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Casi en la entrada del Cementerio Mount Carmel (Chicago), se halla una estatua impresionante, que representa a una mujer que sostiene un ramo de rosas entre sus brazos. Este monumento marca la tumba de Julia Buccola Peta, conocida como “la Novia italiana”.
Julia murió en 1921 en Schaumburg, de complicaciones evidentes del parto y fue enterrada aquí con su hijo, no nato. Un poco después de su entierro, su madre, Philomena Buccola, comenzó a tener una serie de sueños insólitos en los cuales, su hija difunta, Julia, le pedía, le suplicaba, que se exhumara su tumba. Esto continuó durante un tiempo, hasta que la madre trató que el sacerdote local consiguiera un permiso. Finalmente después de seis años, se lo dieron.
En 1927, la tumba de Julia Buccola Peta fue abierta y levantada de la tierra. En ese momento los testigos pudieron ver que el cuerpo de Julia todavía se hallaba tan fresco y lozano como el día en que ella fue enterrada.
El cuerpo de Julia fue resellado en un ataúd y enterrado de nuevo. Un monumento imponente fue erigido mostrando a Julia en su traje de novia que sostiene un ramo de rosas.
Los estudiantes de una escuela cercana al cementerio, han atestiguado haber visto una muchacha que anda por el cementerio antes del anochecer. De hecho, los rumores de que Julia andaba por el cementerio comenzaron cuando varios testigos afirmaron que fue vista en un baile de dicha escuela, en la noche de Halloween de 1976.
Un grupo nutrido de gente que pasaba por Harrison Street pudo ver, cómo una muchacha andaba por entre las lápidas. Tras parar el coche, pronto vieron con pavor que, en medio de la lluvia torrencial de ese día, sus ropas estaban absolutamente secas. Su pelo y vestido estaban intactos a pesar del aguacero. Al ver eso, los testigos abandonaron el lugar muy asustados.
Entrevistados por miembros del Departamento de Policía de Hillside, los testigos agregaron más datos a su extraña experiencia: también vieron formas luminosas blancas que flotaban alrededor de la aparición. Asimismo, se supo que la aparición también fue vista por un oficial del propio Departamento de Policía.
El fantasma de Julia, también ha sido visto alrededor de la pequeña oficina de administración que se ha construido dentro de la entrada al Cementerio, por Harrison Street. Cientos de personas han declarado haber percibido cerca de su tumba un olor venido de la nada, a “rosas”, y sobre todo en los meses más fríos, cuándo todas flores frescas están muertas.
El diseñador floral Ruth Bukowski, residente de Chicago, afirmó que cuando él entró en el cementerio en noviembre de 1982, las flores que olió eran definitivamente las llamadas “rosas de té”.
Finalmente, en 1978 un testigo ocular relató haber visto aparecer luces brillando en la tumba de Julia. El Mount Carmelo contiene también muchas otras tumbas fascinantes, incluyendo las de Al Capone y Deanie O’Banion.
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Dicen que el fantasma de Felicia Antonia Guadalupe Guerrero y Cueto, personalidad que pasó a la historia argentina como Felicitas Guerrero, la mujer más bella de su tiempo, nacida en la época de Rosas,  aparece en muchos lugares de la Ciudad de Buenos Aires y en los campos de la zona del río Salado al Sur, en una de sus estancias. Durante muchos años, los 30 de enero, los pañuelos dejados por muchas damas en las rejas de la Iglesia en Barracas, al día siguiente se encontraban humedecidos por sus trágicas lágrimas fantasmales.

Felicitas Guerrero

 

Esta Iglesia fue donada por sus padres en su recuerdo. Fue diseñada por el arquitecto Ernesto Bunge; la familia Guerrero, la inauguró discretamente en 1876, cuatro años después de que su hija, la reciente viuda Felicitas fuera asesinada por un festejante despechado.

La joven había contraído matrimonio, obligada por su padre, a los 15 años con don Martín Alzaga, un hombre que le triplicaba en edad pues tenía 50 años y que la dejó viuda cuando tenía 22. Ese matrimonio por conveniencia interrumpió un amorío que ella estaba manteniendo con Enrique Ocampo, pero no apagó por completo la llama de esa pasión.

No fue feliz en su relación, su primer hijo murió de peste amarilla a los seis años y su segundo hijo feneció con días de nacido. Su anciano marido muere de tristeza poco tiempo después dejándola como riquísima heredera. Con 26 años se transformó en una joven viuda, atractiva y adinerada que podía fácilmente enamorar.
Los libros de la época la recuerdan como a una mujer extraordinariamente hermosa y dueña de una envidiable lista de pretendientes, a cual más aristocrático y acaudalado. Entre los candidatos que disputaban su mano estaba Enrique Ocampo, hijo de una tradicional familia porteña. Aquel hombre apenas se enteró de que la viuda había aceptado la oferta de matrimonio del estanciero Samuel Sáenz Valiente, -dueño de la estancia colindante- cayó preso de un desequilibrio mental.

Samuel Sáenz Valiente

Según la historia, la tarde del 29 de enero de 1872, Felicitas había ido de compras a la ciudad y a presenciar los festejos de la inauguración de un puente sobre el río Salado, que entonces bañaba las orillas de su estancia. Cuando regresó a su domicilio, Ocampo la aguardaba sentado en el living y, tras una acalorada discusión, el enamorado sacó un revólver y la hirió de muerte. Su primo, de apellido Demaría, también pretendiente, salió en su defensa, quitó el arma al homicida y lo mató de dos balazos en riña. La certificación de esto se perdió “en el tiempo”.

