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Casi en la entrada del Cementerio Mount Carmel (Chicago), se halla una estatua impresionante, que representa a una mujer que sostiene un ramo de rosas entre sus brazos. Este monumento marca la tumba de Julia Buccola Peta, conocida como “la Novia italiana”.
Julia murió en 1921 en Schaumburg, de complicaciones evidentes del parto y fue enterrada aquí con su hijo, no nato. Un poco después de su entierro, su madre, Philomena Buccola, comenzó a tener una serie de sueños insólitos en los cuales, su hija difunta, Julia, le pedía, le suplicaba, que se exhumara su tumba. Esto continuó durante un tiempo, hasta que la madre trató que el sacerdote local consiguiera un permiso. Finalmente después de seis años, se lo dieron.
En 1927, la tumba de Julia Buccola Peta fue abierta y levantada de la tierra. En ese momento los testigos pudieron ver que el cuerpo de Julia todavía se hallaba tan fresco y lozano como el día en que ella fue enterrada.
El cuerpo de Julia fue resellado en un ataúd y enterrado de nuevo. Un monumento imponente fue erigido mostrando a Julia en su traje de novia que sostiene un ramo de rosas.
Los estudiantes de una escuela cercana al cementerio, han atestiguado haber visto una muchacha que anda por el cementerio antes del anochecer. De hecho, los rumores de que Julia andaba por el cementerio comenzaron cuando varios testigos afirmaron que fue vista en un baile de dicha escuela, en la noche de Halloween de 1976.
Un grupo nutrido de gente que pasaba por Harrison Street pudo ver, cómo una muchacha andaba por entre las lápidas. Tras parar el coche, pronto vieron con pavor que, en medio de la lluvia torrencial de ese día, sus ropas estaban absolutamente secas. Su pelo y vestido estaban intactos a pesar del aguacero. Al ver eso, los testigos abandonaron el lugar muy asustados.
Entrevistados por miembros del Departamento de Policía de Hillside, los testigos agregaron más datos a su extraña experiencia: también vieron formas luminosas blancas que flotaban alrededor de la aparición. Asimismo, se supo que la aparición también fue vista por un oficial del propio Departamento de Policía.
El fantasma de Julia, también ha sido visto alrededor de la pequeña oficina de administración que se ha construido dentro de la entrada al Cementerio, por Harrison Street. Cientos de personas han declarado haber percibido cerca de su tumba un olor venido de la nada, a “rosas”, y sobre todo en los meses más fríos, cuándo todas flores frescas están muertas.
El diseñador floral Ruth Bukowski, residente de Chicago, afirmó que cuando él entró en el cementerio en noviembre de 1982, las flores que olió eran definitivamente las llamadas “rosas de té”.
Finalmente, en 1978 un testigo ocular relató haber visto aparecer luces brillando en la tumba de Julia. El Mount Carmelo contiene también muchas otras tumbas fascinantes, incluyendo las de Al Capone y Deanie O’Banion.
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Dicen que el fantasma de Felicia Antonia Guadalupe Guerrero y Cueto, personalidad que pasó a la historia argentina como Felicitas Guerrero, la mujer más bella de su tiempo, nacida en la época de Rosas,  aparece en muchos lugares de la Ciudad de Buenos Aires y en los campos de la zona del río Salado al Sur, en una de sus estancias. Durante muchos años, los 30 de enero, los pañuelos dejados por muchas damas en las rejas de la Iglesia en Barracas, al día siguiente se encontraban humedecidos por sus trágicas lágrimas fantasmales.

Felicitas Guerrero

 

Esta Iglesia fue donada por sus padres en su recuerdo. Fue diseñada por el arquitecto Ernesto Bunge; la familia Guerrero, la inauguró discretamente en 1876, cuatro años después de que su hija, la reciente viuda Felicitas fuera asesinada por un festejante despechado.

La joven había contraído matrimonio, obligada por su padre, a los 15 años con don Martín Alzaga, un hombre que le triplicaba en edad pues tenía 50 años y que la dejó viuda cuando tenía 22. Ese matrimonio por conveniencia interrumpió un amorío que ella estaba manteniendo con Enrique Ocampo, pero no apagó por completo la llama de esa pasión.

No fue feliz en su relación, su primer hijo murió de peste amarilla a los seis años y su segundo hijo feneció con días de nacido. Su anciano marido muere de tristeza poco tiempo después dejándola como riquísima heredera. Con 26 años se transformó en una joven viuda, atractiva y adinerada que podía fácilmente enamorar.
Los libros de la época la recuerdan como a una mujer extraordinariamente hermosa y dueña de una envidiable lista de pretendientes, a cual más aristocrático y acaudalado. Entre los candidatos que disputaban su mano estaba Enrique Ocampo, hijo de una tradicional familia porteña. Aquel hombre apenas se enteró de que la viuda había aceptado la oferta de matrimonio del estanciero Samuel Sáenz Valiente, -dueño de la estancia colindante- cayó preso de un desequilibrio mental.

Samuel Sáenz Valiente

Según la historia, la tarde del 29 de enero de 1872, Felicitas había ido de compras a la ciudad y a presenciar los festejos de la inauguración de un puente sobre el río Salado, que entonces bañaba las orillas de su estancia. Cuando regresó a su domicilio, Ocampo la aguardaba sentado en el living y, tras una acalorada discusión, el enamorado sacó un revólver y la hirió de muerte. Su primo, de apellido Demaría, también pretendiente, salió en su defensa, quitó el arma al homicida y lo mató de dos balazos en riña. La certificación de esto se perdió “en el tiempo”.

A la bella muerta se la ha visto por los campos de Lezama, en el barrio de Barracas, en la hermosa iglesia de Santa Felicitas, en el monumento mortuorio familiar en el Cementerio de Recoleta y-lo más raro- en los túneles del subterráneo de la línea A –en la estación, hoy no operable contigua a la Plaza Miserere-, donde –según el personal de vías y obras- la doliente parece esperar que éste llegue algún día a la calle Albariños y Rivadavia, a pasos de la Iglesia Corpus Dómine.

