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La niña del Cortijo Miraflores habita actualmente, según cuentan, en el antiguo molino de aceite, paseándose con toda tranquilidad por todas las dependencias […]. Ella juega tranquilamente o le pide a alguien que le ayude a buscar a sus padres. Con la inocencia de una niña muerta… (Tribuna Express).

el cortijo fue construido en 1706 por don Tomás Francisco Domínguez y Godoy sobre la antigua casa de labor de su abuelo, en un paraje denominado Prado de San Francisco. Medio siglo después diseñó un jardín
frontal que duplicaba el espacio interior y en 1850 el entonces intendente general de Filipinas llevó un puñado de plantas exóticas que perduran allí hasta hoy. El palacete, de dos plantas y grandes salones, fue ocupado por una familia y después pasó a ser utilizado como molino de aceite hasta bien entrado el siglo XIX. Adía de hoy este antiguo palacete el ayuntamiento lo ha reformado para dar cabida a exposiciones, ponencias y otros actos de carácter cultural.
Según contaba el antiguo director del centro, Germán Borrachero, una noche, cuando había cerrado ya el cortijo y estaba apagando todas las luces para marcharse, mientras se encontraba en la sala II vio pasar a una niña de unos nueve años, con un vestido blanco de manga corta y con la falda como plisada. Pensó que podría ser una niña que se hubiera quedado encerrada por un despiste después de que los conserjes cerraran el
centro, o incluso que se hubiera colado haciendo algún tipo de travesura. El caso es que llegó a perseguirla por esos pasillos ya en penumbra, y al girar una esquina, la niña desapareció. Él dice que en un principio se calló. No quiso contar nada a nadie. Pero a los pocos meses le sorprendió escuchar a los conserjes del edificio contando que una noche habían visto a una niña vestida de blanco corriendo hacia una de las salas y desapareciendo allí mismo, ante sus ojos. El propio Germán y luego otros tantos compañeros hablaron de que algunos días al abrir por la mañana se encontraban los libros de la biblioteca desperdigados por el suelo, como si hubieran volado literalmente por la habitación. Lo mismo ocurría con algunos expedientes del Archivo Histórico, que aparecían desplazados de su estante, pero no como si hubieran caído en vertical, sino como si también los hubieran lanzado a una gran distancia. Dentro del edificio hay una sala muy amplia donde se expone un antiguo molino y otros elementos que pertenecieron al cortijo en época de su construcción. Hay unos cables de acero que quedan a la altura de la cintura y que sirven como perímetro de seguridad para proteger los objetos en exposición; igual que los cordones en los museos…
Pues bien, en varias ocasiones esos cables de acero han aparecido rotos, como si hubieran sido cortados por la mitad. Gloria, una profesora de música, se quedó en uno de los despachos de la primera planta junto a dos amigas. En ese tiempo de espera, una de las veces en
que regresaba del servicio, escuchó un extraño silbido a sus espaldas, seguido de la sensación de que algo corría detrás de ella. Llegó a notar cómo se le movía el pelo y, segundos después, que una mano de pequeñas dimensiones le tocaba el hombro. Se giró rápidamente, pensando que su compañera estaba gastándole una broma. Pero allí no había nadie.
El mismo ayuntamiento mandó llamar a una médium y a un sacerdote, la médium dijo no sólo había una niña sino una familia entera, que había una mujer, un hombre, una niña y un niño, y que le pedían insistentemente agua. Decía que el niño estaba en la planta de arriba, donde jugaba habitualmente. Parece que la madre iba vestida completamente de negro, como si fuera de luto, y decía que la niña se mantenía muy inquieta y que siempre estaba correteando de un lado para otro.
Otro de los testigos y empleado del ayuntamiento, mientras le enseñaba el cortijo a un invitado a una ponencia, se empezó a sentir durante la visita, tanto que tuvo que apoyarse en una pared mientras totalmente pálido y con voz entrecortada repetía sin cesar algo sobre una niña, este empleado del ayuntamiento que le atendía, se volvió para pedir ayuda y fue entonces cuando al darse la vuelta, vio a una niña de unos siete u ocho años, con un vestidito blanco y unos calcetines de
crochet. El detalle inicial que más le extrañó fue el peinado, con unos tirabuzones que parecían más bien propios de otra época y una ausencia total de rostro… En ese momento Antonio intentó solicitar la ayuda de la niña para que llamara a algún adulto que pudiera atender al técnico de rostro descompuesto y que seguía repitiendo sin cesar: «La niña, la niña». Al observar que la pequeña parecía ajena a aquel espectáculo, Antonio trató de insistir golpeándole el hombro. Pero la mano atravesó a aquella figura infantil, y su silueta se empezó a mover como cuando tocas una cortina de humo… Y desapareció. Simplemente se evaporó.
Un viejo recorte de 1903 hablaba del incendio del cortijo, sin dar detalles sobre la suerte de sus habitantes… ¿Por eso pedían insistentemente agua los fantasmas del mismo?
Fuente: Están aquí. Son los otros. Javier Pérez Campos. Editorial Planeta 2016.
Imagen de marianaalvarezracero.blogspot.com/2007/
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Tras cruzar el pueblo de Ayerbe y asentado sobre una prominente roca se encuentra el enigmático Castillo de Loarre.