A la bella muerta se la ha visto por los campos de Lezama, en el barrio de Barracas, en la hermosa iglesia de Santa Felicitas, en el monumento mortuorio familiar en el Cementerio de Recoleta y-lo más raro- en los túneles del subterráneo de la línea A –en la estación, hoy no operable contigua a la Plaza Miserere-, donde –según el personal de vías y obras- la doliente parece esperar que éste llegue algún día a la calle Albariños y Rivadavia, a pasos de la Iglesia Corpus Dómine.

Su intención parecería hacerla querer llegar a esta última Iglesia, donada por su familia y que necesita aun mucha ayuda para lo que es uno de los edificios más importantes en la historia del barrio. Además supongo que desea que todo el mundo conozca su gran sufrimiento y le den el consuelo de encontrar en el otro mundo la felicidad, perdida desde los 15 años.

Campanas que suenan, llantos que rechinan y alguna sombra de un vestido que fuera blanco que se escurre entre asientos que cubren el ala central de una capilla con la convicción de que nadie va a ingresar por allí. Tal vez, si todo se consuma y logra encontrar este último altar para arrodillarse frente a él, logre ese consuelo y la parte de su espíritu que aún no emprende el postrer viaje, termine su triste vagabundeo.

Fuente consultada:

http://pulperiaquilapan.com

http://www.oscuridadoculta.blogspot.com.es

Fotografías: http://www.taringa.net

La niña Antonia Tamayo Beteta se perdió mientras jugaba al escondite con su hermana en los montes cercanos a Arroyo Sujayar (Albacete), eran las cuatro de la tarde un 29 de diciembre del 79, la niña de cuatro años de edad, fue buscada infructuosamente durante tres días y tres noches por toda la sierra albaceteña que en aquella época del año registraba temperaturas por debajo de los cero grados centígrados.
Efectivos de la guardia civil y cientos de vecinos de pedanías y del cercano pueblo de Yeste forman parte del operativo de búsqueda. Cuando todo el mundo ya había asumido que habría muerto de congelación ya en la primera noche que pasó sola en medio del gélido monte, ocurrió lo imposible, en la tarde del día 1 de Enero de 1980, a las 14.30 h. un par de hombres bajaron hasta el bosque cercano para buscar leña cuando escucharon unos lloros que provenían de un poco más allá. La niña Antoñita Tamayo apareció con perfecto estado de salud.
Fue hospitalizada inmediatamente en la residencia sanitaria de Albacete, allí fue sometida a diversos análisis que confirmaron su buen estado de salud, según los doctores que la atendieron aquello era un verdadero milagro, una niña de 4 años había pasado 3 noches enteras con sus respectivos días en medio de un monte absolutamente congelado sin nada que comer o beber y estaba en perfecto estado, la declaración de la niña iba a ser más impresionante aun, hablaba de una mujer que iba totalmente de blanco, un blanco casi luminoso, que la cuido durante todo el tiempo, le dio de beber, de comer, le dio calor y se quedaba con ella para que no tuviera miedo.
Caso de El Picazo (Cuenca)
Otro caso de parecidas características el de la niña Trinidad Collado Pastor. El 31 de Diciembre de 1943, la niña Trinidad Collado Pastor salía por la tarde, anocheciendo, de su casa del manchego y blanco pueblo conquense de El Picazo para comprar pan para la cena de Nochevieja. Un fogonazo de luz la deslumbró y de repente apareció en un campo alejado unos tres kilómetros de la panadería y de su casa. Asustada, vio cerca de sí unas casillas de hortelanos y se metió dentro y decidió pasar la noche sin atreverse a salir.
Durante su estancia en la casilla no tuvo ningún frío y vio a una mujer alta como con un vestido azul que la protegía. Al día siguiente, 1 de Enero de 1944, una voz misteriosa la dijo: “Salte al sol”, y saliendo la niña de la casa, vio a un campesino llamado Ángel Preño, al que pidió ayuda; y éste la recogió en seguida llevándola al pueblo, donde todo el mundo se arremolinó en torno a Trinidad, la cual fue llevada a la Iglesia y allí la preguntaron si alguna de las imágenes que allí estaban correspondía a la señora que había visto por la noche.
La niña finalmente señaló a la Virgen del Rosario, pero sin estar del todo convencida. La niña simplemente notó dentro de la casa una presencia protectora, tuvo la ropa seca y no notó frío pese a la nevada que había caído. Éste caso fue contado en 1997 en persona por la propia Trinidad Collado para el libro “La España Extraña”.
El caso de Orihuela.
Sucedió el 18 de Enero de 1896 cuando la niña Encarnación Hernández se perdió y fue encontrada al dia siguiente en un lugar conocido como “El Barranco del Búho”, Al ser hallada dijo no haber sufrido frios ni heladas, pues una señora la había cubierto con su delantal por la noche. Al ser llevada a la iglesia reconoció en éste caso a la Virgen del Carmen como su protectora. Siendo mayor la niña incluso compró una nueva imagen de la Virgen del Carmen para la iglesia de Rojales.
Este caso fue narrado en persona por la hija de Encarnación, Engracia, a los periodistas Javier Sierra y Jesús Callejo en 1997 y se encuentra recogido en el libro titulado “La España Extraña”.
Caso de Rojales (Alicante)
Una de las versiones habla de un caso sucedido el 24 de Junio de 1917 en que una niña llamada Teresa Juan fue intentada asesinar por un psicópata que la arrojó a un pozo y la lanzó piedras. Éste caso parece el más verídico, pues en él se menciona a Guardia Civil, Jueces, sentencias, médicos y otros personajes en una época no muy lejana para lo que suelen ser las leyendas.
La historia dice que al ser recuperada la niña del pozo, contó que cuando su asesino la lanzaba piedras, una mujer la protegió tapándola con un delantal y las piedras rebotaban, salvándose de ésta manera. Considerándose milagrosa la salvación de la niña, ésta fue llevada a la iglesia, donde vio a la Virgen del Rosario y dijo “Ésa fue la señora que me salvó”.
Fuente consultada: http://losarchivosdelbardo.blogspot.com.es/