Su intención parecería hacerla querer llegar a esta última Iglesia, donada por su familia y que necesita aun mucha ayuda para lo que es uno de los edificios más importantes en la historia del barrio. Además supongo que desea que todo el mundo conozca su gran sufrimiento y le den el consuelo de encontrar en el otro mundo la felicidad, perdida desde los 15 años.

Campanas que suenan, llantos que rechinan y alguna sombra de un vestido que fuera blanco que se escurre entre asientos que cubren el ala central de una capilla con la convicción de que nadie va a ingresar por allí. Tal vez, si todo se consuma y logra encontrar este último altar para arrodillarse frente a él, logre ese consuelo y la parte de su espíritu que aún no emprende el postrer viaje, termine su triste vagabundeo.

Fuente consultada:

http://pulperiaquilapan.com

http://www.oscuridadoculta.blogspot.com.es

Fotografías: http://www.taringa.net

La niña Antonia Tamayo Beteta se perdió mientras jugaba al escondite con su hermana en los montes cercanos a Arroyo Sujayar (Albacete), eran las cuatro de la tarde un 29 de diciembre del 79, la niña de cuatro años de edad, fue buscada infructuosamente durante tres días y tres noches por toda la sierra albaceteña que en aquella época del año registraba temperaturas por debajo de los cero grados centígrados.
Efectivos de la guardia civil y cientos de vecinos de pedanías y del cercano pueblo de Yeste forman parte del operativo de búsqueda. Cuando todo el mundo ya había asumido que habría muerto de congelación ya en la primera noche que pasó sola en medio del gélido monte, ocurrió lo imposible, en la tarde del día 1 de Enero de 1980, a las 14.30 h. un par de hombres bajaron hasta el bosque cercano para buscar leña cuando escucharon unos lloros que provenían de un poco más allá. La niña Antoñita Tamayo apareció con perfecto estado de salud.
Fue hospitalizada inmediatamente en la residencia sanitaria de Albacete, allí fue sometida a diversos análisis que confirmaron su buen estado de salud, según los doctores que la atendieron aquello era un verdadero milagro, una niña de 4 años había pasado 3 noches enteras con sus respectivos días en medio de un monte absolutamente congelado sin nada que comer o beber y estaba en perfecto estado, la declaración de la niña iba a ser más impresionante aun, hablaba de una mujer que iba totalmente de blanco, un blanco casi luminoso, que la cuido durante todo el tiempo, le dio de beber, de comer, le dio calor y se quedaba con ella para que no tuviera miedo.
Caso de El Picazo (Cuenca)
Otro caso de parecidas características el de la niña Trinidad Collado Pastor. El 31 de Diciembre de 1943, la niña Trinidad Collado Pastor salía por la tarde, anocheciendo, de su casa del manchego y blanco pueblo conquense de El Picazo para comprar pan para la cena de Nochevieja. Un fogonazo de luz la deslumbró y de repente apareció en un campo alejado unos tres kilómetros de la panadería y de su casa. Asustada, vio cerca de sí unas casillas de hortelanos y se metió dentro y decidió pasar la noche sin atreverse a salir.
Durante su estancia en la casilla no tuvo ningún frío y vio a una mujer alta como con un vestido azul que la protegía. Al día siguiente, 1 de Enero de 1944, una voz misteriosa la dijo: “Salte al sol”, y saliendo la niña de la casa, vio a un campesino llamado Ángel Preño, al que pidió ayuda; y éste la recogió en seguida llevándola al pueblo, donde todo el mundo se arremolinó en torno a Trinidad, la cual fue llevada a la Iglesia y allí la preguntaron si alguna de las imágenes que allí estaban correspondía a la señora que había visto por la noche.
La niña finalmente señaló a la Virgen del Rosario, pero sin estar del todo convencida. La niña simplemente notó dentro de la casa una presencia protectora, tuvo la ropa seca y no notó frío pese a la nevada que había caído. Éste caso fue contado en 1997 en persona por la propia Trinidad Collado para el libro “La España Extraña”.
El caso de Orihuela.
Sucedió el 18 de Enero de 1896 cuando la niña Encarnación Hernández se perdió y fue encontrada al dia siguiente en un lugar conocido como “El Barranco del Búho”, Al ser hallada dijo no haber sufrido frios ni heladas, pues una señora la había cubierto con su delantal por la noche. Al ser llevada a la iglesia reconoció en éste caso a la Virgen del Carmen como su protectora. Siendo mayor la niña incluso compró una nueva imagen de la Virgen del Carmen para la iglesia de Rojales.
Este caso fue narrado en persona por la hija de Encarnación, Engracia, a los periodistas Javier Sierra y Jesús Callejo en 1997 y se encuentra recogido en el libro titulado “La España Extraña”.
Caso de Rojales (Alicante)
Una de las versiones habla de un caso sucedido el 24 de Junio de 1917 en que una niña llamada Teresa Juan fue intentada asesinar por un psicópata que la arrojó a un pozo y la lanzó piedras. Éste caso parece el más verídico, pues en él se menciona a Guardia Civil, Jueces, sentencias, médicos y otros personajes en una época no muy lejana para lo que suelen ser las leyendas.
La historia dice que al ser recuperada la niña del pozo, contó que cuando su asesino la lanzaba piedras, una mujer la protegió tapándola con un delantal y las piedras rebotaban, salvándose de ésta manera. Considerándose milagrosa la salvación de la niña, ésta fue llevada a la iglesia, donde vio a la Virgen del Rosario y dijo “Ésa fue la señora que me salvó”.
Fuente consultada: http://losarchivosdelbardo.blogspot.com.es/

La niña del Cortijo Miraflores habita actualmente, según cuentan, en el antiguo molino de aceite, paseándose con toda tranquilidad por todas las dependencias […]. Ella juega tranquilamente o le pide a alguien que le ayude a buscar a sus padres. Con la inocencia de una niña muerta… (Tribuna Express).

