocidad por la ciudad.

https://i2.wp.com/latrola.net/blok/wp-content/gallery/accicoches/broke_29.jpg

Casi a gatas, subió las escaleras camino de la habitación de Luis, asió el pomo, lo giró y abrió la puerta. Allí no había nadie, sólo se oía el sonido entrecortado de su jadeante respiración.

Obra Registrada en : http://www.safecreative.org/work/ 1003015663016