En 1968, la Sra. Margaret O’Brien y su marido, Nicolás, compraron lo que entonces era un edificio abandonado con la intención de convertirlo en un centro de arte. Varios trabajadores que vivieron en el lugar durante la renovación,  pronto se acostumbraron a los sonidos espeluznantes y sucesos extraños.

Un día mientras trabajaban, gran felino de color negro apareció misteriosamente delante de ellos para luego desaparecer de repente. Fue así como nació la leyenda del gato negro de Killakee.

La Sra. O’Brienen un principio no creyó las historias que sobre el gato negro le contaban los trabajadores, hasta que ella también vio a la criatura y, según sus propias palabras, “comenzó a saber lo que era el miedo.”

La primera vez que lo vio, estaba parado sobre las losas del pasillo mirándola. Lo más sorprendente es que cada puerta de la casa estaba cerrada con llave, antes y después de su repentina aparición y posterior desaparición.

Pero fue el pintor, Tom McAssey quien tuvo el peor encuentro con la misteriosa criatura. En marzo de 1968, él y otros dos hombres estaban trabajando en una habitación de la casa, cuando la temperatura comenzó a descender alarmantemente. De repente la puerta se abrió de par en par y una figura borrosa apareció en la oscuridad. Pensando que era alguien gastando una broma, McAssey dijo: “entra, puedo verte.” Los tres hombres se paralizaron de terror cuando la respuesta fue un gruñido enojado en voz baja. Momentos después huyeron de la habitación cerrando la puerta tras ellos. Pero, cuando Tom McAssey miró hacia atrás, la puerta estaba abierta de nuevo, y un gato negro horrible con brillantes ojos rojos estaba gruñendo hacía él desde las sombras de la habitación. “Pensé que mis piernas no me iban a sostener”, recordó más tarde: “Yo estaba realmente aterrorizado.”

Tras este encuentro escalofriante Margaret O’Brien había exorcizado el edificio y las cosas se calmaron por un tiempo. Pero entonces, en octubre de 1969, un grupo de actores que se alojan en el centro de arte, decidieron celebrar una sesión de ouija y los disturbios comenzaron de nuevo. Por otra parte, parecían haber atraído el espíritu de dos monjas, que aparecerían ante testigos sorprendidos en la galería del centro.

Una médium local, Sheila St. Clair, visitó la propiedad y afirmó que los fantasmas eran los espíritus infelices de dos mujeres que habían asistido a rituales satánicos celebrados durante las reuniones de la famosa Hell Fire Club en el siglo 18. Richard Parsons había fundado una sucursal irlandesa de este club en 1735 y se dice que celebraban sus siniestras asambleas satánicas, en un pabellón de caza, cuyas ruinas aún se pueden ver en la colina Montpelier, detrás del centro de arte.

La leyenda local dice que Richard “Burnchapel” Whaley, un miembro de una de las familias más ricas de la zona, se había unido a la sociedad y se había deleitado en los rituales libertinos. Estos se dice que incluían la quema viva de un gato negro en al menos una ocasión, la adoración de los gatos en lugar de al mismo Satanás, el incendio de una mujer dentro de un barril, y el asesinato ritual de un pobre niño deforme.

En una reunión del club en 1740, se dice que un siervo derramó una copa en Thomas Whaley, y éste se enfureció tanto por el accidente que roció al siervo con brandy y le prendió fuego. El posterior incendio quemó el edificio y mató a varios miembros del club.

En julio de 1970, un esqueleto enano se descubrió enterrado bajo el suelo de la cocina del edificio y en la tumba con él estaba la estatuilla de bronce de un demonio monstruoso. Un sacerdote fue llamado para dar al cuerpo un entierro apropiado y posteriormente las manifestaciones cesaron.

Hoy en día, un agradable restaurante ocupa la antigua casa y los felinos infernales parecen ser en gran medida una cosa del pasado. Pero todavía existen recordatorios de sus siniestras andanzas. El principal de ellos es el retrato de “El Gato Negro de Killakee” que mira obsesivamente por debajo de una de las paredes, sus ojos rojos misteriosos y características casi humanas suficientes, para dar escalofríos a quien lo mire.

Evangelina Tejera Bosada, nació en Veracruz en 1965, hija de un prestigioso médico de Veracruz.  Evangelina creció con un padre autoritario y una madre abnegada. El padre tenía el síndrome del “Castillo de la Pureza”, pues solía encerrar a su familia en casa. Por si fuera poco su alcoholismo provocó varios episodios violentos. Incluso amenazó alguna vez a su familia con una pistola. La madre, fastidiada, solicitó el divorcio. La pareja se separó cuando Evangelina tenía nueve años. Ella se quedó con su madre, pero ésta le reprochaba que ocasionara muchos gastos y que como mujer difícilmente ayudaría con la manutención del hogar. Poco antes de terminar la secundaria se mudó con su padre, quien no sólo la recibió con cariño, sino que le pagó clases de tenis y piano, e hizo lo posible por mejorar su educación. En pocos años Evangelina se convirtió en una hermosa muchacha rubia de enormes ojos que atraía todas las miradas en los eventos sociales y cenas de gala a las que asistía acompañando a su padre.