el cortijo fue construido en 1706 por don Tomás Francisco Domínguez y Godoy sobre la antigua casa de labor de su abuelo, en un paraje denominado Prado de San Francisco. Medio siglo después diseñó un jardín
frontal que duplicaba el espacio interior y en 1850 el entonces intendente general de Filipinas llevó un puñado de plantas exóticas que perduran allí hasta hoy. El palacete, de dos plantas y grandes salones, fue ocupado por una familia y después pasó a ser utilizado como molino de aceite hasta bien entrado el siglo XIX. Adía de hoy este antiguo palacete el ayuntamiento lo ha reformado para dar cabida a exposiciones, ponencias y otros actos de carácter cultural.
Según contaba el antiguo director del centro, Germán Borrachero, una noche, cuando había cerrado ya el cortijo y estaba apagando todas las luces para marcharse, mientras se encontraba en la sala II vio pasar a una niña de unos nueve años, con un vestido blanco de manga corta y con la falda como plisada. Pensó que podría ser una niña que se hubiera quedado encerrada por un despiste después de que los conserjes cerraran el
centro, o incluso que se hubiera colado haciendo algún tipo de travesura. El caso es que llegó a perseguirla por esos pasillos ya en penumbra, y al girar una esquina, la niña desapareció. Él dice que en un principio se calló. No quiso contar nada a nadie. Pero a los pocos meses le sorprendió escuchar a los conserjes del edificio contando que una noche habían visto a una niña vestida de blanco corriendo hacia una de las salas y desapareciendo allí mismo, ante sus ojos. El propio Germán y luego otros tantos compañeros hablaron de que algunos días al abrir por la mañana se encontraban los libros de la biblioteca desperdigados por el suelo, como si hubieran volado literalmente por la habitación. Lo mismo ocurría con algunos expedientes del Archivo Histórico, que aparecían desplazados de su estante, pero no como si hubieran caído en vertical, sino como si también los hubieran lanzado a una gran distancia. Dentro del edificio hay una sala muy amplia donde se expone un antiguo molino y otros elementos que pertenecieron al cortijo en época de su construcción. Hay unos cables de acero que quedan a la altura de la cintura y que sirven como perímetro de seguridad para proteger los objetos en exposición; igual que los cordones en los museos…
Pues bien, en varias ocasiones esos cables de acero han aparecido rotos, como si hubieran sido cortados por la mitad. Gloria, una profesora de música, se quedó en uno de los despachos de la primera planta junto a dos amigas. En ese tiempo de espera, una de las veces en
que regresaba del servicio, escuchó un extraño silbido a sus espaldas, seguido de la sensación de que algo corría detrás de ella. Llegó a notar cómo se le movía el pelo y, segundos después, que una mano de pequeñas dimensiones le tocaba el hombro. Se giró rápidamente, pensando que su compañera estaba gastándole una broma. Pero allí no había nadie.
El mismo ayuntamiento mandó llamar a una médium y a un sacerdote, la médium dijo no sólo había una niña sino una familia entera, que había una mujer, un hombre, una niña y un niño, y que le pedían insistentemente agua. Decía que el niño estaba en la planta de arriba, donde jugaba habitualmente. Parece que la madre iba vestida completamente de negro, como si fuera de luto, y decía que la niña se mantenía muy inquieta y que siempre estaba correteando de un lado para otro.
Otro de los testigos y empleado del ayuntamiento, mientras le enseñaba el cortijo a un invitado a una ponencia, se empezó a sentir durante la visita, tanto que tuvo que apoyarse en una pared mientras totalmente pálido y con voz entrecortada repetía sin cesar algo sobre una niña, este empleado del ayuntamiento que le atendía, se volvió para pedir ayuda y fue entonces cuando al darse la vuelta, vio a una niña de unos siete u ocho años, con un vestidito blanco y unos calcetines de
crochet. El detalle inicial que más le extrañó fue el peinado, con unos tirabuzones que parecían más bien propios de otra época y una ausencia total de rostro… En ese momento Antonio intentó solicitar la ayuda de la niña para que llamara a algún adulto que pudiera atender al técnico de rostro descompuesto y que seguía repitiendo sin cesar: «La niña, la niña». Al observar que la pequeña parecía ajena a aquel espectáculo, Antonio trató de insistir golpeándole el hombro. Pero la mano atravesó a aquella figura infantil, y su silueta se empezó a mover como cuando tocas una cortina de humo… Y desapareció. Simplemente se evaporó.
Un viejo recorte de 1903 hablaba del incendio del cortijo, sin dar detalles sobre la suerte de sus habitantes… ¿Por eso pedían insistentemente agua los fantasmas del mismo?
Fuente: Están aquí. Son los otros. Javier Pérez Campos. Editorial Planeta 2016.
Imagen de marianaalvarezracero.blogspot.com/2007/

La iglesia de San Martiño, presidida por dos torreones, es sin duda el símbolo de Noia, una villa cargada de historia. El pasado y el presente de este templo están envueltos en un aura de misterio. Aunque no está nada claro quién ni por qué gestó la leyenda, esta perdura hasta la actualidad, alimentada por el hecho de que una de las almenas del edificio sigue sin concluirse casi seiscientos años después de que se dieran por finalizadas las obras de construcción del recinto religioso. Hay una leyenda local que dice que el que intente terminar esa segunda torre tendrá un final trágico. Se cuenta que eso le ocurrió al maestro cantero que la construía en su tiempo y que murió al caer desde ella y algo parecido le pasó desgraciadamente a Claudio Guerín.  Hay quien no duda en hablar de la torre maldita, sobre todo después del trágico suceso que tuvo lugar en 1973.

Aquel año, Noia se visitó de gala para recibir a Claudio Guerín, considerado entonces como una de las jóvenes promesas del cine español, y a su equipo, del que formaba parte un actor de renombre, el francés Renaud Verley. El motivo de la visita no era otro que el de rodar una película: La campana del infierno . El bullicio se apoderó durante unos días de la villa y nada hacía presagiar que el título del filme y una de sus escenas principales, la caída del protagonista desde una de las torres de San Martiño, iban a cobrar realidad.

Pero fue así, el 16 de febrero, Guerín se precipitó al vacío desde una estructura que se había instalado para unir las dos almenas de la iglesia, la que remata en un campanario y la inacabada, que con motivo del rodaje se había reconstruido con cartón piedra. El director de cine halló la muerte en las piedras de la plaza de O Tapal cuando solo faltaba una secuencia para concluir el rodaje de la película, tarea que después asumió Juan Antonio Bardem.

