La iglesia de San Martiño, presidida por dos torreones, es sin duda el símbolo de Noia, una villa cargada de historia. El pasado y el presente de este templo están envueltos en un aura de misterio. Aunque no está nada claro quién ni por qué gestó la leyenda, esta perdura hasta la actualidad, alimentada por el hecho de que una de las almenas del edificio sigue sin concluirse casi seiscientos años después de que se dieran por finalizadas las obras de construcción del recinto religioso. Hay una leyenda local que dice que el que intente terminar esa segunda torre tendrá un final trágico. Se cuenta que eso le ocurrió al maestro cantero que la construía en su tiempo y que murió al caer desde ella y algo parecido le pasó desgraciadamente a Claudio Guerín.  Hay quien no duda en hablar de la torre maldita, sobre todo después del trágico suceso que tuvo lugar en 1973.

Aquel año, Noia se visitó de gala para recibir a Claudio Guerín, considerado entonces como una de las jóvenes promesas del cine español, y a su equipo, del que formaba parte un actor de renombre, el francés Renaud Verley. El motivo de la visita no era otro que el de rodar una película: La campana del infierno . El bullicio se apoderó durante unos días de la villa y nada hacía presagiar que el título del filme y una de sus escenas principales, la caída del protagonista desde una de las torres de San Martiño, iban a cobrar realidad.

Pero fue así, el 16 de febrero, Guerín se precipitó al vacío desde una estructura que se había instalado para unir las dos almenas de la iglesia, la que remata en un campanario y la inacabada, que con motivo del rodaje se había reconstruido con cartón piedra. El director de cine halló la muerte en las piedras de la plaza de O Tapal cuando solo faltaba una secuencia para concluir el rodaje de la película, tarea que después asumió Juan Antonio Bardem.

El trágico final de Claudio Guerín no hizo más que alimentar una leyenda que, desde hacía mucho tiempo, se cernía sobre la torre inacabada de San Martiño. Aunque nadie sabe los motivos, muchos coinciden en asegurar que la mala fama de la almena viene de lejos. El párroco José Luis Fuentes llegó a la iglesia noiesa en 1996 y pronto fue conocedor de la misteriosa historia.
Fue precisamente a este hecho al que muchos atribuyeron la muerte de Claudio Guerín, por su empeño en reconstruir la torre para el rodaje de su película, aunque solo fuera usando cartón piedra.

La película estaba prácticamente terminada. Solo faltaba rodar una escena. Guerín, al parecer, quería emplazar allí la cámara para rodar una toma bastante compleja. Había un pequeño pasadizo con unos quitamiedos. Guerín quiso saltar a un ancho voladizo de la iglesia y al hacerlo, como llevaba chanclas, dio un traspiés y no pudo guardar el equilibrio, desplomándose desde una altura de veinte metros. Lo recordaba así hace unos años el guionista del film Santiago Moncada en el programa “Cuarto milenio” de la SER: “Es una imagen que nunca se me borrará de la cabeza. Verle caer y retorcerse en el aire para tratar de evitar una verja con pinchos que había al pie de la torre. Mientras caía él sabía que aquella verja estaba allí y esa forma de retorcerse nunca la olvidaré. Logró evitar los hierros pero se estrelló contra el suelo. Fue una imagen espantosa.”

Lo que está claro es que, como en otras muchas cuestiones relacionadas con fenómenos sobrenaturales, la ciudadanía noiesa está dividida. Hay quien se cree a pies juntillas la leyenda de la torre maldita, y que incluso atribuye a esta la muerte de Guerin y el hecho de que nadie haya restaurado la almena, y hay quien opina que se trata de un mito sin más.

Pero, si esa segunda teoría fuese la correcta, cabría hacerse una pregunta, ¿por qué entonces uno de los campanarios se encuentra inacabado cuando, solo con mirar el templo, uno se da cuenta de que le objetivo inicial era construir dos torres gemelas?

Ni siquiera los historiadores locales saben cuáles fueron los motivos reales que propiciaron que el símbolo de Noia sea un templo con dos almenas, una de ellas inacabada. Xerardo Agrafoxo, que incluso dedicó parte de un libro al trágico fallecimiento de Claudio Guerín, explicó que no hay datos documentales que expliquen este hecho.

Lo que sí se sabe es que esta falta de información ha ido alimentando una leyenda que, por lo menos de momento, no tiene visos de ser desmentida. Descubrir la verdad sobre la torre inacabada de San Martiño contribuiría a poner fin al mito. Mientras, el misterio seguirá envolviendo a este edificio, símbolo para los residentes en Noia y fuente de preguntas sin respuesta para los visitantes.

Fuentes: https://www.lavozdegalicia.es

 

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