Los atributos que tenía la dieron pie a entrar a los certámenes de belleza en donde fue coronada como “La Reina del Carnaval” en 1983, en el Puerto de Veracruz. Su belleza pronto la llevaría a salir en revistas y periódicos, incluso la catapultaron al Programa de más audiencia a nivel nacional, “Siempre en Domingo” conducido por Raúl Velasco.
Las fiestas de Evangelina con gente de alta sociedad y algunos famosos no eran un secreto, fiestas donde abundaba el alcohol, el sexo y las drogas.

El reinado de Evangelina duró muy poco, la fama la enloqueció, se enganchó a las drogas y cayó en depresión. Su familia cansada de sus adicciones decidió echarla de su casa. Entonces fue cuando Evangelina se mudó al departamento 501, del antiguo edificio de la lotería nacional.

Tuvo dos hijos: Jaime y Juan Miguel Tejera Bosada de padre desconocido, quien ni siquiera les dio el apellido. Luego tuvo otros amantes, pero todos se marchaban.
Se cuenta que Evangelina escondía a sus hijos encerrándolos en su cuarto, mientras ella se drogaba junto a sus amigos, había veces que los dejaba sin comer por días, también los golpeaba y maltrataba, producto de su adicción a las drogas y problemas económicos, pues su familia le había retirado su apoyo.

Entonces fue cuando el día 18 de marzo de 1989, uno de los crímenes mas atroces del Puerto de Veracruz se escribiría.
En un arranque de furia influenciada por el uso de drogas, Evangelina comenzó a golpear a su hijo Jaime de tan solo 3 años… no conforme con eso lo tomó de los pies, y comenzó a azotarlo en repetidas ocasiones contra la pared y el suelo, causándole de forma despiadada desangramiento, fractura de cráneo y exposición de masa encefálica. Pero ahí no terminaría su crimen, pues enseguida se fue contra su otro pequeño de apenas 2 años, la ex reina lo golpeó de la misma manera que a su hermanito hasta causarle la muerte. En su afán por desaparecer la evidencia, Evangelina metió los cuerpos de sus hijos al horno de su estufa, para según ella incinerarlos, pero solo consiguió cocinar los cuerpos. Después de su intento fallido por desaparecer los cadáveres de sus hijos, los colocó sobre la mesa, tomó un cuchillo y comenzó a cortarlos de forma despiadada en pedazos, para después enterrarlos en unas macetas que tenia en el balcón, que estaba justo frente a la avenida, literalmente las personas que pasaban podían observarlos sin tener alguna idea de lo que escondían los maceteros. Sin algún remordimiento o cargo de conciencia, la asesina continuo ofreciendo sus ya conocidas fiestas, y cuando la gente le preguntaba por sus hijos, ella contaba que se habían ido con su padre. Al poco tiempo, su hermano Juan Miguel empezó a sospechar que algo andaba mal, pues la ropa de los niños seguía en el departamento y al no soportar las tantas preguntas de su hermano, Evangelina terminó por confesar su escalofriante crimen, éste la denuncio a las autoridades, que al momento de registrar el departamento encontraron los pedazos de los niños ya en completa descomposición.


Evangelina sostuvo la versión de que los niños habían fallecido por desnutrición, y ella por miedo los enterró en aquellos maceteros, pero muy pronto las pruebas periciales se encargarían de desechar su versión. También alegó padecer de trastornos mentales, mismos que serian descartados por el Juez que llevó el caso.
Evangelina fue recluida en el penal Ignacio Allende en Veracruz. se adaptó tan bien que dio clases de aerobics y fue nombrada reina del carnaval de los presos. En Pacho Viejo, una prisión en Perote, a donde fue transferida, conoció a su futuro esposo Óscar Sentíes Alfonsín “el Güero Valli”. Este personaje vinculado con el Cartel del Golfo era el encargado de controlar parte del tráfico de drogas dentro de la prisión. La pareja vivió su idilio en varias prisiones gracias a las influencias del Güero. Hasta que éste fue asesinado en una celda de castigo, donde se encontraba por haber organizado un motín en Coatzacoalcos.
Evangelina recibió su preliberación en 2008. Nada se sabe de ella o de su paradero. Se ha convertido en la villana ideal para espantar a los niños veracruzanos: “No quieres ir al Jardín de niños de Evangelina, ¿cierto?”.
Hoy la leyenda cuenta que los fantasmas de los hermanitos asesinados en el departamento 501, aún se escuchan jugando por las escaleras de la deteriorada propiedad, es frecuente escuchar los gritos suplicando ayuda de los hijos de la antigua Reina del Carnaval de Veracruz.

Fuentes consultadas:

Eddie Doo

http://www.yaconic.com

 

 

El Sillón del Diablo pasaría desapercibido en la sala 14 del Museo de Valladolid, entre el resto del mobiliario del siglo XVI, si no fuera por la leyenda maldita que se sienta sobre él. Hoy una cinta de seda disuade a los visitantes de descansar en él, pero en otro tiempo llegó a estar colgado en un rincón de la sacristía de la Capilla Universitaria, fijado a la pared a una respetable altura y boca abajo, para que nadie cometiera la misma imprudencia que los dos infelices bedeles que aparecieron muertos entre sus brazos.