El trágico final de Claudio Guerín no hizo más que alimentar una leyenda que, desde hacía mucho tiempo, se cernía sobre la torre inacabada de San Martiño. Aunque nadie sabe los motivos, muchos coinciden en asegurar que la mala fama de la almena viene de lejos. El párroco José Luis Fuentes llegó a la iglesia noiesa en 1996 y pronto fue conocedor de la misteriosa historia.
Fue precisamente a este hecho al que muchos atribuyeron la muerte de Claudio Guerín, por su empeño en reconstruir la torre para el rodaje de su película, aunque solo fuera usando cartón piedra.

La película estaba prácticamente terminada. Solo faltaba rodar una escena. Guerín, al parecer, quería emplazar allí la cámara para rodar una toma bastante compleja. Había un pequeño pasadizo con unos quitamiedos. Guerín quiso saltar a un ancho voladizo de la iglesia y al hacerlo, como llevaba chanclas, dio un traspiés y no pudo guardar el equilibrio, desplomándose desde una altura de veinte metros. Lo recordaba así hace unos años el guionista del film Santiago Moncada en el programa “Cuarto milenio” de la SER: “Es una imagen que nunca se me borrará de la cabeza. Verle caer y retorcerse en el aire para tratar de evitar una verja con pinchos que había al pie de la torre. Mientras caía él sabía que aquella verja estaba allí y esa forma de retorcerse nunca la olvidaré. Logró evitar los hierros pero se estrelló contra el suelo. Fue una imagen espantosa.”

Lo que está claro es que, como en otras muchas cuestiones relacionadas con fenómenos sobrenaturales, la ciudadanía noiesa está dividida. Hay quien se cree a pies juntillas la leyenda de la torre maldita, y que incluso atribuye a esta la muerte de Guerin y el hecho de que nadie haya restaurado la almena, y hay quien opina que se trata de un mito sin más.

Pero, si esa segunda teoría fuese la correcta, cabría hacerse una pregunta, ¿por qué entonces uno de los campanarios se encuentra inacabado cuando, solo con mirar el templo, uno se da cuenta de que le objetivo inicial era construir dos torres gemelas?

Ni siquiera los historiadores locales saben cuáles fueron los motivos reales que propiciaron que el símbolo de Noia sea un templo con dos almenas, una de ellas inacabada. Xerardo Agrafoxo, que incluso dedicó parte de un libro al trágico fallecimiento de Claudio Guerín, explicó que no hay datos documentales que expliquen este hecho.

Lo que sí se sabe es que esta falta de información ha ido alimentando una leyenda que, por lo menos de momento, no tiene visos de ser desmentida. Descubrir la verdad sobre la torre inacabada de San Martiño contribuiría a poner fin al mito. Mientras, el misterio seguirá envolviendo a este edificio, símbolo para los residentes en Noia y fuente de preguntas sin respuesta para los visitantes.

Fuentes: https://www.lavozdegalicia.es

 

Hace más de 40 años se inauguraba en pleno desierto un moderno hospital, que llegó a ser uno de los mejores de Sudamérica.

Corría el año 1960 en Chile, y en el lugar desértico donde se encuentra la mina de cobre a tajo abierto más grande del mundo, un hospital abría sus puertas. Ese 21 de agosto de aquel año, el hospital Roy H. Glover, entró en funcionamiento en Chuquicamata; un moderno recinto para la época, que reemplazó al antiguo construido de madera tipo colonial americana, que había quedado obsoleto a su reducido espacio físico y su poca capacidad para atender a las personas y las distintas especialidades médicas.

El nombre del nuevo hospital, era un en homenaje al  vicepresidente de la compañía minera “The Anaconda Company” (la empresa propietaria del mineral a través de “Chile Exploration Company”). El nuevo recinto médico contaba con 300 habitaciones, distribuidas en cinco pisos de altura y dos subterráneos (los conocidos pisos G y B), teniendo una especialidad básica por piso, más un pensionado.

Junto a ellos, un Pabellón de Operaciones, Salas de Parto, Laboratorio, Rayos X y Scanner (el primero que hubo en el país) entre otras tantas dependencias, que rápidamente lo convirtieron en el mejor y más moderno centro hospitalario de Chile, superando incluso a los hospitales de Santiago.

El nuevo hospital de Chuquicamata funcionó durante 41 años, llegando a ser considerado como el mejor hospital de todo Sudamérica. Sin embargo, CODELCO decretó su cierre definitivo y su entierro bajo ripio. El recinto quedó convertido en un gigantesco y fantasmagórico elefante blanco a medio sepultar en la mitad del desierto.

Desde entonces que el lugar ha sido escenario de numerosos avistamientos de fantasmas y espectros, tanto por parte del propio personal que trabajaba en el antiguo hospital, como también de los trabajadores de la empresa a cargo de su demolición.

El fantasma más celebre del Hospital Roy H. Glover de Chuquicamata es, sin duda, el “pequeño Sebastián”; un niño que sufría de una enfermedad respiratoria terminal que supuestamente fue abandonado por su madre en este recinto, porque no tenía los recursos económicos para atenderlo en su casa. Así, el hospital se hizo cargo del niño, quien falleció prematuramente antes de cumplir los seis años.

Se dice que el pequeño, gracias a su alegre carácter, se había ganado el cariño de todos los funcionarios del establecimiento hospitalario, por lo que su inesperado deceso fue un golpe duro para todos.

Luego de la muerte de Sebastián, el personal del hospital afirmaba que durante la noche podía ver al fantasma del niño caminando por los largos y oscuros pasillos, sin mencionar que a veces se oían inexplicablemente pasos y risas de niño, como si el pequeño aún jugara en los corredores.

Pero no solo el personal del hospital sentía su presencia; también se contaba que los camiones de extracción que pasaban cerca del hospital, evitaban mirar a las ventanas del recinto, porque según ellos el “pequeño Sebastián” se aparecía y los saludaba.