Se cuenta que por aquel entonces el conde D. Julián era gobernador de Ceuta y guardián del Estrecho en tiempos del último rey de los godos, D. Rodrigo. Tenía el conde una hija, Florinda, llamada “La Cava”, cuya portentosa belleza era conocida en toda la región. Su padre decidió llevarla a la Corte del rey para ser educada en los modales palatinos, tal como merecía una dama de su alcurnia. No tardó el monarca en enamorarse de la joven a la que trató de cautivar con insistencia. Ante los continuos rechazos de ésta, llegó el día en que el monarca tomó por la fuerza lo que por su voluntad no pudo obtener. Enterado D. Julián de dicho agravio se vengó del monarca dejando entrar a los bereberes por el norte de África. El conde y su hija fueron apresados en la fortaleza lobarresa, por tamaña traición al reino, el sentimiento de culpa llevó a Florinda arrojarse al vacío desde un torreón. En las noches de tormenta se pueden escuchar sus alaridos de dolor confundidos con el tronar de los relámpagos.

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El conde murió también en el castillo y se dice que desde entonces su alma llora en eterna penitencia su amargura, el fantasma del conde don Julián pasea sin rumbo recordando a Florinda, y al desenlace de su venganza.

Siete siglos después de aquella cruenta invasión comenzó a fraguarse una nueva leyenda sobre el castillo y su entonces dueño y señor el infante D. Antón de Luna.

Por aquel entonces gobernaba un convento de Trasobares la abadesa doña Violante de Luna, sobrina del Papa y prima de Antón, con quien llegaría a tener un hijo. Enterado el pontífice aragonés de tan escandalosa conducta, lanzó orden de excomunión contra su sobrina y ordenó quemar su convento.

Como eran muchos los viajes que su primo y amante debía realizar a Francia para traer nuevas hordas de soldados, ella quedaba al frente en la defensa del bastión.

Doña Violante fue vencida y hecha prisionera en las mismas mazmorras del castillo. Nunca se encontró su tumba, pero desde entonces doña Violante de Luna pasó a la leyenda como “la dama de Loarre”, que en la noche de San Juan asoma su silueta por el balcón de la reina esperando noticias de su amado. Y cualquier otra noche, vestida de blanco, con el rostro inexpresivo, el cabello al viento, y a veces espada en mano en recuerdo de su bravura al defender la fortaleza, puede aparecer como un alma errante.

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El tercer fantasma femenino que se aparece por este encantado castillo es el de una dama mora del que apenas si se sabe su historia.