Así al menos lo contó Saturnino Rivera Manescau en las  «Tradiciones Universitarias, Historias y Fantasías» que publicó en 1948. El investigador y profesor universitario recogió la terrorífica historia que ronda a este sillón frailero, llamado así por ser habitual en ambientes monásticos y religiosos.

La “silla maldita” habría pertenecido al licenciado Andrés de Proaza, un médico «reputado en su ejercicio profesional como hombre que realizaba notables curaciones» en el año de 1550 en el que el cirujano Alfonso Rodríguez de Guevara estableció en Valladolid la primera cátedra de anatomía de España. El prestigioso cirujano granadino impartió durante 20 meses en un aula de la universidad sus lecciones, que incluían la disección y estudio anatómico de cadáveres procedentes del Hospital de Corte y del de la Resurrección.
Andrés de Proaza era uno de los más constantes asistentes a estas clases magistrales.Pero se murmuraba que Proaza ejercitaba la magia en el sótano de su casa, situada en la calle de Esgueva. Los vecinos aseguraban que por la noche se escuchaban gemidos y que el río, al que daba la trasera de la casa, «llevaba teñidas sus aguas de rojo, como de sangre que en él se hubiera vertido, y se hubiera coagulado en largos filamentos, que flotaban y se perdían en la corriente».
Los rumores aumentaron aún más con la desaparición de un niño en el vecindario. Cuando las autoridades locales registraron la vivienda, encontraron los restos del pequeño al que el médico había practicado, en una locura de investigación y de estudio, la disección en vivo, la vivisección, como confesara ante la autoridad Andrés de Proaza.
Durante el proceso, el acusado aseguró que no había practicado la hechicería, pero alertó de que tenía un sillón que le había regalado un nigromante de Navarra al que salvó de la persecución que realizó fray Juan de Zumárraga en 1527. Sentándose en esa silla se recibía «luces sobrenaturales para la curación de enfermedades», pero quien se sentara en él tres veces y no fuera médico moriría, así como quien destruyese el sillón.
A Andrés de Proaza lo ahorcaron y sus bienes fueron a parar a un trastero de la universidad. Allí encontró el sillón un bedel, que se lo llevó para descansar durante la larga espera de las clases y a los tres días fue hallado muerto, sentado en él. También el bedel que lo sustituyó siguió su misma suerte a los tres días de haber tomado posesión de su cargo. Fue entonces cuando se recordaron las palabras de Proaza y se acordó colgar la silla en un rincón de la sacristía de la Capilla Universitaria de Valladolid, de forma que nadie pudiera volver a usarla.
Allí permaneció hasta que fue derribado el antiguo edificio de la Universidad. El Sillón del Diablo pasó a formar parte de las colecciones del Museo Provincial en 1890 y al menos desde 1968 se expone en sus salas como un exponente más del mobiliario del siglo XVI.
Pero aunque en toda esta crónica haya también posiblemente parte de leyenda, hoy una cinta de seda disuade a los visitantes de descansar sobre el Sillón del Diablo…por si acaso… a pesar de que hay gente que ha pedido permiso para sentarse y pasar la noche en ella, una petición que naturalmente se les ha denegado.

Fuente: http://www.abc.es

En Cuenca, ciudad de misterios, enigmas y empedradas calles repletas de pasajes históricos se cuenta una leyenda en la que antaño, un joven mozo se enamoró de una bella dama, la más linda que jamás había pisado las calles de esta ciudad, pero la cuál escondía tras su belleza un terrible secreto.

Desde la calle Pilares, bajando por un precioso empedrado, llegamos a la ermita santuario de las Angustias, erigida en el siglo XIV, aunque la actual data del siglo XVIII y es el lugar donde se centra esta leyenda.

Fotografía del portal http://www.clm24.es

Vivía por estas calles un hermoso muchacho, hijo del oidor de la villa. El bello zagal, en edad de efectuar sus correrías, no dejaba una sin probar, y así tomó fama de mentiroso, pendenciero y, además, bravucón; a nada de ello podían dar crédito sus familiares, pues el honorable cargo que desempeñaba el padre era, sin duda, signo de buena estirpe y descendencia.

Pero de cómo fueron las cosas en aquella época nadie lo sabe, el caso es que el muchacho corría una tras otra a todas las doncellas casaderas del lugar y, luego de cortejarlas y conseguir sus propósitos placenteros, las dejaba plantadas, sin más.

Pero un día, conoció a una dama bellísima como la luna y seductora como el diamante; además era forastera y recién llegada a la ciudad. Cuando paseaba por las calles, las mujeres bajaban sus miradas y de reojo miraban qué hombre era el primero en lanzarle una sonrisa, pues la chica dejaba a todo el mundo con la boca abierta por su belleza e irresistible impulso.

Los jóvenes salían a su encuentro para simplemente saludarla e intercambiar un buenos días o buenas tardes, cosa que siempre hacía simpática y risueña. Hasta que un buen día, nuestro apuesto galán decidió lanzarse y presentarse. La hermosa mujer lo correspondió y le dijo que se llamaba Diana. Contento y presuntuoso, se fue con el resto de sus amigotes para vacilar un poco ante ellos de que ya sabía incluso su nombre.

Diana, que tonta no era, también se percató de la belleza del joven, al que con el tiempo fue conociendo mejor, pero viendo sus claras intenciones, le daba largas y largas.