Cuando comenzó el proceso de demolición, algunos trabajadores de la empresa a cargo de la labor relataron a la prensa local que una vez, durante una noche, tomaron la decisión de volver al hospital porque vieron una luz encendida en un piso superior, ya que temían haber dejado a alguna persona encerrada después de los trabajos.

“Cuando ingresamos al centro asistencial y nos paramos justo frente a la puerta del ascensor, vimos cómo éste comenzó a bajar, lentamente, prendiendo uno por uno los números de los cinco pisos. “Ah claro, se quedó un trabajador”, pensamos,  y ahí nos quedamos esperando el ascensor, el cual llegó, sí, por supuesto, pero cuando se abrieron las puertas nos dimos cuenta que estaba vacío, pues no había ni una sola persona en su interior. La puerta del ascensor se abrió sola delante de nuestros ojos, como invitándonos a entrar. No gracias, dijimos, y nos fuimos, algunos de nosotros muertos de miedo”.

Reporteros del periódico “La Estrella del Loa”, interesados por comprobar la verosimilitud de la historia del niño fantasma del hospital de Chuquicamata, llegaron al lugar y lo inspeccionaron de cabo a rabo.

Lo terrorífico es que cuando sacaron una fotografía al frontis del hospital, comprobaron con espanto que el rostro de un niño aparecía claramente en la ventana del cuarto piso del hospital. “Ese niño es travieso como él solo, a veces saluda desde las ventanas a los choferes de los camiones de extracción, algunos de los cuales, por lo que sé, tratan de no mirar hacia ese sector. También, cuando funcionaban, le gustaba jugar con los ascensores, los cuales subían y bajaban, y abrían y cerraban sus puertas sin que nadie los hubiera activado”, relató otro testigo.

Otro espectro famoso del hospital Roy H. Glover es la llamada “enfermera fantasma”, que correspondía al espectro de una enfermera que falleció después de trabajar durante décadas en este lugar. Después de su muerte, se aseguraba que la funcionaria seguía realizando sus labores de enfermera en calidad de espectro, manifestándose muy seguido frente al personal médico del hospital e incluso frente a los pacientes hospitalizados. Algunos testigos aseguran incluso que después de la construcción del “Hospital Del Cobre del Dr. Salvador Allende” en Calama (Hospital que reemplazó al Hospital Roy H. Glover) esta enfermera continuó apareciéndose durante algún tiempo en el nuevo establecimiento.

El investigador de fenómenos paranormales loíno Manuel Cubillos, entrevistado por el diario “La estrella de Antofagasta”, afirmó que las fotografías de espíritus que deambulaban por el ex hospital de Chuquicamata Roy H. Glover correspondían a almas que habían quedado atrapadas en el “limbo”.

“No hay que olvidar que los hospitales en general son siempre la antesala de la muerte. Un paciente entra y nunca sabe si va a salir vivo o muerto y ya se va creando un ambiente de incertidumbre. Ahora, cuando esto ocurre en los hospitales, generalmente hay personas que fallecen en forma trágica; cuando la persona deja de existir violentamente contra su voluntad queda siempre en el lugar y va a deambular por mucho tiempo. Aunque en el caso particular del hospital Roy H. Glover, el edificio esté actualmente sepultado por miles de toneladas de material, las almas continuarán ahí y se dejarán ver en un momento porque están arraigados sentimentalmente con el lugar, y por eso permanecen allí “.

La monolítica estructura del viejo hospital Roy H. Glover todavía se yergue, como un animal prehistórico sepultado, en la parte alta de Chuquicamata. Y los que se atreven a sortear la seguridad del desértico lugar y adentrarse en sus añosas ruinas de concreto y oscuros laberintos, aseguran que allí todavía pueden constatarse una serie de hechos aterradores e inexplicables.

Fuente: https://www.guioteca.com

En 1968, la Sra. Margaret O’Brien y su marido, Nicolás, compraron lo que entonces era un edificio abandonado con la intención de convertirlo en un centro de arte. Varios trabajadores que vivieron en el lugar durante la renovación,  pronto se acostumbraron a los sonidos espeluznantes y sucesos extraños.

Un día mientras trabajaban, gran felino de color negro apareció misteriosamente delante de ellos para luego desaparecer de repente. Fue así como nació la leyenda del gato negro de Killakee.

La Sra. O’Brienen un principio no creyó las historias que sobre el gato negro le contaban los trabajadores, hasta que ella también vio a la criatura y, según sus propias palabras, “comenzó a saber lo que era el miedo.”

La primera vez que lo vio, estaba parado sobre las losas del pasillo mirándola. Lo más sorprendente es que cada puerta de la casa estaba cerrada con llave, antes y después de su repentina aparición y posterior desaparición.

Pero fue el pintor, Tom McAssey quien tuvo el peor encuentro con la misteriosa criatura. En marzo de 1968, él y otros dos hombres estaban trabajando en una habitación de la casa, cuando la temperatura comenzó a descender alarmantemente. De repente la puerta se abrió de par en par y una figura borrosa apareció en la oscuridad. Pensando que era alguien gastando una broma, McAssey dijo: “entra, puedo verte.” Los tres hombres se paralizaron de terror cuando la respuesta fue un gruñido enojado en voz baja. Momentos después huyeron de la habitación cerrando la puerta tras ellos. Pero, cuando Tom McAssey miró hacia atrás, la puerta estaba abierta de nuevo, y un gato negro horrible con brillantes ojos rojos estaba gruñendo hacía él desde las sombras de la habitación. “Pensé que mis piernas no me iban a sostener”, recordó más tarde: “Yo estaba realmente aterrorizado.”

Tras este encuentro escalofriante Margaret O’Brien había exorcizado el edificio y las cosas se calmaron por un tiempo. Pero entonces, en octubre de 1969, un grupo de actores que se alojan en el centro de arte, decidieron celebrar una sesión de ouija y los disturbios comenzaron de nuevo. Por otra parte, parecían haber atraído el espíritu de dos monjas, que aparecerían ante testigos sorprendidos en la galería del centro.