Curiosamente, en la cripta de Santa Quiteria del castillo de Loarre se han registrado algunos fenómenos extraños considerados paranormales. Algún visitante del castillo ha comentado en que la cripta se escuchan voces roncas y extraños coros cuyo origen no se debe a ningún ser terrenal.

Fuentes consultadas:

http://www.diariodelaltoaragon.es/

https://marcopolito56.wordpress.com

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Foto original de la Casa antes del terremoto de San Francisco(AlamedaInfo.com).

La historia de la Casa Winchester comenzó en septiembre de 1839 con el nacimiento de una niña hija de Leonard y Sarah Pardee de New Haven, Connecticut. El nombre de la niña fue el de su madre, Sarah y al llegar a la madurez, se convirtió en la reina de la ciudad. Sarah era recibida en todos los eventos sociales gracias a sus dotes musicales, su fluidez en varios idiomas y su derrechador encanto. A pesar de su pequeña estatura ésta la compensaba con una gran belleza y personalidad.

Al mismo tiempo, en otra prominente familia de New Haven destacaba William Wirt Winchester, hijo de Oliver Winchester, un fabricante de camisas. En 1857, se hizo cargo de la empresa que fabricó un rifle que usaba un mecanismo de palanca para cargar balas en la recámara. En 1860 desarrollaría el rifle Henry, que se convirtió en el primer rifle de repetición favorito de la Guerra Civil Americana. El dinero empezó a llover y Oliver Winchester pronto amasó una gran fortuna de los contratos gubernamentales y ventas privadas.

El 30 de septiembre de 1862, en pleno apogeo de la Guerra Civil, Willliam Wirt Winchester y Sarah Pardee se casaron en una costosa ceremonia en New Haven. Cuatro años más tarde, el 15 de julio de 1866, Sarah dio a luz a una niña llamada Annie Pardee Winchester que más tarde moriría de “marasmo”. Al borde de la locura Sarah tardó más de diez años en recuperarse pero no volvió a tener más hijos. La tragedia golpeó de nuevo a Sarah al caer su marido gravemente enfermo de tuberculosis pulmonar el 7 de marzo de 1881 y Sarah pasó a ser la heredera de todo su imperio.

Pero su nueva riqueza no aliviaba el dolor que sentía por la pérdida de su hija y su marido. Poco tiempo después, un amigo le sugirió que hablara con un medium espiritista de su pérdida. En una de las sesiones su marido le dijo a Sarah que existía una maldición sobre la familia Winchester que les había costado la vida a él y a su hija, una maldición resultado de la creación del terrible rifle creado por la compañía Winchester. Miles de personas habían muerto a causa de él y sus espíritus buscaban venganza. Su marido le dijo que debía de vender todas sus propiedades de New Haven y dirigirse hacia el oeste para empezar una nueva vida. Allí debía de construir una casa para ella y para los espíritus que habían caido bajo el terrible rifle Winchester. Nunca debía de acabar la construcción, pues mientras estuviera construyéndose seguiría con vida pero si la terminaba acabaría muriendo.

Sarah llegó así al Valle de Santa Clara en 1884, con la creencia de que era guiada por la mano de su marido ya fallecido. Encontró y compró una casa de 162 hectáreas perteneciente al doctor Caldwell. Seleccionó a los trabajadores y artesanos locales necesarios y durante los siguientes 36 años construyó y reconstruyó la casa, una sección tras otra. Mantuvo 22 carpinteros las 24 horas del día, los 365 días del año trabajando sin descanso, el sonido de martillos y sierras sonaba de día y de noche.

Los railes del ferrocarril fueron llevados hasta allí desde una linea cercana para poder llevar materiales de construcción y muebles importados a la casa que ahora de 26 habitaciones de las 160 que llegaría a tener.