El muchacho cambió, se quedó ensimismado con Diana, estaba totalmente obcecado con ella y con hacerla suya, algo que ella le ponía muy, muy difícil. Quizá por eso de que a los hombres nos gustan los logros difíciles, éste se lo tomó como todo un reto personal e incluso declinó las ofertas de sus amigos, con los que iba de correrías.

Y una mañana, en vísperas de Todos los Santos, Diana le hizo llegar una misiva que el joven leyó sorprendido y de muy buen agrado: “Te espero en la puerta de las Angustias. Seré tuya en la Noche de los Difuntos”.

Santuario de las angustias Fotografía del portal https://marcopolito56.wordpress.com

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Esta devastadora historia nace en Querétaro en el año de 1989, Claudia Mijangos parecía una amorosa madre de familia, hasta que un día, esta ex reina de la belleza se convertiría en una de las más despiadadas asesinas de México. La responsable de este espantoso hecho fue la Sra. Claudia Mijangos Arzac originaria de Mazatlán, Sinaloa.

En su vida todo iba bien, felizmente casada y madre de tres hijos, hasta que un día se divorció, lo que fue el detonante para sus trastornos mentales. Después de ese inevitable hecho que marco su vida para siempre, Claudia comenzó a aislarse y se volvió muy extraña, anteriormente era una persona muy alegre y sociable. Después de su divorcio se quedó sola a cargo de sus tres hijos: Claudia María  de once años, Ana Belén de nueve años y Alfredo Antonio de seis  años, ellos se encontraban en ese entonces  en la escuela.

Aquel día Mijangos había tenido problemas con su ex marido, ya que ella se encontraba enamorada del sacerdote de la parroquia donde daba catecismo, las malas lenguas incluso dicen que eran amantes. Esa madrugada del 25 de abril de 1989 a las 5 de la madrugada, aún faltaba un poco para que amaneciera, Claudia Mijangos escuchó unas voces en su cabeza, ¡le decían que los matara…! Estuvo un rato escuchando estas voces pensando si eran reales o no, después se levantó y se vistió completamente, fue a la cocina y tomó tres cuchillos, sus hijos aún dormían tranquilamente, pero Claudia había decidido matarlos.

El primero en ser atacado y el primero en morir fue Alfredo Antonio, el niño más pequeño, quien fue agredido mientras dormía en su cama. Claudia Mijangos se apoyó sobre la cama del niño lo tomó de la mano izquierda y a nivel de la articulación de la muñeca le ocasionó una herida. Después le propinó una serie de cuchilladas hasta matarlo; ya muerto siguió hundiendo el cuchillo muchas veces más.

Su hermanita de 11 años tras despertase por los lamentos de dolor de su hermanito, acudió a ayudarlo pero era demasiado tarde… La madre tomó el segundo cuchillo y se le fue encima para darle 6 puñaladas, pero la niña seguía viva y como pudo con sus pulmones perforados le decía: “¡No, mamá, no, mamá, no lo hagas!, moribunda alcanzó a bajar las escaleras para después caer desmayada boca arriba.

La siguiente victima fue su hija de 9 años, Mijangos tomo el tercer cuchillo y la apuñaló en el corazón. Todo este terror aún no era suficiente para Mijangos, pues regresó por su hija desmayada en la primera planta de la casa para volver a apuñalarla hasta matarla.

Esa misma noche Claudia Mijangos trató de suicidarse cortándose las muñecas y el pecho pero no lo consiguió. Al día siguiente por la mañana una de sus vecinas fue a la casa de Claudia para visitarle, tocó la puerta varias veces y al no ver respuesta tuvo que abrir la puerta a la fuerza, entró a la casa para darse cuenta de la terrible tragedia. Esta persona avisó a las autoridades correspondientes, ese mismo día fue detenida Claudia Mijangos por el delito de homicidio perpetrado a sus hijos. Las autoridades determinaron que Mijangos padecía de esquizofrenia y fue la única autora de este brutal crimen, este homicidio puso de luto a México y Mijangos fue llamada “La hiena de Querétaro”.

Claudia Mijangos fue recluida al penal y al mismo tiempo internada en el psiquiátrico del Cereso, hasta la fecha sigue recluida en el penal, ningún familiar en todo este tiempo la ha visitado. Respecto a la casa quedó en total abandono, nadie la reclamó.

Lamentablemente muchas de las veces cuando una persona muere de una manera violenta o inesperada, para su alma no es fácil encontrar la paz y su espíritu se queda atrapado en nuestro mundo, aunque ya no pertenezca a él… gran cantidad de gente que vive por los alrededores comentan que se aparecen en determinadas fechas del año los fantasmas de los niños asesinados en esa casa. Desde gritos, golpes, pasos y muchas más manifestaciones se rumora que ocurren en esa casa de Mijangos en Querétaro. Gran cantidad de investigadores han visitado la casa Mijangos con el propósito de captar algún ruido o algo relacionado a los fantasmas de los niños muertos, hay vídeos, grabaciones en audio que muestran que los espíritus todavía están muy presentes en este inmueble.

Fuentes consultadas:

http://www.sabersinfin.com

Página facebook de Eddie Doo

 

En las entrañas de este pequeño estado, detrás de la Iglesia Bautista de Chestnut Hill en la ciudad de Exeter, se encuentra la tumba del vampiro más famoso de Nueva Inglaterra, el de Mercy Brown .