Una médium local, Sheila St. Clair, visitó la propiedad y afirmó que los fantasmas eran los espíritus infelices de dos mujeres que habían asistido a rituales satánicos celebrados durante las reuniones de la famosa Hell Fire Club en el siglo 18. Richard Parsons había fundado una sucursal irlandesa de este club en 1735 y se dice que celebraban sus siniestras asambleas satánicas, en un pabellón de caza, cuyas ruinas aún se pueden ver en la colina Montpelier, detrás del centro de arte.

La leyenda local dice que Richard “Burnchapel” Whaley, un miembro de una de las familias más ricas de la zona, se había unido a la sociedad y se había deleitado en los rituales libertinos. Estos se dice que incluían la quema viva de un gato negro en al menos una ocasión, la adoración de los gatos en lugar de al mismo Satanás, el incendio de una mujer dentro de un barril, y el asesinato ritual de un pobre niño deforme.

En una reunión del club en 1740, se dice que un siervo derramó una copa en Thomas Whaley, y éste se enfureció tanto por el accidente que roció al siervo con brandy y le prendió fuego. El posterior incendio quemó el edificio y mató a varios miembros del club.

En julio de 1970, un esqueleto enano se descubrió enterrado bajo el suelo de la cocina del edificio y en la tumba con él estaba la estatuilla de bronce de un demonio monstruoso. Un sacerdote fue llamado para dar al cuerpo un entierro apropiado y posteriormente las manifestaciones cesaron.

Hoy en día, un agradable restaurante ocupa la antigua casa y los felinos infernales parecen ser en gran medida una cosa del pasado. Pero todavía existen recordatorios de sus siniestras andanzas. El principal de ellos es el retrato de “El Gato Negro de Killakee” que mira obsesivamente por debajo de una de las paredes, sus ojos rojos misteriosos y características casi humanas suficientes, para dar escalofríos a quien lo mire.

Ubicado en el centro de la ciudad con la estatua de la Cibeles en su puerta, esconde una de las leyendas de amor más tristes y misteriosas que podemos conocer.

 

Una leyenda de amor prohibido en donde la línea de la realidad y la ficción se sobrepasan con tanta facilidad que nunca podremos desentrañar en realidad la maraña de la historia real y la leyenda, pero precisamente tal vez sea esto lo que le confiere un halo de misterio.
Los marqueses de Linares nunca tuvieron hijos, ni hicieron vida conyugal. El motivo de esta separación aún se desconoce. ¿Esconde el Palacio de Linares un secreto familiar oculto durante siglos?
¡En el Palacio de Linares hay fantasmas!. En mayo de 1990, Televisión Española daba a conocer unas estremecedoras psicofonías captadas en el Palacio de Linares de Madrid por una desconocida doctora llamada Carmen Sánchez de Castro. En ellas podía apreciarse nítidamente la voz quejumbrosa de una niña que decía: “Mamá, mamá… Yo no tengo mamá”. Una mujer se lamentaba: “Mi hija Raimunda… Nunca oí decir mamá”. Otra psicofonía recogía una voz masculina que exclamaba: “¡Fuera… no, aquí no!”. Desde entonces, el Palacio de Linares se convirtió en el blanco de especulaciones sobre una supuesta tragedia familiar ocurrida en el seno de la familia Linares. El hecho de que la Policía desenmascarara a la supuesta doctora y psicóloga – una delincuente sobre la que pendía una orden de búsqueda y captura desde hacía diez años – no frenó la avalancha de parapsicólogos, investigadores y curiosos que invadieron el edificio en busca de la respuesta al misterio. ¿Fueron los marqueses de Linares hermanos? ¿Asesinaron y emparedaron a su propia hija en el palacio familiar?

El primer marqués de Linares, José de Murga, adquirió en 1872 diversos solares que eran propiedad del Ayuntamiento de Madrid para construir sobre una superficie total de tres mil sesenta y cuatro metros cuadrados lo que más tarde sería conocido como el palacio de Linares. El primer plano del edificio data de 1872, pero hasta el 1900 no se inaugura; es entonces cuando cobra mayor intensidad la triste leyenda de sus primeros moradores.
La turbulenta leyenda de un amor imposible que acompaña desde siempre a los primeros habitantes que hace un siglo residieron entre los muros del palacio, se une a la sorprendente serie de sucesos inexplicables que un grupo de investigadores aseguró haber vivido en el interior del palacio.

Retrato de los Marqueses de Linares (www.abc.es)

Las voces fantasmagóricas comenzaron a escucharse mientras un grupo de estudiosos buceaban en la historia de los antiguos propietarios del palacio, sobre los que desde antiguo había recaído la sombra de un pasado incestuoso.
Según cuenta la leyenda maldita que tiene su origen entre la aristocracia madrileña del siglo pasado, el marqués José de Murga y Reolid Michelena y Gómez, nacido en Madrid, el 13 de febrero de 1833, se había casado sin saberlo con su propia hermana, Raimunda Osorio y Ortega. Raimunda era la hija de una cigarrera hacia la que había sentido una especial atracción el padre del Marqués, un riquísimo financiero de la época que amasó una inmensa fortuna en Cuba.

El padre del Marqués, un hombre de talante liberal, había inculcado a su hijo un sentido práctico de la vida. Al parecer, el rechazo que el acaudalado industrial, Mateo de Murga Michelena, sentía por las bodas de conveniencia tantas veces celebradas para mantener y engrandecer las grandes fortunas de la época, propició que el joven José de Murga conociera a la que sería su esposa en un ambiente poco cercano a los más propios de su condición social. Así fue como el que fuera primer marqués de Linares entablaría relaciones (según la leyenda popular) con Raimunda, la hija de una cigarrera que trabajaba en la fábrica de Tabacos de Madrid.
Cuando el padre del protagonista de esta turbulenta historia supo de las relaciones sentimentales que su hijo mantenía con la mujer que era fruto de los tempestuosos amores que mantuvo hacia 1830 con la cigarrera, envió repentinamente a su heredero a estudiar a Londres con el objeto de que el joven Murga olvidara aquel amor que sin saberlo se encarnaba en la persona de su propia hermana.
Al cabo de un tiempo, José de Murga regresó de Londres y llevó a cabo su firme propósito de contraer matrimonio con su enamorada Raimunda. Ya había fallecido su padre y el matrimonio se celebró (dice la leyenda) sin que los cónyuges supieran su relación de parentesco.