La casa estaba en rápido crecimiento y expansión y mientras Sarah afirmó no tener ningún plan maestro para la estructura, se reunía todas las mañanas con su capataz para trazar los planes del día de la obra. A medida que los años pasaban, las habitaciones se convirtieron en alas enteras, las puertas se unieron a las ventanas y el lugar llegó a tener una altura de siete pisos por lo que se tuvieron que instalar tres ascensores. Había incontables escaleras que no conducían a ninguna parte, 47 chimeneas, armarios que se abrían a paredes en blanco, puertas trampa que no daban a ninguna parte, claraboyas que se encontraban unas sobre otras y decenas de rarezas en la construcción.

Ventanas desde dentro casa.

También era obvio que Sarah estaba intrigada por el número 13, pues casi todas las ventanas tenían 13 hojas de vidreo, las paredes llevaban 13 paneles, el invernadero constaba de 13 cúpulas, muchos de los suelos de madera contenían 13 secciones y habitaciones con 13 ventanas.

El suceso más trágico ocurrió dentro de la casa cuando el gran terremoto de San Francisco de 1906 derribó los tres primeros pisos de la casa sobre los járdines y nunca se reconstruyó. Además, la chimenea que se encontraba en la “habitación Daisy”(donde la señora Winchester estaba durmiendo la noche del terremoto) se derrumbó, dejando encerrada a Sarah dentro de la habitación. Ella pensó que el terremoto había sido una señal de los espíritus que estaban furiosos por haber acabado la casa, de ahí que decidiera continuar con los trabajos de reparación.

Así la expansión de la casa comenzó una vez más. El número de habitaciones se incrementó de nuevo hasta 25 y se volvieron a instalaron chimeneas por todo el lugar. En una nota relacionada, se documentó que sólo 2 espejos fueron instalados en la casa, Sarah creía que los fantasmas tenían miedo de su propio reflejo.

Sara Winchester(en una de las pocas fotos suyas que existen).

El 4 de septiembre de 1922, después de una sesión de espiritismo, Sarah fue a su habitación para dormir y en algún momento de la madrugada murió mientras dormía a la edad de 83 años. Dejó todos sus bienes a su sobrina Frances Marriot, que se había echo cargo de la mayor parte de los negocios de la familia. Pero el patrimonio de Sarah se había mermado considerablemente. Se decía que en algún de la casa se escondía una caja fuerte que contenía una fortuna en joyas de oro. Las cajas de seguridad que se hallaron y que fueron abiertas por sus parientes sólo contenían recortes de periódicos sobre la muerte de su hija y marido, un mechón de pelo de su hija y un traje de ropa interior de lana. Nada de joyas de oro.

El mobiliario, objetos personales y los materiales de construcción excedentes, fueron retirados de la casa y ésta fue vendida a un grupo de inversionistas que planeaba utilizarla como atracción turística. hoy en día la casa ha sido declarada patrimonio Histórico de California y está inscrita en el Servicio de Parques Nacionales como “una singular vivienda con un número no determinado de habitaciones”.

Algunos todavía creen que en ella moran unos cuantos fantasmas. Expertos en lo paranormal que han acudido a la casa han salido, o eso dicen, convencidos de que es así. Los hay que han visto luces extrañas o los que han oído ruidos sospechosos. Según una espiritista local, uno de sus causantes es Clyde, el espíritu que daba instrucciones a Sarah cada noche durante sus sesiones de espiritismo para continuar las obras al día siguiente. Sarah le pidió que se quedara para cuidar de la casa y Clyde aceptó. Contento con su promesa, Clyde vuelve de tanto en tanto para recordar los tiempos felices junto a Sarah y la maravillosa música de su piano.

La Mansión Winchester no es más que el producto de la mente excéntrica de una mujer de gran riqueza. Su consideración como uno de los lugares más encantados está basado nada más que en la leyenda, ¿o no?. Eso sin duda, es algo que sólo aquellos que han tenido el valor de comprobarlo lo pueden decir.