Mercy Lena Brown (Exeter, Rhode Island, EUA, 1873- 1892) fue una joven fallecida a causa de la tuberculosis pulmonar y que por sospechas de haberse convertido en un vampiro su cuerpo fue exhumado el 18 de marzo de 1892 en el cementerio de Chestnut Hill, en donde había sido sepultada, para sacarle el corazón y quemarlo.

MERCY BROWN

Su caso es famoso en los anales del folclore de EUA por ser el más reciente y quizá el último con los cánones del mito del vampiro y en la literatura popular la llaman “la última vampiro de Nueva Inglaterra.

George T. Brown era un agricultor muy respetado en Exeter que repentinamente vio como una rara enfermedad se cebaba en todos los miembros de su familia, matándolos uno a uno.

La primera en fallecer fue su esposa, Mary Eliza, en 1883 debido a la tisis. Sis meses más tarde y apenas repuesto de esta pérdida, la muerte le sobrevino a su hija Mery Olive de 20 años. Algunos años después, Edwin, otro de sus hijos que por entonces trabajaba en una tienda como vendedor, también comenzó a manifestar los síntomas inequívocos de la tuberculosis.

Consultado el caso con el médico, éste recomendó que lo mejor era que el joven cambiara de aires por lo que Edwin fue enviado a Colorado Springs con la esperanza de encontrar una cura en las aguas minerales.

Mientras su hermano Edwin estaba fuera la siguiente en presentar los síntomas fue Mercy Brown, quien finalmente moriría el 17 de enero de 1892 con apenas diecinueve años de edad. Su cuerpo fue almacenado en la cripta de piedra a la espera del entierro después del deshielo de la primavera.

Cripta de piedra

Cripta de piedra donde fue metida Mercy.

Desesperado por esta terrible sucesión de pérdidas, George Brown comenzó a prestar oídos a los rumores de vampirismo que rondaban por el pueblo.
Acaso para preservar la vida de su último vástago aceptó la propuesta de un grupo de entusiastas y decidió exhumar los cadáveres de su familia para ratificar si éstos efectivamente habían caído en las garras de un vampiro.
Con la ayuda de Harold Metcalf, un médico de Wickford, exhumaron los cuerpos la exhumación se produjo el 18 de marzo de 1892 en el cementerio de Chestnut Hill. La comitiva iba encabezada por el médico familiar y un periodista de The Providence Journal.

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Al abrir las tumbas se descubrió que los cuerpos de su esposa Mary y su hija Mery Olive habían sufrido la descomposición propia en estos casos, pero el cuerpo de Mercy Brown lucía tan radiante que incluso superaba en belleza al que había mostrado en vida.

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En medio de una gran agitación se aguardó a las primeras horas de la noche donde varios testigos afirmaron que los ojos de Mercy Brown se abrieron repentinamente en la oscuridad de la fosa.

Es así como el cuerpo de Mercy Brown fue profanado de la forma más brutal. Se le arrancó el corazón y se lo redujo a cenizas en una roca cercana. Las cenizas se mezclaron en agua y fueron consumidas por Edwin como medicamento para su enfermedad. Por desgracia, esto no impidió que Edwin falleciera dos meses más tarde.

El caso de Mercy Brown tuvo una gran difusión mediática. Se produjo una fuerte controversia pública, que poco a poco fue perdiendo peso a medida que los rumores sobre extrañas apariciones en el cementerio de Chesnut Hill comenzaron a ganar espacio en la prensa.

Se habló de criaturas difusas, oscuras como sombras, moviéndose entre los árboles añosos, devorando ranas, aves y gatos; incluso se hallaron rastros de una mortaja, de un vestido desgarrado y tibias roídas que sugerían la posibilidad de que las profanaciones seguían realizándose de forma sistemática.

A día de hoy las personas han informado que experimentan una variedad de fenómenos extraños dentro de ‘las paredes de este cementerio. Muchos testigos han afirmado haber visto el fantasma de Mercy Brown paseando por el cementerio en noches de luna llena. Otros informan haber oído el llanto de una mujer joven o ver una luz azul brillante cerca de la lápida de Mercy de Brown .    La mayoría de las personas que han visitado la tumba hablan de la sensación de que están siendo observados.

Para los más aventureros, decir que usted tiene que si llamas tres veces en su tumba y dices “Mercy L. Brown es usted una vampiro? ” Mercy hablará o aparecerá.

El parque está abierto al público durante todo el año, desde el amanecer hasta el anochecer. Si deciden visitar la tumba de Mercy Brown, por favor, tener en cuenta estas cosas. No vayáis solos, ir siempre con una buena linterna y un repuesto de baterías y sobre todo mantener las llaves del coche fácilmente disponibles.

Se sabe que cuando Bram Stoker viajó a Nueva Inglaterra se interesó vivamente en el caso de Mercy Brown; y que al menos el episodio de la exhumación de Lucy Westenra en la novela de vampiros: Drácula, rito encabezado por el profesor Abraham Van Helsing, está parcialmente basados en su historia.

Otro dato a destacar manifiesta que miembro ilustre de la comunidad de Rhode Island, H.P. Lovecraft; se refiere directamente al caso de Mercy Brown en su relato de terror: La casa maldita (The Shunned House).

Fuentes consultadas:

gothicembrace.blogspot.com

http://oscuridadoculta.blogspot.com.es/

En 1885 la sociedad británica se sintió conmocionada por unos episodios realmente insólitos que comenzaron a sucederse, hablamos de las misteriosas huellas del “Demonio de Devonshire”.