Marqueses de Linares (infolinares.com)

Se dice que José de Murga, además de noble, senador del Reino por la provincia de Segovia y poseedor de una inmensa fortuna heredada de su padre y hermanos, encontró una carta que su padre en vida no llegó a enviarle en la que relataba la incestuosa relación de consanguinidad con su esposa.
Tras conocer con estupefacción su escandalosa situación, los cónyuges a los que supuestamente el papa León XIII les concedió una bula de casti connubi permitiéndoles así convivir bajo el mismo techo en castidad, vivieron con amargura hasta el final de sus días. Hay quienes aseguran que el Marqués al conocer la noticia se suicidó, que sus restos reposan en el jardín del palacio y que desde entonces su espectro fantasmal deambula por las galerías del lúgrube caserón. También la historia popular habla de emparedamientos y desapariciones misteriosas.

Es entonces cuando nace una leyenda más, la de una hija no deseada y, que en sus días, pudo escucharse las voces de ultratumba de los Marqueses, vagando como almas en pena en búsqueda de su hija.

Raimunda Linares (Cuarto Milenio)

Unos lamentos que pueden dar pie a creer que algo muy desagradable tuvo lugar entre los muros de la suntuosa vivienda.
En el interior del palacio de Linares se grabaron numerosas psicofonías. Entre otras se puede escuchar la palabra “Ricardo” y las frases: “Yo tuve una hija” .

Fuente consultada: http://listas.20minutos.es/lista/leyendas-espanolas-grandes-misterios-310787/

Evangelina Tejera Bosada, nació en Veracruz en 1965, hija de un prestigioso médico de Veracruz.  Evangelina creció con un padre autoritario y una madre abnegada. El padre tenía el síndrome del “Castillo de la Pureza”, pues solía encerrar a su familia en casa. Por si fuera poco su alcoholismo provocó varios episodios violentos. Incluso amenazó alguna vez a su familia con una pistola. La madre, fastidiada, solicitó el divorcio. La pareja se separó cuando Evangelina tenía nueve años. Ella se quedó con su madre, pero ésta le reprochaba que ocasionara muchos gastos y que como mujer difícilmente ayudaría con la manutención del hogar. Poco antes de terminar la secundaria se mudó con su padre, quien no sólo la recibió con cariño, sino que le pagó clases de tenis y piano, e hizo lo posible por mejorar su educación. En pocos años Evangelina se convirtió en una hermosa muchacha rubia de enormes ojos que atraía todas las miradas en los eventos sociales y cenas de gala a las que asistía acompañando a su padre.

Los atributos que tenía la dieron pie a entrar a los certámenes de belleza en donde fue coronada como “La Reina del Carnaval” en 1983, en el Puerto de Veracruz. Su belleza pronto la llevaría a salir en revistas y periódicos, incluso la catapultaron al Programa de más audiencia a nivel nacional, “Siempre en Domingo” conducido por Raúl Velasco.
Las fiestas de Evangelina con gente de alta sociedad y algunos famosos no eran un secreto, fiestas donde abundaba el alcohol, el sexo y las drogas.

El reinado de Evangelina duró muy poco, la fama la enloqueció, se enganchó a las drogas y cayó en depresión. Su familia cansada de sus adicciones decidió echarla de su casa. Entonces fue cuando Evangelina se mudó al departamento 501, del antiguo edificio de la lotería nacional.

Tuvo dos hijos: Jaime y Juan Miguel Tejera Bosada de padre desconocido, quien ni siquiera les dio el apellido. Luego tuvo otros amantes, pero todos se marchaban.
Se cuenta que Evangelina escondía a sus hijos encerrándolos en su cuarto, mientras ella se drogaba junto a sus amigos, había veces que los dejaba sin comer por días, también los golpeaba y maltrataba, producto de su adicción a las drogas y problemas económicos, pues su familia le había retirado su apoyo.

Entonces fue cuando el día 18 de marzo de 1989, uno de los crímenes mas atroces del Puerto de Veracruz se escribiría.
En un arranque de furia influenciada por el uso de drogas, Evangelina comenzó a golpear a su hijo Jaime de tan solo 3 años… no conforme con eso lo tomó de los pies, y comenzó a azotarlo en repetidas ocasiones contra la pared y el suelo, causándole de forma despiadada desangramiento, fractura de cráneo y exposición de masa encefálica. Pero ahí no terminaría su crimen, pues enseguida se fue contra su otro pequeño de apenas 2 años, la ex reina lo golpeó de la misma manera que a su hermanito hasta causarle la muerte. En su afán por desaparecer la evidencia, Evangelina metió los cuerpos de sus hijos al horno de su estufa, para según ella incinerarlos, pero solo consiguió cocinar los cuerpos. Después de su intento fallido por desaparecer los cadáveres de sus hijos, los colocó sobre la mesa, tomó un cuchillo y comenzó a cortarlos de forma despiadada en pedazos, para después enterrarlos en unas macetas que tenia en el balcón, que estaba justo frente a la avenida, literalmente las personas que pasaban podían observarlos sin tener alguna idea de lo que escondían los maceteros. Sin algún remordimiento o cargo de conciencia, la asesina continuo ofreciendo sus ya conocidas fiestas, y cuando la gente le preguntaba por sus hijos, ella contaba que se habían ido con su padre. Al poco tiempo, su hermano Juan Miguel empezó a sospechar que algo andaba mal, pues la ropa de los niños seguía en el departamento y al no soportar las tantas preguntas de su hermano, Evangelina terminó por confesar su escalofriante crimen, éste la denuncio a las autoridades, que al momento de registrar el departamento encontraron los pedazos de los niños ya en completa descomposición.