El invierno de ese año fue especialmente duro, hasta el punto de que incluso la región norteña de Cornualles quedó completamente cubierta de nieve durante toda la estación. Y es precisamente en la nieve donde comenzó la extraña historia.

En la mañana del 8 de febrero apareció impresa en la nieve y a lo largo de todo Devonshire, una serie de extrañas huellas que no correspondían con ningún animal conocido.

Las impresiones con forma de U tenían unos 10 cm de longitud por 7 cm de ancho, y resultaron ser mucho más extrañas de lo que muchos pudieron pensar en un primer momento.

Además de presentar una nitidez sorprendente, posiblemente por la presión con la que quedaron grabadas, lo más extraño es que se encontraran distribuidas de una forma alineada, es decir, una detrás de la otra, como si el animal, criatura o lo que quiera que fuera aquello, fuera saltando continuamente sobre una sola pata, manteniendo siempre el mismo ritmo. Un ritmo constante tanto si subía o bajaba, como si caminaba por terrenos abruptos o llanos: las huellas siempre se encontraban a unos 20 cm una de la otra.

Uno de los primeros en ver las huellas fue el panadero local Henry Pilke. Al verlas inmediatamente pensó en que habían sido dejadas por algún pequeño asno o pony, pero al contemplarlas con más detenimiento, comprendió que tal teoría no era posible.

Más atrevido fue el director de la escuela local Albert Brailford, quien reunió a un pequeño grupo de personas para seguir la senda que dejaban las huellas. Después de caminar varias decenas de metros, los atónitos testigos no daban crédito a sus ojos.

miesteriosjordi.blogspot.com

miesteriosjordi.blogspot.com

La aureola de misterio de las marcas iba en aumento al comprobar que “el animal” era capaz de saltar muros de más de cuatro metros de altura, o incluso caminar por los tejados sin ningún tipo de problemas. En algunos puntos, al encontrar muros de hasta seis metros, las huellas se detenían para aparecer en el otro lado del obstáculo, como si lo hubiera logrado atravesar, o sencillamente hubiera volado por encima del mismo para aparecer tranquilamente al otro lado.

Las insólitas marcas se encontraron en Exmouth, Lympstone, Woodbury, Powderham, así como en varios pueblos más. En total, unos 150 kilómetros. Incluso hubo lugares donde pese a las condiciones del terreno, las huellas no parecieron detenerse. En zonas como el río Exe, las huellas llegaban hasta una orilla para luego aparecer en la opuesta, y todo ello pese a los casi tres kilómetros de anchura en algunos puntos del río.

La tensión fue creciendo a medida que avanzaba el día, y al atardecer la búsqueda se convirtió en una auténtica cacería de brujas. Los aldeanos, dada la forma de las huellas, buscaban a la mismísima encarnación del diablo para acabar con sus andares por el pueblo. Pero como era de suponer, no encontraron nada.

Pronto comenzaron a surgir las primeras teorías, y más cuando los principales rotativos como el London Times o el Illustrated London News comenzaron a airear los sucesos ocho días después, el 16 de febrero.
Uno de los primeros en arriesgarse fue el célebre paleontólogo Richard Owen, famoso por haber acuñado la palabra “dinosaurio”, quien proclamó que las huellas pertenecían a un grupo de tejones. Pero, ¿qué grupo de tejones es capaz de saltar muros de seis metros y recorrer 150 km en una sola noche?
La hipótesis más aceptada por los lugareños fue la del pequeño asno, aunque no lograban comprender qué hacía un asno en los tejados de varias casas donde aparecieron las huellas, o por qué esa forma tan precisa, extraña y dificultosa manera de caminar, ¡sobre una sola pata!
A estas teorías se les fueron uniendo otras como las del globo aerostático arrastrando una cadena, un canguro escapado de algún zoológico, una gran avutarda, ranas, sapos e incluso los andares de una liebre coja. Todas ellas se acababan desmoronando por sí solas con el tiempo, y tal y como sucede con muchos de los hechos forteanos, al día de hoy las misteriosas huellas aparecidas en Devonshire siguen sin una explicación que aclare el misterio.

La discusión que suscitó la aparición de las huellas de Inglaterra hizo que muchos investigadores sacaran a la luz otros casos de misteriosas apariciones de huellas a lo largo de todo el globo terráqueo. Curiosamente, y en contra de la pauta común en criptozoología, se poseía la prueba antes que al propio críptido.

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Durante las fechas en que se sucedieran los hechos en Devonshire, un corresponsal del Illustrated London News, rotativo que se ocupó de cubrir la historia de Devonshire, recordó que pocas décadas antes, en concreto en 1840, encontraron huellas similares en una cordillera de Galicia, incluso algunos escribieron al diario alegando que el célebre explorador James Ross las encontró en la isla de Kerguelen, Francia, donde no existe ningún animal que tenga cascos en sus patas.

En ese mismo año, el 14 de marzo, The Times señaló que cerca Glenorchy, Escocia, también aparecieron este tipo de huellas cubriendo varios kilómetros de distancia.

Poco a poco surgieron decenas de historias de huellas, entre ellas las más destacadas en Nueva Zelanda (1886), en las playas de Nueva Jersey, EU (1908), en Bélgica (1945), en las laderas del volcán Etna, Sicilia (1970), y aún más curioso, pero con bastante menos notoriedad, nuevamente en Devonshire en 1950. En ninguno de los casos señalados fue posible establecer el origen de las desconcertantes marcas.

Fuente consultada:

http://archivo.elnuevodiario.com.ni/