Evangelina sostuvo la versión de que los niños habían fallecido por desnutrición, y ella por miedo los enterró en aquellos maceteros, pero muy pronto las pruebas periciales se encargarían de desechar su versión. También alegó padecer de trastornos mentales, mismos que serian descartados por el Juez que llevó el caso.
Evangelina fue recluida en el penal Ignacio Allende en Veracruz. se adaptó tan bien que dio clases de aerobics y fue nombrada reina del carnaval de los presos. En Pacho Viejo, una prisión en Perote, a donde fue transferida, conoció a su futuro esposo Óscar Sentíes Alfonsín “el Güero Valli”. Este personaje vinculado con el Cartel del Golfo era el encargado de controlar parte del tráfico de drogas dentro de la prisión. La pareja vivió su idilio en varias prisiones gracias a las influencias del Güero. Hasta que éste fue asesinado en una celda de castigo, donde se encontraba por haber organizado un motín en Coatzacoalcos.
Evangelina recibió su preliberación en 2008. Nada se sabe de ella o de su paradero. Se ha convertido en la villana ideal para espantar a los niños veracruzanos: “No quieres ir al Jardín de niños de Evangelina, ¿cierto?”.
Hoy la leyenda cuenta que los fantasmas de los hermanitos asesinados en el departamento 501, aún se escuchan jugando por las escaleras de la deteriorada propiedad, es frecuente escuchar los gritos suplicando ayuda de los hijos de la antigua Reina del Carnaval de Veracruz.

Fuentes consultadas:

Eddie Doo

http://www.yaconic.com

En la sede del ahora Ministerio de Cultura, una mujer alta, con el pelo largo y negro que ondea flácido en las azarosas ráfagas de viento, camina segura entre las chimeneas del tejado del edificio. Ataviada con un camisón blanco que cubre su cuerpo hasta los tobillos, se dirige cabizbaja y decidida por el alero del palacete hacia la zona que da al Alcázar. En una mano porta una especie de antorcha, en la que una débil llama lucha a muerte contra la lluvia. Cuando llega al extremo del tejado, cae de rodillas y alzando su rostro al cielo, comienza golpear con fuerza su pecho, después desaparece de igual forma en que apareció.


Esta es la leyenda de éste famoso palacete Madrileño, La popularmente conocida como “Casa de las siete chimeneas”. Edificio mítico y misterioso como pocos en Madrid y que desde su construcción, allá a finales del siglo XVI, siempre ha estado rodeado de hechos un tanto oscuros. Conspiraciones, amores prohibidos, muertes en extrañas circunstancias e incluso un motín tan famoso como el de Esquilache han sucedido en su interior.
Se cuenta que la bella Elena fue una de tantas amantes del controvertido Felipe II y que éste, como solía hacer cuando alguna de sus amantes se ponía en exceso pesada, arregló su boda con militar del noble linaje de los Zapata. El nuevo matrimonio estrenó el palacete, que por otro lado fue la única construcción civil que realizó Felipe II, aunque también se comenta que fue construido por el padre de Elena, que era montero del rey, y que éste se lo regaló a su hija tras la boda. En fin, la cuestión es que poco les duró el matrimonio, pues el capitán Zapata partió a la guerra de Flandes pocos meses después de contraer matrimonio con Elena y allí falleció en las primeras contiendas.
En este punto Elena queda sola en el enorme caserón, las malas lenguas y los chismorreos de la corte contaban que por las noches, un Felipe II embozado para pasar desapercibido, acudía puntual a la cita con su amante. Estos rumores se extendieron como la pólvora cuando una mañana Elena apareció muerta en su alcoba.
Hay que tener en cuenta que en la época de los sucesos, Ana de Austria se encuentra en la corte para convertirse en la cuarta esposa de Felipe II. ¿Sabía Ana de la existencia de Elena y decidió eliminar el problema cortando por lo sano? ¿Presionó Elena al rey para ser algo más que una simple amante y fue él quien acabó con ella? La respuesta a estas preguntas siempre será un misterio. Para más inri, el cadáver de Elena desapareció en extrañas circunstancias y a los pocos días, el padre de ésta apareció colgado de una viga.
En este punto fue cuando comenzó la leyenda tras los rumores de que en noches oscuras se veía el fantasma de la doncella en el tejado de la casa, aunque en aquel entonces todavía no era conocida por sus chimeneas. Esta remodelación fue ordenada por Baltasar Cattaneo unos años después tras comprar el inmueble, algunos atribuyen un significado simbólico a sus siete chimeneas, y dicen que simbolizan los siete pecados capitales.

                                   Fotografía de Madrid Oculto
Aunque la historia de esta casa no acaba aquí, ni mucho menos. Años después, todavía con Felipe II como monarca, otra joven muere en su misma noche de bodas con un viejo hacendado Indio. Parece ser que la joven esposa también tenía ciertos encuentros con el pendenciero rey. La joven apareció en los sótanos del palacete con un puñal clavado en el pecho y las arras, regalo del rey, esparcidas a su alrededor. No son pocos los que aseguran que esta doncella también vaga todavía hoy en día por los sótanos de la casa.
Una última muerte se produjo en la casa durante el motín de Esquilache, ministro de Hacienda de Carlos III en el año 1766. El pueblo, enfurecido por las medidas represoras del marqués, acudió en turbamulta hasta la casa con la sana intención de lincharlo. Por suerte para él, no se encontraba en la casa y el populacho la tomó con uno de sus mayordomos que ofreció cierta resistencia, muriendo el pobre a garrotazos.
Durante casi cuatrocientos cincuenta años, la casa ha pasado por muchas manos, siempre de familias nobles. Embajadores, terratenientes, mercaderes… a finales del siglo XIX, la casa fue reformada para convertirse en sede del Banco de Castilla y durante éstas reformas el cadáver de una mujer, junto con una bolsa con monedas de la época de Felipe II, fue descubierto entre los muros de los sótanos, volviendo a poner de moda las viejas leyendas de éste mítico y legendario edificio de la capital española y, para que la cosa no se olvide en nuestros días, en el año 1960, otras reformas volvieron a desenterrar los restos de otro esqueleto emparedado, ésta vez masculino y hasta día de hoy, anónimo. En la actualidad el edificio se usa como sede del ministerio de cultura, está en perfecto estado de conservación y todo indica que, por lo menos, la leyenda seguirá viva durante muchísimos años más.

Fuente: http://www.listas.20minutos.es